Cronica Negra de la Historia Hechos Crueles y Violentos Historicos


Hechos Crueles y Violentos de la Historia- Crónica Negra

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LOS HECHOS Y LA JUSTICIA: Los  Tiempos Modernos comienzan, según la división clásica, alrededor del año 1500, pero en los siglos siguientes los sistemas judiciales europeos seguirían aplicando métodos medievales para descubrir la verdad. La legislación tendía a consolidar a la Iglesia y el Estado, por lo cual eran severamente castigados delitos como la herejía y traición.

El juez no escuchaba a las dos partes con igualdad de prerrogativas, sino que se convertía en un funcionario inquisitorial, y la confesión del acusado, lograda mediante el tormento, cobró un papel preponderante, superando incluso a las declaraciones de testigos.

Durante los siglos XVI y XVII los juicios religiosos y políticos tenían enorme importancia, y sólo en las postrimerías de este período se comenzó a prestar atención a otros delitos, como el fraude. Recién en 1677 se abolió la pena capital por herejía, pero para entonces 300 mil mujeres habían sido condenadas a la hoguera por los tribunales europeos.

La herejía era pagada con la vida, y así William Tyndale fue procesado en 1536 cerca de Bruselas por el delito de haber impreso diez años antes en Colonia la primera versión del Nuevo Testamento en inglés.

Líderes religiosos de diversos credos debían escapar a la persecución que por ley se les hacía en los Estados con otra religión oficial, para no exponerse a la suerte de los 1.200 hugonotes que fueron ahorcados en 1560 en Amberes.

Los reyes decidían la suerte de los principales acusados, aunque la autoridad papal era también considerable. De ese modo, en 1580 Isabel I debió decidir entre colgar o hacer caballero a Francis Drake, eligiendo lo segundo.

No tuvo la misma suerte en 1618 Sir Walter Raleigh, quien fue juzgado y decapitado por haber conspirado 15 años antes para derribar a Jaime I. En esa época terrible, ni las augustas cabezas se hallaban a resguardo, y así, en 1536, Enrique VIII, cansado de su esposa, la reina Ana Bolena, ordenó que se le siguiera juicio por adulterio. La reina fue decapitada después del fallo adverso de sus jueces.

Una suerte similar habría de correr en 1587 María Estuardo, reina de Escocia, quien debió responder al cargo de traición.

Las persecuciones políticas y religiosas motivaron la emigración de muchas víctimas de la ley. En América, sin embargo, los puritanos siguieron dedicados a la «caza de brujas». Salem, en Massachusetts, fue escenario del juicio a Anne Hubbins en 1656, a raíz del cual fue sentenciada a la horca. Otra cacería inspirada por los predicadores dio como resultado la muerte de otras 20 personas, en 1692.

El siglo XVIII se caracteriza por ser una época sin ley, en que la corrupción es frecuente, al amparo del crecimiento de la población y una relativa prosperidad. La ‘pena de muerte la aplican los jueces con bastante frecuencia a los acusados de crímenes contra las personas y aun a los autores de pequeños robos.

Entre los juicios de la época se destaca el caso Jo-nachan Wild, ventilado en 1725, que fue descubierto por Bertold Brecht, dramaturgo que se inspiró en él para su (personaje «Mack the Knife» de «La Opera de Tres Centavos».

Igualmente magnificado ha sido Dick Turpin, que a los 34 años se presentó animosamente ante los jueces y ni siquiera perdió la calma tras ser declarado convicto y sentenciado a muerte. Turpin, personaje casi legendario, con aspiraciones de Robín Hood, debió responder por numerosos salteos, y según se cuenta llegó a cometer un robo por noche, lo que le convirtió en el bandolero más famoso y temido de toda Inglaterra.

Aunque se escondió bajo el nombre de John Palmer, no faltó quien lo identificara, llevándolo hasta la justicia, para así ganar la recompensa de 200 libras que se ofrecía por su cabeza. Su ejecución fue en 1739.

Igualmente novelesco es el Marqués de Sade, por cuya suerte se preocupó el rey Luis XV en Francia. Para evitarle un proceso legal que arrojaría el deshonor a las familias de algunos nobles, lo hizo encerrar, pero ello no reformó su tendencia a buscar un placer morboso en la agonía de sus víctimas.

