Rodolfo Walsh Causas de su Desaparición Carta Abierta



RESUMEN BIOGRAFÍA DE RODOLFO WALSH – HISTORIA DE SU DESAPARICIÓN

rodolfo walsh

Rodolfo Walsh

Rodolfo Walsh (1927-1977), de profesión periodista, también narrador, cronista, traductor y dramaturgo argentino, nacido en Choele-Choel, en la provincia de Río Negro.

Fue un destacado intelectual argentino, que figura entre los miles desaparecidos durante la nefasta dictadura argentina, iniciada en 1976, por una Junta Militar presidida por Jorge Rafael Videla, Roberto Viola y Leopoldo Fortunato Galtieri.

Estudió en Buenos Aires el secundario y siguió con Filosofía, carrera que abandonó por asuntos laborales, donde trabajó como lavacopas, obrero, vendedor de antiguedades, para finalmente dedicarse a la actividad periodistica que ejerció hasta su desaparición.

Sus primeros pasos por el periodismo fue en las revistas Leoplán y Vea y Lea, por el año 1951, y ya en 1957, cuando tenía 30 años de edad, publicó Operación Masacre, con el subtítulo «Un Proceso Que No Ha Sido Clausurado» un analisis periodístico precursor del «nuevo Periodismo» que posteriormente fue llevada al cine.

Mientras tanto comenzó a militar en política en la Alianza Libertadora Nacionalista, para luego adherirse al peronismo.

En 1959 viajó a Cuba, donde junto con sus colegas y compatriotas Jorge Masetti, Rogelio García Lupo, y el escritor colombiano Gabriel García Márquez fundó la agencia Prensa Latina.

De regreso durante el gobierno de Onganía trabajó para la revista Primera Plana y fundó el semanario de la CGT, que dirigió durante dos años, hasta 1970 cuando se comenzó a publicar clandestinamente por la censura militar.

Escribió Semanario Villero y en 1973 forma parte del grupo Montoneros, para convertirse en una importante pieza dentro de la organiazcion en poco tiempo.

Usó distintos sobrenombres claves para su actividad política, como «Esteban», «Profesor Neurus», o «Capitán».

En 1969 había formado parte del grupo que asesinó al sindicalista Augusto Timoteo Vandor, por traición cumpliendo con la Operación Judas, operación que según otros integrantes, como Dardo Cabo, confirmarían que el plan ideológico fue de Walsh.



En 1974 Firmenich decide sopresivamente el pase a la clandestinidad de Montoneros, actitud que distancia a Walsh de la agrupación, y en 1976 funda una agencia secreta de difusión mano a mano, conocida como ANCLA y que todas sus notas comenzaban con: «Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información».

A fines de septiembre de 1976, Rodolfo Walsh recibe un duro golpe, cuando su hija María Victoria, de 26 años de edad, que también formaba parte de Montoneros se suicida con un tiro en la cabeza, en un enfrentamiento con el Ejército, al verse acorralada, sin posibilidad de escapar.

Lo mismo haría luego en Mendoza su amigo Paco Urondo, con una pastilla de cianuro, para evitar un control militar en la zona.

Luego de la difusión de su «Carta Abierta», el 24 de marzo de 1977, su desaparición consta desde el día siguiente, cuando un grupo de tareas militar intenta detenerlo, pero ante su resistencia es baleado, mientras trataba de refugiarse detrás de un árbol.

Su cuerpo jamás fue encontrado.

Rodolfo Walsh se convirtió en paradigma de intelectual comprometido.

Algunas versiones señalan que no murió en el tiroteo, sino que fue llevado con vida a la Escuela Mecánica de la Armada, donde falleció a causa de los tormentos. Otras, que se suicidó.

Lo cierto es que en octubre de 2005 se detuvo a doce represores, entre ellos Jorge «el Tigre» Acosta, Alfredo Astiz y Ernesto Weber. Hacia 2010 la Justicia no había determinado aún qué ocurrió exactamente aquel día de 1977.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: El 24 de marzo de 1976, el debilitado gobierno de Isabel Martínez de Perón, fue destituído por una Junta Militar integrada por Jorge R. Videla en representación del Ejército, Emilio Massera por la Armada y Ramón Agosti por la Fuerza Aérea, dedicó sus dos primeros años de gobierno a aplicar su «plan antisubversivo», que además de fines represivos contemplaba metas políticas, como el de reeducar y reorganizar la sociedad, con los valors cristianos, liberales y occidentales.

Videla tuvo un poder ilimitado, pero gobernó a través de una junta de comandantes que se dividieron el control del territorio según un sistema ideado por ellos, del 33%, en un mecanismo repartidor de culpas y, al mismo tiempo, de irresponsabilidad.



Argentina vivía un clima de «guerra interna» aunque las guerrillas, pese al aislamiento y la derrota que para ese entonces enfrentaban, dio el marco para que la Junta Militar pusiera en marcha su plan de «aniquilamiento de la subversión», en la que incluyó a una larga lista de actores, armados y desarmados. Dicho plan contó con un amplio consenso en las filas militares.

