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Anton Leeuwenhoek: Inventor del Microscopio

Leeuwenhoek fue el primero en descubrir el paso de la sangre por los capilares. Guillermo Harvey había descubierto la circulación alrededor de 1616, pero subsistía el misterio acerca de cómo la sangre de las arterias llegaba a las venas para volver al corazón. Las observaciones de Leeuwenhoek en renacuajos vivos condujeron a demostrar la existencia de finísimos conductos que se llaman ahora “capilares”.

En otros estudios Leeuwenhoek observó los protozoarios en el agua estancada, revetó la existencia de los espermatozoides, describió con asombrosa fidelidad las estructuras de la piel y de los cabellos, detalles de los insectos, etc.

Anton van Leeuwenhoek (Delft, Países Bajos, 24 de octubre de 1632 -1726 de agosto de 1723) fue un comerciante y científico neerlandés, conocido por las mejoras que introdujo a la fabricación de microscopios y por sus descubrimientos pioneros sobre los protozoos, los glóbulos rojos, el sistema de capilares y los ciclos vitales de los insectos.

El título de primer microscopista está unido al nombre del fisiólogo italiano Marcello Malpighi, que descubrió los capilares en 1661, demostrando la validez de la teoría de Harvey sobre la circulación de la sangre. Pero fue un holandés, Anton Leeuwenhoek, quien demostró en el siglo XVII de lo que era capaz un microscopio.

Leeuwenhoek nació en 1632, sólo tres años después de Huygens, en Delft, un pueblo donde pasó toda su vida.

 Era dueño de una tienda de paños, y entró en contacto con las lentes debido a su negocio, ya que utilizaba lupas para examinar cuidadosamente sus telas. También era conserje del ayuntamiento de Delft, y esas dos fuentes de ingresos le permitieron dedicarse a su afición de la fabricación de lentes, una afición que se convirtió en la obsesión de su vida. Cuando murió, había creado 419 lentes.

Leeuwenhoek fue un observador, no un teórico, pero como observador no tenía rival. Abrió los ojos de sus contemporáneos a la enorme diversidad de la vida. Fue el primero en describir los diversos tipos de plancton existentes en el agua, descubrió el grupo de criaturas unicelulares que llamamos infusorios, e incluso descubrió y describió las bacterias, unas formas de vida tan pequeñas que pasarían otros cien años antes de que alguien fuera capaz de añadir algo útil a lo que él ya había dicho.

Construyó su primer microscopio en 1660. Sus instrumentos eran microscopios simples, de una sola lente. Básicamente eran lupas potentes y consistían en una lente pequeña, muy convexa, situada en el centro de una placa de metal. Las tenía que sostener con una mano y le cansaban mucho los ojos.

Se calcula que Leeuwenhoek  fabricó 419 lupas como ésta. Logró obtener un poder separador de 2 milésimas de milímetro, pero la iluminación era deficiente y el campo estrecho. Sus fecundos descubrimientos sólo pudieron ser el fruto de un prodigioso   esfuerzo   de   paciencia.

Pero sus lentes eran tan nítidas y estaban pulidas con tanta habilidad, que su poder de resolución superaba con mucho el de los microscopios compuestos utilizados por sus contemporáneos y producían imágenes libres de los colores distorsionados (aberración cromática) que generaban los demás. No obstante, dejando aparte a sus insignes contemporáneos, ha sido bastante ignorado, ya que no sabía latín y no leía en ningún otro idioma que no fuera su holandés nativo.

A pesar de su origen humilde, Leeuwenhoek se convirtió en miembro de la Sociedad Real de Londres, y fue por correspondencia Lovai Socienrias a esta correspondencia unilateral escribió casi 400 cartas, todas en holandés como se conoció su trabajo fuera de su país. En la última de estas cartas, legó a la Royal Society 26 de sus mejores instrumentos, para que sus miembros pudieran explorar ese nuevo mundo por sí mismos.

En 1677, Leeuwenhoek fue la primera persona en describir los espermatozoides. Fue uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la biología, pero a corto término hizo poco por la comprensión de la concepción. Se sabía desde hacía miles de años que los humanos, como todas las criaturas sexuales, se concebían como consecuencia de un intercambio sexual, pero la mecánica de la concepción seguía siendo tan misteriosa en el siglo XVII como lo había sido en el siglo XVII a. G.

microscopio de Leeuwenhoek

Con un “microscopio” como éste, de 5 x 2,5 cm Leeuwenhoek descubrió los glóbulos rojos, los espermatozoides, las fibras musculares estriadas, etc. Diferente de los instrumentos ópticos de su época, es una simple lupa: una pequeña lente, casi esférica, aprisionada entre dos láminas de cobre; frente a la lente, una punta móvil con una lámina de mica que hacia las veces de portaobjetos. A. Tornillo principal, para mover el objeto que se examina. B. Cuerpo del microscopio. C. “Pinche” para clavar el objeto y peder hacerlo girar.   D.  Lente  simple asegurada  al  cuerpo del  microscopio.