Una demandante, que había sido azotada con un látigo por Sade, fue silenciada mediante una indemnización, pero otra vez intervino el rey para que la causa fuera sobreseída.

En 1772 fue llevado finalmente ante un tribunal, por haberles dado a unas prostitutas unos polvos envenenados, y que supuestamente eran afrodisíacos. Fue sentenciado a muerte, pero se salvó por las influencias de su familia. Después sufrió diversos arrestos, hasta que la Revolución Francesa lo liberó en 1790, pero en la Bastilla había desarrollado su carrera literaria, que también lo haría famoso.

El «motín de la ‘Bounty , nave inglesa, se produjo el 28 de abril de 1789, en Tahiti. La nave llegó a las islas para obtener el árbol del pan y llevarlo a las Indias Occidentales, y así mejorar la ración de los esclavos. La comandaba el capitán William Bligh, de duro carácter. Un contramaestre, Fletcher Christian, que odiaba a Bligh, fue el autor. Al capitán y a 18 hombres los embarcaron en un bote.

Estos hicieron un recorrido de 6 mil millas hasta la isla Timor. Sólo 12 llegaron a Inglaterra. Los amotinados, en 1791, fueron llevados a Londres y condenados a muerte, menos uno. Algunos alcanzaron a fundar una colonia en la isla Pitcairn, la que se descubrió en 1808.

El siglo se cierra con Giuseppe Balsamo, Conde de Cagliostro, uno más entre los curanderos, charlatanes y magos, pero que al revivir la promesa de los alquimistas saltó de su Sicilia natal a las islas británicas y recorrió el continente europeo desde Lisboa a San Petersburgo.

La Inquisición lo arrestó después de estudiar sus prácticas por Europa, y fue sentenciado a morir por herejía, pero el Papa cambió la pena por la de prisión perpetua.

Los procesos más importantes de los últimos tiempos se han desarrollado delante de un Tribunal del Crimen.

En Francia, Gran Bretaña o Alemania, casi todos los procesos de relieve pasan por una corte de audiencia en lo criminal. En Francia, la «Cour d’assises» fue instituida en 1791 por la legislación revolucionaria, e inicialmente se constituía de doce ciudadanos que ignoraban la jurisprudencia y decidían sólo la inocencia o culpabilidad de los acusados.

La función del tribunal de tres jueces consistía en fijar la pena, sistema que rigió hasta 1932. Curiosamente, el caso Laverdet, que afectó a un sacerdote que quiso fundar una Iglesia Católica Francesa, se desarrolló ante la Cámara Correccional de Nantes.

El proceso contra el abate Laverdet, en 1837, dio el golpe de gracia al «galicanismo», movimiento separatista que tendía a formar una Iglesia católica independiente, liberada de la influencia de .Roma. Laverdet fue acusado de organizar reuniones ilegales y de portar sotanas sin autorización.

El procurador señalo que la libertad de religión no podía ser la libertad absoluta, sobre todo cuando se amenazaba el orden público, y citó los graves desórdenes producidos en Clichy y Leves. A Laverdet le preguntaron sobre su ordenación como sacerdote, y éste replicó que había sido hecha por el abate Chatel, cabecilla del movimiento, y que ya en el seminario se había distinguido por su excepcional elocuencia y un raro espíritu de independencia.

El abate Chatel esperaba ser enjuiciado o por lo menos excomulgado por la Iglesia Católica, pero ni París ni Roma necesitaban un mártir.

El arzobispo de París fue bastante paciente frente a los rebeldes sacerdotes que habían suprimido la confesión en privado, el ayuno obligatorio y el celibato, habían traducido la liturgia al francés e instituyeron la elección de los sacerdotes. Al igual que el gobierno, aguardaba el resultado del proceso contra el abate Laverdet.

Pese a que la defensa apeló a la constitución, Laverdet fue hallado culpable y multado en 50 francos.

Los adeptos de la Iglesia Católica Francesa comenzaron a dispersarse y sus sacerdotes (entre ellos el abate Anzou, asistente del abate Chartel) hicieron las paces con la iglesia Católica Romana.

Días Nefasto en la Historia Antigua