La Arquitectura Egipcia: Mastaba Hipogeos y Piramides Religion y Ciencia



Arquitectura en Egitpo Antiguo : Mastaba Hipogeos y Pirámides Religión y Ciencia

«Egipto es un regalo del Nilo»
   Herodoto

Comenzaremos con un simple resumen sobre el arte y arquitectura en Egipto antiguo, a los efectos de dar una somera idea sobre los tipos de monumentos que esta civilización supo construír y que se admiran hasta nuestros días. Luego mas abajo puede ampliar esta información con mas detalles.

TEMAS TRATADOS:
Arte Egipcio :
Estatua,
Pintura y
Escritura
Arquitectura Egipcia:
Mastabas
Templos
Tumbas
Pirámides

Arte Egipcio: A pesar de las múltiples variaciones y continuos enriquecimientos registrados en el transcurso de los siglos puede afirmarse que algunas características del arte egipcio han permanecido inmutables. Entre ellas, la afición al empleo de las grandes masas y de las proporciones gigantescas, el predominio de la línea recta y la maravillosa solidez de sus construcciones.

Arquitectura: Las más grandiosas y monumentales construcciones del mundo antiguo se hallan en Egipto. Entre ellas son dignos de mención sus monumentos Funerarios y sus Templos.

TUMBAS: Al principio, los egipcios enterraban sus difuntos en la arena, en sencillos féretros de madera Í orno ello no era suficiente para lograr la conservación de los cadáveres fueron protegiéndolos con edificios cada vez más grandiosos cutio los cuales se destacaban:

Las mastabas: Simples construcciones de forma rectangular, hechas con piedra lisa y sin mayores adornos .En un rincón de la misma se hallaba una lápida grabada, la que cerraba la boca de un profundo pozo lleno de piedras y de arena En su fondo se encontraba la cámara funeraria, con el ataúd, rodeado de diversos objetos.

Las pirámides: Como las mastabas no protegían a los difuntos de la codicia de los bandidos, los egipcios idearon construcciones cada vez más grandiosas y seguras. Así construyeron las pirámides, de las que aún se conservan más de un centenar.

Algunas entre ellas nos maravillan por su grandiosidad y han sido consideradas siempre como el prototipo de las más gigantescas obras humanas. Entre todas, sobresalen las construidas por los faraones de la 4° dinastía: la Gran Pirámide, de Keops, de 150 metros de altura; la de Kefrén, de 135, y la de Micerinos, de 65.



La Gran Pirámide tardó 30 años en construirse, y durante todo ese tiempo trabajaron en ella más de 100,000 hombres, reclutados entre los esclavos y los prisioneros de guerra. Las canteras de Arabia y de Libia proveyeron la abundante piedra: más de dos millones y medio de metros cúbicos..

Sus aristas están perfectamente orientadas hacia los puntos cardinales y de acuerdo a ciertas fórmulas cosmográficas, lo que hace suponer que al mismo tiempo que tumba, la Pirámide servia de observatorio astronómico. En su interior hay un verdadero laberinto de cámaras y galerías, muchas de ellas construidas para desorientar a los ladrones; y todas, ricamente adornadas con pinturas y obras de arte.

Los hipogeos: Tampoco las pirámides protegieron del asalto de los ladrones los restos de los faraones.

Por ello, a partir de la 6° dinastía se comenzó la construcción de tumbas subterráneas (hipogeos), excavadas en las laderas de las montañas y en lugares de difícil acceso. Eran inmensas galerías —algunas de más de 100 metros— abiertas en la roca y que conducían a suntuosas cámaras fúnebres, sostenidas por columnas, e igualmente recubiertas de pinturas y bajorrelieves con escenas de la vida del difunto.

En las numerosas antesalas que las precedían se depositaban las provisiones y objetos de valor. Luego se disimulaba y tapiaba la entrada de la tumba con grandes rocas.

Un interesantísimo conjunto de hipogeos construidos por los faraón de la 18° dinastía fueron descubiertos recientemente en las montaña cercanas de Tebas, en el lugar llamado desde entonces “Valle de lo. Reyes”.

Entre ellos, se ha hecho famoso el hipogeo de Tutankamón por haber sido encontrado casi intacto en 1922, por el arqueólogo Howard Carter.

