Tratado de las Obligaciones del Hombre Aprobado por la Primera Junta



Tratado de las Obligaciones del Hombre Aprobado por la Primera Junta de Gobierno de 1810

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Se publican aqui algunos fragmentos de este tratado, en lo que respecta a los deberes del hombre frente a Dios, a si mismo, a los demas y en la familia.

OBLIGACIONES RESPECTO DE DIOS

Dios es el Ser Supremo que ha creado y conserva todas las cosas. Como creador de todas es igualmente Señor de ellas, y con la misma facilidad con que las ha sacado de la nada, puede destruirlas y anonadarlas. Nosotros mismos hemos recibido de la mano de Dios La vida y todo lo que tenemos; y basta con un solo acto de su voluntad para quitárnoslo todo, y aniquilarnos en un instante.

Debemos pues en primer lugar adorar a Dios con la más profunda humildad… Estamos al mismo tiempo obligados a profesar sumo y perpetuo agradecimiento por los infinitos beneficios que nos ha hecho, pues cuanto poseemos es don suyo. Por esta razón debemos, llenos de reconocimiento, darle gracias todos los días, de todo lo que nos suceda de bueno; seguros de que todo viene de su mano, y de que ningún bien podemos tener sin él. . .

OBLIGACIONES RESPECTO DE NOSOTROS MISMOS

Estamos compuestos de dos substancias, una espiritual, que es el alma, y otra material, que es el cuerpo.

El alma es la más noble de las dos substancias, como que es la que piensa, la que quiere, la que dirige todas nuestras acciones, y la que, siendo por su naturaleza inmortal, ha de durar eternamente. El cuerpo es la substancia menos noble, como que está sujeto a mil imperfecciones, a mil males, y últimamente a la corrupción y a la muerte. De estos antecedentes se infiere que debemos cuidar principalmente del alma, y procurar mejorarla cada día, como que es la parte más excelente de nosotros mismos. E igualmente se sigue de ellos que tampoco debemos omitir el cuidado del cuerpo, para conservarlo y hacerlo cada vez más apto para el servicio del alma. . .

Redúcense nuestros cuidados para con nuestra alma a procurar enriquecer el entendimiento con útiles conocimientos, cultivar la memoria para conservarlos después de adquirirlos, arreglar sabiamente la voluntad a los preceptos de la virtud, honradez y prudencia, ejecutar lo que estas nos inspiran, con presteza y con cuidado al mismo tiempo; evitando por una parte la pereza, y por otra la precipitación. . .

Debemos procurar que el cuerpo se haga cada día más ágil y robusto; y no consiguiéndose esto sino por medio del ejercicio, conviene acostumbrarse con tiempo al movimiento y a la fatiga, que son las dos cosas que más contribuyen a mantener el cuerpo sano, y a darle agilidad y robustez.

Es menester también hacerse, con método y prudencia, a sufrir el calor, el frío, y todo género de incomodidades; huyendo de la pereza y de la demasiada delicadeza, que debilitando el cuerpo, lo afemina y pone en estado de enfermar fácilmente con cualquier friolera.

DEBERES DEL HOMBRE PARA CON LOS DEMÁS

Tenemos para con los otros, algunas obligaciones que son generales y comunes para todos, y otras respectivas a cada uno en particular. Nuestras obligaciones generales para con todos los hombres se encierran en estos dos preceptos: no hacer a otro lo que no queramos que se nos haga a nosotros, y hacer con los otros lo que queremos que se haga con nosotros mismos. El primero de ellos contiene las obligaciones que se llaman negativas o de rigurosa justicia. El segundo, las obligaciones positivas o de beneficencia.

Las obligaciones negativas se reducen a abstenernos de ofender a otro en manera alguna.

Podemos ofender a otro de tres modos: en la persona, en la hacienda o en la honra. . .

Las obligaciones positivas se reducen a hac&r a todos todo el bien qtio podamos. . .



DEBERES PARA CON LOS PADRES

Después de Dios no hay obligación más estrecha, que la que tenemos a nuestros padres.

Además de habernos dado la vida, han empleado todo su cuidado cu conservarla. Ellos nos mantienen, nos visten y nos proporcionan todas las comodidades que disfrutamos, se desvelan y afanan continuanionln para educarnos.

Siendo estos beneficios los mayores que se nos puedan hacer, ha de ser proporcionada por nuestra parte la gratitud.

Debemos pues tenerles:

1- Un amor sincero y el mayor después del que profesamos a Dios.

2- Un verdadero agradecimiento, que nos haga tener continuamrntr presente los beneficios que de ellos hemos recibido y recibimos, y procurar pagárselos del mejor modo que podamos ayudándoles y con placiéndoles en todo.

3- Una verdadera sumisión y obediencia; pues estando ellos encargados de nuestra educación, debemos ejecutar pronta y gustosamente lo que nos manden, tenerles todo el respeto posible, abstenernos de toda acción o palabra que pueda ofenderlos, recibir con humildad sus avisos y correcciones, y aun sufrir con gusto los castigos que nos impongan para corregir nuestros vicios y defectos.





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