Estrada José Manuel Ideas Pedagogidas y Educativas Biografía



Biografía de Estrada José Manuel – Ideas Pedagógidas
17 de Septiembre: «Día del Maestro»

En memoria del fallecimiento de José Manuel Estrada, (13/07/1842- 17/09/1894), se celebra el Día del Profesor. José M. Estrada fue un fecundo profesor, pero también exquisito orador, eximio escritor, periodista y educador integral.

LA EDUCACIÓN LEGAL EN ARGENTINA: JOSÉ MANUEL ESTRADA

José Manuel Estrada (1842-1894). Publicista, historiador, parlamentario, José Manuel Estrada ha sido, por excelencia, un maestro, un conductor de la juventud. Actuó en la docencia secundaria y universitaria y en. el gobierno de la enseñanza. Fue un gran orador y un activo periodista. Difundió sus ideas a través de sus artículos periodísticos y de sus discursos, «conferencias» de derecho constitucional y «lecciones» de historia argentina.

Ejerció la docencia como una gran vocación. Por eso, al despedirse de sus discípulos de la Facultad de Derecho pudo decir: «Ha sido para mí la enseñanza un altísimo ministerio social a cuyo desempeño he sacrificado el brillo de la vida y las solicitaciones de la fortuna, el tiempo, el reposo, la salud, y en momentos amargos mi paz y la alegría de mi familia».

Para Estrada la educación tiene un fin eminentemente moral, pues ella lleva a la perfección, que es el destino del hombre. «El hombre marcha hacia Dios, por medio de la verdad.» Tiene además un fin social, porque la comunidad requiere que los individuos que la componen participen activamente en el intercambio recíproco del pensamiento y el esfuerzo. Y, por fin, la educación es un deber cívico en toda democracia, por cuanto, merced a ella, se habilita al ciudadano para ejercer sus derechos.

Reconoce Estrada que la sociedad ejerce una extraordinaria influencia como agente educador. «La sociedad -dice educa no sólo por las ideas que infunde, sino por la labor que suscita. Educa con su halago, y más aún, con sus torturas.» Pero el hombre no puede entregarse, sin violar la ley de su responsabilidad directa, a la influencia de las sugestiones ajenas abdicando de su personalidad. La educación es esencialmente personal en su objeto.

Todo hombre ha de esforzarse por destacar su individualidad, por conocer su personalidad sustraída de las influencias externas y ser árbitro de él mismo, autor responsable y libre de su propio destino. Considera que no es sino un propósito quimérico el pretender difundir las luces en toda la masa del pueblo mediante las escuelas populares. La enseñanza primaria no ha de limitarse a los rudimentos de la lectura y escritura, pero tampoco puede tener un carácter enciclopédico, circunscribiendo sus fines a la mera disciplina intelectual.

Su misión debe ser más formativa que informativa. La escuela popular tiene un fin esencialmente educativo y disciplinario. En consecuencia, ella debe incorporar a este propósito los elementos morales y el elemento religioso, «sin el cual la moralidad ni reconoce fuentes ni tiene criterio ni trae vigor a las conciencias ni lleva sanciones que la aseguren y fertilicen».

Ardiente defensor de la libertad de enseñanza, a la que consideró necesaria en todo régimen político democrático, condenó Estrada el monopolio del Estado. A juicio de nuestro autor el Estado, órgano de la sociedad para conservar el orden’ jurídico en el interior y para representar al país en el extranjero, no tiene como función primordial y exclusiva la enseñanza.

Ésta corresponde en primer término a los padres, a la familia, a las corporaciones científicas, a los organismos adecuados de la sociedad. Sólo cuando la acción privada falta o es insuficiente o débil, el Estado, encargado de promover el bienestar colectivo, debe intervenir para suplirla, ayudarla o estimularla.



Ahora bien, hemos de dejar sentado que la libertad de enseñanza que Estrada propugnaba no era la libertad ilimitada y absoluta del docente para impartir a la juventud cualquier género de ideas, sino que era la libertad restringida por la verdad moral, la que se desarrolla dentro de los límites impuestos por los preceptos divinos y humanos y por el orden público y en su sentir, el único ambiente propicio para el imperio de una verdad rectamente entendida era el orden cristiano; mientras éste subsista en las instituciones, «la verdad permanecerá incólume en su eterna hermosura, siempre antigua y siempre nueva, y las naciones crecerán preservadas de aquella anarquía de los espíritus, subsiguiente a la difusión del error, que disloca la armonía civil, desmoraliza los individuos y bastardea o destruye las civilizaciones».

Estrada fue uno de los más decididos opositores de la neutralidad religiosa de la escuela popular. Considerando que la gratuidad de la enseñanza no existe, que es una palabra sin sentido cuando el impuesto es la única fuente del tesoro público, afirma que el establecimiento de la escuela neutra, nominalmente gratuita, obliga a los cristianos a costear una educación de la que no se benefician, además de costear escuelas subordinadas a la religión en que educan a sus hijos. Al proclamar la neutralidad de la enseñanza religiosa, el Estado, sostiene, infiere un agravio a la conciencia cristiana.

