Historia Desarrollo Industrial en America Latina



Historia Desarrollo Industrial en América Latina

La industrialización de América Latina
La crisis del 30, al provocar la contracción de la economía en los países industrializados, redujo el volumen de sus importaciones. Así los países no industrializados, imposibilitados por carencia de recursos de seguir comprando en el exterior los bienes manufacturados, trataron de sustituir con producción interna sus necesidades más urgentes: es el denominado proceso de «sustitución de importaciones», que en algunos casos se prolonga hasta nuestros días.

Este desarrollo industrial es una maniobra defensiva de los sectores oligárquicos para poder conservar algunas reservas provenientes de un sector exportador con dificultades en su desarrollo: comprar menos para que quede algo de las pocas divisas que entran.

Esta sustitución coincide con la merma objetiva en la afluencia de productos manufacturados del centro a la periferia, y por lo tanto, en esta etapa, no afecta los intereses vitales de la potencia hegemónica. Es esta situación la que para Mauro Marini explica que en esa etapa se verifique, más allá de desajustes parciales, un pacto en provecho mutuo de la tradicional burguesía agrario -mercantil y la burguesía industrial ascendente, que tiene como consigna la diversificación productiva.

En esta etapa los Estados Unidos se transforman en el centro del mundo de la postguerra y participan en la sustitución de importaciones al realizar inversiones directas en el sector industrial, ver el cuadro de abajo.

Se marcha entonces hacia una nueva forma de división internacional del trabajo, en donde los centros hegemónicos se reservan, porque les es más rentable, la producción de mercancías que requieren una mayor densidad de capital y una tecnología más refinada y adjudican a los países latinoamericanos la producción en industrias manufactureras livianas, el procesamiento de los materiales alimenticios nativos y, por supuesto, la continuidad de las industrias extractivas.

Todo esto realizado con el control directo o indirecto de las corporaciones multinacionales. Entre 1951 y 1962, las inversiones en manufacturas crecen un 31 %, en tanto las petroleras lo hacen en un 33 %. Estos datos demuestran que «las inversiones americanas (y el capital extranjero en general), no sólo han tendido a penetrar más profundamente en América Latina, sino que se han integrado cada vez más en el sector industrial.

La distribución de estos datos por países mostraría sin lugar a dudas que las aún importantes inversiones en el sector primario (agricultura, ganadería, minería), y de comercio, que representan el 36 % del total en 1951 – 62, se encuentran en países menos desarrollados. Por otra parte, las inversiones de petróleo se encuentran principalmente en Venezuela. En los países en desarrollo las inversiones se alojan especialmente en la manufactura».

Desnacionalización de las industrias latinoamericanas
Esta tendencia inversionista en manufacturas no implica en absoluto una reducción de la dependencia con respecto a las potencias hegemónicas del sistema internacional capitalista. En primer lugar, téngase en cuenta que la industria sustitutiva, si bien limita la necesidad de ciertas importaciones, conduce a la necesidad de importar materias primas sintéticas y otros insumos de los países desarrollados, que conservan el monopolio tecnológico. Por otra parte, pese a las inversiones en manufacturas, se crea otra forma de división internacional del trabajo. Ahora los centros imperiales se reservan el monopolio de aquellas formas de producción que exigen tecnologías de avanzada.

Esto es, manteniendo el monopolio técnico en la electrónica, los sintéticos, la cibernética y la automatización en general, etc., la metrópolis puede abandonar (en algunos casos) el monopolio de industrias tradicionales sin perder el papel central en la economía.



Hay que señalar, además, que en el caso de los Estados Unidos, como consecuencia del acelerado e incesante ritmo de las innovaciones tecnológicas, se crea el grave problema de los cuantiosos equipos obsoletos al poco tiempo de su puesta en marcha. Un proceso de industrialización sustitutiva en América Latina crea entonces la posibilidad de exportar tales equipos bajo la forma de inversión directa.

Lo, más importante, en cuanto a la nueva estructura inversionista de los Estados Unidos y otras potencias del sistema capitalista internacional, es la tendencia de la desnacionalización de las industrias y las economías locales. Las grandes corporaciones multinacionales, que internacionalizan su producción, gracias al apoyo de sus poderosas matrices, fácil acceso a los mercados financieros, moderna y costosa tecnología, dominio de los canales de comercialización y medios de transporte, tienden a absorber las industrias locales —o a desplazarlas hasta aniquilarlas— y a establecer monopolios virtuales en sus ramos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1

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