Los Campos de Concentracion NAZI Objetivos Vida de Prisioneros


Los Campos de Concentración NAZI: Objetivos y Vida de Prisioneros

El surgimiento de Adolf Hitler en el partido nazi mostró lo que el terror es capaz de producir cuando una enfermedad individual , la capacidad de sugestión de las masas y la locura de persecución se combinan afectando  a toda una nación.

Su concepto de una nación enferma se basaba en dos suposiciones:  la primera era que la sociedad no sólo es comparable a un organismo biológico sino que realmente, y para cualquier propósito, es como un organismo. Hitler, como muchos otros antes que él, confundió la metáfora con la realidad. En Mi lucha declaró: «Como los Arios, podemos considerar el Estado sólo como el organismo viviente de la gente«.

frente de la entrada a un campo de concentracion nazi

La segunda suposición seguía a la primera y era el broche de su ideología racista: ya que la sociedad humana es un organismo biológico, se enferma o degenera más o menos de la misma manera que el organismo de un individuo. Y así como la unión de dos individuos podía producir una segunda generación psíquica o mentalmente inferior, también la unión de dos sociedades o «razas» podía resultar en una degeneración del producto.

Para justificar su hipótesis, Hitler postuló la existencia de una «cepa pura». Así intensificó y desarrolló el «mito ario»: la falacia de que los teutones nórdicos son arios puros. Puesto que pensó que la amenaza más inmediata para la guía y cultura aria provenía de una supuesta «raza judía», ese pueblo fue presentado como el principal elemento degenerativo.

En 1944 todos los idiomas verán aumentado su léxico con una nueva palabra debida al abogado polaco Rafael Lemkin: genocidio, o sea el exterminio o la eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad. A lo largo de la historia del Tercer Reich (1933-1945), el genocidio adquirió la cota máxima de la violencia. El tema de los campos de concentración quedará implicado con el de la matanza de los judíos, de los «seres inferiores», pero también nos mostrará cuánta crueldad puede encerrarse en el hombre.

El holocausto judío: El antisemitismo no era un fenómeno exclusivamente alemán. El odio hacia los judíos se había exacerbado entre algunos habitantes de otros países de Europa, coincidiendo con el auge de las ideas nacionalistas y del expansionismo colonialista. La idea de la superioridad racial ya había sido defendida por los ingleses para justificar la dominación de pueblos africanos y asiáticos. Sin embargo, el odio racista nunca antes se había llevado a la práctica de manera tan sistemática y brutal.

El exterminio del pueblo judío fue planeado por estado hitleriano. La eliminación de los judíos era parte de la ideología nacionalsocialista y se sustentaba en el supuesto de que entre los hombres existen razas superiores inferiores.

La persecución de los judíos pasó por una serie de fases: en 1933 se inició una campaña de boicot contra los negocios judíos, en 1935 se promulgaron las Leyes de Nuremberg, por las cuales fueron excluidos de la ciudadanía alemana, y en 1938 se obligó a los judíos a llevar un distintivo mientras se hacían más frecuentes los «progroms».

El más dramático de estos «progroms» tuvo lugar en la llamada «noche de cristal», en la cual fueron destruidos más de 7.000 comercios judíos, casi todas las sinagogas fueron incendiadas y muchos judíos fueron asesinados impunemente, mientras más de 26.000 ingresaron en campos de concentración. Pero, fue durante la guerra mundial cuando se produjo el genocidio. En 1942 Goering encargó a las SS la «solución final» del problema, es decir, la aniquilación de los judíos, tanto del Reich como de los países ocupados.

