Características de los Grupos Primarios El Hombre y La Familia



Características de los Grupos Primarios: La Dignidad del Hombre y La Familia

El hombre, desde que nace, vive en compañía de sus semejantes: en la familia, en la escuela, con sus compañeros de juegos, con sus compañeros de trabajo, siempre integrando algún grupo.

Los grupos se clasifican en primarios y secundarios. Primarios son aquellos en los cuales sus integrantes se ven y comunican a diario, en una relación intensa, espontánea y casi permanente, unidos por la “simpatía”, palabra esta que significa “sentir lo mismo”. (Por ejemplo, la familia o la asociación estudiantil.)

El grupo secundario es, en cambio, la forma compleja de organización que funciona a través de intermediarios y los medios de comu-nicación; es decir, que no requiere ese contacto personal, “cara a cara”, que caracteriza al grupo primario. (Por ejemplo, los lectores de un diario, o los televidentes de un determinado programa.)

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El hombre y su dignidad humana

El hombre. En sentido amplio la expresión hombre se utiliza para referirse a todos los seres humanos, sin distinción de sexo o edad. El hombre es un ser racional y libre, compuesto por un cuerpo y un alma.

Para interpretar este concepto analizaremos el sentido de sus términos fundamentales.

Ser: es todo lo que existe. Son seres los minerales, los vegetales, los animales y también el hombre. Si bien los minerales carecen de vida en el sentido biológico (es decir, de capacidad de nacer, crecer, reproducirse y morir) es evidente que existen; y no son totalmente inertes, ya que se transforman fatalmente en energía al igual que los seres vivientes. Este fenómeno es lo que ha permitido decir: “Nada perece, todo se transforma”.

Razón: es la facultad que permite hallar la relación entre una causa y sus efectos (discernimiento). Los animales irracionales no pueden establecer esa relación. El hombre, por el contrario, debe todo el progreso material y espiritual que ha logrado, a la circunstancia de poseer esa facultad. El discernir le permitió, por ejemplo, descubrir las leyes que rigen la naturaleza y dominar su fuerza para ponerla a su servicio. Estos descubrimientos posibilitaron el progreso, concepto valorativo que se puede definir como la evolución hacia lo mejor. Esta es una característica específica del hombre, derivada de su facultad racional. En cambio, los animales y los vegetales no progresan.

Libertad: es el atributo natural del hombre por el cual puede hacer o dejar de hacer aquello que desea sin perjudicar a los demás. No se limita al aspecto físico o corporal, sino que se extiende a la facultad de pensar y exponer las ideas y descubrimientos que realiza, aplicando su razón y su inteligencia.



Si bien el hombre acepta ciertas limitaciones a su libertad, lo hace precisamente por respeto al derecho igual que poseen sus semejantes y para posibilitar la convivencia.

El atributo de la libertad surge de la razón. Por eso es propio del ser humano. El animal irracional busca su libertad como respuesta al instinto. El hombre a través del discernimiento tiene conciencia de la libertad, que adquiere así, no sólo sentido corporal, sino fundamentalmente espiritual.
Cuerpo: es la parte material organizada del ser humano. El hombre, en este sentido, es un mamífero, vertebrado, bípedo, que posee los órganos, aparatos y sistemas necesarios para cumplir sus funciones vitales en forma completa.

Alma: es la parte inmaterial del ser humano.

El filósofo griego Aristóteles decía que todos los seres vivos poseen alma. Así el alma vegetativa era para él la de los vegetales, los animales y el hombre, y correspondía al proceso de nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte de los mismos; el alma sensitiva era propia sólo de los animales y del hombre, manifestándose a través de las sensaciones y los sentimientos; y el alma racional, exclusiva del hombre, único poseedor del discernimiento que le acuerda la máxima jerarquía en la naturaleza.

La dignidad humana. La dignidad es el valor y respeto que el individuo reconoce y consagra sobre sí mismo. Constituye el deber primario y más elemental del hombre consigo mismo y sirve de base a todos los demás deberes que ha de cumplir. Aun dado su carácter de deber individual, el sentimiento de la dignidad debe ser reconocido e igualmente consagrado por la sociedad.

Ese reconocimiento y consagración por la sociedad se traduce en la tendencia constante de la humanidad a poner fin a todo lo que puede rebajar al hombre y humillarlo ante sus propios ojos o ante los de sus semejantes. Por contrariar la dignidad humana, toda conciencia culta rechaza la esclavitud, los castigos corporales, las penas infamantes y toda imposición o admisión de un trato alejado de las normas de convivencia.

