Pintores Epoca de Rosas Jovenes Romanticos Obra Artistica e Influencia



Pintores Época de Rosas – Influencia Pintores Extranjeros

Los jóvenes románticos: La llamada generación romántica estaba formada por jóvenes educados según el modelo europeo del siglo XVIII.

El romanticismo argentino tenía también elementos, liberales. Esteban Echeverría, Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Miguel Cané (p.), Marco Avellaneda, Vicente Fidel López, Pío Tedín, Antonio Aberastain, y muchos otros, endiosaron el pasado desde mayo de 1810 hasta los tiempos cercanos.

Quisieron que toda la realidad, a la que conocían mejor que los viejos unitarios, aunque menos que los federales prácticos, se ajustase a esquemas rígidos y preconcebidos.

En 1837, uno de esos jóvenes románticos, Esteban Echeverría, creó el Salón Literario‘, círculo que comenzó a nuclear a oposición a Rosas.

El 1838, el mismo Echeverría fundaría una sociedad secreta, dé carácter netamente político, llamada La Joven Argentina, conocida tradicionalmente como Asociación de Mayo.

Una comisión integrada por Echeverría, Alberdi y Juan María Gutiérrez redactó la doctrina de la Asociación; de este trabajo surgió más tarde el Dogma Socialista de Echeverría. La vigilancia de Rosas obligó a los miembros de esta sociedad a emigrar, en especial a Montevideo, donde siguieron conspirando contra el gobierno de Rosas.

Pintores de la época de Rosas (ampliar este tema)

El pintor argentino más importante de esa época fue Carlos Morel (1813-1894), quien nació en Buenos Aires y fue discípulo de Guth y Caccianiga.

Morel ocupa un lugar destacado en la historia del arte nacional por sus escenas de costumbres, litografiadas con el título de Usos y costumbres del Río de la Plata de 1844 y 1845. Condiscípulo de Morel fue Fernando García del Molino (1813-1899), nacido en Chile pero residente en Buenos Aires desde los seis años de edad.

Este realizó, en distintas épocas, varios retratos de Juan Manuel de Rosas, quien le dispensó protección.



García del Molino fue uno de los pocos artistas que tuvo entrada franca en la residencia de Palermo. Dejó una notable galería de retratos de personajes de la época de la Federación.

Otros pintores destacados fueron Eustaquio Carrandi (18181-878), Juan L. Camaña (1817-1877), Benjamín Franklin Rawson (1849-1871), Ignacio Báz (1814-1887), Bernabé Demaría. (18241910), y Gaspar Palacio (1828-1892).

Entre los artistas extranjeros que llegaron a las Provincias Unidas durante la primera mitad del siglo XIX, y pintaron escenas de costumbres, tipos autóctonos y personajes de la época, se destacan el francés Raimundo Moivoisin (1790-1870) y Juan Mauricio Rugendas (1802-1858), de origen alemán. Moivoisin residió en Buenos Aires hasta 1842 y luego siguió viaje rumbo a Chile.

Rugendas fue el pintor romántico más importante que trabajara en el país y en América. Arribó a Buenos Aires en 1845 y permaneció diez meses en la ciudad, pintando retratos y escenas de costumbres que figuran entre las obras más logradas de los artistas viajeros.

cuadro sobre romanticismo argentino

AMPLIACION DEL TEMA

PINTORES NATIVOS MAS DESTACADOS
FERNANDO GARCÍA DEL MOLINO (1813-1899). — Cronológicamente el primero de los pintores argentinos , fue García del Molino un pintor esencialmente miniaturista, careciendo de valor sus óleos por haberle faltado los medios materiales de aprendizaje y de museos, debiendo formarse bajo la dirección de los maestros venidos de Europa.

Adquirió nociones de dibujo en la Universidad guiado por don Pablo Caccianiga; luego, hacia 1830, empezó a practicar miniatura bajo la sabia dirección de Jean P. Goulu, teniendo Ocasión de admirar las primeras aguadas y litografías de Pellegrini.

Comenzó pintando en miniatura a su profesor de filosofía Doctor Diego Alcorta y de varios personajes importantes de la época.

Huésped asiduo de Palermo. nos dejó numerosos retratos de Rosas, desde el realizado en 1832, que lo representa ceñido con su uniforme de comandante, al de intimidad (1845), ya en plena edad madura, vistiendo un cómodo traje casero, y al de su vejez (1873?), en su dura condición de proscrito, aguda interpretación de alguna prueba fotográfica llegada a Buenos Aires.