De la documentación y los estudios se deduce que tres objetivos se proponían los campos:

a) Terror indiscriminado, para hacer desaparecer a los enemigos políticos y someter al conjunto de los ciudadanos. Entre los presos había muchas personas sin culpa objetiva, no habían hecho nada. Respondía su internamiento a la concepción totalitaria del delito, sobre la que escribió HANNA ARENDT, algo previsible, imaginario, o simplemente «ejemplar» para otros.

b) Exterminio de los judíos. Y con ellos de todos los seres con taras o pertenecientes a grupos considerados inferiores.

c) Experimentos médicos, en los que se alcanzó una crueldad hasta entonces desconocida, como los que ensayó en Auschwitz el doctor Mengele sobre sus cobayas humanas: «Hasta la ciencia era mancillada», señaló con acierto L. Martín-Chauffier. «Si el eco de sus voces se desvanece, pereceremos», escribió el poeta Paul Eluard. Los historiadores no parecen dispuestos a permitir que se desvanezca el eco de las voces de las victimas del horror nazi.

prisioneros en un campo de concetracion

Adolf Hitler escribió Mein Kampf (Mi Lucha) durante su estancia en la cárcel por el fallido golpe de Estado de 1923. El libro recogía los presupuestos racistas de la ideología nacionalsocialista y señalaba a los judíos como la causa de los males de Alemania.

El feroz antisemitismo de Mein Kampf anticipó las medidas raciales que el nazismo aplicó cuando llegó al poder. Las leyes de ciudadanía y pureza de sangre promulgadas en 1935 en Nüremberg privaron de ciudadanía a todos los alemanes de origen hebreo, aunque profesaran la religión cristiana.Se estableció que era judío aquel que tuviera al menos dos de los cuatro abuelos de ascendencia hebrea.

Los matrimonios entre judíos y alemanes fueron prohibidos. Estas medidas codificaron legalmente el acoso -boicoteo a sus comercios, expulsión de sus empleos y profesiones- que los judíos venían padeciendo desde la llegada de Hitler al poder en 1933.

Desde que pasó a considerar a la «raza judía» como el mayor contaminante, despreció a los judíos como bacilos o parásitos debilitantes de la sociedad: «Poniendo la sonda cuidadosamente en ese absceso, uno descubre de inmediato un pequeño judío a menudo cegado por una súbita luz».

Este concepto de enfermedad yacía en la visión de Hitler sobre el universo y así contribuyó a los hechos más terribles que recuerde la historia de la humanidad.

En un sentido, Hitler tenía razón: desde 1918 hasta 1945 vivió en una comunidad enferma, pero no física sino mentalmente enferma.

prisioneros en el campo de concentraion nazis

IDEOLOGÍA NAZI:

¿Qué dice Mein Kampf? Hitler puso por escrito su profesión de fe política mientras se hallaba en prisión. Mein Kampf (Mi lucha) es un breviario de toda la ideología nazi.

En esta obra biográfica y profética es posible leer con detalle los principales aspectos de la futura política hitleriana. El nacionalismo es la espina dorsal de esta ideología: muy contraído por el diktat (dictado) que en 1919 se impusiera a Alemania, Hitler afirma la necesidad de un desquite, como también la de la conquista del espacio vital, el Lebensraum necesario para el desarrollo de Alemania.

Ya en las páginas de Mein Kampf se afirma el racismo con toda claridad. Inspirado en las tesis darwinianas de la evolución de las especies, en Gobineau e incluso en Stewart Chamberlain, Hitler reclamaba para la raza aria, de hombres robustos, rubios y dolicocéfalos, el derecho de dominar el mundo. La jerarquía de las razas se encuentra en el centro vital de una doctrina que considera al Estado ideal la institución encargada de preservar la pureza de la raza. El antisemitismo, junto con la eutanasia y la eugenesia, son las consecuencias de ese criterio.

“La antípoda del ario es el judío. Es difícil que exista en el mundo nación alguna con el instinto de la conservación tan desarrollado como en el ‘pueblo elegido’. La mejor prueba de ello es que estal raza continúa existiendo.  […] Así, desde el momento en que el judío no poseyó jamás una cultura propia, las bases de su actividad intelectual fueron suministradas siempre por otros. La nación judía, con todas sus actitudes intelectuales evidentes, no posee una cultura verdadera, por lo menos una que le sea peculiar. Porque sea cual fuere la cultura que el judío aparente poseer, ésta será hoy en lo principal, propiedad de otro pueblo, corrompida, eso sí, gracias a sus manejos. […] Para poder seguir subsistiendo como un parásito dentro de la nación, el judío necesita consagrarse a la tarea de negar su propia naturaleza íntima. Cuanto más inteligente sea individualmente el judío, tanto más afortunado será su engaño, gracias al cual conseguirá que una parte considerable de la población llegue a creer seriamente que él judío es un legitimo francés, un legítimo inglés, un legítimo alemán o un legítimo italiano, a quien no separa de sus compatriotas otra diferencia que la de la religión.”
Adolf Hitler, en Mi Lucha

