EL Vestido y Aseo en la Edad Media Moda, Telas y Colores






LA EDAD MEDIA: VESTIDO, MODA Y ASEO

resumen de la edad media 

Vestido y Aseo:

Los germanos solían utilizar amplios vestidos forrados que se ceñían ligeramente al cuerpo gracias a fíbulas o cinturones. Una camisa de lino hasta las rodillas sobre la que se ponía una túnica, pantalones con polainas y botas o zuecos, dependiendo de la condición social, sería la indumentaria masculina mientras que las mujeres nobles llevaban sobre la túnica una especie de bata abierta por delante y recogida con una cadenita que permitía caminar. Si eran campesinas se vestían sólo con la túnica. Los días de frío se utiliza un chaleco de piel y un manto de lana.

Los hombres germanos solían llevar el cabello largo y la frente, la barba y la nuca despejadas mientras que los romanos se lo cortan sobre la nuca. La longitud del cabello obedece a un claro simbolismo ya que indica fuerza, bravura y virilidad. Por eso los esclavos y los clérigos tienen la obligación de estar tonsurados, quedando sólo en su cabeza una corona de cabello o una banda que va de oreja a oreja, moda habitual entre los monjes irlandeses. No en balde, cortar el cabello a una joven o a un muchacho estaba castigado 45 sueldos. El desnudo sólo se permitía en dos casos, al lavarse o al ir a dormir.

Hasta el siglo VIII el bautismo se había realizado, tanto a hombres como mujeres, por inmersión en una piscina adosada a la catedral. La ceremonia se celebraba las noches del sábado santo y los neonatos en la religión recibían el bautismo desnudos.

La desnudez bautismal tenía un simbolismo que desapareció en época carolingia al sustituirse el bautismo por inmersión, aplicando al cuerpo desnudo exclusivamente carga sexual. Esta es la razón por la que se empezó a vestir el cuerpo de Cristo cuando se le representaba en la Crucifixión o san Benito aconsejaba a sus monjes acostarse vestidos.

La cocina medieval se basaba en fuertes condimentos para mejorar el sabor de platillos dudosos, especialmente el de la carne, que se conservaba en alacenas no muy limpias y no muy frescas. La esposa del burgués sembraba hierbas de olor junto a la puerta de la cocina.

Además de condimentos caseros, como tomillo, ajo y semillas de peonía, siempre había sal; se adquiría mostaza y azafrán, y los comerciantes llevaban desde Oriente grandes cantidades de pimienta. Pero el azúcar era un lujo escaso. Los cruzados introdujeron el gusto, junto con el maíz, los limones y melones. Los conos de azúcar eran tan costosos que siempre los mantenían en lugar seguro.

Era común comer pescado, pues la Iglesia decretó que no se debía comer carne los viernes (incluso sábados y miércoles, en los albores de la Edad Media). En la cuaresma, estaba prohibido comer carne, huevo y productos lácteos, por lo que la mitad del año era de “días de pescado”. Lo cocinaban con perejil e hinojo, y el arenque era un platillo popular.

La mujer y el hombre sólo podían mostrarse desnudos en el lecho donde tendrá lugar la procreación, aportando al tálamo un cierto aire de sacralidad. Incluso la ley regulaba los contactos ya que si un hombre libre tocaba la mano de una mujer debía de pagar 15 sueldos que aumentaban a 30 si se trataba del brazo hasta el codo, 35 sueldos por tocar encima del codo y 45 si eran los senos la zona tocada.

La razón de estos castigos estaría justificada por las ceremonias paganas en las que las mujeres se desnudaban para atraer la lluvia o provocar la fecundidad de la tierra.

 De esta manera tocar a la mujer supondría un atentado contra la generación de la vida. El aseo personal solía hacerse en los lechos de los ríos o en las piscinas de aguas termales. Los príncipes carolingios se bañaban y cambiaban sus ropas los sábados. Nos han quedado restos de utensilios de cuidado personal como tijeras, pinzas depilatorias o peines, especialmente para las damas que mesaban sus cabellos y los “esculpían” con ayuda de largas horquillas.

Encontramos numerosas joyas que servían para adornar vestidos y capas, considerándose la orfebrería germánica como una de las más atractivas de la historia. Nos han quedado sortijas, anillos, pendientes, horquillas, broches, placas-hebillas, joyas que exclusivamente podían utilizar las mujeres como se ha podido constatar en los yacimientos arqueológicos. Estas joyas nos dan fe de la existencia de grandes fortunas en la Alta Edad Media.

