El Neocolonialismo y el Tercer Mundo Caracteristicas Colonialismo



El Neocolonialismo y el Tercer Mundo
Características

A QUÉ LLAMAMOS TERCER MUNDO: La mayoría de los pueblos descolonizados se han visto enfrentados a graves problemas de hambre, analfabetismo, carencia de industria; pero estos problemas agobian también a naciones cuya independencia política no es reciente. Para el conjunto de países que no han realizado la Revolución Industrial se han buscado denominaciones diversas; primero se habló vagamente de “pueblos subalimentados” —la palabra hambre se rehuyó durante mucho tiempo en la literatura política y sociológica hasta que rompieron el tabú las publicaciones de Josué de Castro—, más tarde de naciones subdesarrolladas” y “en vías de desarrollo”.

DESCRIPCIÓN DE UNA ETAPA EN DONDE EL PODER IMPERIALISTA IMPONÍA SU JUEGO DOMINANTE

LAS NUEVAS FORMAS DE DOMINACIÓN: EL NEOCOLONIALISMO
En el sistema neocolonial las antiguas potencias imperiales, tras la independencia formal de los países colonizados, ejercen su poder de diversas maneras. Una, la económica, mediante la inversión en los sectores claves de la producción y el control de los precios en el mercado internacional de materias primas. La dominación política se ejerce a través de una alianza con los sectores dominantes del país, los que desempeñan así un papel secundario en el reparto de los beneficios.

Finalmente, la dominación militar se ejerce a través de las fuerzas armadas nativas, que están imbricadas con los otros dos sectores y presentan —sobre el ejército de ocupación abiertamente colonial— la ventaja de llevar el uniforme nacional, hablar el mismo lenguaje y ser mucho más económicas.

La monoproducción que caracteriza a la mayoría de los países neocolonizados y el control ejercido sobre los sectores fundamentales de sus economías se desarrollan como una continuidad casi «natural» de! colonialismo que los ha ha insertado en un sistema de división internacional del trabajo. Al margen de las particularidades de población, desarrollo y diversificación de las economías, el problema es de fondo y similar en todos ellos. En esta medida, toda independencia real debe ser acompañada por una verdadera independencia económica.

Como indica Gunder Frank, la dominación imperial crea un proceso de reproducción de las condiciones que han gestado el subdesarrollo y, de esta forma, no hay salida para los países dependientes en el marco del sistema imperialista. El neocolonialismo está presente como remora de ese pasado colonial, y en tanto siga la explotación a través de nuevas formas la brecha que separa a los países pobres de los ricos se ensancha cada día más.

Los planes de ayuda favorecen a las grandes potencias antes que a los países del Tercer Mundo. En este sentido, se ha demostrado que las condiciones impuestas por los países que brindan la «ayuda» mantienen la distorsión de las economías dependientes.

Los precios de las materias primas —principales productos de exportación de estos países— bajan constantemente en relación con los precios de los bienes manufacturados y, en esta medida, la ayuda que entra por el lado de inversiones o préstamos manteniendo la monoproducción sale con creces por el lado del deterioro de los términos del intercambio.

Esta misma afirmación se hace más elocuente cuando tomamos las cifras de inversiones y beneficios de los Estados Unidos en las distintas regiones del globo .

«De las zonas subdesarrolladas se extrae casi tres veces lo que se invirtió. Esto parece indicar en qué medida el creciente flujo de inversiones norteamericanas en los países desarrollados se financia con la exacción a que los monopolios someten a los países dependientes. . .»



Allí donde no se ha profundizado el proceso de independencia política los lazos de dependencia impiden un real desarrollo de nuevas formas sociales. En el aspecto económico esta dominación se expresa en la conservación del papel que las grandes potencias otorgaron a los distintos países dentro de la división internacional del trabajo. «…

En las ventas del Tercer Mundo subindustrializado a los países imperialistas, los artículos manufacturados no intervienen sino en razón de aproximadamente un 10 %, y el conjunto de los productos primarios en cerca de un 90 %, de los cuales cerca del 32 % son combustibles (petróleo) y lubricantes, el 30 % materias primas y productos semibrutos (metales de primera fusión sobre todo) y el 28 % productos alimenticios. ..»