Entre los demás personajes objeto de su pincel debemos citar la imagen de Facundo Quiroga, el «caudillo de la feroz hermosura», como lo llama Mitre; el de Doña Encarnación Ezcurra de Rosas, digna émula de su esposo; el expresivo estudio al lápiz del General don Félix Aldao, conocido por «El fraile Aldao», y el retrato al óleo del coronel don Joaquín Hidalgo, conservado en el Museo Histórico Nacional.



Dedicó su vida a la docencia artística, contando entre sus discípulos a Franklin Rawson. Falleció en Buenos Aires en 1899.

CARLOS MOREL (1813-1894). —Este pintor y litógrafo argentino nació en Quilmes, de padres españoles; compañero de García del Molino, tuvo también por maestros a Gouth y, en la Universidad, a Caccianiga.

El ejemplo de Pellegrini con sus «Recuerdos pintorescos y fisionómicos del Río de la Plata» orientó su vocación artística por lo vernáculo; fruto de ello fue su álbum litográfico, que tituló Usos y costumbres del Río de la Plata, que integra una serie de escenas campestres, entre las cuales se destacan: Una hora antes de partir (el mate), escena patriarcal de costumbres criollas; La media caña, otro episodio de viaje análogo; Peones troperos, un rincón del Mercado de Carretas, en que ocho figuras se espacian en torno al fogón, centro del cuadro.

Tampoco el retrato tenía secretos para él, como lo atestigua la efigie viril de Don Vicente López y Planes, ejecutada a lápiz.

Al óleo pintó Carga de caballería del ejército federal, Episodio de la época de Rosas y El Comisario fiscal en el Mercado de frutos, en que todos los actores, vestidos de rojo, dan a la escena un cierto resplandor diabólico.

Toda su producción normal apenas si excede una década: a los treinta y dos años la demencia lo aniquiló para el arte. Su vida se extinguió a los 81 años, en 1894, totalmente ignorado.

PRILIDIANO PAZ PUEYRREDON (1823-1870). —Este artista de las tres P, firma del autor, hijo del ilustre procer general don Juan Martín, elegido Director Supremo por el Congreso de Tucumán, nació en Buenos Aires en 1823.

De sus estudios preparatorios adquiridos aquí, es bien poco lo que sabemos, pero nada nos impide suponer que vio dibujar y pintar a Gouth y Pellegrini.

Durante su estada en París, donde reside con sus padres de 1845 al 47, con un viaje intermedio a España en 1846, estudia para ingeniero en la Escuela Central de París, sin descuidar por ello su vocación de pintor junto a grandes artistas, sobre todo, de Juan A. Ingres, que lo forma en la perfección del dibujo y la pureza de las líneas.

Vuelto de Europa, actúa como ingeniero, pero sus inclinaciones por el arte, respaldadas por su posición económica, le encaminan por el sendero de su verdadera vocación.



Comienza a producir temprano: a los veinticinco años pinta el retrato de su padre y a los veintiocho el de Manuelita Rosas y Ezcurra, dos obras de alta calidad. Igualmente dedica su pincel a otros héroes y patricios: Belgrano (copia), Rivadavia (copia), Alvear, Vieytes, Azcuénaga, Juan M. Gutiérrez (litografía), el prelado Ensebio Agüera, don Juan B. Peña, y a algunas damas de la aristocracia: doña Cecilia Robles de Peralta Ramos, doña Josefa Sáenz Valiente, doña Elvira Lavalleja de Calzadilla , etc.; en un animado boceto nos dejó el Asesinato del doctor Manuel V. Maza.

Nuestras costumbres y paisajes le inspiran obras verídicas y sinceras: Recorriendo la estancia, Un alto en el camino, San Isidro, Lavanderas en el bajo de Belgrano, Un domingo en los suburbios del pueblo de San Isidro, Un patio porteño y, sobre todo, Paisano desmontado, que con los pintados por Monvoisin en 1841 y por Palliére en 1860, salvan del olvido la figura legendaria del gaucho argentino.

Al final de su vida volvió a su profesión de ingeniero, planeó el puente Alsina sobre el Riachuelo y diseñó planos de varias residencias. Falleció en Buenos Aires en 1870.