Tenemos el ejemplo de un general merovingio llamado Mummolus, quien a su muerte dejó 250 talentos de plata y 30 de oro lo que suponían 6250 kilos de plata y 750 de oro, fortuna entre la que destaca una fuente de 56 kilos.

Un esclavo culto llamado Andarchius valoró su fortuna en 16.000 sueldos de oro -unos 68 kilos- para convencer a una noble dama de que podía casarse con su hija. El obispo Didier de Auxerre legó a su iglesia en el año 621 aproximadamente 140 kilos de orfebrería litúrgica. Son algunas muestras de la pasión por el oro y la plata desencadenada en estos tiempos.

VESTIMENTA MEDIEVAL GOTICOVESTIMENTA MEDIEVAL ROMANICO

VESTIMENTA MEDIEVAL


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Medievo románico (de 900 a 1200).
En los comienzos de la Edad Media surgió y se difundió un estilo artístico denominado románico, en cuya formación intervino la fusión del estilo romano con el germánico (los bárbaros). La vestimenta de aquella época se caracterizó por el uso de largos calzones, “bragas”, y cinto (elementos germánicos) y la persistencia de túnicas y capas (elemento romano).

Medievo gótico (de 1200 a 1450).
En el siglo XIII se plasmó en Francia un estilo nuevo: el gótico, que tendió hacia las formas perfiladas y esbeltas. Los sastres de la época crearon vestidos muy largos y sueltos, semejantes para hombres y mujeres. Se llevaba una almilla con mangas largas y un jubón sin mangas. Casi todos los vestidos eran de lana, y los ricos los adornaban con bordes de piel, bordados y joyas. Eran típicos la caperuza “con cuernos” (que usaba Dante), el sombrero en forma de “pan de azúcar” y un calzado muy puntiagudo.

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En el siglo XIII , los acaudalados dormían en camas de madera decoradas con tallas y dibujos, y usaban sábanas de lino, almohadas y edredones bordados. Se acostumbraba colgar cortinas alrededor de las camas, desde el techo o de ganchos de fierro en los muros, para dar privada en las habitaciones compartidas, y para abrigarse de las corrientes de aire. Dotadas de lámparas, estas camas eran habitaciones dentro de las habitaciones.

Los recipientes y vasos de vidrio no eran comunes, pero, a partir del siglo XIV, el vidrio se usó para poner vitrales en casa de los comerciantes. Eran pequeños: montados sobre retículas de plomo o montantes de madera sobre un marco de hierro; a menudo, los dueños, al mudarse de casa, se llevaban los vitrales con ellos. Los espejos de vidrio fueron uno de los muchos artefactos nuevos llevados por los caballeros cruzados.

Conforme aumentó el contacto con Oriente —de lo cual se encargaron los cruzados—, se modificaron los interiores de las casas. El caso de las alfombras fue el más notorio: en las residencias de los comerciantes, reemplazaron la bayeta, un áspero paño de lana. Sirvieron para cubrir bancas y sillas, y como tapices. Y aparecieron los tapetes, no siempre importados: a partir del siglo XII, los fabricantes europeos comenzaron a producir sus alfombras, copiando modelos turcos y persas.

Telas suntuosas y colores vivos
Las telas aumentaron en suntuosidad cuando los cruzados introdujeron el algodón, la diáfana muselina (cuyo nombre se deriva de Mosul, en Irak), el damasquino (de Damasco) y la gasa (de Gaza, en Palestina). Estos materiales transformaron la indumentaria medieval y le dieron un aire exótico. Las mujeres casadas acostumbraban cubrirse el pelo, y a principios de la Edad Media usaban tocas.

Con las nuevas telas, posteriormente aparecieron tocas con puntas, de las que pendían velos de gasa. Los hombres vestían de colores moteados o con diseños de franjas. A partir del siglo XIV, las ropas se adornaban con cortes en zigzag en los bordes, o en diversas formas.

Los nobles usaban con frecuencia túnicas ultracortas; de esta manera mostraban las piernas cubiertas con mallas. Era una moda que los clérigos no aprobaban de buen grado. Los zapatos largos y en punta, propios de los más sofisticados, se hicieron tan alargados que era necesario atar las puntas a la rodilla, para que fuese posible caminar con ellos. Estas “pezuñas del diablo, con hocico y colmillos”, eran abominables según la Iglesia, y se aprobaron leyes que intentaron restringir su longitud.

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