División del Partido Radical UCR Irigoyen y Alvear Radicalismo



RADICALISMO: 1924 PERSONALISTAS CONTRA ANTIPERSONALISTAS

En 1922 los radicales ganaron las elecciones sin mayores dificultades. Pero en el interior de la UCR comenzó un debate sobre si debían continuarse —o no— las líneas de acción políticas, económicas y sociales puestas en práctica por Yrigoyen. Esta discusión reflejaba una lucha por el control del partido radical entre los diferentes sectores sociales que constituían su base electoral. Y el enfrentamiento se mantuvo durante toda la presidencia de Marcelo T. de Alvear, quien en octubre de 1922 asumió como presi-dente de la República.

El triunfo de la fórmula radical Marcelo T. de Alvear – Elpidio González ratificó la permanencia en el poder del radicalismo. Sin embargo, Alvear impuso su propio estilo y pronto se distanció de Yrigoyen; en el gabinete nacional el nuevo mandatario buscó incluir a políticos alejados de la postura del jefe del partido. Alvear estaba más cerca del antiguo liberalismo conservador que de Yrigoyen.

La división del radicalismo. En la etapa final del gobierno de Yrigoyen, dentro de la UCR surgió una división entre los que adherían casi ciegamente a la persona del caudillo (grupo al que se denominó yrigoyenista o personalista) y los que se oponían al centralismo del dirigente citado. Este último grupo, llamado antipersonalista (por su oposición al manejo personal que del partido y del gobierno hacía Yrigoyen), se núcleo en torno a Alvear, a quien el mismo Yrigoyen había apoyado como candidato, pensando en que sería un instrumento dócil de su propia política.

La división interna del radicalismo se convirtió en ruptura abierta desde setiembre de 1924; en las futuras elecciones presidenciales, ambos sectores presentarían listas separadas.

Los miembros de la élite (antipersonalista) exigieron el retorno a la legalidad constitucional. Desde su punto de vista, esto significaba que debían cesar las intervenciones federales a las provincias por simple decreto del Poder Ejecutivo, y que el gasto público debía estar bajo el control estricto del Congreso. Estas exigencias apuntaban directamente a debilitar la influencia de los poderosos caudillos barriales que aseguraban el apoyo popular a Yrigoyen, para —de este modo— debilitar el poder del ex presidente en la conducción del partido radical.

Los integrantes más conservadores del gobierno de Alvear propusieron una drástica reducción del gasto público destinado al mantenimiento de la numerosa burocracia administrativa, para hacer frente a otras necesidades financieras del Estado. Pero como esta medida significaba la pérdida de la principal fuente de apoyo partidario, el gobierno se propuso complementarla„tratando de aumentar sus ingresos fiscales.

Caras y caretas, division de la UCR

Así satirizaba «Caras y Caretas» en 1922 la desunión del partido radical.
La división del partido radical: yrigoyenistasy antipersonalistas».

Hacia fines de 1923, aumentó los aranceles aduaneros que debían pagar los productos importados. Esta decisión estaba relacionada, además, con un objetivo de política económica: impulsar el desarrollo de algunos sectores de la industria nacional, particularmente en la rama de la elaboración de alimentos.

FUENTE: CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR MARCELA FERRARI Historidora
Periódico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929



[…] Vicente Gallo (Ministro de Alvear) comprende que para desmantelar la máquina yrigoyenista hay que crear otra semejante, utilizar los recursos del Estado de manera prebendaria –como hizo Yrigoyen, pero a favor de su tendencia– e intervenir la provincia de Buenos Aires, la plaza más fuerte del yrigoyenismo. La estrategia fue acertada para alcanzar sus objetivos. Sin embargo, la negativa del Presidente –fundada en su vocación democrática– echó por tierra los planes del ministro, que renunció.

Estos resultados no eran previsibles el año pasado, cuando los antipersonalistas se escindieron del tronco partidario y provocaron un cimbronazo en la UCR. No es que el radicalismo, un gran paraguas político a cuyo apelativo nadie quiere renunciar y mucho menos desde que es gobierno, esté desacostumbrado a albergar distintas facciones. Por sólo remontarnos a la década de 1910, los múltiples colores con que éstas se identifican -entre los que se destacan el rojo (que convoca a los sectores más populares) y el azul (más conservador)- proliferaban en todos los distritos.

Muchas de ellas pululan todavía con otros nombres y atribuyéndose para sí el «verdadero» radicalismo.

Pero el año pasado los opositores a , Yrigoyen se reunieron en la Asamblea del Teatro Coliseo y proclamaron la formación de un nuevo partido, la UCR Antipersonalista. Institucionalizaron una división largamente anunciada. Los une el rechazo al personalismo demagógico, una práctica de conducción inconcebible en un partido orgánico, de principios y con un programa definido como, dicen, debería ser la UCR.

Son las mismas razones invocadas por Pedro C. Molina en 1910, un radicalprincipista que polemizó fuertemente con el líder y ya entonces se alejó del partido. A esos argumentos se suman reclamos de larga data: que los agentes de Yrigoyen intervienen en la selección de candidatos; que Elpidio González, actual vicepresidente, en 1922 se negó a incluir a adversarios internos en algunas comisiones del Senado; que Yrigoyen había arrasado la voluntad de los representantes al intervenir las provincias por decreto cuando el parlamento estaba en receso o cuando sus ministrosno asistían a las interpelaciones.

Ahora bien, saltan a la vista las dificultades de los antipersonalistas. Primero, son pocos. Tienen presencia en cada distrito pero en la mayor parte son minoritarios. Controlan situaciones provinciales a través de expresiones locales o regionales, como el bloquismo sanjuanino, el lencinismo mendo-cino y el antipersonalismo santafesino. También son fuertes en Santiago del Estero y Jujuy. Pero no pueden imponerse en el orden nacional. Segundo, no constituyen un partido homogéneo ni orgánico porque incluyen elementos sociales e ideológicos muy distintos.

Poco tienen que ver, por ejemplo, los caudillos populistas de Cuyo con la élite oligárquica a la que pertenecen algunos de sus referentes bonaerenses o con los muy conservadores y clericales cordobeses seguidores de Arturo M. Bas. Tercero, sus prácticas contradicen su discurso. Se imponen allí donde sus miembros manejan situaciones locales ofreciendo empleos públicos o prebendas y arman clientelas desde los comités. Es decir, repiten las prácticas que critican en sus adversarios.

En suma, el antipersonalismo no termina de constituirse como una opción política ni, menos aún, como un partido orgánico y disciplinado. El yrigoyenismo, con sus diferencias, sigue avanzando.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Fuentes Consultadas:
HISTORIA 3 La nación Argentina Miretzky-Mur-Ribas-Royo Editorial Kapelusz
El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929
HISTORIA Argentina y El Mundo Contemporáneo Alonso-Elisalde-Vázquez



Ver: Los Gobiernos Radicales

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