Es suficientemente conocido el problema de la desvalorización progresiva de estos productos en el mercado internacional, lo cual significa un constante drenaje de divisas, con la consiguiente crisis y estancamiento estructural de las economías dependientes.

Dentro de este proceso, los países imperialistas compiten por transformarse en proveedores del Tercer Mundo, pero el papel central de los Estados Unidos se profundiza cada día más. Así, una eliminación radical de las formas de dominación externa (que se halla entrelazada con sectores internos) aparece como el único camino posible para gestar el verdadero desarrollo de estos países.

TERCER MUNDO Y POLÍTICA CONTINENTAL
Con economías distorsionadas y con poblaciones en estado de absoluta miseria, los países que intentan consolidar su proceso de liberación parecerían encontrarse ante un dilema de hierro: caer en manos de las potencias occidentales a través de controles directos e indirectos o entrar en el ámbito de la ayuda soviética.

En uno y otro caso, existe la posibilidad de verse envueltos en él procesó de guerra fría y jugar .corno elementos dependientes de la política de uno u otro de los bloques. La experiencia china aparece ante los ojos del Tercer Mundo como una experiencia enriquecedora: con un territorio de 800 millones de habitantes, los chinos desarrollan una política socialista independiente respecto de la Unión Soviética, a quien denuncian ahora como social-imperialista.

El retiro de la colaboración soviética en la década de 1960 deja múltiples problemas en la China de Mao. Pero la política de «confiar en las propias fuerzas» —en las fuerzas del pueblo— desarrolla cambios realmente cualitativos en la mayor experiencia de profundización de un «socialismo nacional». Los países con una menor potencialidad de recursos y población —tal es el caso de la mayoría de los países de África y América Latina— deben encontrar formas de complementación continental de sus economías para cimentar, a través de una solidaria cooperación económica, tecnológica, comercial, etc., las formas que les permitan, consolidar una política independiente.

Cada país que se libera de la hegemonía imperial necesita de la liberación de los demás, no sólo para consolidar esta área de construcción común sino para que esos países vecinos no sirvan como bases o plataformas de agresión. Cuba es un ejemplo de la política de ofensiva y aislamiento que Estados Unidos intenta implantar en los países que se liberan de su dominación.

El desarrollo de una política continental—aun en una etapa incipiente— ha tenido diversos aspectos y matices, pero es vislumbrada como la única salida con perspectiva de independencia real para los países del Tercer Mundo. Parte de las dificultades están dadas por el hecho de que un amplio sector de movimientos nacionales se encuentran aún en una etapa de lucha por obtener el poder en sus respectivos países.

Así, este fenómeno complejo de solidaridad entre pueblos recientemente liberados y pueblos que luchan por su liberación se desarrolla en medio de profundas dificultades, pero con una potencia y una conciencia de su necesidad cada vez más profunda. Bajo esta conciencia de un destino común, los pueblos del Tercer Mundo inician una política de solidaridad, donde la lucha particular que cada uno de ellos libra cobra necesariamente un carácter universal.



En 1955, la Conferencia de Bandung de los pueblos afroasiáticos marca el comienzo de la consolidación de esta tercera fuerza independiente. Si bien los principios de la necesidad de generar una opción distinta por parte de los pueblos dominados existe desde los años inmediatamente posteriores a la guerra —recordar la «tercera posición» enunciada en la Argentina en 1945— todavía no se habían dado las condiciones políticas y sociales que posibilitaran su consolidación.

Pero este proceso cobra una significativa aceleración a fines de la década de 1950. En 1957, la revolución nacionalista de Nasser en Egipto y la independencia de Ghana al sur del Sahara comienzan a incorporar nuevos países en este bloque internacional. La década de 1960 se inicia con la independencia de la mayoría de los países africanos y el triunfo de las revoluciones argelina y cubana.

Si Bandung había tenido un significado «defensivo», dado que era la primera alianza para consolidar una política «neutralista» frente a los bloques y una clara negativa a la «intervención» de potencias extranjeras en los problemas internos de los países afroasiáticos, de mutua defensa frente a la ingerencia de las potencias, etc., en la década de 1970 se puede prever la profundización de este tipo de acuerdos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1

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