José Manuel Estrada: Los alumnos de la Facultad de Ciencias Jurídicas quedaban extasiados con la palabra, a la vez apasionada y serena, de un profesor de espaciosa frente, sobre la cual caían, al desgaire, mechones de su abundante cabellera.

Estrada era un gigante de la oratoria, y la blandía a su antojo, como la maza de un coloso mitológico para derribar las murallas de los sofismas y argucias adversarios. Al fluir de su palabra se hace siempre la luz en su auditorio.

Sus discípulos lo amaron, porque de él recibieron la verdad torrentosa, cargada de ímpetus soberbios. Los doce tomos de sus trabajos literarios lo definen como un orador por antonomasia; sus más brillantes conferencias académicas las pronunció de 1870 a 1880 y sus más famosos discursos populares entre 1880 y 1890.

Su catolicismo le venía de la cuna. Huérfano de madre a los pocos años, se crió junto a su abuela, doña Carmen de Liniers, hija del famoso virrey de Buenos Aires. De la hija del ilustre francés heredó la tradición racial y religiosa de los antiguos tiempos argentinos. El excelso fray Buenaventura Hidalgo, del colegio franciscano de Buenos Aires, lo orientó en Filosofía y Humanidades; Manuel Pinto lo inició en el conocimiento de la Historia.

En 1858, Estrada se presentó al Liceo Literario con un trabajo sobre el Descubrimiento de América, que obtuvo el premio y consagró su precocidad para las letras y la historia.

«Génesis de nuestra raza», escrito para refutar al profesor Minelli, que negaba la creación del hombre por Dios, constituyó su primer trabajo de aliento y lo reveló como un polemista de fuste. Sus obras juveniles fueron: «Signum foederis» (1859), «El génesis de nuestra raza» (1861), «El catolicismo y la democracia» (1862).

«Lecciones sobre la historia de la República Argentina» (conferencia). «La política liberal bajo la tiranía de Rosas» (1874) y el «Derecho Constitucional» (clases) fueron sus obras de la madurez.

Estrada nació en Buenos Aires el 13 de julio de 1842 y falleció en Asunción (Paraguay) el 17 de setiembre de 1894.



Fuente Consultada: Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.

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BIOGRAFÍA DE JOSÉ MANUEL ESTRADA:

Nació en Buenos Aires el 13 de julio de 1842, siendo sus padres D. José Manuel Estrada Barquin, caballero porteño, y doña María Rosario Peri-chón de Vandeuil y Liniers, dama de distinguida estirpe, descendiente del héroe de la Reconquista y con extensas vinculaciones de parentezco en la sociedad porteña, los que se desposaron en esta ciudad el 29 de julio de 1840. A los nueve años, Estrada quedó huérfano de madre, encargándose de su cuidado su abuela doña Carmen de Liniers, quien supo llenar con su ternura el lugar que ocupara la madre en el corazón de aquel niño cruelmente castigado por su temprana orfandad.

jose manuel estrada

Curioso ha resultado siempre para los biógrafos de Estrada la influencia que el hogar paterno ejerció sobre su espíritu. Desde muy niño reveló Estrada una predilección singular por el estudio. Terminado el curso primario de sus estudios, entre los años 1854 y 1858 cursó el bachillerato, pasando de inmediato a realizar estudios filosóficos, teológicos y de humanidades. Estas tareas fueron alternadas con ejercicios de oratoria, por los que Estrada reveló particular predilección.

En torneos de dialéctica, celebrados con carácter privado y sin otro auditorio que sus maestros, asomaba ya el elegante giro retórico, la profundidad del pensamiento, todo ello puesto al servicio de arduos problemas morales ó religiosos.

A los 16 años, Estrada poseía conocimientos extraordinarios para su edad, siendo admirable su versación teológica y su erudición histórica. Su precocidad intelectual era notable, al extremo que alguien ha afirmado que no ha tenido parecido entre los hombres de nuestro país. La fama del talento de Estrada cundió rápidamente en Buenos Aires, cuya sociedad en aquel entonces era pequeña. No por esto se envaneció el joven aventajado, pues por el contrario, su naciente notoriedad prestóle nuevos bríos para proseguir sus estudios.

En 1858 en el Liceo Literario se abrió un concurso con el fin de premiar al mejor trabajo sobre el certamen. Fue su primer triunfo y él significó su consagración. Había conquistado un puesto de primera fila entre la juventud pensante de la época, y sus cualidades excepcionales y su perseverancia de trabajador infatigable, augurábanle un brillante porvenir.

El eminente orador Dr. Pedro Goyena, gran admirador de Estrada, en un artículo publicado en la «Revista Argentina», Tomo VI, pág.97, de 1870, refiriéndose al trabajo premiado en el Liceo Literario: «… con tal obra reveló el novel autor poseer un espíritu capaz de elevarse a grandes concepciones y dotado de una sensibilidad en armonía con su inteligencia».



