Los Balcanes Ubicación e Historia Política del Imperio Turco



Ubicación Geográfica Los Balcanes
Historia Política

La Península de los Balcanes, es una península del sureste de Europa, que limita por el este con el mar Negro y el mar Egeo, por el sur con el mar Mediterráneo, y por el oeste con el mar Adriático y el mar Jónico. Ha tenido siempre una importancia estratégica como parte del puente terrestre que une Europa y Asia, y el mar Mediterráneo con el mar Negro.

Abarca los territorios de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Ex-República Federal de Macedonia, Serbia, Montenegro, Albania, la Grecia continental, Rumania, Bulgaria y la Turquía europea.

No sin razón se calificó a los Balcanes de polvorín de Europa. En el siglo XIX los pueblos balcánicos se alzaron contra la dominación turca. También estallaron guerras intestinas y aparecían sin cesar nuevas dificultades. Los Balcanes proporcionaron, además, el pretexto para la primera guerra mundial

mapa de los balcanes

Toda la península situada al sur del Danubio es designada generalmente con el nombre de península balcánica. El sistema de los Balcanes comprende un conjunto de viejos macizos cristalinos que han sido comprimidos y divididos, como el Ródope y el macizo del Balean propiamente dicho. Comprende asimismo los plegamientos calcáreos que se extienden a lo largo de la costa del mar Adriático, es decir, los Alpes dináricos, que se prolongan en Grecia por los macizos del Pindó, del Parnaso y del Peloponeso.

También forman parte del sistema una serie de hundimientos en los que se formaron los lagos como el de Ohrid y el de Escútari. Las cordilleras balcánicas prolongan la zona alpina hacia el sur de Europa, aunque a pesar de esta situación meridional formen parte de la Europa central eslava y de la zona danubiana.

La península balcánica comprende varios Estados: los de la ex-Yugoslavia, Albania, Grecia, Creta, las islas del mar Egeo, la Turquía europea y gran parte de Bulgaria y de Rumania.

Esta región montañosa tiene una historia muy dinámica. Después del Congreso de Viena (1814-1815), los Balcanes, que pertenecían entonces al imperio turco, suscitaron bruscamente la atención de los estadistas occidentales.

La causa principal de los problemas que empezaban a presentarse en los Balcanes era la debilitación de la autoridad de Turquía. Las poblaciones balcánicas esperaban encontrar la ocasión de reconquistar su independencia.

Las primeras grandes insurrecciones ocurrieron en Grecia y en Servia, y fueron el punto de partida de toda una serie de asonadas.



La revuelta general se vio favorecida por el hecho de que los amotinados recibieran ayuda de ciertas potencias, principalmente de Rusia, que se había impuesto el objetivo de conquistar Constantinopla y luego el paso del mar Negro al Mediterráneo. Para justificar su intervención en los Balcanes, los rusos invocaron el argumento de la defensa de los cristianos contra la opresión de los turcos mahometanos.

Estos acontecimientos tuvieron como consecuencia que después del Congreso de Berlín, que se reunió en 1878, cuatro Estados habían conquistado ya su independencia: Grecia, Rumania, Servia y Montenegro. Otras regiones como Bulgaria consiguieron una autonomía parcial, aunque conservaban todavía cierta dependencia de Turquía.

Otras comarcas de los Balcanes, en fin, como la Macedonia, seguían completamente sometidas a la autoridad de los turcos, o habían sido puestas bajo la tutela del imperio de Austria-Hungría, como sucedía con Bosnia-Herzegovina.

Pero, aparte de su común enemistad con los turcos, pocos intereses comunes tenían los jóvenes Estados balcánicos; por el contrario, había entre ellos numerosos motivos de rivalidad.

Algunos buscaron apoyo exterior; éste fue el caso de Servia, que, situada en el interior de la península, deseaba asegurarse el acceso al mar a través del territorio de Bosnia-Herzegovina. Servia buscó el apoyo de Rusia como contrapeso de Austria-Hungría, a quien pertenecían las regiones que ella codiciaba.