“Si envío a la flor y nata del pueblo alemán a la guerra, sin lamentar en ningún momento el derramamiento de la valiosa sangre alemana en el infierno de la guerra, también tengo el derecho de destruir a millones de hombres de razas inferiores que se multiplican como parásitos».
Adolf Hitler

LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZI: Uno de los aspectos más conocidos y a la vez más escalofriantes de la actuación nazi fue la utilización de campos de concentración. La aplicación práctica de las doctrinas sobre la superioridad de la raza o sobre el derecho de exterminar a los pueblos considerados inferiores superó las predicciones más dantescas.

prisioneros campos de concentracion Y lo más terrible fue que esta tarea no fue casual o improvisada, sino que fue llevada a cabo con perfecta conciencia y estructurada bajo los principios de la efectividad y la productividad.

Los primeros campos de concentración se abrieron en Alemania hacia 1933, pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando éstos se multiplicaron y acogieron a millones de deportados de toda Europa.

Entre ellos destacó Auschwitz, que fue creado para llevar a cabo el programa de exterminio de judíos.

Las palabras de Himmler a Hoss, comandante del campo, en 1941 son muy reveladoras: «El Führer ha ordenado la solución definitiva de la cuestión judía. Nosotros, la SS, hemos de cumplir esta orden.

Los lugares de matanza que existen en el este no dan abasto para llevar a cabo esta tarea a gran escala. En consecuencia, se ha destinado para este fin el campo de Auschwitz, tanto por su ventajosa situación desde el punto de vista de las comunicaciones, como también porque este terreno puede ser fácilmente aislado y camuflado…”

La Conferencia de Wannsee, celebrada el 20 de enero de 1942, planificó la llamada «solución final al problema judío». En Wannsee se discutieron los métodos más adecuados para exterminar a todos los judíos de Europa. Un año antes, Reinhard Heydrich, organizador de los destacamentos especiales de las SS, ya había propuesto a Adolf Hitler algunas fórmulas para acelerar el exterminio.

Desde 1940 se utilizaban los special-wagen, una suerte de camionetas herméticas que, al ponerse en marcha, desprendían monóxido de carbono que asfixiaba a sus ocupantes. Este sistema se usó primero con los deficientes mentales y luego con los judíos del lager de Chelmno (Polonia), pero después se consideró que debía implantarse un método de aniquilación más barato y efectivo. Entonces se construyeron las cámaras de gas fijas y los hornos crematorios. El gas utilizado para estos asesinatos en masa fue el Ziclon B, un ácido prúsico que se usaba como insecticida.

LA LLEGADA AL CAMPO DE CONCENTRACIÓN: La distancia que separaba a ciertos prisioneros de Auschwitz podía llegar a ser de 2.400 km. Este largo trayecto lo hacían en vagones de mercancías cenados. Mientras duraba el transporte no recibían ningún tipo de comida y, además, eran privados de cualquier instalación sanitaria […]. Las cerraduras de los vagones se abrían por primera vez en la rampa de Birkenau, que acababa justo ante los crematorios […]. Una vez descargados los vagones, los pasajeros debían dejar su equipaje y pasar una selección. Los judíos desfilaban uno a uno ante un médico de las SS, que decidía su utilidad para el trabajo […].

Después eran empujados en dirección al bloque 26, ante el cual les cortaban el pelo y se les obligaba a entrar en los baños, donde se les remojaba con agua hirviendo o helada y más adelante, sin tener en cuenta la estación del año, les hacían salir desnudos al patio.

