El Congreso de Tucumán 1816 Antecedentes y Resumen del Desarrollo



El Congreso de Tucumán 1816
Antecedentes y Resumen del Desarrollo

El 24 de marzo de 1816 inauguró sus sesiones el Congreso convocado por la Junta de Observación. Trasladado luego a Buenos Aires durará hasta 1820.
Asistían diputados de todas las provincias, excepto la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe. No concurre Paraguay que ya ha declarado su independencia. La situación externa era sumamente grave. Fernando VII restaurado en el trono español se preocupaba en dominar los movimientos revolucionarios de las Colonias. Los ejércitos realistas vencían en toda América, excepto en Buenos Aires.

Este Congreso se reunió en momento críticos, porque en el norte se acababa de perder el Alto Perú; en el oeste, Chile estaba en poder de los realistas, que habían vencido en Rancagua; en el litoral, Artigas dejaba sentir su influencia; en Europa, la Santa Alianza prometía ayudar a los monarcas a reconquistar las posesiones insurrectas; y dentro del país, la anarquía se insinuaba amenazadora.

Como sede del Congreso fue elegida la ciudad de Tucumán, lugar equidistante de todas las provincias. En los primeros días de marzo de 1816, empezaron a llegar los diputados, muchos de los cuales habían tenido que recorrer grandes distancias a caballo o en galera. Los sacerdotes se alojaron en los conventos y los restantes lo hicieron en las casas de las principales familias.

Peligros para la libertad de América:

A comienzos de 1816 y en vísperas de reunirse el Congreso de Tucumán, graves peligros amenazaban la Revolución de los países hispanoamericanos. En el orden externo, la restauración del monarca Femando Vil y sus procedimientos absolutistas de persecución de los liberales indicaban claramente a los gobiernos de América hispana que debían reanudar con mayor empeño la lucha por la emancipación. Las armas españolas vencían desde México hasta el Cabo de Hornos.

El sacerdote Morelos —patriota mexicano— había caído fusilado en manos de sus enemigos, mientras la tan anunciada expedición de Morillo —que amenazó en principio el Río de la Plata— doblegaba a los patriotas de Venezuela y Colombia, y en esta forma quedaba sofocada la insurrección en el Norte de la América del Sur. En Chile la situación no era mejor, por cuanto después de Rancagua, los realistas dominaban ese territorio con un poderoso ejército.

En esas circunstancias, la Revolución argentina era la única que mantenía erguido el estandarte de la rebelión, aunque perdido el Norte del territorio y amenazada por el enemigo después de la derrota de Sipe-Sipe. Para colmo de males, el tradicional peligro portugués se hizo presente una vez más en ese año de 1816—llamado «de prueba»— y en el mes de agosto los ejércitos lusitanos invadieron la Banda Oriental.

En el orden interno, el mayor problema lo representaba la falta de unidad del país. En efecto: Artigas había formado una liga de provincias federales, las cuales negaron obediencia no sólo al Director Supremo sino también al Congreso; de tal manera, la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe no enviaron diputados y Córdoba demostró bastante recelo hacia la asamblea.

En Salta se había producido un serio incidente entre Güemes y Rondeau, solucionado después de momentos inquietantes, y en la propia Buenos Aires la agitación federal había encontrado apoyo en destacadas figuras, quienes pretendieron impedir el arribo a la ciudad del nuevo Director Pueyrredón.

casa del congreso de tucumán en 1816

EL CONGRESO:

Entre los representantes, se destacaban fray Cayetano Rodríguez, que fue el cronista del Congreso, doctor Pedro Medrano, doctor Juan José Paso, el sacerdote Antonio Sáenz (por Buenos Aires); Juan Martín de Pueyrredón (por San Luis); Tomás Godoy Cruz (por Mendoza); Francisco Narciso de Laprida y fray Justo Santa María de Oro (por San Juan); doctor José Mariano Serrano (por Charcas), etc.



En total concurrieron siete diputados por Buenos Aires, cinco por Córdoba, cuatro por Chuquisaca, tres por Tucumán; Catamarca, Salta, Santiago del Estero y Mendoza, enviaron dos cada una; Jujuy, San Luis, La Rioja, San Juan, Cochabamba y Mizque, un diputado cada una.

Las provincias del litoral y la Banda Oriental no concurrieron por estar bajo la influencia de Artigas, que reunió un Congreso en Paysandú. El 24 de marzo de 1816, se inauguraron solemnemente las sesiones con asistencia de dos tercios de la representación total, que eran los que ya estaban en la provincia.