Sobre la dignidad humana ha dicho el maestro José Ingenieros, en su obra “El hombre mediocre”:

“El que aspira a parecer renuncia a ser. En pocos hombres súmanse el ingenio y la virtud en un total de dignidad: forman una aristocracia natural, siempre exigua frente al número infinito de espíritus omisos. Credo supremo de todo idealismo, la dignidad es unívoca, intangible, intransmutable. Es síntesis de todas las virtudes que acercan al hombre y borran la sombra: donde ella falta no existe el sentimiento del honor. Y así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos”.

Relaciones morales, culturales y religiosas

Impulsado por su instinto social o “gregario”, el hombre tiende a unirse con sus semejantes, estableciendo con ellos relaciones que, como producen una influencia recíproca, se definen con la palabra “interacción”.



Esa tendencia social se subordina al ansia de superación, que también es característica del hombre.

A medida que avanzamos en el camino de la vida, se nos hace más evidente que hay actos que “están bien” y otros que “están mal”. Ese entimiento del bien y del mal es analizado por la “Ética”, rama de la Filosofía. Esa ciencia sirve de fundamento a la “Moral”. La palabra “moral” deriva del latín “mores”, que significa “costumbres”. La Ética nos explica por qué coinciden las actitudes morales con las buenas costumbres de una sociedad.

La interacción humana se desenvuelve en un medio que ya no es naturaleza pura. Inventando utensilios y herramientas, edificando hogares y ciudades, el hombre ha construído un mundo artificial. Para designar ese mundo artificial existe una palabra de uso universal: “cultura”.

La cultura no es obra del hombre aislado. Las creaciones, inventos y descubrimientos trascienden al grupo y para su utilización se organizan actividades en cooperación. La facultad de coordinar esfuerzos y habilidades en torno de una idea es uno de los factores principales del progreso de la especie humana y es base de la vida social. Y por lo amo puede afirmarse que la cultura, más que obra del hombre, es obra de la sociedad. Además, la cultura no es sólo lo creado, sino el conjunto de actos de esa continua creación, que conforman las relaciones culturales del hombre.

Otro sentimiento existente en la humanidad desde sus orígenes es el religioso. Admitiendo su impotencia para explicarse su origen y su destino final, el hombre fue elaborando sistemas de creencias y rituales que reemplazan su angustia por la esperanza.

La vinculación de los que participan de una religión se institucionaliza en las distintas iglesias. En el mundo occidental prevalece el Cristianismo, que, junto con el Judaísmo y el Islamismo, configuran verdaderas culturas coincidentes en la idea de un solo Dios y una adecuada conducta moral como camino hacia la “bienaventuranza”.

En las relaciones religiosas amparadas pot la moderna libertad de cultos los feligreses, además de confraternizar con sus compañeros de creencia, tienden cada vez más a una recíproca estima con los de las demás congregaciones.

La familia: sociedad natural, primera y necesaria

La familia es la sociedad natural, integrada por un hombre y una mujer y sus hijos. Constituye la “célula social”, porque la sociedad está formada por familias como un tejido orgánico por las células. Y así como el tejido depende de las funciones vitales que tienen lugar en el seno de la célula, en la familia está la base y el sustento de la vida social.

Los integrantes del núcleo familiar habitan la misma casa: el hogar. Esta palabra “hogar”, que deriva de “fuego”, indica que allí se encuentra el calor y el amparo necesarios al cuerpo y al espíritu para vivir y desarrollarse.

Es sociedad porque resulta de la unión de diversos seres humanos entre los que existe “interacción”. Para que exista sociedad deben relacionarse, por lo menos, dos seres humanos. La sociedad de uno no se concibe.

Es natural por cuanto su existencia deriva de la naturaleza; hacia ella nos impulsan los instintos de conservación y crecimiento, al igual que ocurre entre los animales. Y así como el fruto del vegetal le permite propagar sus semillas para que nazcan de ellas seres parecidos, para conservar la especie, los animales y los hombres nacen de padres semejantes y tendrán hijos que heredarán sus características, asegurando la supervivencia de la especie y su tipo de sociedad.

Es primera porque es previa a toda otra institución y configura el grupo primario más evidente. Sobre su base se han ido estableciendo las civilizaciones históricas y paralelamente a sus transformaciones se engrandecieron o decayeron.

