Flora y Fauna de América Animales y Plantas Que Habitan América



Flora y Fauna de América

El macizo montañoso americano, que se extiende desde Alaska hasta el extremo más meridional del continente, es el lugar de residencia de una infinidad de plantas y de animales. Esta extensión de territorio se divide en diversas provincias botánicas, todas ellas dotadas de reservas naturales. La flora y la fauna difieren bastante según el clima, la altura y la latitud de cada zona  botánica.

En América, la cadena de montañas parte de Alaska, en el norte extremo, y desciende a través de Canadá y de Estados Unidos hasta México. A continuación, atravesando América central, llega hasta América del Sur, que bordea en toda su longitud hasta su extremidad austral. Esta cordillera, que va casi de polo a polo, contiene un mundo maravilloso e incalculable de plantas y de animales.

La gran variedad de fauna y flora se explica, en efecto, en gran parte por las zonas climáticas por las que se extiende.

Se encuentra en ella la selva virgen y también la tundra; bosques de coniferas y bosques de árboles de hoja caduca; una lujuriante vegetación alternando con áridas estepas e incluso desiertos. Cada uno de estos medios botánicos alberga a determinados animales cuyo comportamiento es posible observar en su medio natural.

Tundra en America

En el norte extremo, en el complejo ártico de Alaska, se desarrolla el mundo propio de la tundra. Sin embargo, ya allí encontramos bosques. En primer lugar, bosques de coníferas en Canadá, entre los que dominan los abetos blancos, los pinos weymouth y los hemlock.

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Abetos

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Pinos Weymouth



Más al sur, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, abordamos la región mixta de los abetos y de los árboles de hoja caduca. El pino amarillo y el abeto Douglas son característicos de estas regiones. Todavía más al sur, en California, crecen los gigantes del bosque, las secoyas, cuya altura sobrepasa a menudo los cien metros.

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Secoyas

En cada uno de estos sectores vegetales la fauna está abundantemente representada: rumiantes, fieras, roedores, aves, reptiles, insectos escapan a todo intento de establecer un censo de los mismos. El oso es, indudablemente, huésped habitual de las montañas, desde Alaska hasta México.

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Oso Gris

En el norte extremo hallamos al oso polar y más al sur a los macizos osos pardos que pueden llegar a pesar hasta 450 kg. El oso negro, el baribal, que jamás abandona el bosque, es un animal simpático; es relativamente pequeño y su peso no excede de 180 kg. Es muy retozón y guarda más de un truco en su talego.

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Oso Polar

Muy originales son los carneros de las nieves de Alaska, que viven en pequeños rebaños y se desplazan por las partes libres de arbolado de las cordilleras. Debido a su vellón, blanco como la nieve, se distinguen perfectamente contra la masa sombría de las rocas. La gamuza de las nieves, que habita también en las montañas desde Alaska hasta el norte de Idaho, es un excelente trepador y saltador.



El alce, el mayor representante de los cérvidos, es también uno de los huéspedes habituales de los bosques norteamericanos, mientras que en el extremo norte los lobos constituyen una grave amenaza para los renos.

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Alce

Las montañas Rocosas de Estados Unidos constituyen, desde el punto de vista de la geofísica, un territorio particularmente instructivo. Este macizo se extiende sobre más de dos mil kilómetros y es por ello muy rico en medios diferentes. Piensa, por ejemplo, en las mesetas de los estados de Idaho, de Utah, de Nevada y de Arizona, que siguen estando prácticamente deshabitadas debido a su enorme sequedad. Allí domina una estepa típica con toda clase de plantas crasas y de manojos de hierbas duras y picantes.

Esta curiosa asociación de plantas se completa con algunos matorrales desmedrados. Los americanos llaman a esta magra vegetación scrub, y chaparral a la vegetación de matorral y de plantas espinosas de hojas coriáceas propias del Mediterráneo y que también se encuentran allí.

Nevada, situado en el corazón de las montañas Rocosas, es el estado más desértico de Estados Unidos. El sensacional filme de Walt Disney La gran pradera prueba, sin embargo, que este estado no deja de poseer por ello una fauna rica y variada. En ese desierto se encuentran a menudo árboles petrificados, vestigio de la vegetación lujuriante de tiempos que pertenecen a épocas desaparecidas hace mucho.

En sectores menos áridos de las montañas Rocosas se encuentran como en su casa los osos grises, las cabras salvajes y los ciervos Wapiti. Allí vive también el lince, que se dedica a dar caza a los pájaros, a los ratones y a todos los animales de corta talla.

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Ciervo Wapiti

En México, y hasta una altura de 1.800 m, domina un mundo subtropical de estepa herbosa y arbustiva que se caracteriza por los agaves y los cactos. Hay quien califica a los cactos de «puerco-espines del mundo vegetal».



Hay numerosas especies de cactos, tanto grandes como pequeños. Entre los primeros es preciso nombrar los cactosirios, que pueden llegar a medir de 7 a 8 m de altura y que se utilizan a veces para hacer cercas. Los agaves y las yucas son también muy numerosos en las altiplanicies desérticas, de las que constituyen una atractiva decoración.

Muy típicos son también los cirios, que pueden alcanzar la edad de dos a tres siglos; sus flores son del color de la tierra de Siena y de un decímetro de diámetro.

Más arriba de los Andes, entre los 1500 y los 3.000 m, los bosques están poblados de palmeras reales, quinos, árboles de la cola y otras especies.

Allí encontramos, por ejemplo, la gran malva, con sus flores estriadas de color rojo oscuro. Algunas bromeliáceas se hacen notar por su forma de vivir; son plantas epífitas agarradas a los árboles de la selva tropical. Pero no todas las bromeliáceas son epífitas: la puya brota entre las piedras o en las grietas de los farallones; exuda una goma: el chugual.

Mayor aún es la diversidad de la fauna que puebla los Andes. Enumeremos las serpientes, los perezosos, los monos, los pumas, las aves… La mayor ave de presa de la región, el cóndor, tiene una envergadura de unos tres metros.

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