Historia Conflictos Limitrofes de Argentina con Chile Resumen



Historia Conflictos Limítrofes de Argentina con Chile
«Principio Bioceánico»

Cuando se desmembró el antiguo Virreinato del Río de la Plata, y cómo se redujo el territorio de la República Argentina ya fuese por emancipación, usurpación o despojo. Desde su independencia, la Nación sostuvo como principio fundamental el Uti possidetis juris en 1810 (es decir: «poseerás lo que poseías» en 1810); por lo tanto, la delimitación de fronteras debe buscarse en las disposiciones realizadas por fe Corona española hasta 1810, aun cuando los territorios hayan sido ocupados —o no— efectivamente, o poseídos.

Esta doctrina del Uti possidetis juris en 1810 fue aceptada, como un «principio de orientación general», por los países de América y adoptada luego por el Congreso de Lima en 1848. Incluso el rey de España dejó asentado este concepto en los tratados por los que reconoció la independencia de las repúblicas americanas.

La diferente interpretación de la geografía y de los títulos históricos de la herencia española, dio como resultado los conflictos de límites y éstos, a su vez, la reducción del espacio geográfico nacional. Nuestro país, urgido por problemas internos, descuidó, a veces, los asuntos de frontera; esta atonía diplomática dio pie para que se concretasen los avances expansionistas sobre sus fronteras.

CONFLICTO CON CHILE: En las últimas décadas del siglo XIX las cuestiones de límites entre la Argentina y Chile provocaron varias disputas y estuvieron a punto de desatar la guerra, que pudo ser evitada gracias a la eficacia de delicadas negociaciones diplomáticas. Entre los incidentes que suscitaron mayor tensión se cuenta el que protagonizó la cañonera chilena, Magallanes en abril de 1876, cuando apresó a la nave francesa Jeanne Amelle, que se hallaba cargando guano en el litoral patagónico.

Barco chileno magallanes

La embarcación había obtenido el permiso correspondiente ante las autoridades argentinas, pero según los chilenos esas tierras pertenecían a la jurisdicción trasandina, por lo que no vacilaron en conducir la nave a Punta Arenas, con tan mala suerte que al pasar frente a Punta Dungeness la Jeanne Amelle se fue a pique.

Por fortuna su tripulación se salvó, pero esto no alcanzó a suavizar la protesta argentina, que exigió una severa sanción para el capitán de la Magallanes. Así tuvo comienzo una prolongada serie de conversaciones que poco a poco diluyeron la tensión causada por el incidente.

De todos modos, el caso volvió a demostrar que las cuestiones de límites debían ser resueltas de una vez por todas, lo cual no impidió una nueva situación de tirantez en mayo de 1878, cuando un protocolo firmado entre el chileno Barros Arana y el argentino Rufino de Elizalde provocó indignación en ambos países, que no se sintieron interpretados por el acuerdo y lo rechazaron.

Agresivas campañas de prensa de uno y otro lado de la Cordillera encresparon los ánimos y se llegó a pensar seriamente en la posibilidad de unenfrenta miento armado. En medio de ese clima saltó  una  chispa que  casi hizo estallar el polvorín; a fines de 1878 la cañonera Magallanes insistió en su proceder anterior capturando   al    buque   norteamericano Devonshire,   que   cargaba   guano con autorización argentina.

El conflicto armado pareció en tonces  inevitable,   a  pesar  de   la casi abrumadora superioridad naval transandina: la armada chilena estaba fondeada en el  puerto de Lota,  lista para entrar en acción con dos poderosos acorazados cuatro corbetas —dos de ellas con blindajes—, un par de cañoneras y siete   naves   auxiliares   de   menor porte.



La Argentina sólo podía opor ner una flotilla de río que ni por asomo estaba en  condiciones de operar en  los peligrosos  mares del sur. Sin embargo, era lo único que había y, por ende, lo único que se podía utilizar: el presidente Avellaneda  encomendó  al   comodoro Luis  Py marchar con  los barqui chuelos  hasta  la  desembocadura del  río Santa Cruz y desalojar a los chilenos del puesto que habían instalado.

Los marinos llegaron a destino   el   25   de   noviembre   de 1878, pero las fuerzas trasandinas ya se habían marchado: la creciente   tensión   entre   Chile,   por   una parte, y Bolivia y Perú, por la otra, obligó a destacar fuerzas chilenas en otros puntos.

Tal circunstancia evitó males mayores y la cuestión tomó otra vez la vía diplomática; la cordura, personificada en la otra sión por los chilenos Manuel Bilbao y Benjamín Vicuña Mackenna, halló oportuna correspondencia en los esfuerzos desplegados por el argentino Mariano de Sarratea, y nuevamente se pudo evitar lo que parecía un irreparable conflicto en tre pueblos hermanos.

HISTORIA DE LOS CONFLICTOS CON CHILE:

El problema con Chile: el principio bioceánico.
Después de sus respectivas emancipaciones, la República Argentina y Chile firmaron, en 1826, el primer documento internacional: el Tratado de Amistad, Alianza; Comercio y Navegación. Este pacto preservaba los límites reconocidos de ambas naciones en virtud de otros coñvlmícis que pudieran firmar entre sí o con terceros; trataba de garantizar la integridad territorial respectiva, y buscaba obrar «de común acuerdo contra todo poder extranjero que intentara mudar por la fuerza los límites de ambas repúblicas».