Después de su primer triunfo, la producción literaria de Estrada fue incesante.

Entre 1859 y 61, antes de cumplir los 20 años, fue redactor de los periódicos «La Guirnalda», «Las Novedades» y «La Paz«.

De esta época ss una producción de Estrada, titulada: «Signum Faederis«,opúsculo escrito en circunstancias en que Buenos Aires hallábase en guerra con la Confederación, siendo el nervio de esta composición un llamamiento de Estrada a los sentimientos argentinos de fraternidad. Por ser un trabajo casi desconocido, se transcriben dos o tres párrafos del mismo:

«La solidaridad argentina debe ser una verdad. Todos nosotros representamos una sola idea y una sola personalidad en este mundo. Nos necesitamos unos a otros porque nuestros intereses están ligados por incorruptibles vínculos de sangre».

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«Tiempo es de abandonar las mezquinas teóricas del provincionalismo. «Las tradiciones son comunes, lo mismo los dolores que las epopeyas gloriosas. Somos una sola entidad universal. El que es amigo o enemigo de Buenos Aires lo es de toda la República».

«El crédito y el descrédito, la garantía y la violavilidad son comunes. Divididos nada importamos: somos una farsa de República».

«Por más que Buenos Aires avance en el glorioso camino del progreso mientras tadas las provincias de la Nación no avancen a la par, el extranjero solo verá en nosotros un mal plantel de sociedad. Buenos Aires se debe a sus hermanas como éstas a él» .

No podía pedirse un concepto político más claro y acertado en un joven de 17 años. Estos párrafos claramente exteriorizan la intelectualidad de Estrada.

También se especializó en temas religiosos: en 1861, a raíz de ciertos conceptos antirreligiosos vertidos por el profesor Gustavo Minell desde su cátedra de la Facultad, sostuvo una apasionada polémica, y a raíz de esta controversia, escribió un alegato titulado «El génesis de nuestra raza«, llamado a destruir las doctrinas de su contrincante. Después produjo «El origen de la humanidad» y «La misión del Nuevo Mundo«, escritas ambas, antes que su autor cumpliera los 25 años.

En 1866 publicó en dos tomos la obra que puede considerarse fundamental en su carrera literaria: «Lecciones de historia de la República Argentina». A esta siguióle «Fragmentos históricos«, «La política liberal bajo la tiranía de Rosas«, en el año 1873 y entre 1878 y 1880 dió a la publicidad el «Curso de Derecho Constitucional» en tres tomos.

La labor literaria de Estrada comprende además un volumen de escritos juveniles, tres volúmenes de artículos periodísticos y literarios y uno de discursos, y «Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros del Paraguay en el siglo XVIII«.

Como periodista, además de su tarea mencionada, en 1873 fundó «El Argentino» y poco después la «Revista Argentina«, que siguió publicando hasta 1882, y en este año «La Unión«, luchando en ella por los principios cristianos, en contra de la irrupción del liberalismo; lucha que le valió la destitución de la cátedra que desempeñaba en la Universidad, la que no había querido abandonar, ni en cambio de altas posiciones políticas que le brindara su amigo, el ilustre Presidente Nicolás Avellaneda.

La cátedra que desempeñaba en la Facultad era la de Derecho Constitucional. Desempeñó en el Colegio Nacional Central la cátedra de Hstoria Argentina, Economía Política e Instrucción Cívica.

Entre los años 1869 y 70, Estrada desempeñó el cargo de Jefe del Departamento de Escuelas, escribiendo por aquel entonces «La memoria sobre la educación camún en la Provincia de Buenos Aires».

En este libro Estrada esbozó un plan de educación católica para la enseñanza primaria, secundaria y universitaria, ideal por el cual bregó toda su vida. En 1871 formó parte de la Convención Constituyente de la Provincia y en 1887 ejerció el cargo de Diputado, tocándole actuar en los debates a que dio lugar la sanción de la Ley del Matrimonio Civil y el problema de la educación laica.

Desde 1882 a 1889 trabajó con ahinco en la formación de un partido católico militante, denominado «Asociación Católica«.

En 1887 después de una vida fecunda para el bien y de constantes servicios para el país, su salud comenzó a declinar, atacado por una terrible enfermedad. No obstante esto, aún prestó eficientes servicios a la República, cuyo Gobierno le designó Ministro Plenipotenciario en la Asunción del Paraguay, puesto en el cual inició un completo tratado de amistad, comercio y navegación y en el cual sorpredió la muerte el 17 de septiembre de 1894, fallecido en la capital paraguaya.

D. José Manuel Estrada contrajo matrimonio el 14 de marzo de 1868 con doña Elena Esteves Rubio, hija de Miguel Esteves Seguí, abogado, diputado y senador del Estado de Buenos Aires, etc.; y de Juana Rubio y Sarratea.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938)

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