Es necesaria porque constituye el núcleo social donde los hombres encuentran la satisfacción de la mayor parte de sus necesidades espirituales y materiales. Dentro de la familia desaparece el rigor de la competencia social, por cuanto sus miembros cooperan estrechamente entre sí para el logro del bien y el progreso común. Ella estimula el sentido de cooperación social, moderando la lucha por la existencia y las ambiciones egoístas. Además, influye fuertemente sobre el desenvolvimiento de la personalidad humana. En particular la de la prole que requiere durante su infancia los cuidados de sus progenitores y siempre su afecto.

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Evolución de la familia. Existe una evolución de la institución familiar, acaecida a través de los siglos. Esta evolución se halla relacionada con las variantes culturales en que se desenvuelven sus integrantes. De esa forma, se ha llegado a la actualidad, en la que los instrumentos de la moderna tecnología han transformado aceleradamente muchas de las pautas a que se ajustaba la vida familiar.

Han variado la alimentación, la vivienda, las costumbres, las comunicaciones, la situación social y política de la mujer y de los niños, ia educación, la división del trabajo, la salubridad, etc.

Sin embargo, la permanencia de la institución familiar nos demuestra su fortaleza y nos compele a combatir los factores disolventes que la amenazan actualmente, como la delincuencia infantil y juvenil, las drogas, la obscenidad, típicas de las sociedades muy desarrolladas, y la in-fraeducación, la miseria y el hambre, degradantes de las condiciones morales, típicas de las menos desarrolladas.

El hombre superó la etapa de una vida familiar muy similar a la de las comunidades animales, en que contaba con muy pocos utensilios, habitaba en cavernas y no podía alejarse de los cursos de agua. También dejó atrás las eras signadas por la esclavitud, que sufrieron, por ejemplo, los vencidos en Egipto y los negros de origen africano en América del Norte; por la servidumbre o los servicios personales, como los que debieron cumplir los aborígenes de la América sometida a España, bajo el nombre de mita, yanaconazgo o encomienda; y por la separación en castas, como acaeció en la India.

Finalmente se llegó a la etapa presente, en que la dignificación del hombre y la familia ha hecho plena conciencia en las sociedades democráticas modernas.

Luis Morgan (1818-1881), sociólogo norteamericano, en su estudio sobre los orígenes y evolución de la familia, estableció los siguientes tipos de organización:

1º) Promiscua: no existía verdadera distinción entre padres, madres e hijos. No había noción de parentesco, ni de familia. Esta organización es absolutamente hipotética, pues nunca se ha podido comprobar.

2º) Consanguínea: el matrimonio se establecía entre grupos que llevaban la misma sangre, pero únicamente entre colaterales (hermanos, primos). O sea que la unión conyugal no era permitida entre ascendientes y descendientes.

3º) Punalúa: es una forma más avanzada de matrimonio por grupos de parientes, de los cuales se excluye a los hermanos.

4°) Patriarcal: la filiación matriarcal es reemplazada por la filiación masculina. La mujer pertenece defialtivamente al grupo de su esposo. En los tipos anteriores la madre era el centro de la organización familiar (matriarcado). En cambio, la familia patriarcal se organizaba alrededor de un jefe, que era el hombre mas viejo.

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5º) Monogámica: es la actual, sólo admite la unión de un hombre y una mujer.

Según Morgan, entonces, la familia ha ido evolucionando de formas imperfectas a otras más perfectas. Otros, en cambio, consideran que las etapas anteriores a la familia patriarcal no existieron.

Integrantes

Los vínculos familiares generan el parentesco por consanguinidad, por afinidad o por adopción. El parentesco es el nexo o vínculo que une a los miembros de una familia o que tiene su origen en lazos de sangre, en el matrimonio o en la adopción.

El parentesco por consanguinidad (vínculo de la sangre) es el que deriva del nacimiento. Existe entre padres e hijos, hermanos, primos, etcétera.

El parentesco por afinidad (vínculo legal) es el que deriva del matrimonio. Relaciona a cada cónyuge con los parientes consanguíneos del otro.

El parentesco por adopción se produce por la incorporación de una persona al grupo familiar como consecuencia de un acto jurídico.

En sentido amplio o genérico, la familia puede considerarse como el conjunto de personas vinculadas por parentesco, lo que incluye no sólo al padre, la madre y los hijos, sino a todos los parientes consanguíneos, por afinidad y por adopción.