TEMPLOS: Son igualmente famosos por su solidez y dimensión así como por la perfecta armonía de sus líneas. Todas las ciudad egipcias poseían sus templos; pero los más famosos Son los de Luksor y Karnac, construidos en las afueras de Tebas, en honor de Amón, enriquecidos espléndidamente por todos los faraones.

La distribución de los templos egipcios era, en general, muy parecida: se llegaba a ellos por una amplía avenida bordeada de esfinge es decir, de estatuas de animales con cabeza de hombres.

Al término de la avenida estaba la entrada, formada por dos grandes torreones en forma de pirámide truncada y paredes totalmente cubiertas de inscripciones y jeroglíficos.



Junto a estos baluartes, a ambos lados de la puerta, solía haber dos estatuas colosales del faraón constructor del templo, así como también dos obeliscos de una sola pieza y totalmente grabados.

Franqueada la entrada se llegaba a un patio interior rodeado por galerías cubiertas con tejado sostenido por columnas. A continuación estaba el templo propiamente dicho y que comprendía:

La Sala Hipóstila: Amplísima cámara dividida en varias naves por hileras de gruesas columnas. La parte central del techo era de mayor altura que las laterales.

La Sala de la Aparición: Allí se realizaban las ceremonias del culto, a ella sólo tenían acceso los nobles y personajes de la corte.

 La Sala del Misterio: Era el santuario, o morada del dios, y donde se guardaba su estatua y los tesoros que se le habían obsequiado. En  cámara a sólo penetraban el faraón y los sacerdotes encargados del servicio del ídolo.

Los templos egipcios y, en general, todas sus construcciones son verdaderas páginas de historia; en sus paredes y columnas se hallan grabados los jeroglíficos los, principales episodios de la vida del país.

Escultura: Gozó de las mismas cualidades características que la arquitectura gigantescas proporciones y extraordinaria consistencia o también sus mismos defectos: formas rígidas, carentes de expresividad y de soltura de miembros. Sin mayores detalles y totalmente simétricos.

En los bajorrelieves los artistas no aplican las leyes de la perspectiva para la distribución de los planos y representan, de un modo simplísimo de frente el cuerpo y de perfil los miembros y la cara.

escriba egipcio

Entre los mas notables aciertos de la escultura egipcia se halla la famosa estatua del Escriba sentado del Museo del Louvre de Paris, y el busto policromo de la reina Neferiti, en el Museo de Berlín.

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AMPLIACION DE LA ARQUITECTURA EN EGIPTO ANTIGUO

Los reyes de Egipto fueron grandes constructores, cifraban su gloria en erigir monumentos enormes, sobre todo templos para sus dioses y tumbas para ellos mismos.

Podían hacerlo, teniendo a su disposición buenos materiales y tantos hombres como se necesitaban.

Cuando un Faraón quería edificar, enviaba a sus arquitectos a buscar la piedra a la cadena montañosa que corre a lo largo del Nilo. Se escogía casi siempre, para construir los muros, caliza blanca o arenisca, porque son piedras fáciles de labrar.

Para los colosos, los obeliscos, los féretros, se iban a buscar, a las rocas que rodean ia catarata del Nilo, en Siena, bloques enormes de granito rosa o azulado.

La piedra era llevada hasta la orilla del Nilo, en el momento de la inundación, cuando el río llegaba al pie de la montaña.

Se ponía en una balsa que bajaba siguiendo la corriente y se desembarcaba lo más cerca posible del sitio donde se quería construir.

Volvíase entonces a cargar la piedra en una rastra. Cuadrillas de hombres, conducidas por capataces armados de palos, se enganchaban con cuerdas y la arrastraban sobre maderos untados de grasa.

Cuando se trataba de piedras grandes, tiraban a la vez varios centenares de obreros; éstos eran subditos del rey o prisioneros de guerra.

En los monumentos más antiguos, como las Pirámides, la piedra era tallada con mucho cuidado, los sillares se mantenían unidos sin necesidad de cemento alguno y la superficie se pulimentaba.

Los monumentos de Tebas, por el contrario, estaban enteramente cubiertos de estuco pintado con brillantes colores, de modo que tapaba en todas partes la piedra. Por eso no se tomaban el cuidado de tallar y pulimentar los sillares.

Querían los egipcios que sus monumentos fueran eternos, y evitaban cuanto hubiera podido hacerles menos resistentes.