Aunque Leeuwenhoek describió los espermatozoides en detalle (imagen abajo), tanto sus contemporáneos como él siguieron creyendo que la función de la hembra era meramente alojar y nutrir la diminuta semilla proporcionada por el macho. No sería hasta 1827, cuando el embriólogo germano-ruso Von Baer descubrió el óvulo en el ovario mamífero y empezó a desentrañar el misterio de cómo se conciben los seres humanos.

LA OBSERVACIÓN   DE  LAS  BACTERIAS: El triunfo más grande de Leeuwenhoek provino, sin embargo, del examen del sarro de sus propios clientes. Con gran sorpresa, vio una gran cantidad de “bestezuelas que se movían de un modo muy divertido”. Notó, en las mayores, movimientos muy vivaces y activos: las veía moverse a través de la saliva “con la velocidad del pez en el mar”. Casi con seguridad fue ésta la primera vez que se observaron las bacterias, tan importantes en la putrefacción y las enfermedades, y en la vida de muchos seres.



Leeuwenhock se volvió tan famoso, que reyes y reinas interrumpían sus viajes para detenerse en su tienda y mirar a través de sus lentes. Hoy día todavía sobrevive una de ellas, que amplia 270 veces y permite observar detalles de sólo 1/1.000 de milímetro/1/125 de pulgada de diámetro. Con esos maravillosos instrumentos demostró la existencia de un mundo de vida microscópica jamás soñado, y puso los cimientos de varias ramas importantes de lo que más tarde sería la ciencia de la biología. No comenzó sus investigaciones hasta que tuvo cuarenta años, pero vivió cincuenta más, y estudió sus diminutas criaturas hasta el final.

Leeuwenhoek se propuso calcular el numero máximo de personas que caben en la Tierra estimando la extensión de la superficie terrestre. Concluyo que mide 9.276.218 millas cuadradas (holandesas). Dio por supuesto que los vastos océanos ocupaban dos tercios de la superficie terrestre total y estimo que estaban habitados dos tercios de la tierra firma. Por tanto, la parte habitada de la Tierra ocupaba 2.061.282 millas cuadradas. Si se calcula cuanta gente cabe en una milla cuadrada, entonces solo habrá que realizar una multiplicación para calcular el numero máximo de personas que pueden morar a la vez en la Tierra.

Para calcular cuanta gente cabe en una milla cuadrada, Leeuwenhoek recurrió a la zona que mejor conocía: el norte y el sur de Holanda y parte de Brabante. Esta región tiene la forma aproximada de rectángulo y cubre una área de 154 millas cuadradas. Holanda no dispuso de un censo nacional hasta bien entrado el siglo siguiente (XVIII), de modo que Leeuwenhoek aprovechó la circunstancia de que en 1622 se había instaurado un impuesto por cabezas o “capitación”. A partir de ahí supo que esta región tenia una población aproximada de un millón de personas.

Ahora Leeuwenhoek estaba en condiciones de determinar las dimensiones de una población máxima para la Tierra. Se dijo: “Asumamos que la parte habitada de la Tierra tiene la misma densidad de población que Holanda”. Por supuesto, era consciente de que “no puede estar tan habitada”. Pero, como la parte habitada de la Tierra es “13.384 veces mayor que Holanda”, obtuvo el resultado de un máximo de “13.385.000.000 de seres humanos en la Tierra”. De esta manera, al querer expresar (y comparar) en números el tamaño diminuto de los animálculos que había descubierto lo llevo a realizar el primer ejercicio del que ha quedado constancia relacionado con la ciencia de la demografía.

SU IMPORTANCIA: Leeuwenhoek fue un fecundo innovador. Sus contemporáneos Juan Swammerdam, Marcelo Malpighi y Roberto Hooke también contribuyeron al nacimiento de la microscopía, pero no alcanzaron la misma exactitud. Su influencia fue profunda, y su fama muy grande. A pesar de las súplicas de los sabios, Leeuwenhoek nunca quiso revelar sus métodos de fabricación de lentes. Es probable que, como todos sus contemporáneos, fundiera un’ hilo ele vidrio hasta lograr una bolita que luego pulía con extraordinaria paciencia. Durante más de 40 años comunicó’ periódicamente sus observaciones a la Sociedad Real de Londres. Leeuwenhoek representa el triunfo de una de las dos direcciones nacidas, en el siglo XVI, del estudio de las lentes: los aparatos para ver lejos, como el telescopio, y los instrumentos de aumento, como los microscopios.

Fuente Consultada: Historia de las Ciencias Desiderio Papp.





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