Expulsión de los Jesuitas de America por Carlos III de España



Expulsión de los Jesuítas de América por Carlos III de España

CAUSAS DE LA EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS DE AMÉRICA: La dirección absoluta y exclusiva de sabio? y abnegados Misioneros que todo lo dieron por sus guaraníes, conformó una organización cuya prosperidad v prestigio no tardaron en suscitar en América y Europa, enemigos interesados en expulsar a los Jesuitas de España y todos sus dominios.

Esta expulsión ya había sido concretada en Portugal (1758) y Francia (1764), siendo Carlos III, Rey Je España, quien había acogido a Sacerdotes os la Orden que debieron emigrar.

Muchas y de todo tipo fueron las presiones que se ejercieron sobre este Monarca para que adoptara una decisión de semejantes consecuencias. Razones que concernían a la política europea y otras que le llegaban de América donde muchos españoles no toleraban que los Guaraníes estuvieran eximidos del «servicio personal» o soñaban con adueñarse de imaginarias riquezas de las Reducciones.

Las calumnias se multiplicaron, hábilmente m. ajadas por políticos de otros países, hasta que finalmente obtuvieron el fin deseado: mediante la Real Pragmática del 27 de febrero de 1767, Carlos III firmó la expulsión de la Compañía de Jesús de España y todos sus dominios.

Los Jesuitas, lejos de rebelarse ante esta injusta decisión, supieron acatarla con grandeza y mansedumbre. En las Reducciones, prepararon a sus Guaraníes para el cambio que se iba a operar y los instaron a seguir con su sistema.

La orden fue impartida de noche con muchas precauciones para atenuar la conmoción social. Sus consecuencias resultaron especialmente dramáticas en las Misiones del Paraguay que corrieron el riesgo de desmoronarse. Sometidas a nuevos administradores militares o religiosos, inexpertos y en ciertos casos deshonestos, las misiones se fueron empobreciendo y despoblando. La naturaleza selvática se impuso al cabo de los años.

El hombre escogido para concretar la expulsión en el Río de la Plata fue Francisco de Paula Bucareli, quien no encontró en  las reducciones la oposición de Misioneros y Guaraníes que esperaba, y así hizo cumplir I disposición Peal sin tropezar con dificultades durante 1768. Con motivo de la entrega de cada Reducción a sus nuevas autoridades, se confeccionaron inventarios minuciosos que nos permiten hoy conocer mucho acerca de ellas.

Producida la expulsión de los Jesuitas surgió el problema de encontrar hombres de excepcional preparación que los sustituyeran. Se pensó en reemplazarlos por una administración combinada de militares, administradores y religiosos. Estos para lo espiritual, aquéllos para todo lo material. Pero ni civiles ni religiosos conocían bien las costumbres de los indígenas y su peculiar organización. Además se pretendió «civilizarlos» de modo más semejante al europeo.

En síntesis, el sistema establecido en 1770 y 1803 no dio resultados positivos. Políticamente inadecuado, mantuvo la forma de trabajo en comunidad, pero los indígenas no recibieron de ella los beneficios esperados. Las discordias entre religiosos y administradores, los abusos que algunos de éstos cometieron, el peso de una burocracia costosa e ineficaz y la falta de objetivos claros, hicieron fracasar esta obra.

Se originó así la decadencia de los pueblos, muchos de cu s habitantes, poseedores de un oficio, emigraron a las ciudades o se dedicaron a tareas rurales en las estancias, tanto españolas como portuguesas.



Pero no fue sino entre 1811 y 1818 cuando aconteció la ruina definitiva de los pueblos, cuya destrucción fue motivada por las luchas de independencias nacionales en la 6cuales ellos mismos participaron activamente.

Los Guaraníes de las reducciones no regresaron a su originaria vida en la selva. Cada uno debió buscar una salida personal a la triste situación; algunos incluso, formaron nuevos pueblos como San Miguel y Loreto en la provincia argentina de Corrientes.

Se produjo así el ocaso de una de las grandes epopeyas de la humanidad que a nosotros, latinoamericanos, no sólo debe llenarnos de legítimo orgullo sino también estimularnos a conocerla más, reflexionar sobre ella y acicatearnos a buscar nuevas formas de solución a muchos de nuestros grandes problemas. Pero estas soluciones deben fundarse sobre el amor, como lo hicieron los Jesuitas, y no impulsadas por el resentimiento y el odio que generan .situaciones perjudiciales para todos.

Explica la historiadora, María Sáenz Quesada: «Puede discutirse si los jesuitas, como se los acusa, pretendieron conservar a los indígenas bajo tutela permanente, como a menores de edad. Merece debatirse también si la educación que recibían las élites criollas en los Colegios y Universidades de la Compañía era acorde o no con las exigencias científicas de la modernidad europea. Pero lo que está fuera de discusión es la brutalidad y el despotismo que implicó la orden real.

Símbolo de esta forma drástica de terminar con un ciclo cultural —tantas veces ejercitado más tarde en la Argentina independiente— es el destino de la única imprenta del Virreinato: instalada por los jesuitas en la Universidad de Córdoba, donde era «la principal y más útil alhaja», fue a parar semideshecha a un sótano cuando el secuestro de esa casa. Vértiz la rescató y la mandó a Buenos Aires.

Porque lo cierto es que la expulsión de los Padres generó un vacío cultural y económico en los reinos americanos. Los grupos sociales criollos sintieron hostilidad hacia el gesto despótico del soberano. Los pocos rioplatenses educados en las universidades de Charcas y de Córdoba, que estaban dirigidas por jesuitas, conocían las teorías que se enseñaban en esas aulas. La del padre Francisco Suárez sobre el pacto social que da origen al poder real; la del padre Mariana que justifica el tiranicidio.»

Quizás las consecuencias más positivas de la expulsión se encuentren en los caminos siempre secretos de la cultura. Los religiosos exiliados volvieron sus ojos a la patria americana, la recrearon con la mirada de la nostalgia y la describieron con acopio de información y espíritu científico. Su obra contribuyó a revalorizar a la naturaleza y al hombre del Nuevo Mundo, ese universo del que habían sido excluidos.

CARTA REVELADORA: EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS DE ESPAÑA:
Santísimo Padre: No ignora Vuestra Santidad que la principal obligación de un soberano es vivir velando sobre la conservación y tranquilidad de su Estado, decoro y paz interior de sus vasallos. Para cumplir yo con ello, me he visto en la urgente necesidad de resolver la pronto expulsión de mis reinos y dominios de tos jesuitas que se hallaban establecidos en ellos y enviarlos al Estado de la Iglesia bajo la inmediata, sabia y santa dirección de Vuestra Santidad, dignísimo Padre y maestro de todos los fieles.

Caería en la inconsideración de gravar la Cámara Apostólica, obligándola a consumirse para el mantenimiento de los P.P. Jesuitas que tuvieron la suerte de nacer vasallos míos, si no hubiese dado, conforme lo he hecho, previa disposición para que se dé a cada uno durante su vida la consignación suficiente. En este supuesto ruego a Vuestra Santidad, que mire esta mi resolución sencillamente como una indispensable providencia.

La única, tomada con previo maduro examen y profundísima meditación y que, haciéndome justicia, echará sin duda (como se lo suplico) sobre ella y sobre todas las acciones dirigidas del mismo modo al mayor honor y gloria de Dios, su santa y apostólica bendición. Carlos.



A. Cánovas del Castillo, Historia general de España
Fuente Consultada: Instituciones Políticas y Sociales de América hasta 1810 Irma Zanellato y Noemi Viñuela

Mapa Ubicación Geográfica Pueblos Guaraníes

 

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