La Historia de la Carreta en Argentina La Tracción a Sangre en el Pais



La Historia de la Carreta en Argentina La Tracción a Sangre en el País

«La carreta fue, durante tres siglos, el más importante medio de transporte de personas y mercancías en gran parte de nuestro territorio. En torno a ella giró un sector a la vez dinámico y dinamizador de la economía, La carreta fue mucho más: ciudad móvil fortaleza, tesoro nacional, carro fúnebre, imprenta, burdel, correo y transbordador, Con la llegada del ferrocarril y el alambrado, las pesadas carretas comienzan su marcha hacia el ocaso. La introducción del camión y la camioneta terminará por quitarla de los caminos y borrarla del paisaje.»

Hasta comienzos del siglo XIX, las comunicaciones de los pueblos del interior con Buenos Aires y de aquellos pueblos entre sí reflejaban la relación de fuerzas y de equilibrios existentes en sus respectivas economías. Desde finales de esa centuria, la extensión de la red ferroviaria quiebra la antigua orienta-norte-sur y este-oeste de los intercambios regionales.

Al hacerlo, consolida a Buenos Aires como centro de un sistema de comunicación hacia el cual convergen y desde el cual divergen los caminos. De ese modo, el esquema de comunicaciones que prevalece será el de un embudo, propio de las economías primarias.

El sistema «parrilla» de países más desarrollados dotó a éstos de una mayor cohesión interna. Décadas después, y con especial intensidad a partir de la década de 1930, comenzará la pavimentación de rutas troncales nacionales que atenuarán los efectos de aquella concentración.

Por último, sobre ambas circularán las líneas aéreas comerciales y del Estado. Pero, para llegar a ese dominio del espacio, fue necesario recorrer un largo trayecto que, iniciado durante la conquista, concluirá con la incorporación del ferrocarril. La extensión territorial de la Argentina, su escasez de población, los riesgos de las largas travesías y la precariedad de los medios de transporte, permanecieron con escasas variantes hasta fines del siglo XIX.

Uno de los medios de transporte más importante que permitió iniciar el proceso de dominio de una parte del espacio fue, sin dudas, la carreta. Dentro del sistema de tracción a sangre, la carreta ocupa un lugar preponderante. Sobre ella se fueron tejiendo y anudando las relaciones comerciales en gran parte del actual territorio argentino. Con la irrupción del ferrocarril, su importancia se redujo pero no fue anulada ya que durante décadas, funcionó la articulación entre el tren y la carreta.

Hasta la primera mitad del siglo XX, en varias provincias argentinas, y en Brasil, Paraguay y Uruguay, siguió prestando sus servicios. Es que la carreta no fue sólo un medio de transporte de pasajeros o cargas: fue, además, la primera casa rodante y el primer diseño móvil espontáneo capaz de reunir múltiples usos.

Es sabido que antes de la llegada de los conquistadores españoles, incas y aztecas disponían de un eficiente servicio de comunicaciones asentado sobre el trazado de una red de caminos, postas o «tambos» y relevos. De este modo, los «chasquis», especialmente adiestrados, eran capaces de recorrer hasta catorce leguas diarias, o sea unos 72 kilómetros. De este sistema casi perfecto se retrocedió a una marcada desorganización, después de la conquista.

Mediante una Real Cédula de 1577, Felipe II prohibió el uso de coches en América. La medida, destinada a poner límites al lujo y la ostentación desmedida de los funcionarios, se tomó pretextando que ese abuso agravaría el peligro de llegar a la escasez de caballos y mulas. También se prohibió que los pobres anduvieran a caballo. Durante toda la vida colonial, y en las primeras décadas de nuestra vida independiente, el caballo y la mula constituían los únicos medios de locomoción.

Recién en 1717 el gobernador de Buenos Aires introdujo una calesa tirada por mulas. En la Lima virreinal, el número de esas calesas era capaz de sostener una importante demanda de mulas. Podemos decir que aquella calesa y los carretones que trajo Juan de Caray fueron los antepasados de nuestros medios de tracción a sangre, entre ellos, la carreta.



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