Conservación de los Bosques Importancia e Impacto Ambiental



Conservación de los Bosques
Su Importancia e Impacto Ambiental

DISTRIBUCIÓN DE LAS COMUNIDADES DE PLANTAS
¿Por qué las selvas se encuentran únicamente en las regiones tropicales? La aparición y distribución de cualquier tipo de comunidad de plantas dependen de tres factores: el climático —que incluye la influencia de la iluminación solar, de la temperatura, del viento, de las lluvias- y de la humedad—; el del suelo o edafológico —composición y propiedades del suelo que soporta   la   comunidad   de   plantas—,   y   el biótico —principalmente, la influencia de la población animal sobre la comunidad.

El factor climático es, sin duda alguna, el más importante de los tres. La gran variación de los climas, a través del mundo, es la que origina los cinturones de vegetación característicos de las formaciones de plantas. Cualquiera que sea la calidad del suelo, una selva no crecerá nunca en Europa occidental.

Las selvas necesitan humedad, calor y una fuerte luminosidad a lo largo de todo el año; estas condiciones sólo se reúnen en las regiones tropicales. En cambio, Europa occidental —con sus veranos húmedos y templados, y sus inviernos más fríos— es ideal para los árboles de hoja caduca.

Bosque

Ver: Impacto de la Deforestación

El factor del suelo o edafológico tiene una influencia secundaria, pero en modo alguno despreciable, en las comunidades de plantas. Los tipos de asociación y consociación, en el interior de una formación de plantas, dependen, en gran parte, de los suelos. Por ejemplo, en la categoría de árboles de hoja caduca, el roble monopoliza, generalmente, los bosques bajos. El motivo es que los robles están adaptados a las arcillas pesadas y húmedas, que suelen formar las áreas más bajas.

Las hayas prefieren suelos ligeros, de poca profundidad, calizos, y, por tanto, crecen desperdigadas sobre los collados y las colinas calizas. Suelos de arena fina, bien drenados, favorecen el crecimiento de abedules y pinos. Aquí también pueden encontrarse robles, pero éstos (Quercus petraes) pertenecen a una especie distinta del roble pedunculado (Quercus robur) de los suelos bajos arcillosos.

El factor biótico significa, teóricamente, la acción de todos los organismos sobre la comunidad de plantas, incluyendo la influencia de unas plantas sobre otras. Pero, en general, este término se utiliza para designar el efecto de la población animal únicamente. Incluye los animales que viven en la tierra, como las lombrices de tierra, las bacterias y los virus; los insectos que trasportan el polen; las larvas destructoras; los animales que ramonean y pastan, como los ciervos y los conejos; las aves que trasportan las semillas.

El factor más importante en las características de toda comunidad de plantas es el hombre. El impacto del hombre en la comunidad de plantas, con su hacha, su arado y sus rebaños de animales que pastan, es inmenso. Por ejemplo, hace tres mil años, Gran Bretaña se encontraba totalmente cubierta de bosques (excepto en las altas montañas, en los pantanos y en las marismas).

Siglos de agricultura han hecho retroceder los bosques hasta la escasa extensión que ocupan hoy día. En lugar de ellos se encuentran comunidades de plantas completamente artificiales —campos de cosechas y pastos cuidadosamente preservados por el hombre para impedir la invasión de las plantas inútiles   (las malas hierbas).



CONSERVACIÓN DE LOS BOSQUES: La vida en un terreno inculto comienza por la zona de hierbas, a la que sucede el monte bajo y los bosques. Estas etapas pueden observarse en muchos brezales y terrenos de pastos comunes y culminan con las formaciones forestales. En el bosque verdadero o bosque alto, predominan los árboles de tronco bien desarrollado, que no se ramifican sino a cierta distancia del suelo, y son aprovechables para la producción de madera.

En la actualidad, el bosque se extiende por dos zonas principales del mundo, uns situada en las regiones ecuatoriales, densamente poblada por una vegetación mixta y de hoja perenne (es decir, siempre verde), y otra en las regiones nórdicas de clima moderado, formada por los bosques de coniferas y especies de hoja caduca, de América y Eurasia. Las condiciones climatológicas (por ejemplo, la falta de lluvia) no favorecen la proliferación del arbolado en las zonas batidas por los vientos alisios, en las inmediaciones de los trópicos.

Con la entrada del hombre en escena, comenzó la tala de las selvas, que trajo como consecuencia la pérdida de extensas zonas de bosques. Al principio, el hombre buscó en éstos resguardo y terrenos de caza; después empezó a cortar árboles para fabricar armas y utensilios y construir refugios, y, finalmente, fueron talados en gran escala, para dedicar el terreno a la agricultura y a la edificación de pueblos y ciudades.

Desde hace mucho tiempo, año a año la demanda de madera aumenta sin cesar, ya que, aparte de los usos tradicionales, se emplea como materia bruta en la manufactura de seda artificial, del papel y de los plásticos. Además, los bosques tienen cierta influencia sobre el clima y cooperan decisivamente en el mantenimiento y la conservación del suelo.

La destrucción masiva de bosques en el pasado ha dado lugar a que los países con gran densidad de población sean deficitarios en madera, y a que muchas zonas presenten, hoy día, una intensa erosión del suelo, como resultado de la desaparición de los bosques.

El problema actual es mejorar los bosques existentes, y repoblar, en lo posible, nuevas zonas. Este es el fin de la silvicultura, ciencia que se ocupa del cultivo, conservación, mejora y aprovechamiento científico de los bosques, y de la repoblación forestal, a fin de asegurar un suministro continuado de maderas de calidad, así como la estabilidad del suelo.

