Prosperidad Económica en Occidente Luego de la Guerra Mundial



Prosperidad Económica en Occidente

El crecimiento de la producción: Entre 1945 y 1973, el crecimiento económico de los países la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE)—los países industriales capitalistas de Europa, los Estados Unidos, Japón, Australia y Nueva Zelanda— tuvo dos características salientes. Por una parte, las tasas de crecimiento del producto per cápita de esos países fueron muy altas. Su promedio fue del 3,8% anual —el máximo precedente, entre 1870 y 1913, había sido del 1,4% anual—.

Por otro lado, el crecimiento fue estable, es decir, que las fluctuaciones entre etapas de crecimiento y de recesión fueron suaves debido a la acción correctiva de los estados nacionales y al adecuado funcionamiento de las instituciones económicas internacionales diseñadas después de la guerra.

Prosperidad Económica en Occidente

Prosperidad Economica

El acelerado crecimiento económico no se limitó a los países desarrollados. Varios países subdesarrollados tuvieron altas tasas de crecimiento de su producto bruto, cuyo efecto per cápita quedó por lo general relativizado por el gran crecimiento de la población.

El crecimiento económico obedeció a un complejo conjunto de factores y afectó a todos los sectores de la economía. En el sector primario, por ejemplo, se produjo un notable aumento en la productividad agrícola, derivado de una sustancial mejora en la tecnología agraria —sistemas de riego, técnicas de manejo de suelos, mayor mecanización, uso de fertilizantes— y del desarrollo de nuevas variedades de trigo, maíz, arroz y otros cereales, Estas innovaciones permitieron un sustancial aumento de los rendimientos por hectárea y de la producción mundial de alimentos.

El liderazgo industrial de los Estados Unidos: En estos años, el liderazgo industrial estuvo en manos de los Estados Unidos. Durante la Segunda Guerra Mundial, este país había expandido su capacidad industrial y al finalizar la contienda era la única de las grandes potencias que no había sufrido daños en su infraestructura industrial, urbana, de transportes y de comunicaciones. Las empresas dominantes en el período fueron las grandes corporaciones multinacionales, por lo general de origen norteamericano, que operaban en buena parte del mundo a través de sus filiales.

La expansión de las empresas multinacionales fue un rasgo característico de la segunda posguerra. Las multinacionales se consolidaron en muchos sectores: las grandes industrias extractivas, como las petroleras, la fabricación de automotores, la industria farmacéutica, los grandes servicios bancarios, hoteleros y comerciales.

 Para los gobiernos de los Estados Unidos, la Guerra Fría justificaba el mantenimiento de un alto gasto en defensa. En la segunda posguerra la producción de la industria militar se convirtió en uno de los sectores privilegiados por las grandes potencias. La conquista del espacio se convirtió en un objetivo estratégico y el desarrollo de nuevas y más poderosas armas, nucleares y convencionales, requirió enormes inversiones.

La interpenetración entre los intereses de los militares, las empresas industriales y los políticos fue denunciada por el general Eisenhower en su discurso de despedida como presidente de los Estados Unidos. Eisenhower señaló entonces que:

“la conjunción de un inmenso establecimiento militar y una gran industria armamentista […] ejerce una influencia que se siente en todas las ciudades, en todos los edificios estatales, en todas las oficinas del gobierno federal […] El potencial para el desastroso crecimiento de un poder deformante existe y seguirá persistiendo.”

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LA PROSPERIDAD AMERICANA: Cuando llegó la paz, la tendencia al crecimiento observada durante más de veinte años no se vio interrumpida en forma significativa y, entre 1950 y 1980, el producto nacional bruto casi se triplicó en términos reales, mientras los ingresos prácticamente se duplicaron. Hubo una serie de factores que contribuyeron a esta situación: el aumento de la población, los adelantos tecnológicos, la aparición de nuevos productos de consumo, el impulso dado a la economía tras la Segunda Guerra Mundial, el repentino gasto de los ahorros que se habían acumulado durante la guerra (1945-1948) y, por último, los programas de rearme relacionados con la guerra fría y la Guerra de Corea (1950-1953).

La prosperidad parecía algo absolutamente normal. Los negocios nunca habían estado tan boyantes y, sobre la base de esta confianza en la riqueza y las ilusiones, el pueblo norteamericano comenzó a transformar por completo su estilo y estándar de vida.

Las expectativas de prosperidad cada vez mayores constituyeron una fuerza auténticamente revolucionaria. Hubo una ‘explosión de nacimientos” (el baby boom) y un enorme estímulo ala demanda que había comenzado durante la Segunda Guerra Mundial. Luego se produjo una segunda gran migración hacia el Oeste y, después de 1945, la inmigración aumentó en forma sostenida. Al mediar la década de los 80, los inmigrantes de habla hispana eran el grupo de población más importante en muchas regiones del sur y sudoeste del país, convirtiéndose Miami en una verdadera ciudad latinoamericana. Tal vez el cambio más notable en todo este período fue el crecimiento de los suburbios.

El crédito fácil, el combustible barato (ya fuese para el hogar o para los vehículos), la gran producción de viviendas y automóviles y los gigantescos programas de construcción de carreteras, tanto de los gobiernos federales como estatales, fueron algunos de los factores que impulsaron a millones de norteamericanos a dejar el campo y las ciudades. La gran ola de inmigrantes se instaló en miles de kilómetros de suburbios, de modo que, aunque la población de las ciudades más importantes aumentó de 48 millones a 64 millones entre los años 1950 y 1970, la de sus alrededores creció de 21 a 55 millones. La población total aumentó de 132 millones en 1940 a 226 millones en 1980.

Este auge nacional estuvo sustentado por un dólar fuerte, por grandes recursos nacionales dentro de Estados Unidos continental y por un sistema económico muchísimo más adelantado que cualquier otro del mundo, por lo menos hasta la década del 60. No obstante, esta prosperidad fue socavada por el apetito insaciable de la sociedad de consumo norteamericana.

La gran tendencia de los capitalistas estadounidenses a gastar sus utilidades en vez de reinvertirlas, y las demandas de los trabajadores industriales que pedían mejores salarios y condiciones laborales más cómodas, sin considerar las consecuencias que estas peticiones tenían sobre los precios, no ayudaron a mantener esta situación. Además, había una creciente tendencia en los sectores de mayor influencia del país a pensar que la realidad deL sueño americano se sustentaría por mucho tiempo.

Este último rasgo generó una confianza desmedida en los encargados de formular las políticas y en la ciudadanía que puso en peligro la bonanza norteamericana.

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