El régimen que Videla se disponía a comandar como presidente de facto desde marzo de 1976 hasta marzo de 1981.

En una primera etapa, se montó toda la ciudadela represiva cuyo núcleo fueron los 364 centros clandestinos de detención distribuidos en 11 de las 23 provincias argentinas; se estableció la pena de muerte por Consejos de Guerra que nunca se aplicaría a la luz del día; se prohibió la actividad política; se estableció la censura de prensa, y se redujo el Congreso a una comisión intermilitar que elaboraba seudoleyes.

Se dejó la represión en manos de Suárez Masón, Santiago Omar Riveros y el jefe militar de inteligencia el montaje del Operativo Cóndor, coronel Alberto Alfredo Valín (que unía a las fuerzas represivas del Cono Sur para secuestrar, asesinar opositores de Uruguay, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú y la Argentina).

También en esa primera etapa los militares intentarían darle una impronta fundacional a su gobierno. Además de perseguir a los ex funcionarios del gobierno peronista, desarticularon la cúpula del ERP y acorralaron a los Montoneros cuyos jefes se vieron obligados a salir del país.

El 90% de las desapariciones ocurrió entre 1976 y 1978, los años en que Videla fue jefe del Ejército y Presidente de la Nación.

Los «paquetes», los «bultos» que los desaparecedores arrojaron al mar, al Río de la Plata, al Riachuelo —los desaparecidos—, eran mayoritariamente ciudadanos argentinos y en casi todos los casos, el 94%, civiles.

Eran hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, de entre 21 y 30 años.

Eran obreros, estudiantes, empleados, profesionales, trabajadores independientes, docentes, amas de casa, periodistas, artistas, religiosos, conscriptos y militares rebeldes.

Hubo embarazadas, unos ochocientos adolescentes de entre once y veinte años, y unos quinientos niños y bebés «chupados» por la maquinaria del régimen.



En este contexto histórico, Rodolfo Walsh desapareció un 25 de marzo de 1977, por lo que ese año que es recordado por su carga inédita de dolor, se cierra sin noticias sobre uno de nuestros grandes escritores.

Rodolfo Walsh está desaparecido desde marzo, sin que se haya conocido ninguna información oficial. La prensa internacional se hizo eco de la denuncia sobre el secuestro, difundida el 1 de abril por la Agencia de Noticias Clandestina, que ningún medio argentino reprodujo.

Las versiones recogidas por Ancla indican que Walsh fue visto por última vez el 25 de marzo en ia zona de plaza constitución.

El mismo día en que habría sido secuestrado, el escritor había difundido su Carta Abierta a la Junta Militar, texto que denuncia la represión y hace un profundo análisis del proyecto económico y social regresivo de la dictadura.

elogios importantes para la mujer

La hipótesis del secuestro de Walsh se confirmó, pues esa misma noche -según informa Ancla- fue allanada su casa y saqueadas sus pertenencias.

Walsh es autor de «Operación Masacre», libro que relata los fusilamientos de civiles acusados de participar en el alzamiento del 9 de junio de 1956. Era entonces un periodista independiente, pero dejaría constancia, en las sucesivas ediciones, de su acercamiento a las organizaciones del peronismo revolucionario.

En 1968 dirigió el periódico de la CGT de los Argentinos y más tarde, en 1973, participó en el elenco directivo del diario Noticias. Ya había publicado otros dos relatos testimoniales, «Caso Satanowsky», sobre el asesinato de un famoso abogado por parte del Servicio de Informaciones del Ejército, y ¿Quién mató a Rosendo?, texto que incluye un valioso análisis del sindicalismo vandorista.

Sus dos libros de cuentos «Los oficios terrestres» y «Un kilo de oro» reúnen algunos de los mejores textos de ficción de la Argentina contemporánea.

Entre ellos se destaca «Esa mujer», cuento que refleja la omnipresencia del cuerpo de Evita, venerado por sus partidarios y temido por sus enemigos. Walsh, que había participado en la fundación de la agencia cubana Prensa Latina en 1959, publicó también dos obras de teatro, «La granada y La batalla», que, orillando el absurdo, caricaturizan a los dictadores latinoamericanos y la mentalidad militar. Autor de cuentos policiales, había obtenido en 1953, el Premio Municipal de Literatura por su libro «Variaciones en rojo.»

El voluntario retiro de estos últimos años, dedicados a la militancia, lejos de hacer olvidar al escritor, puso de relieve la profundidad de su compromiso político e intelectual. (Fuente: Diario El Bicentenario Período 1970-1989 Fasc. N° 9 – Un Escritor Desaparecido Nota de Eduardo Jozami)

CARTA ABIERTA DE RODOLFO WALSH A LA DICTADURA ARGENTINA

Así relatan Noberto Chab y Javier Sinay, en su libro «100 Crímenes Resonantes Que Conmovieron a la Sociedad Argentina» las últimas horas de Walsh, luego de envíar la carta: …El 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh echó los sobres al buzón de Plaza Constitución para que la «Carta abierta de un escritor a la Junta Militar» viajara hacia remitentes nacionales e internacionales.