BENJAMÍN FRANKLIN RAWSON (1819-1871). — Hijo de un médico norteamericano, nació en San Juan hacia 1819, haciendo los primeros estudios en su ciudad natal, donde estudia pintura con Amadeo Gras.

elogios importantes para la mujer

Pronto el precoz artista pinta un discreto retrato de su hermano Guillermo. La época de Rosas no le es favorable, y en 1840 emigra a Chile, donde junto a Monvoisin se perfecciona en el arte de componer cuadros históricos y la miniatura.

En 1845 pinta el retrato de Sarmiento, y diez años más tarde lo incluye en una composición épicodramática: Salvamento operado en la Cordillera por el joven Sarmiento. Su gratitud le hace colocar a Sarmiento como tomando parte activa en el salvamento, cuando en realidad sólo estuvo presente en espíritu.

La guerra del Paraguay le inspiran algunos episodios patéticos: La despedida del recluta y el Regreso del guardia nacional, ambos de 1865.

También son frutos de su temperamento dramático La huida del malón, El asesinato del doctor Maza y El mendigo.

Pero donde mejor acertó el artista con el carácter de sus modelos fue en los retratos. Además de los ya citados, agregaremos los de Doña Tránsito de Oro (hermana del obispo de ese nombre), Don Eustoquio Díaz Vélez, Doña Jacinta Ángulo de Rojo y Doña Paz Sarmiento de Laspiur.

Franklin Rawson falleció en Buenos Aires en 1871, víctima de la fiebre amarilla.

OTROS PINTORES DESTACADOS. Terminamos la lista de pintores argénticas señalando al dibujante Carlos Léxica que realizó acuarelas, siendo la única obra que conocemos de La Tropa de carretas en la Plaza Monserrat, cuadro de afanada muche dumbre y cuyo confuso hacinamiento de troperos y peones nos recuerda el óleode Morel «El comisario del fisco en el Mercado de Carretas».

Marcelino San Arroman, nacido en Montevideo, pero que residió en Bueno:? Aires hasta su fallecimiento, nos dejó excelentes retratos, entre otros, el de Don José María Roxas y Patrón, ministro de Hacienda del Gobernados Rosas.

PINTORES EXTRANJEROS DE ESA ÉPOCA:

CARLOS ENRIQUE PELLEGRINI (1800-1875). — Carlos E. Pellegrini nació en Saboya y estudió en la Escuela Central de París, donde a poco de recibirse de ingeniero fue contratado por Sarratea a nombre de Rivadavia para proyectar y dirigir en nuestro país la construcción de varias obras públicas.

Llegó a Buenos Aires en una hora política desfavorable e incierta (Revolución del 1′ de diciembre de 1828 y fusilamiento de Dorrego), lo cual impidió que fuesen utilizados sus servicios desde un primer momento.

Para ocupar sus ratos de ocio se dedicó a dibujos arquitectónicos a la aguada, animados de transeúntes, salvando así del olvido histórico el Cabildo, la vieja Pirámide de Mayo y el Arco de la Recova.

Traza luego interiores de iglesias y más tarde el bullicio de la calle, que van despertando su atención de artista, hasta que ya relacionado socialmente frecuenta salones, donde damas elegantes lo deciden a realizar sus primeros retratos, que alcanzan un éxito clamoroso y que transforman al ingeniero inicial, contratado para canalizar aguas corrientes, en un retratista profesional.

Sus primeros trabajos de este género los realiza a lápiz, que realza con lavados al agua-tinta, especialmente aplicados al vestido; dando un paso más adelante, colorea estos dibujos a la acuarela por medio de tintas lisas que transparentan el sombreado del lápiz común; luego ejecuta a punta de pincel, según Táctica de los miniaturistas, y, finalmente, llega a apoderarse de la técnica del pintor de aguadas, procedimiento en que obtiene sus mejores resultados.

Son numerosos los retratos al lápiz y a la aguada, y las escenas de costumbres evocadoras de la época, que después repitió en dibujos litografiados, y tal vez dibujó algunos expresamente para la piedra litográfica, como la Escena del baile, que tiene lugar en el salón de Escalada, la más bella de todas.

De las prensas de su «Litografía del Arte» salieron unas veinte láminas que formaron el álbum rotulado Recuerdos del Rio de la Plata.

