Mujeres del Renacimiento Carta de Isabella Este



Mujeres del Renacimiento
Carta de Isabella Este

Las cartas de Isabella d´Este
Al comienzo del siglo XVI, muchos gobernantes italianos y europeos consideraron a Isabella d’Este una figura política importante. Estos fragmentos de sus cartas revelan sus habilidades políticas y su firme determinación. Después de que los venecianos hicieran prisionero a su esposo, en 1509, rechazó aceptar la condición para su liberación, a saber: que su hijo Federico fuera retenido en calidad de rehén por los venecianos, o por el sacro emperador romano. Escribió a ambos, al emperador y su esposo, rehusando acceder a lo que le pedían.

Carta de Isabella d’Este al enviado imperial
En cuanto a la demanda de nuestro amado hijo primogénito Federico, además de ser una cosa cruel y casi inhumana, para cualquiera que conozca el significado del amor de una madre, existen muchas razones que la hacen difícil e imposible. Aunque estamos del todo seguros de que su persona estará bien cuidada y protegida por Su Majestad [el sacro emperador romano], ¿cómo podríamos desear que corriera el riesgo de este largo y difícil viaje, si consideramos la fragilidad del niño y su tierna edad?

Y debe saber cuánto confort y solaz, dada la infortunada situación por la ausencia actual de su padre, encontramos en la presencia de este adorado hijo la esperanza y la alegría de toda nuestra gente y súbditos. Privarnos de él, sería privarnos de la vida misma, y de todo lo que apreciamos como bueno y precioso. Si nos quitan a Federico, nos quitan nuestra vida y nuestro estado… De una vez por todas, sufriremos cualquier pérdida, en lugar de que alejen de nosotros a nuestro hijo, y podréis considerar esto como nuestra resolución deliberada e inamovible.

Carta de Isabella d’Este a su esposo [quien le ha ordenado enviar a su hijo a Venecia]Si en este asunto Vuestra Excelencia me desdeña y me priva de su amor y de su gracia, preferiría prolongar tan severo trato, preferiría perder nuestro estado, que privarme de nuestro hijo. Tengo la esperanza de que con el tiempo vuestra propia prudencia y gentileza os harán comprender que he actuado con mayor amor a vos que lo que vos lo habéis hecho hacia mi.

¡Tened paciencia! Podéis estar seguro de que pienso continuamente en vuestra liberación y, cuando sea el momento, no os fallaré, de la manera en que no he cejado en mis esfuerzos. Como testigos, cito al papa, al emperador y al rey de Francia, y a todas las otras cabezas reinantes y potestades de la cristiandad. Sí, y a los infieles también [había escrito al sultán de Turquía para solicitar ayuda]. Si fuese, en verdad, el único medio posible de poneros en libertad, no sólo enviaría a Federico, sino a todos los demás hijos. Haré todo lo imaginable. Algún día espero haceros comprender…

Perdonad si esta carta está mal escrita y peor compuesta, pero no sé si estoy viva o muerta.
Isabella, quien desea lo mejor a Vuestra Excelencia escrita de propia mano
[El esposo de Isabella no quedó complacido con la respuesta de ella y exclamó amargamente: «Esa meretriz de mi esposa es la causa de todo. Mandadme a la guerra solo, haced lo que queráis conmigo. He perdido en un solo golpe mi reino, mi honor y mi libertad. Si no obedece, le cortaré sus cuerdas bucales».

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