Doña Francisca Bazán de Laguna, cedió su casa que fue arreglada convenientemente para proporcionar una ami3lia sala de sesiones; las sillas fueron prestadas por los conventos de San Francisco y Santo Do mingo y la mesa escritorio y el sillón destinados al presidente, por Bernabé Aráoz.

El presidente se renovaba mensualmente, e! primero fue el doctor Medrano. Se eligió como secretarios a los doctores Paso y Serrano. El Congreso tuvo como objetivos fundamentales, nombrar director. declarar la independencia y dictar una Constitución.

Elección de Pueyrredón 

Cuando llegó a Tucumán la renuncia de Álvarez Thomas, se resolvió nombrar un nuevo director propietario. Las opiniones estaban divididas en cuanto al candidato, pues se propiciaba el nombramiento de Belgrano, San Martín, Pueyrredón y José Moldes, que era temido por ser decididamente enemigo de Buenos Aires y demasiado vehemente para dirigir al país en circunstancias tan críticas.

Como se pensaba que Güemes apoyaría su candidatura, se envió a Salta al diputado fray Pedro Ignacio Castro Barros, con el pretexto de que pronunciara un sermón patriótico. En las conversaciones que mantuvieron, el caudillo le aseguró que no ejercería influencia en favor de Moldes, sino que sus diputados apoyarían a Pueyrredón, que era el hombre sereno y poseedor de las cualidades necesarias para gobernar en esos momentos.

Cuando cayó el Primer Triunvirato, Pueyrredón fue confinado en San Luis. San Martín pasó por esa provincia en ocasión de ir a hacerse cargo del gobierno de Cuyo, manteniendo ambos algunas entrevistas que sellaron su amistad. En noviembre de 1814, y con consentimiento de Posadas, Pueyrredón pasó a Mendoza y al año siguiente quedó libre, regresando a Buenos Aires.

La mayoría de los diputados se indinaba por San Martín, pero los representantes de Cuyo se opusieron a su elección, porque en esa forma no podría cumplir su plan emancipador. Finalmente se eligió a Pueyrredón el 3 de mayo de 1816, por 23 votos contra 2, siendo presidente del Congreso, Castro Barros.

En seguida el nuevo director viajó a Jujuy con el objeto de poner fin a las querellas entre Guemes y Rondeau ; a su paso por Salta conferenció con Guemes y en Jujuy lo hizo con Rondeau (quien consideraba que seguía siendo director supremo, porque él nunca había renunciado al cargo).
Como sabemos se nombró a Belgrano en reemplazo de Rondeau. como jefe del ejército del Norte, porque se temía una conspiración dentro de ese ejército por el nombramiento de Pueyrredón.

Cuando estaba en el Norte, Pueyrredón recibió una carta de Sari Martín en la que le daba cuenta de sus planes de pasar a Chile; el Director le contestó que estaba resuelto a apoyar la empresa, cuyos detalles quedarían arreglados en la entrevista que tendrían en Córdoba. Pueyrredón regresó desde Salta a Tucumán.



Efectuado el nombramiento de directos supremo, quedaban por resolver tres puntos capitales: la declaración de la independencia, la toma de gobierno y la redacción de una Constitución.

El 6 de julio Belgrano, procedente de Buenos Aires, fue recibido en sesión secreta, donde expuso sus ideas sobre estos asuntos; él había llegado recientemente de su misión en Europa y declaró que en el Viejo Mundo la tendencia general era volver a los sistemas monárquicos. En consecuencia, aconsejaba establecer aquí una monarquía temperada, llamando a la dinastía de los Incas “por la justicia que en sí envuelve la restitución de esta casa”; además indicó la necesidad de declarar lo antes posible nuestra independencia.

Iguales mociones hacía San Martín desde Mendoza, cuando escribía a Godoy Cruz: “Hasta cuándo esperamos para declarar nuestra independencia Es ridículo acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional, y por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos” . También apoyaba la instalación de una monarquía, porque consideraba que no estábamos preparados para gobernarnos bajo el sistema republicano y que por el contrario, era necesario una mano fuerte que pusiera en orden al país.

El 4 de febrero de 1817 el Congreso realizó su última reunión en Tucumán ya que los diputados resolvieron trasladar las sesiones a Buenos Aires, debido a la consolidación realista en el Alto Perú y al peligro de que ocupara el noroeste argentino. El 19 de abril se llevó acabo una sesión preparatoria y el 12 de mayo de 1817 quedó habilitado el Congreso en Buenos Aires.

En agosto de 1817 el Director Pueyrredón formuló algunas observaciones al Reglamento sancionado en noviembre de 1816 y el 3 de diciembre siguiente quedó promulgado el Reglamento Provisional de 1817, que entró en vigor el 1 de enero de 1818. Fue dictado para que tuviera vigencia hasta la promulgación de una Constitución definitiva.