En 1833 tuvo lugar el acto de usurpación ilegal de las islas Malvinas por parte de Gran Bretaña. La cancillería argentina lo comunicó a todas las naciones americanas (circular del 23 de enero de 1833) y Chile, a pesar de estar obligado —por el Tratado de 1826— a actuar de común acuerdo con la Argentina, permaneció silencioso ante el atropello inglés.

Diez años más tarde (1843), Chile fundó Fuerte Bulnes (actual puerto de Punta Arenas) en el estrecho de Magallanes, en momentos en que el gobierno de Buenos Aires —encargado de las relaciones exteriores— soportaba el bloqueo anglo-francés. La fundación de Punta Arenas fue el punto de partida de una serie de agresiones y expansiones ilegítimas con las que Chile demostró su deseo de extenderse hacia el Este, a expensas de las fronteras argentinas.

El 30 de octubre de 1855, la Argentina y Chile suscribieron un Tratado en el que ambas naciones reconocían «como límites de sus territorios respectivos los que poseían como tales en el tiempo de separarse de la dominación española de 1810», y en el que convenían «aplazar las cuestiones que han podido o que puedan suscitarse sobre esta materia para discutirlas […] amigablemente, sin recurrir jamás a la violencia y, en caso de no arribar a un completo arreglo, someter la decisión al arbitraje de una nación amiga».

En 1865 la cancillería chilena denunció el Tratado y alegó derechos históricos sobre la mayor parte del estrecho de Magallanes, la isla de los Estados y una vasta zona de la Patagonia; con ello rechazaba el principio del Uti possidetis juris en 1810 para la fijación del límite territorial y se negaba a aplicarlo para deslindar soberanías.

Más adelante (1872), el gobierno chileno — sin perder de vista sus objetivos-avanzó sobre territorio patagónico (región de la cuenca del río Santa Cruz) y el estrecho y apresó barcos de banderas extranjeras que recolectaban guano con licencias extendidas por las autoridades argentinas. La cancillería de nuestro país reclamó sus derechos: el conflicto se agudizó; las tratativas se hicieron difíciles, y la guerra fue inminente. El gobierno estadounidense medió para pacificar los ánimos y soluciona: el problema.

Por fin, un Tratado de limites —celebrado el 23 de julio de 1881-estableció la frontera, que fue aceptada por ambas naciones: desde el Norte hasta el paralelo 52° seguiría la línea de «las altas cumbres que dividen aguas»; desde el paralelo 52° hasta el Sur de Tierra del Fuego, la línea sería convencional. La Argentina conservaría todas las islas que quedan al Este de Tierra del Fuego y las costas orientales de la Patagonia. Las restantes fueron asignadas a Chile. El estrecho de Magallanes fue neutralizado y se prohibió erigir fortalezas en sus costas.



No obstante, en 1888, cuando los peritos comenzaron el trabajo de reconocimiento y demarcación de la zona, se reanudaron las dificultades. Cada país sustentó tesis diferentes con respecto a la demarcación: los chilenos sostenían que la línea que debía adoptarse era la de divisoria de las aguas (ello les otorgaba la Patagonia. ya que las fuentes de muchos ríos estaban en ella); los argentinos afirmaban que la línea debía ser la de las altas cumbres (que daba al país la salida al Pacífico por el norte del estrecho).

En 1889, ante los impedimentos que presentaba la demarcación, se celebró un acuerdo entre los cancilleres Estanislao Zeballos (Argentina) y Guillermo Matta (Chile) quienes suscribieron una Declaración en la que se afirmó la soberanía argentina en el Atlántico y la de Chile en el Pacífico.

Las negociaciones diplomáticas se interrumpieron en 1890, debido a los problemas que afectaban a los dos países y, en 1893, ambos Parlamentos ratificaron un Protocolo Adicional al Tratado de 1881, cuya cláusula: «Chile no puede pretender punto alguno hacia el Océano Atlántico, como tampoco la República Argentina hacia el Océano Pacífico», estableció, con claridad, él principio Atlántico-Pacífico.

En 1898 nuevas disenciones llevaron a las Partes al borde de la guerra; las cancillerías decidieron, entonces, somete: la cuestión del límite definitivo al rey de Inglaterra, Eduardo VII, quien se expidió en 1902 dando una solución definitiva al dividir ios 94.000 km2 en disputa y otogando 40.000 a la Argentina y 54.000 a Chile. No obstante el laudo, ambos países llegaron a un acuerdo, en 1902-1903, sobre las bases de un Tratado General de Arbitraje y la limitación de los armamentos navales.

Estos acuerdos, conocidos con el nombre de Pactos de Mayo, fortalecieron el principio oceánico de 1893.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril
HISTORIA -La Edad Contemporanea La Argentina de 1831-1982- 3º Curso -LLadó,Grieco y Bavio,Lugones-Sessaeego y Rossi
Editora Contenidos Minimos AZ

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