Allí les daban los uniformes del campo, generalmente demasiado pequeños o demasiado grandes, pero siempre rotos y sucios. A continuación comenzaba el empadronamiento de los que acababan de llegar. Una vez se había tomado nota de sus datos personales, se les asignaba un número, que les tatuaban en el antebrazo izquierdo. El mismo número debía llevarse en la ropa en un lugar bien visible […].

Acabado el registro de los datos personales, el preso pasaba a la cuarentena, donde permanecía de seis a ocho semanas […]. Allí eran adiestrados militarmente y los malos tratos físicos eran muy frecuentes. Además, como no trabajaban, recibían una ración de comida más pequeña que el resto de los prisioneros. La finalidad de la cuarentena era aterrorizar al preso, provocando su hundimiento fisico y psíquico. Los presos que conseguían superar la cuarentena eran destinados a una de las compañías de trabajo denominadas “Komando”.

[…]con las primeras luces de la mañana, los prisioneros formaban en el patio del campo (lager-platz) tras haber ingerido un tazón de agua sucia llamado café. Después de pasar revista, cada grupo de tareas, con su kapo al frente, se dirigía al lugar de trabajo. La hora de «la comida» era el único paréntesis en la larga y durísima jornada laboral: un plato de sopa a base de nabos, col o legumbres troceadas, y la llamada «porción», que consistía en 300 gramos de pan. La llegada masiva de nuevos deportados a los campos redujo aún más las raciones alimenticias, lo que disparó las cifras de muertes por inanición.

Guía del Museo de Auschwitz. Katowice, 1979.

Un día en Auschwitz: El día del prisionero comenzaba y acababa con revistas [.1. La finalidad de pasar revista consistía en controlar el número de presos que se presentaban […]. Mientras duraba la revista todos los deportados eran colocados en columnas de 10 y tenían que mantener la posición de firmes […]. En general las revistas eran prolongadas voluntariamente por las SS y podían llegar a durar horas […]. Después comenzaba la jornada laboral. Los prisioneros eran utilizados en los trabajos de las obras y en los de ampliación del campo, pero también en tareas agrícolas, mineras e industriales [..]. El preso recibía comida tres veces al día. En general el almuerzo consistía en medio litro de café o de una infusión con 5 gramos de azúcar como máximo. La comida comprendía una sopa que se componía en teoría de patatas, col, nabos y un pequeño trozo de carne o grasa. Con frecuencia, sin embargo, la sopa se hacía con restos de productos traídos en grandes camiones. Las sobras no se lavaban y a menudo en la sopa flotaban trozos de periódico, botones, etc. Para cenar había solamente medio litro de café o de infusión, un trozo de pan y un poco de embutido. […] Una vez acabado el trabajo se volvía a pasar revista y después venía el descanso en unos barracones donde dormían cerca de 200 presos en un espacio preparado para 40 6 50 personas. En cada lecho dormían 3 ó 4 personas, lo cual obligaba a estar siempre de lado. En estas condiciones no se podía dormir, y la noche, en vez de ser un tiempo de descanso, era una prolongación de las penurias del día.

Guía del Museo de Auschwitz. Katowíce, 1979.

La utilización económica de los prisioneros:

 La gran industria alemana estaba bien representada en Auschwitz. Las fábricas Krupp, Siemens, Unión, pero sobre todo la 1.0. Faber-industrie, que había iniciado la construcción de una fábrica de caucho sintético, se aprovechaban del trabajo de los prisioneros. El lugar había sido escogido por la gran reserva de mano de obra disponible y también —se puede creer— por el buen precio de ésta. Las empresas pagaban a las SS seis marcos diarios por cada obrero cualificado y cuatro por los no cualificados. El coste de mantenimiento de cada prisionero no llegaba a un marco diario. Así. desde el punto de vista financiero, las dos partes contratantes conseguían un buen beneficio.

POLIAKOV, L.: Auschwitz.