El 22 de abril de 1819 el Congreso sancionó la Constitución definitiva de las Provincias Unidas. Su forma era centralista, por lo tanto unitaria, y su espíritu estrictamente republicano, pese a que ha sido calificada de monárquica con el argumento de que una posterior reforma podía modificar la forma de gobierno.

Se ha atribuido esa intención a los congresales, en virtud de las negociaciones que se realizaban en Francia para coronar al duque de Lúea en las Provincias Unidas. Sin embargo, estas negociaciones, como ya quedara señalado en la entrada correspondiente, tenían una finalidad que apuntaba más a procurar la intervención de Francia para que Fernando VII postergara la expedición militar al Río de la Plata, y ganar tiempo para afirmar la revolución, que a instalar realmente una monarquía en las Provincias Unidas.

La constitución de 1819 fue jurada el 25 de mayo de ese año en todas las provincias, excepto en las del Litoral. Finalmente el Congreso se disolvió el 11 de febrero de 1820 como consecuencia del triunfo de las tropas de Santa Fe y Entre Ríos sobre Buenos Aires en la batalla de Cepeda. Junto con su disolución se puso término al Directorio y el Cabildo porteño asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires por lo que se produjo el cese del gobierno nacional.

La Casona de Tucumán

La ciudad de Tucumán era, en 1816, un modesto poblado de unos ocho mil habitantes. Buena parte de sus edificios públicos o religiosos, entre ellos la Catedral y el Cabildo, se hallaban en estado ruinoso. Las residencias particulares estaban en mejor estado; en una de ellas se reunió el Congreso realizado en la ciudad en 1816.

Esa casona pertenecía a la señora Francisca Bazán de Laguna, y estaba situada en la calle del Rey (actualmente Congreso, número 151). Había sido construida a fines del siglo XVIII, y en su fachada lucía unas columnas en espiral (o salomónicas) que flanqueaban el portal de ingreso.



De una sola planta, poseía un patio rodeado de habitaciones; dos de ellas, paralelas a la fachada, se adaptaron para las reuniones del Congreso, demoliéndose una pared divisoria para formar un salón de 15 metros de largo por 5 de ancho. Estos arreglos llevaron algún tiempo y, por ello, las primeras sesiones se efectuaron en la casa de Bernabé Aráoz, un coronel que luchó con Belgrano en Tucumán y Salta. Aráoz facilitó también diversos muebles, entre ellos el escritorio y el sillón presidencial.

Los demás escaños y sillones fueron provistos por los conventos de Santo Domingo y San Francisco. En enero de 1817, después de que el Congreso realizó su última sesión, la casona volvió a manos de sus propietarios. Luego fue heredada por la familia Zavalía. En 1869, el Congreso de la nación decretó su compra, que se formalizó en 1874, en 25.000 pesos fuertes. El edificio fue transformado en oficina de Correos y telégrafos y se alteró la fachada, que perdió su aspecto original.

En 1880, se decidió restaurarla y en 1903 se dispuso la demolición total del edificio, con excepción del salón donde se juró la independencia que fue protegido por un templete. Finalmente, en 1941 y 1942, se demolió el templete y se reconstruyó la casona de acuerdo con su forma original.

En esa ocasión se utilizaron materiales genuinos como tejas, puertas y ventanas de otras casas de aquella época. Terminada la restauración, el edificio fue convertido en Museo Histórico, con la denominación de Casa de la Independencia.

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SINSTESIS DE LOS ANTECEDENTES Y DESARROLLO DEL CONGRESO DE TUCUMAN DE 1816:

El 24 de marzo de 1816 inauguró sus sesiones el Congreso convocado por la Junta de Observación. Trasladado luego a Buenos Aires durará hasta 1820.
Asistían diputados de todas las provincias, excepto la Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe. No concurre Paraguay que ya ha declarado su independencia. La situación externa era sumamente grave. Fernando VII restaurado en el trono español se preocupaba en dominar los movimientos revolucionarios de las Colonias. Los ejércitos realistas vencían en toda América, excepto en Buenos Aires.

Después de la derrota de Sipe-Sipe los ejércitos españoles amenazaban el Norte. Los ejércitos del Brasil invadían la Banda Oriental. Las dificultades con Artigas y las provincias litorales persistían.

La importancia trascendental del Congreso lo da la declaración de la independencia. Además su labor fue:
a) Constituyente: dictó el reglamento de 1817 y la constitución de 1819;
b) legislativa: dictó numerosas leyes;
c) gubernamental: dio concretas instrucciones al Director Supremo;
d) judicial: revisó numerosos juicios.

