La Oracion del Hijo – Martha Dora Arias



La Oración del Hijo – Martha Dora Arias

Diosito, hacé que mis padres lean esta carta.

Papa, mamá :

Cuando les pregunte o les cuente algo, no me respondan siempre «estoy ocupado» o «decímelo más tarde», necesito que me ayuden a elegir las formas y los valores con los que me moveré en la vida.

No pretendan sacarme del paso prometiéndome lo que no podrán cumplir porque la falta de palabra me volverá incrédulo y desconfiado.

No peleen ni griten en casa, sé que tienen muchos problemas para resolver y por eso les pido que razonen con tranquilidad , así no sufro, no me asusto, ni me altero pensando situaciones que yo aún no puedo solucionar.

No me enseñen a odiar ni a envidiar a la gente; traten de hacerme conocer la felicidad pues la vida misma con sus idas y vueltas, marchas y contramarchas, se encargará de ofrecerme su cuota de frustración y desaliento.

Ayúdenme a crecer en la sensibilidad, no quiero ser una computadora humana que gasta la vida calculando tener cosas, olvidándose de disfrutar, de sentir y amar; a los que piensan sólo en tener se les endurece el corazón y pierden el sentido de la realidad que los envuelve.

Enséñenme a ser solidario y a defender la vida; bien saben que nací en tiempos de agresión y violencia, de misiles y guerras bacteriológicas, de alcohol, contaminación y drogas, de sida y depredación; necesito confrontar la muerte con los brotes de las semillas y el crecimiento de los árboles y la multiplicación natural de los seres vivientes.

Traten de educarme en la solidaridad; creo que los partidarios de la verdad, la justicia y la naturaleza, si nos unimos, podremos defendernos de los insensibles que destruyen el país y el planeta, sin pensar en las consecuencias generacionales.

Nunca me mientan porque si lo hacen yo aprenderé a mentir; escuché decir que el mentiroso es capaz de cualquier delito y sé que les daría dolor y vergüenza tener un hijo ladrón, farsante o traicionero.



Les pido que sean justos conmigo y mis hermanos; soy chico pero me doy cuenta si obran con justicia y, esa justicia que practican, es lo que despierta mi respeto, admiración y confianza.

Jueguen jueguen conmigo, quiero compartir mi alegría y gastar con ustedes la energía de mis cortos años; si lo hacen, nadie ni nada podrá borrar de mi mundo interno las huellas generosas del afecto.

Cuéntenme un cuento todas las veces que puedan, preciso viajar por el mundo de la fantasía; seguramente las historias me ayudarán a comunicarme mejor y a despertar mi sensibilidad para percibir la dimensión del cosmos.

Cuando hago mis tareas escolares no se desentiendan diciéndome que no saben , que no entienden; una sola palabra de ustedes, un gesto oportuno, alcanzarán para alentarme y clarificar mis problemas.

Acérquense a la escuela y escuchen a mi maestra y si ven que presento dificultades, ayúdenme a sortearlas con coherencia; lo que más daño hace a mi personalidad son los dobles mensajes y las actitudes soberbias; creo que la señorita desea para mí lo mismo que ustedes, con todo el corazón.

Papá , mamá… sé que no son sabios ni adivinos y que éste es un tiempo muy difícil para los adultos que deben educar. Sin embargo estoy seguro que ustedes me aman y que por mi feliz y sano crecimiento, administrarán con respeto los necesarios sí y no, que orientarán la existencia de mis años primeros.

Gracias por darme la vida. Los quiero hasta el cielo.

Por Martha Dora Arias 

 

 



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