Sabían construir bóvedas (se han encontrado en construcciones muy antiguas); pero sabían también que la bóveda acaba siempre por ceder a los empujes laterales.

Por eso no las han construido jamás en los buenos monumentos, y cubrían las paredes o las columnas con piedras colocadas horizontalmente.

RUINAS DE TEBAS

Egipto estaba cubierto de monumentos. Los había en todas las ciudades, pero en el Egipto inferior, casi todos han sido destruidos y no han quedado más que las Pirámides. Los monumentos de Tebas, por el contrario, no fueron destruidos.

La comarca había quedado tan desierta, que los monjes cristianos se retiraban a ella para vivir solos. Más tarde, llegaron felahs a levantar entre los templos chozas miserables, que han formado las dos aldeas de Luqsor y Karnak.

Ambas están en la orilla derecha del Nilo, a media hora de intervalo una de otra, y unidas por una avenida de dos kilómetros, empedrada con losas de granito que bordean dos filas de esfinges colosales con cabezas de ciervas.

Al otro lado del Nilo estaba el barrio de los cementerios, por el cual se iba a las tumbas abiertas en las rocas de la montaña líbica.

Hay allí todavía ruinas considerables, entre otras el templo de Seti, que comenzó este rey en memoria de su padre, y que continuó Ram-sés, el Ramesseum, cuyas paredes estaban cubiertas de pinturas que representaban las victorias de Ramsés.

En el patio había una estatua colosal de Ramsés sentado, de 18 metros de altura. A un kilómetro de allí está la aldea de Medinet-Abú, donde quedan las ruinas de tres grandes templos.

En 1799, la vanguardia del ejército francés llegaba delante de las ruinas de Tebas. Los soldados estaban abrumados de cansancio, de calor y de sed.

A la vista de aquellos monumentos grandiosos, olvidaron todo y empezaron a lanzar gritos y a batir palmas.

Desde entonces las ruinas han sido visitadas por millares de viajeros y todos han gozado la misma impresión. Lo que más efecto produce es la sala de columnas, hipóstila, de Karnak, que tiene 103 metros de largo por 51 de ancho.

DESCRIPCIÓN DE UN TEMPLO EGIPCIO

El templo se consideraba como la morada de un dios. Era necesario que estuviera al abrigo de los impuros y de los ladrones, y así se edificaba dentro del recinto cuadrado que formaba una muralla de ladrillo alta y gruesa.

Adosados a esta muralla estaban los almacenes de granos, de frutas, de aceite, de cervezas, las panaderías donde se hacía el pan de los sacerdotes y las tortas de los dioses, los talleres donde se fabricaban los perfumes, los vestidos y las alhajas de los ídolos.

Al lado estaban las casas habitadas por los sacerdotes y las cabanas que ocupaban los sirvientes del culto y sus familias.

Después de atravesar todo este barrio, se llegaba a una avenida enlosada a cuyos lados había dos filas de esfinges, estatuas colosales que representaban leones tendidos con cabeza humana (a veces también de carnero).

La avenida terminaba en un nuevo recinto, delante de una puerta.

Esta puerta estaba flanqueada por dos enormes torres en forma de pirámides truncadas, cubiertas de relieves e inscripciones; las de Karnak tenían más de 44 metros de altura, 113 de ancho y 15 de espesor.

Se las designa con el nombre griego de pilón. Delante de éste se alzaban dos grandes agujas de granito cubiertas de inscripciones, los obeliscos, de una sola pieza, de 20 a 30 metros de altura.

Estaban puestas sobre un pedestal y tenían en lo alto como adorno una especie de casquete de cobre que brillaba al sol. En 1836 se trajo a París uno de los obeliscos del templo de Luxor, el cual mide 23 metros de altura, y fue colocado en la gran plaza de la Concordia.

A ambos lados de la puerta, dos colosos de piedra sentados representaban al rey que había mandado hacer el monumento.

Una vez franqueada, se entraba en el patio que recorrían las procesiones los días de fiesta. En el fondo había otra puerta de madera preciosa, adornada con láminas de oro, que daba acceso al verdadero templo.

Se encontraba primero la gran sala de la aparición, cuyo techo sostenía columnas cubiertas de brillantes pinturas, y cuyo capitel afectaba la forma de flor de loto o de hojas de palma.

Por arriba penetraba un poco de luz. Allí se presentaban las ofrendas y se hacían los sacrificios, allí se reunían los sacerdotes.