El 24 de Mayo el Congreso eligió como Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón, diputado por San Luis. Decisiva fue la influencia de San Martín y Belgrano. San Martín alentó por todos sus medios la declaración de la Independencia. Belgrano sostuvo la necesidad de definir categóricamente nuestros vínculos con la corona española. El 9 de Julio se declaró la Independencia de los reyes de España y su metrópoli. El día 19 en el juramento se usó la expresión «del rey de España, Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera». El 25 de julio el Congreso adoptó oficialmente nuestra bandera azul y blanca.

El proyecto de monarquía y el espíritu democrático.
Debate y triunfo del espíritu democrático. Fray Justo de Santa María de Oro

La redacción de este punto del programa es propicio a equívocos. Para evitarlos es conveniente tener presente:

a) Los hechos deben ser interpretados de acuerdo a los criterios vigentes en la época y en las circunstancias en que se desarrollaron. Hoy, con razón, la forma monárquica nos parece inadecuada al país y lo es, porque sería contraria a las tradiciones nacionales y al sentir general. Tampoco sería la más adecuada a la dinámica sociopolítica contemporánea. No sucedía lo mismo en 1816. Los grandes países, con excepción de los Estados Unidos, eran monárquicos. Tampoco era la monarquía contraria a nuestras tradiciones.

Las Provincias Ultramarinas constituían el «Reino de Indias» que reconocía como monarca al Rey de Castilla y León. Caído Napoleón los pueblos europeos restauraban vigorosamente a sus monarquías. Los más ardientes defensores de la libertad propugnaban por la conversión de las monarquías patrimoniales en monarquías constitucionales. Eran muy pocos los defensores del sistema republicano.

b) Monarquía y democracia no son conceptos antagónicos. Democracia se opone a poder despótico o incontrolable. Significa que la soberanía reside en el pueblo. El pueblo puede usar su poder soberano y confiar el poder a un monarca, manteniendo en sí la facultad de controlar el uso del poder.

Monarquía se opone a república, no a democracia. República tampoco se identifica con democracia. Existen repúblicas oligárquicas y repúblicas totalitarias. Existen monarquías democráticas. Inglaterra, Bélgica, Holanda, etc., son monarquías democráticas. Rusia es una república totalitaria. 

c) La valoración del término democracia es característica de nuestra época. Con él queremos significar una forma de organización política y, más que eso, un régimen de organización sociopolítica basado en el respeto a la libertad, a la justicia y en el reconocimiento de la dignidad humana.
En 1816 el término democracia tenía otro significado. Se usaba para designar a los partidarios de un cambio violento del orden social, defensores del poder absoluto de las mayorías y en exaltada actitud antirreligiosa. Los miembros del Congreso de Tucumán se hubiesen indignado si los hubieran calificado de «democráticos». Sin embargo defendían las ideas y los valores que nutren a las actuales democracias.

— Declarada la Independencia el Congreso se ocupó de la forma de gobierno. En sesión secreta el 6 de Julio, Belgrano, invitado, informó sobre la situación existente en Europa y la actitud de los países respecto a estas Provincias Unidas. Sostuvo la conveniencia de establecer-una monarquía constitucional, a imitación de la de Inglaterra, representada por la dinastía de los Incas, estableciendo en el Cuzco la capital del Reino. Observó que en Europa había aversión a los regímenes republicanos y que una república encontraría dificultades en sus relaciones con otros países.

San Martín, Pueyrredón, Rivadavia, Paso eran claros partidarios del régimen monárquico para este país. También lo eran la mayor parte de los congresales. El 12 de julio comenzó el debate sobre la forma de gobierno, con predominio de la tendencia monárquica. El 15 los partidarios de la monarquía se toparon con la irreductible oposición de Fray Justo Santa María de Oro, diputado por la provincia de San Juan. Sostuvo Fray Justo Santa María que para decidir la forma de gobierno era menester una consulta previa a las provincias; que si se sancionaba la monarquía sin ese requisito, él se retiraría del Congreso.
El debate sobre la forma de gobierno prosiguió sin llegarse a resolución alguna.

— Dada la situación imperante en el país y por influencia de los diputados porteños el Congreso se trasladó a Buenos Aires, donde reanudó sus sesiones el 12 de mayo de 1817.

— El 2 de diciembre de 1817 el Congreso sancionó el «Reglamento Provisorio para la dirección y administración del Estado», que debía regir hasta la sanción de una constitución definitiva.

El Reglamento Provisorio es de marcada tendencia unitaria. El Congreso designa al «Director de Estado», el cual a su vez designa a los gobernadores de las provincias.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

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