La Obra del retratista se transparenta en los retratos del Canónigo Seguróla , dibujado a lápiz y tinta china con absoluta maestría; el de Don Manuel Masculino, vastago del famoso fabricante de peinetones de carey; el de Don Juan M. de Agüero, que impresiona por su fina espiritualidad; el de Doña Pilar Spano de Guido, de suave belleza, y el de Doña Juana Rodríguez de Carranza, ejecutado con gracia y delicadeza.

Después de varios años de asidua labor, y coincidiendo con la introducción de la daguerrotipia en Buenos Aires, que permitió la fijación de las imágenes en una placa metálica sensible, Pellegrini abandonó casi por completo su arte pictórico y se retiró a trabajos del campo, fundando en 1853 la «Revista del Plata», dedicada a temas agropecuarios.

Más tarde fue elegido miembro del Consejo de Instrucción Pública. Murió en Buenos Aires en 1875.

LORENZO FIORINI. — Pintor italiano, llegado a Buenos Aires en 1829, donde formó su hogar. Escrutador psicológico de sus modelos, sus imágenes transparentan el alma al concentrarse en el problema fisiológico, sin dejarse distraer por los otros elementos: trajes, adornos, etc.

Como expresa el crítico José L. Pagano: «Tuvo el don de hacer olvidar la materia de sus retratos. Va al carácter por el sesgo peculiar de la forma.»

Esta cualidad del artista se pone bien de manifiesto en el retrato del Doctor Mariano Somellera, óleo de entonación baja, donde el hábito negro del prelado se esiuma en el tono oscuro del fondo que destaca el rostro, velado con un cierto aire de seria meditación.

Pintura igualmente sobria es el retrato maternal de Doña Dolores Posadas de Meyer, en la que junto al rostro melancólico de la madre resalta la agraciada figura del niño.

En el período político agitado que le tocó actuar a este artista italiano logró la máxima aceptación en el mundo social de su tiempo, pintando lo más granado de la sociedad porteña: damas de distinción, doncellas, guerreros, políticos, prelados, etc.

Débese notar que sus retratos de mujeres, por lo general, son superiores a los de hombres. El ambiente militar quedó resumido con la efigie del General Marcos G. Balcarce.

En sus veinticuatro años de creciente éxito logró también formar algunos discípulos, entre los que se destacaron Gaspar Palacio y otros. Murió asesinado en 1855.

RAYMOND AUGUSTO MONVOISIN (1790-1870). —Nació este artista en Burdeos e hizo sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. Contando ya cincuenta años, dificultades políticas le obligaron a expatriarse, llegando a Buenos Aires en 1841, época la más aciaga de la dictadura rosista.

Malgrado la poca simpatía que despertaban en Rosas los ciudadanos de esta nacionalidad, su talento artístico conquistó la intimidad de Palermo, donde pintó al gobernante en poncho de abrigo, en vista a otro gran retrato ecuestre proyectado con uniforme de brigadier general. Este retrato, según referencias de los que conocieron a Rosas; es el más parecido a su persona.

En la brevísima estada de Monvoisin en Buenos Aires realizar tres grandes cuadros que resultaron otros tantos aciertos: Gaucho federal, Soldado de Rosas y Porteñas en la Iglesia,  los dos primeros realizados en tamaño natural, el segundo, además, sobre un cuero de potro por falta de tela adecuada. Estos cuadros constituyen dos documentos históricos sobre la indumentaria del noble gaucho argentino.

La tercera de estas obras es, sin duda, la obra capital del artista francés en Buenos Aires y posiblemente de su total producción.

Ejecutó además durante su brevísima permanencia en el país, otros excelentes retratos, debiéndose citar los de dos señoras de la familia Llavallol, una Cabeza de mujer y dos agraciadas Orientales tendidas en divanes.

Después de su salida apremiante de Buenos Aires, Monvoisin se radicó, a partir de 1842, en Chile, donde ejecutó una serie de retratos, algunos de primer orden.

Realizó en Valparaíso una gran exposición de sus obras; fundó en Santiago una Escuela de Pintura y una Academia de Bellas Artes, actividades que desarrolló igualmente años más tarde en Perú, tornando a Francia en 1857, después de dieciséis años de permanencia en América del Sur. Falleció en Boulogne-sur-Seine en 1870.

Fuente Consultada:
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Editorial AIQUE –
La Nación Argentina Historia 3 Editorial Kapelusz
Historia de la Cultura Argentina de Francisco Arriola Editorial Stella

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