Algunos fieles eran también admitidos para ver al dios salir del santuario como el sol. Los sacerdotes le llevaban a hombros, en un arca que representaba una barca.

En el fondo de esta sala se abría un vestíbulo que llevaba a la cámara del misterio, el verdadero santuario, en que algunos sacerdotes solamente tenían derecho a entrar.

Era más baja y reducida que la gran sala y completamente oscura. Allí reposaba la imagen del dios, ya en una barca de madera con adornos de oro, ya en una capillita de granito.

Finalmente, al lado o detrás del santuario, o también en el muro, había otras cámaras oscuras donde se guardaban el tesoro del templo y los objetos del culto.

LAS TUMBAS

Las antiguas tumbas egipcias, por ejemplo, las pirámides, se alzaban sobre el suelo. A partir de la XIIa dinastía, las tumbas fueron abiertas en la roca de la montaña. De esta suerte empezó la arquitectura subterránea.

Las tumbas más antiguas subterráneas son las de Beni-Hassán. Son grutas abiertas en la montaña, a media ladera.

Cubre la entrada una especie de alero que sostienen columnas con sus capiteles, talladas asimismo en la roca blanca. La mayor parte de las tumbas consisten en una sala única con un nicho profundo donde antes estaba la estatua del muerto.

Las paredes están cubiertas de pinturas que representan escenas de la vida de la época. Los colores estaban muy frescos cuando se descubrieron, pero desde que los guías conducen a los viajeros alumbrando con antorchas, están ennegrecidos por el humo.

La mayor parte de las tumbas subterráneas fueron hechas en tiempos de la XVIII  dinastía, en las montañas al occidente de Tebas.

En el espacio de una legua, la montaña está agujereada de arriba a abajo, a veces hasta cien metros de altura, por galerías tan hondas y estrechas que los griegos las comparaban con tubos de flauta y las llamaban siringas, flautas.

Se conocen veinticinco que son tumbas de reyes. Hay centenares de otras, sin contar aquellas cuya entrada no ha podido hallarse.

Da acceso a la tumba subterránea una puerta abierta en la roca. Comúnmente ha sido tapiada con piedras y arena para impedir que se viniera a turbar el reposo del muerto.

La galería principal se introduce en pendiente por la montaña hasta los 60 u 80 metros (la de la tumba de Ramsés III tiene 125 metros de larga).

Termina en la cámara donde estaba el sarcófago del muerto.

Las paredes y el techo están frecuentemente adornados, todo a lo largo, con relieves y pinturas. Todo ese enorme trabajo fue hecho a la luz de las antorchas, y estaba destinado a no ser visto nunca más que por el alma del rey muerto.

Se habían imaginado toda clase de procedimientos para despistar a los cuirosos o a los ladrones.

El explorador que descubrió la tumba de Seti I encontró primeramente una escalera y un pasillo, y luego otra escalera y otro pasillo.

Llegó a una cámara pequeña que terminaba en un pozo ancho y profundo, mandó que le bajaran y no descubrió ninguna abertura.

Pero por encima del pozo había una viga, y al otro lado del pozo el explorador vio un agujero practicado en una pared cubierta de pintura.

Por aquella viga y aquel agujero habían pasado los profanadores que descubrieron el secreto. En efecto, el agujero daba acceso a una nueva serie de pasillos y de salas, algunas de las cuales habían sido tapiadas.

Se llegaba ai fin a una cámara donde había un sarcófago de alabastro. Este sarcófago no era quizá todavía el verdadero, porque el suelo por debajo sonaba a hueco, y haciendo un agujero se encontró la entrada de una escalera, que llevaba a un pasillo que bajaba rápidamente.

No fue posible seguirle más que unos cuarenta metros, porque el resto estaba obstruido por un derrumbamiento.

ESTATUAS

Hubo en Egipto escultores muy hábiles. No sabemos sus nombres, pero podemos juzgarles por sus obras.

En las tumbas de los alrededores de Memfis se han encontrado muchas estatuas de piedra o de madera que son evidentemente retratos del muerto.

Las más antiguas, las estatuas de piedra del sacerdote Sepa y de su mujer Nesa, que datan probablemente de los primeros tiempos de la IIIa dinastía, están todavía algo mal hechas, pero las estatuas de piedra de Ra-ho-tep, general de infantería, y de Nefert, su mujer o su hermana, que son de los últimos tiempos de la IIIa dinastía, resultan notables por la gracia del cuerpo y la belleza de los rostros.