Declaración de un miembro de los SS ante el Tribunal Internacional de Nuremberg en 1947:

Era el SS Pohl quien se encargaba […] de convertir en dinero todo aquello que había sido arrebatado a los prisioneros, es decir, joyas, dientes de oro, petacas, vestidos, relojes, gafas, zapatos, etc. […]. Pohl escribió el 6 de agosto de 1942 a los mandos de 16 campos de concentración: «Los cabellos de las víctimas han de ser cuidadosamente recogidos […] para ser empleados en nuestras industrias para la fabricación de zapatillas para la tripulación de nuestros submarinos”.

Y, al final…, el exterminio: Declaraciones del excomandante de Auschwitz, R. Hóss, en el proceso de Nuremberg

«Dirigí el campo de Auschwitz desde el 1 de septiembre de 1943 y calculo que, como mínimo, dos millones y medio de personas fueron muertas en la cámara de gas y que medio millón más murió de hambre y enfermedades […]. Esta cifra representa del 70 al 80 % de todas las personas que fueron destinadas allí […]. El comandante de Treblinka […] utilizaba gas monóxido, pero no estaba demasiado satisfecho del resultado. Por eso, me decidí por el Zyklon B. Según la temperatura, las víctimas tardaban de cinco a quince minutos en morir. Sabíamos que estaban muertas cuando dejaban de gritar.»

Campos de Concentracion NAZIEXPERIMENTOS ATROCES: Josef Mengele llegó a Auschwitz en marzo 1943. Aquel siniestro investigador de tremo dos años —condecorado con la Cruz de hierro apodado el “Ángel de la muerte”— torturó a gran cantidad de prisioneros, sometiéndolos a los experimentos más terribles. Su apellido quedó col sinónimo del honor que se vivió en aquel campo de exterminio. Los pocos sobrevivientes de Auschwitz lo recordaron como el arquetipo del oficial nazi: rubio de pelo corto, ojos azules, bien uniformado, botas relucientes y una actitud altiva absoluto desprecio hacia los internos.

En aquella tenebrosa instalación, los guardas arrancaban los dientes de oro de los cadáveres para fundirlos y utilizarlos en la fabricación joyas. Nada debía desperdiciarse. Ni siquiera el pelo de los prisioneros judíos, que se usaba p. el revestimiento de algunas piezas de submarinos.

Se examinaba todo, incluso la ropa interior. Los nazis encontraron diamantes, oro, dólares y otras divisas europeas. Cuando la guerra final  minutos antes de ser ejecutado por los aliados el director de aquel infierno, Rudolf Hess, seguía manteniendo, sin culpa, que el asesinato de judíos fue “una solución correcta”.

PARA SABER MAS…
En Orianenburgo (cerca de Berlín), a principios de 1933, fue creado el primer campo de concentración por las SA, aunque su número llegó a alcanzar el de cuarenta, repartidos por el interior de Alemania. Con la fundación de la Gestapo (policía del estado), en Prusia en 1933 y en 1936 en el resto de Alemania, quedarían disueltos y la nueva organización fundaría los suyos propios, incluso más allá de las fronteras alemanas.

Los principales de ellos quedaron establecidos en Auschwitz, Treblinka, Bergen-Belsen, Sobidor, Chelmno, Riga, Vilna, Minsk, Kaunas, Ewow, Wolzck, Dachau, Buchenwald, Eublin, Ravensbrück, Natzweiler, Mauthausen, Gneisnau, Struthof, Schirmeck, Sachsenhausen, Gross Rosen, Dora, Ellrich, Osterode, Harzungen, Isfeld, Flossenbürg, Majdaneck, Romainville, Grini, Bredtevedt, Espeland, Sydspissen…

Fueron clasificados en cinco grandes grupos: Schutzhaftlager, para detenidos; Arbeitslager, de trabajo; Straflager, penitenciario, Konzentrationslager, de concentración, y Vernichtungslager, de exterminio. El esquema general de su estructura era el de dos recintos concéntricos: el exterior, de unos cinco kilómetros, rodeado de alambradas eléctricas y una torre de vigilancia cada cincuenta metros; tanto en éstas como a lo largo del círculo externo patrullaban las SS, auxiliadas por perros policía.