Mientras tanto, y por inspiración del estadista griego Venizelos, algunos de estos Estados firmaron, a principios del siglo XX, una alianza militar. Pero esto era sólo un paliativo para las calamidades que agotaban a los Balcanes: la península era un foco de desórdenes tanto locales como internacionales, pues, en efecto, otras grandes potencias europeas se veían implicadas en estas rivalidades y arrastraban a su vez a sus propios aliados.

Pero el enemigo común de todos los Estados balcánicos seguía siendo Turquía. Cuando, en 1911, Italia declaró la guerra a esta última por la posesión de la Tripolitania, los Estados balcánicos juzgaron que había llegado la ocasión de empuñar las armas. Un año más tarde partían en guerra una vez más contra el imperio otomano, apoyados por Rusia. Únicamente Rumania se mantuvo neutral al principio.

El débil ejército turco no podía resistir a tantos enemigos. Los búlgaros resultaron vencedores en Kirklareli y cerca de Lüleburgaz; los servios salieron victoriosos en Kumanovo; los griegos se apoderaron de Salónica. El poderío turco en Europa había quedado dislocado. Según las estipulaciones del Tratado de Londres de 1913, Turquía conservó únicamente Constantinopla, Gallípoli y sus alrededores.

Pero, contra todo lo que se esperaba, la crisis de los Balcanes, que hacía cerca de un siglo que fermentaba, seguía haciendo de la península el teatro de la confusión política y de la violencia militar. Y cuando el Tratado de Londres acababa de poner fin, en 1913, a la primera guerra de los Balcanes, un segundo conflicto estallaba aquel mismo año.

En efecto, los vencedores no estaban satisfechos de la manera en que habían sido divididos los territorios conquistados y pelearon entre ellos. Tampoco Rusia, ni Austria-Hungría, ni mucho menos Turquía, aprobaban los arreglos que se habían hecho. En 1913 todavía, el Tratado de Bucarest formuló una nueva solución a la cuestión  de  los  Balcanes.



Los Balcanes seguían siendo el polvorín de Europa y nuevas dificultades surgían con cualquier motivo. Una de ellas la provocaron los albaneses, que no forman parte del grupo étnico eslavo como la mayoría de los otros pueblos balcánicos. Habiendo entre ellos gran proporción de mahometanos, se habían sentido menos entusiastas que los demás de la derrota turca. Además, los servios les amenazaban por el norte y los griegos por el sur.

Austria e Italia apoyaban la idea de una Albania independiente, para contener, dentro de lo posible, la potencia de los otros Estados balcánicos. El 16 de diciembre de 1913, Albania se convirtió en Estado independiente y después de la segunda guerra mundial, en democracia popular.

Entretanto, y antes de la primera guerra mundial, el vocablo balean adquiría significación peyorativa que la asociaba a la idea de desorden, de violencia, revuelta y confusión, y se hablaba de balcanización para designar la decadencia de un Estado o de una comarca entregados a la anarquía política y a la confusión territorial como había ocurrido en los Balcanes.

Sabiendo todo esto no debemos sorprendernos de que el acontecimiento que provocó la primera guerra mundial sucediera en los Balcanes. El 28 de junio de 1914, el príncipe heredero de la corona de Austria, Francisco Fernando, y su esposa, la duquesa Sofía de Hohenberg, fueron asesinados en Sarajevo, en Bosnia.

El asesino, un joven servio de diecinueve años, quería deshancar de Bosnia-Herzegovina el poderío austríaco y creía que lo mejor para conseguir este fin era suprimir al príncipe heredero, que se había declarado dispuesto a hacer ciertas concesiones al nacionalismo balcánico y proporcionaba así al Gobierno austríaco la ocasión de reforzar su popularidad.

El ultimátum dirigido por Austria a Servia desencadenó la primera guerra mundial, después de la cual las fronteras, en los Balcanes, sufrieron modificaciones una vez más. Surgió un nuevo Estado: Yugoslavia, constituido por Servia y las posesiones austríacas de Bosnia-Herzegovina. Pero los nacionalistas no estaban satisfechos, como lo prueba el asesinato en Marsella, el 9 de octubre de 1934, del rey Alejandro de Yugoslavia a manos de croatas que aspiraban a la independencia.

Ver: Milosevic el Carnicero de los Balcanes

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