MEJORA DE LOS BOSQUES EXISTENTES
Muchos bosques existentes son de baja calidad y contribuyen poco, o nada, a la producción maderera. Estos bosques, de escaso rendimiento, se pueden restaurar y hacer que den resultados económicos, lo que, en general, significa transformarlos en bosque alto.

Durante muchos años se ha practicado la explotación del monte bajo mediante talas periódicas. Los árboles, tanto los que hayan sido plantados como los que crezcan espontáneamente, se cortan cerca de la base, dejando un haz de retoños, que regenerarán el árbol en unos pocos años, al cabo de los cuales se talan de nuevo; y la madera cortada encuentra diversas aplicaciones en los medios rurales, tales como fabricación de mangos para herramientas y construcción de cercas.

Muchas de estas aplicaciones han caído en desuso, por lo que se ha abandonado el aprovechamiento del monte, dejándolo en estado silvestre. En general, es mejor convertirlos en bosque alto, excepto en los lugares en que la demanda de madera para cercados y vallas haga rentable su explotación.

El avellano y el castaño son las dos especies más útiles para estos fines, y también las más difíciles de transformar en bosque alto, ya que continuamente nuevos retoños crecen con rapidez desde la base. Existen varios métodos para convertir el monte bajo en bosque alto, y la elección del más adecuado depende de las especies ya existentes, de las que se desee tener, y de las condiciones del bosque.



Aclarar totalmente el bosque y repoblarlo con plantones de vivero es muy costoso y no produce tan buenos resultados como los obtenidos por otros medios. Más adecuado resulta ir situando los plantones a medida que se tala el bosque, con lo que no se altera el aspecto general de éste, y además los árboles jóvenes encuentran protección; pero el desarrollo de las hierbas limita las especies que se pueden trasplantar a las coniferas de crecimiento rápido.

También da buenos resultados el aclarar totalmente franjas o pequeñas zonas de bosque, repoblarlas y esperar a que se desarrollen los árboles para ir cambiando, poco a poco, el bosque entero, aunque esto tiene el inconveniente de que los árboles resultantes son de distintas edades, pues únicamente unas cuantas franjas forestales suelen ser aclaradas a la vez.

Otro método es seleccionar plantas singulares, para que crezcan y se transformen en árboles útiles. Éste es el método más rápido de transformar un bosque bajo en alto, pero está limitado a los casos en que las condiciones sean adecuadas para un crecimiento rápido de aquellas especies.

El arce blanco, plátano falso o sicómoro, el roble y el fresno dan buenos resultados, pero el avellano, por supuesto, no puede nunca transformarse en bosque alto. El bosque así obtenido se complementa con los árboles crecidos a partir de las semillas caídas, los cuales pueden servir para llenar los huecos existentes, no presentando gastos de plantado, lo que compensa, . hasta cierto punto, las enormes desventajas de que todos los árboles no sean de la misma edad.

Un método popular, en los siglos pasados, para la producción de madera, fue el plantar árboles maduros entremezclados con el monte bajo, método que no presenta el más mínimo interés económico, por lo que el mejor tratamiento en estos casos es talar los árboles maderables y tratarlo como a un bosque bajo corriente.

Los bosques que han sido descuidados o arruinados por una tala indiscriminada o por incendios pueden recuperarse por varios métodos. Los árboles sanos que queden, se conservan para que den protección, y, siempre que se pueda mantener alejados a los conejos, el bosque puede regenerarse de forma natural, bien con plantones o por ambos métodos a la vez.

Los bosques formados por árboles viejos o raquíticos no pueden producir nunca buena madera, ya porque procedan de bosques bajos descuidados o a causa de que el suelo no sea el conveniente para esas especies. El abedul es el árbol más común en dichos bosques, pero en muchas zonas se dan el cornejo o sanguiñuelo y el espino.

La única solución es plantar nuevas especies, aclarando franjas o pequeñas zonas de terreno, que ganen altura con rapidez sobre los árboles bajos existentes. Estos últimos mueren pronto, o bien se cortan. Si el monte bajo es muy claro, se pueden plantar, entremezcladas, coníferas que den sombra, ya que, al crecer éstas, los demás árboles raquíticos morirán y serán arrancados.

CREACIÓN   DE  NUEVOS BOSQUES
Antes de plantar un nuevo bosque, se debe estudiar con cuidado el suelo y las condiciones climatológicas, para decidir las especies más adecuadas, y si es más indicado un bosque homogéneo o uno mixto, misión que corresponde a los técnicos forestales.

El terreno se ara, si las pendientes lo permiten, y los árboles jóvenes se plantan en hoyos o hendiduras practicados en el césped. La mayoría de los nuevos bosques se plantan en terrenos cubiertos de hierbas y arbustos, y en las laderas de las montañas, empleándose coniferas tales como el pino, el pinabete, el abeto, etc.



Dichos árboles producen madera blanda, de la que existe gran demanda en la actualidad. Las coniferas crecen con más rapidez que los árboles de madera dura y hojas anchas, y, aunque individualmente son de menos valor, dan lugar a una regeneración más rápida de un área determinada.

Cuando se obtienen bosques maduros y productivos, el problema es conservarlos en este estado, reemplazando los árboles cortados por otros de vivero. Si la tala se realiza en pequeñas franjas o trozos de terreno, que a continuación se repueblan, el bosque en conjunto puede mantenerse productivo. Cabe agregar que todo lo enunciado anteriormente son generalidades y que los métodos pueden variar según las regiones y el clima imperante en ellos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología Fasc. N°123 Comunidades de Plantas y el Cuidado de los Bosques

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