No sólo se trataba de una acabada pieza de denuncia; era, también, un análisis revelador sobre los métodos terroristas y económicos de la dictadura.

Más tarde, Walsh se dirigió a San Juan y Entre Ríos.

Lo esperaba un compañero. En la calle se respiraba terror y un grupo de tareas lo venía siguiendo. Los milicos sacaban a los detenidos y los obligaban a marcar a sus compañeros o a servir de carnada para una emboscada.

No iba a ser fácil dar con Rodolfo Walsh, que ya era un escritor reconocido y un militante montonero de primera línea que luchaba con la determinación del que ya conoce el horror: su amigo Paco Urondo se había tragado una pastilla de cianuro antes de ser detenido y su hija mayor había muerto a los 26 años, descerrajándose un tiro en la sien frente a 150 soldados.

Para atraparlo, sus verdugos recurrieron a una carnada. Sorprendido, Walsh se defendió con la pistola que llevaba frente a un arsenal que sabía que prevalecería.

Un sobreviviente de la ESMA relataría más tarde que ese día el policía Ernesto Weber, alias 220, le hizo una confesión: «Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta».

Primera Parte: La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde.

En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese «ser nacional» que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación.

Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

…….
….

Rodolfo Walsh. – C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

Libro: Operación Masacre

En el prólogo a Operación Masacre, años después, Walsh relató que la sublevación militar lo había sorprendido jugando al ajedrez en un café de la ciudad de La Plata, a unos 60 kilómetros de Buenos Aires.

Walsh contó que volvió a su casa en medio de un tiroteo.

Describió y se describió así en esas circunstancias:

«Mi casa era peor que el café y peor que la estación de ómnibus porque había soldados en las azoteas, y en la cocina y en los dormitorios… Tampoco olvido que pegado a la persiana oí morir a un soldado en la calle y ese hombre no dijo ‘Viva la patria’ sino que dijo ‘No me dejen solo, hijos de puta’.

Después no quiero recordar más, ni la voz del locutor en la madrugada, anunciando que dieciocho civiles habían sido ejecutados, ni la ola de sangre que anega al país hasta la muerte de Valle. Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa. Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez? Puedo.

Al ajedrez y a la literatura fantástica que leo, a los cuentos policiales que escribo, a la novela ‘seria’ que planeo para dentro de algunos años y a otras cosas que hago para ganarme la vida y que llamo periodismo aunque no es periodismo.

La violencia me ha salpicado las paredes, en las ventanas hay agujeros de balas, he visto un coche agujereado y adentro un hombre con los sesos al aire, pero es solamente el azar lo que me ha puesto eso ante los ojos. Pudo ocurrir a cien kilómetros, pudo ocurrir cuando yo no estaba».

También será el azar el que lo haga escribir Operación Masacre. Fue en ese bar donde escuchó la irresistible frase: «Hay un fusilado que vive» y que lo hizo, a partir de ese momento, comenzar un largo camino de investigación sobre los fusilamientos y, luego, un largo e irreductible compromiso con la mi-litancia en las filas del peronismo revolucionario.

Ya enrolado en ellas, Walsh hizo su análisis de algunos rasgos del gobierno de Aramburu.

«La matanza de junio ejemplifica pero no agota la perversidad de ese régimen. El gobierno de Aramburu encarceló a millares de trabajadores, reprimió cada huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se masificó y se extendió a todo el país.

El decreto que prohibe nombrar a Perón o la operación clandestina que arrebata el cadáver de su esposa, lo mutila y lo saca del país, son expresiones de un odio al que no escapan ni los objetos inanimados, sábanas y cubiertos de la Fundación incinerados y fundidos porque llevan estampado ese nombre que se concibe como demoníaco (…)

El humanismo liberal retrocede a fondos medievales: pocas veces se ha visto aquí ese odio, pocas veces se han enfrentado con tanta claridad dos clases sociales. Pero si este género de violencia pone al descubierto la verdadera sociedad argentina, fatalmente escindida, otra violencia menos espectacular y más perniciosa se instala en el país con Aramburu.

Su gobierno modela la segunda década infame… La República Argentina, uno de los países con más baja inversión extranjera (5% del total invertido), que apenas remesaba anualmente al extranjero un dólar por habitante, empieza a gestionar esos préstamos que sólo benefician al prestamista, a adquirir etiquetas de colores con el nombre de tecnologías, a radicar capitales extranjeros formados con el ahorro nacional y a acumular esa deuda que hoy grava el 25% de nuestras exportaciones.

Un solo decreto despoja al país de 2 mil millones de dólares en depósitos bancarios nacionalizados y los pone a disposición de la banca internacional que ahora podrá controlar el crédito, estrangular a la pequeña industria y preparar el ingreso masivo de los grandes monopolios».

Fuente Consultada:
Argentina, El Siglo del Progreso y La Oscuridad (1900-2003) de María Seoane
El Bicentenario Fasc. N°9 Período 1970-1989
100 Crímenes Resonantes de N. Chab y J. Sinay

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