De todas las estatuas egipcias hasta el presente conocidas las dos más animadas pertenecen a la época de la Va o la VIa dinastía. Una, de madera, que está en el museo del Cairo, representa a un hombre de pie con un bastón en la mano.

Tiene la cara redonda y sonriente, y parece que mira al que le contempla.

Se la ha llamado el Cheik-el-Beled.

La otra está en el museo del Louvre. Es un escriba sentado en el suelo con un papiro encima de las piernas y una caña en la mano, en disposición de escribir. El rostro delgado y enjuto parece vivo.

Los ojos están hechos con un pedazo de cuarzo blanco en el cual se ha puesto una niña de cristal y en medio un botoncito metálico. Las cejas y los párpados están imitados con una lámina de bronce.

Se han encontrado también muchas graciosas estatuas que representan mujeres amasando la harina para hacer pan.

Desde los tiempos más antiguos, los egipcios han hecho estatuas de dioses o de reyes. Para indicar que eran superiores a los demás hombres, los representaban con estatura de gigante. Son asas estatuas gigantescas que se llaman colosos. La esfinge, por ejemplo, es un coloso de dios.

Por lo común, los colosos más antiguos han sido rotos. Esto ha ocurrido a la estatua célebre de Memnón. Sobre todo en Tebas, y a partir de la XVIII  dinastía, los reyes han tenido afición a los colosos. Los han colocado delante de todos los grandes templos, a ambos lados de la puerta de entrada, los han puesto en

los patios. En Luqsor se han sacado los restos de diez de ellos. Estos colosos representan casi todos a un rey sentado y con vestidura sagrada, ambas manos apoyadas en las piernas y la cara sin expresión.

El más grande tiene 20 metros de altura y son de piedra muy dura y pulimentada.

Los escultores no tenían para tallarlos más que instrumentos de bronce y de piedra, lo cual hacía el trabajo penoso y muy largo y les obligaba a dar a sus estatuas formas redondeadas y un tanto pesadas.

PINTURA

Los egipcios cubrieron de pinturas sus monumentos y sus momias, pero jamás hicieron nada parecido a nuestros cuadros modernos. Sus pinturas no eran más que dibujos iluminados.

Se hacían con pincel y los colores se desleían en agua y una especie de goma. Eran muy brillantes, y aun cuando cuentan tres o cuatro mil años, se han conservado muy frescos.

ESCRITURA EGIPCIA

Desde los tiempos más remotos, los egipcios sabían escribir. Ignoramos cuándo habían aprendido a hacerlo. (Ver: Historia de la Escritura)

Su escritura consistió primeramente en la representación de los objetos mismos que se quería designar, y así, para escribir hombre, se dibujaba un hombre; para significar pájaro, se hacía un pájaro. Por esto la mayor parte de los signos egipcios son pequeños dibujos y representan hombres, instrumentos, ojos, gavilanes, ibis, gansos, cabezas de animales, etc.

Estos signos se conservaron para las inscripciones de los monumentos, que se grababan cuidadosamente, y se llaman jeroglíficos. Pero variaron de significación, y en vez de representar las palabras que expresan, no significaron más que la primera letra o la primera sílaba.

Un gavilán significa E, un león echado L, un ganso S. Pero hay varios signos que designan la misma letra y muchos otros que han seguido significando, no una letra, sino una palabra entera.

La escritura se compone de varios centenares de signos y es bastante difícil de descifrar.

Y como cada signo estaba completamente separado de los demás, se podía escribir indiferentemente de izquierda a derecha o de derecha a izquierda.

Se empleaba mucho tiempo para dibujar los jeroglíficos, y así, cuando los egipcios necesitaron escribir de prisa transformaron los signos de modo que resultaran más sencillos.

De esta suerte se formó la escritura hierática. se escribía en papiro con una caña cortada y entintada, de derecha a izquierda.

Después de la XXI dinastía se inventó otra escritura, más sencilla aún, para los libros de comercio, escritura que se llama demótica. Era más fácil de escribir, pero más difícil de descifrar.

Fuente Consultada: Tomo I de Enciclopedia Historia Universal Ilustrada de Charles Seignobos – Editorial Publinter Bs.As. Entrada: Historia de Egipto

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