El interior giraba en torno a una fábrica de material de guerra, casi siempre subterránea. Los detenidos lucían uniformes rayados con distintivos según la condena que cumplían: políticos, un triángulo rojo; comunes, verde; saboteadores, negro; homosexuales, rosa; judíos, dos triángulos amarillos formando una estrella de David, y los objetores de conciencia, violeta.

La disciplina interna corría a cargo de los kapos, presos afectos a los nazis: espías, aduladores…, quienes, armados con porras y látigos, eludían el rígido horario de trabajo -de siete de la mañana a diez y media de la noche- y mejoraban la ración alimenticia: medio litro de café puro, pan, margarina y salchichón para el desayuno y la comida y un litro de sopa para la cena.

Se dio la circunstancia de que un mismo establecimiento pasara a distinta categoría y, como quiera que el trato a los detenidos variaba según aquélla, tal distingo será uno de los orígenes de las controversias sobre el tema. El campo de Dora, por ejemplo, pasaría de penitenciario a de trabajo, para acabar como de concentración.

El primero de los campos de exterminio fue el de Auschwitz (1940), al que siguieron los de Treblinka, Bergen-Belsen, Sobidorr y Chelmno. El 3 de septiembre de 1941 se realizó en Auschwitz la primera ejecución masiva por medio de Ciclón B, cristales de cianuro, y desde 1942 en los cuatro restantes. En Auschwitz fue creado un «bloque experimental» donde médicos, físicos y técnicos, bajo la dirección del doctor Josef Mengele, realizaban pruebas de esterilización, injertos óseos, vacunas, gangrena gaseosa, etc. Pero también el de Dachau sirvió para llevar a cabo experimentos humanos sobre descompresión, introduciendo al prisionero en una cámara de la que se extraía el aire.

Otra de las pruebas consistiría en comprobar la resistencia humana al frío. Durante cinco horas quedaba sometido el paciente a temperaturas hasta de once grados bajo cero; de sobrevivir, se efectuaba la operación de recalentamiento con calor humano acostando al sujeto con mujeres procedentes de los burdeles que existían en todos los campos.

El Tercer Reich llevaría hasta los últimos límites el antisemitismo en virtud de la doctrina que consideraba al «ario» como la raza pura. El primer exponente lo tendremos en la obra de Adolf Hitler, Mein Kampf (1924), que quedaría plasmado en las llamadas leyes de Nuremberg del 15 de septiembre de 1935.

Desde esa fecha hasta 1938 huirían de Polonia unas seiscientas mil personas, judíos de origen alemán, y emigrarían de Alemania unas ciento sesenta mil por igual motivo. Lo cierto es que, pese a los hechos acaecidos en aquel año -destrucción de sinagogas, prohibición de que asistieran a espectáculos públicos…-, cuando el 12 de octubre de 1939 dan comienzo las deportaciones masivas a Polonia, nadie se preocuparía de facilitarles una emigración en gran escala.

Las principales fechas de la persecución antisemita son las siguientes: 22 de octubre de 1940, deportación de los residentes en Alsacia, Lorena y Sarre; 31 de julio de 1941, orden de deportación para todos los residentes en Europa; 29 de septiembre del mismo año, ejecución de los residentes en Kiev, y 12 de octubre, persecución en Rusia; 14 de julio de 1942, asesinato de cinco mil personas del gueto de Rovno, y en octubre, los dieciséis mil del gueto de Minsk, y 19 de abril de 1943, destrucción total del gueto de Varsovia.

El número de víctimas será imposible calcularlo, ya que se ignora realmente el censo de aquellos años. Se hablará de los cuatrocientos mil muertos durante la ocupación de Varsovia, de los cinco millones «importados» a Alemania para trabajar en las minas… Resumiremos todo el dolor y la tragedia en la persona de la joven judía Ana Frank, detenida en Amsterdam el 4 de agosto de 1944 y fallecida a la edad de 16 años en marzo de 1945 en el campo de Bergen-Belsen, tras su detención por el sargento de las SS, Karl Silberbauer.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 20 Las Guerra Mundiales Salvat – La Nación