Así fue considerada e institucionalizada antiguamente, incluyendo también los sirvientes y los esclavos. Etimológicamente “familia” deriva de “famulus”, que quiere decir “sirviente” (de allí la palabra “fámula”, que está vigente en el castellano actual). Constituía, además, una unidad económica fundamental. En nuestra historia colonial vemos que el “vecino” era el patriarca que dirigía un amplio núcleo familiar y económico que convivía en su “casa fundada”, y al cual aportaban hasta los esclavos que comerciaban sus artesanías.

Posteriormente, la estructura del grupo familiar se ha ido reduciendo hasta el presente en que, en la práctica, se ve limitado a la llamada “familia tipo”, formada por padres e hijos menores y solteros, como consecuencia de las exigencias de la vida moderna.

El Estado paralelamente ha ido adecuando la legislación que institucionaliza y protege a ia agrupación familiar. El conjunto de normas jurídicas que gobiernan la formación, estructura, desarrollo y disolución de la familia se denomina Derecho de Familia.

Raúl A. Orgaz, sociólogo argentino, observa que “históricamente se ofrecen varios tipos de familia:

a) En sentido amplísimo, la voz ‘familia’ designa el conjunto de personas que descienden de un antepasado común, y llevan su nombre. Ejemplos: el clan totémico, grupo de personas que descienden del mismo tótem (especie animal o vegetal, objeto de culto) y la gens romana, en donde a la mítica procedencia de un animal o vegetal reemplaza la procedencia de un hombre;

b) En un sentido amplio, que se vincula con la etimología de ‘familia’ (famulus), esta palabra designa el núcleo de individuos que tienen una misma morada y colaboran en las mismas tareas. El grupo está constituido por ascendientes, descendientes y servidores.

c) En un sentido estricto, la familia es la suma de consanguíneos (ascendientes, descendientes y colaterales) agrupados alrededor de un mismo jefe, y en un mismo interés y la misma suerte;

d) En sentido estrictísimo, la familia es el grupo circunscripto de la trinidad simpática del padre, la madre y los hijos, especialmente los menores y célibes. Es la forma actual de la institución familiar, a la que Durkheim propuso llamar ‘familia conyugal’, en la que lo único estable son los cónyuges, ya que habitualmente los hijos, más tarde o más temprano, abandonan la casa paterna”.

Deberes: La evolución del Derecho de Familia perfecciona y asegura un régimen de protección de la institución familiar, a la vez que la vigencia de los derechos y deberes de sus integrantes.

Esa legislación establece los requisitos de la organización legal del grupo y la existencia de deberes recíprocos. Los padres están obligados a la manutención y educación de los hijos, y éstos deben acatar la “patria potestad” mientras son menores.

El Derecho de Familia reduce a normas lo que surge espontánea y cálidamente de los lazos afectivos.

Éstos se concretan a través de la reciprocidad en el amor:

• Amor conyugal (de los cónyuges entre sí).
• Amor maternal (de la madre hacia los hijos).
• Amor paternal (del padre hacia los hijos).
• Amor filial (de los hijos hacia los padres).
• Amor fraterno (de los hermanos entre sí).

La patria potestad es el conjunto de los deberes y los derechos de los padres hacia los hijos; es una verdadera función social.

Esta institución está legislada en el Código Civil Argentino, el que la considera teniendo en cuenta al hijo, al padre, a la familia y a la sociedad, de ahí que sus normas son de orden público. Por lo tanto el conjunto de deberes y derechos que surgen de la patria potestad no pueden renunciarse ni ser objeto de abandono, porque son de carácter personal e intransferible. Están previstas graves sanciones para el caso de incumplimiento de los deberes de asistencia.

La patria potestad no es perpetua, pues termina, por ejemplo, cuando el hijo alcanza la mayoría de edad.

Pertenece a ambos progenitores, aunque su ejercicio corresponde al padre y, sólo en caso de muerte, o pérdida de su derecho a ejercerla, a la madre. Actualmente, una fuerte tendencia se inclina por la reforma de la legislación civil, de modo de concederla a ambos cónyuges.

Entre los deberes de los padres para con los hijos, podemos mencionar: la guarda, alimentos, educación, asistencia, representación legal y administración y usufructo de sus bienes.

Como ejemplo del deber de educación, podemos mencionar lo estipulado por la Ley 1420, que impone a los padres la obligación de proporcionar instrucción primaria a los hijos de 6 a 14 años.

