Alectomancia: Adivinación del Destino Con Un Gallo

Alectomancia: Adivinación del Destino Con Un Gallo

ALECTOMANCIA: Del griego alektor, gallo. Antigua leyenda que supone que es posible encontrar en el estómago de algunos gallos una piedra con poderes mágicos. El que llega a poseerla adquiere un talismán con poderes esotéricos.

La expresión alectomancia surge de la unión de alektor gallo, con manteía, adivinación.

Una de las formas de proceder a presagiar el futuro con bastante precisión era poner un gallo en el centro de un círculo formado por granos, donde cada grano representaba una letra.

Se dejaba entonces que el gallo eligiera y tragara grano por grano, y esa sucesión de granos/letras iba formando palabras que simplemente indicaban el destino.

Era imprescindible que el porvenir pudiera explicarse con pocas letras, claro está.

Una de las historias más curiosas fue la de dos adivinadores que informaron que el sucesor del Emperador sería Teodoro, pues el gallo había levantado las letras/granos T, E O, D, O y con eso fue bastante.

Aunque el emperador fue Teodosio. ¡Qué cosa! Cerca anduvo el gallo, como aún hoy sucede con los gurúes de toda especie.

alectomancia con un gallo

La adivinación ha sido tema acuciante en todos los tiempos.

Adivino tiene una raíz divina, porque se consideraba al dotado como poseedor de un don otorgado por los dioses.

Los seres humanos, especialmente los poderosos, no tenían paciencia para esperar el resultado de sus actos, vivían rodeados de clarividentes y recurrían a todas las fórmulas posibles para adelantarse a los acontecimientos.

Quizá porque tenían poca fe en sus actos.

En la Biblia, en el Viejo Testamento y en otros documentos, hay varias menciones sobre diversas formas de adivinación que pasan por la revisión del hígado (hepatoscopia); por la interpretación de los sueños (oniromancia); por el nombre de las personas (onomancia); analizando la orina (uromancia); convocando a los muertos (necromancia o nigromancia); por medio de varas mágicas (rabdomancia); por las líneas del rostro (metoposcopia); por medio de naipes (cartomancia); practicada por una persona que caminaba en círculos hasta marearse y caer (giromancia): según donde apuntara su cabeza se obtenía una señal sobre el futuro; por las líneas de la palma de la mano (quiromancia); por el sonido que hacen las piedras preciosas (lecanomancia); adivinación practicada sobre la cabeza de un asno (cefalonomancia); por la visión de fenómenos aéreos, rayos, nubes, granizo (aeromancia); con la sal (alomancia); examen de los trazos que quedan en las uñas de los niños después de haber sido untadas con aceite y hollín (onicomancia); llenando la boca de un acusado con harina. Si la tragaba aunque con dificultades, era considerado inocente.

Si se ahogaba, era evidente su culpabilidad pues ya había muerto sentenciado por el juicio de la harina.

Hay incluso un sistema de adivinación por medio de las tempestades (ceraunomancia) y un ceraunomctro es un aparato para medir la intensidad de rayos y relámpagos, pero esto no es magia.

Un pasaje muy demostrativo es Génesis (40:9-41:46) cuando José interpreta los sueños del copero y el panadero del Faraón que habían sido encarcelados por el monarca.

El copero contó: «Yo soñé que delante de mí había una vid y tres sarmientos (vástago de la vid). Apenas la vid dio brotes, salieron sus flores y maduraron las uvas en sus racimos. La copa del Faraón estaba en mis manos. Tomé las uvas y las exprimí y entregué la copa al Faraón.

“José dijo: los tres racimos representan tres días.

En tres días el Faraón te indultará y tú pondrás la copa en sus manos como acostumbrabas a hacerlo cuando eras su copero.

“Entonces el panadero contó: yo tenía sobre mi cabeza tres canastos de mimbre llenos de panes y los pájaros comían de ellos. José respondió: las tres canastas representan tres días, cuando el Faraón te mandará matar y los pájaros se alimentarán de tus restos”.

“Así ocurrió tal como había adivinado José.

“Dos años después fue el propio Faraón quien soñó que él estaba junto al Nilo cuando vio subir a siete vacas hermosas y robustas.

Detrás, venían siete vacas feas y escuálidas que se comieron a las vacas gordas.

Luego volvió a dormirse y tuvo otro sueño: siete espigas grandes y lozanas salían de un mismo tallo.

Pero inmediatamente después brotaron siete espigas delgadas y quemadas por el viento.

Éstas se devoraron a las espigas grandes cargadas de granos.

A la mañana siguiente mandó llamar a todos los magos pero ninguno pudo dar Interpretación al sueño.

Entonces el copero liberado sugirió convocar al joven hebreo, José, y el Faraón mandó buscarlo. José interpretó el sueño advirtiéndole al Faraón que ambos representaban lo mismo.

Egipto tendría siete años de abundancia y luego siete años de hambre que asolarían al país.

La única salvación posible era designar a un hombre prudente y sabio que administrara las cosechas de los buenos años para solventar la hambruna.

El Faraón designó a José como la segunda autoridad del reino.

José acumuló durante los siete años de bonanza y juntó tantos granos ‘como la arena del mar’.

Y todos los países que sufrían hambre venían a Egipto para alimentarse. Y hasta los propios hermanos de José saciaron sus angustias cuando llegaron a pedirle ayuda”.

La expresión relacionada con los tiempos de vacas gordas y flacas ha llegado hasta nuestros días, así como la permanente necesidad de vislumbrar el porvenir, aunque como dicen los chinos:

“Es muy difícil hacer presagios. Especialmente sobre el futuro”.

Lo remarcable de José es que venía de una aventura muy compleja en Génesis (39:1).

El capitán de la guardia del Faraón, de nombre Putifar, confiaba tanto en él que lo dejaba ir y venir a su antojo y administrarlo todo. José además era apuesto.

La mujer de Putifar le echó los ojos e intentó conquistarlo, sin éxito. La mujer insistió tanto hasta que un día arrancó la capa de José y despechada, clamó que el joven había intentado seducirla.

Encarcelado que fue, su capacidad y la asistencia del Señor lo convirtieron también en el administrador de la prisión, hasta que llegó el tema de los sueños.

José terminó como primer ministro y luego gobernador de todo Egipto.

En aquellos tiempos ser un buen administrador de los bienes públicos ayudaba a vivir bien a todos.

Tiempos idos.

Fuente Consultada: Diccionario Insólito de Luis Melnik

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