Para posibilitar el cumplimiento de este obligación, el Estado imparte enseñanza gratuita.

También los cónyuges se deben asistencia-recíprocamente y los hijos la deben a los padres y demás ascendientes.

A este efecto dice el artículo 266 del Código Civil: “Los hijos deben respeto y obediencia a sus padres. Aunque estén emancipados están obligados a cuidarlos en su ancianidad, en el estado de demencia o enfermedad, y a proveer a sus necesidades en todas las circunstancias de la vida, en que les sean indispensables sus auxilios. Tienen derecho a los mismos cuidados y auxilios los demás ascendientes legítimos”

Por último no debemos olvidarnos de los deberes de los hermanos entre sí, quienes están unidos por la misma sangre. Ellos se deben ayuda mutua, respeto y afecto sincero.

El grupo de pares: En sus relaciones con sus semejantes, los seres humanos forman gru-pos caracterizados por usos, costumbres y formas de conducta aceptados por sus miembros y que sirven para diferenciarlos de los demás.

Existen grupos “formales”, que tienen una estructura institucional  definida, con autoridades, administración y organización empresarial del trabajo.
Existen también grupos “informales”. Son los que surgen por acuerdo espontáneo de varios individuos. Los une la simpatía en torno de intereses comunes, como alguna afición o deporte. Otros factores son la cercanía de los hogares o la edad, como ocurre con el grupo infantil de los compañeros de juegos.

La característica de la relación en estos grupos es la igualdad de trato; por eso se los llama “grupos de pares” (que significa “grupos de iguales”).

Roles: La palabra “rol” se asimila al “papel” que cada uno debe cumplir en una circunstancia dada. Ha pasado del teatro a la vida social.

En el grupo formal existen prescripciones claras acerca del rol de cada uno, según la posición que ocupa. Por ejemplo en la escuela, se diferencian claramente los roles de ios directivos, los docentes y los alumnos. En una empresa comercial, en una fábrica, sucede otro tanto.

En el grupo de pares, pese a su falta de estructura rígida, también los integrantes asumen formas de conducta, costumbres y obligaciones derivadas de la “conciencia de grupo”. Algo que está claro para ellos, aunque no lo digan, es que son “todos para uno y uno para todos”.

A medida que un grupo de pares se hace estable, más fuerte se va haciendo la unión interna de sus componentes. Entonces se van perfilando los roles con mayor nitidez, e incluso puede surgir la figura del “líder”, con una autoridad que el propio grupo le confiere por ser su mejor “representante”.

Relaciones autoritarias y democráticas

En el grupo de pares las relaciones son igualitarias. Y si surge una figura directiva (líder, jefe), su autoridad le es conferida por los demás en reconocimiento a sus condiciones personales y porque lo requiere el tipo de actividad que los congrega. Por ejemplo: en un conjunto de aficionados que quiere hacer música, los roles respectivos quedan determinados por el instrumento que cada uno ejecuta o el registro de su voz. Pero, además, hace falta alguien que cumpla el rol de director.

Las relaciones en el grupo de pares deben ser “democráticas”. Y aun que haya un jefe, éste tiene que cumplir su rol del modo que establece el grupo.

El liderazgo democrático se caracteriza por promover y aceptar las opiniones y objeciones de los miembros del grupo. No impone sus decisiones; por lo contrario, pone a votación todas las propuestas, propias y ajenas.

El jefe “autoritario”, en cambio, da órdenes disponiendo lo que iiene que hacer cada uno. Impone sus decisiones y no acepta objeciones. Su rol pasa a ser el del “caudillo”. En un grupo de pares ese tipo de dirección inevitablemente provoca una crisis que puede terminar en la disolución del núcleo y la dispersión de sus integrantes. O bien el grupo se vuelve a consolidar en torno de sus objetivos originales y cambia de dirección.

En realidad, cuando integramos un grupo, lo hacemos porque buscarnos comunicarnos, realizarnos, desarrollar nuestras aspiraciones y nuestra personalidad en él. Y mientras las relaciones y jefaturas autoritarias son contrarias al desarrollo personal de cada uno, las relaciones democráticas lo favorecen y promueven.

Fuente Consultada:
Educación Cívica 1ºAño Delfino-González-Tejerina – Editorial Plus Ultra – Tema Tratado: Los Grupos Primarios

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