Biografia Hipolito Irigoyen Primer Presidente Argentino Elegido



Biografía Hipólito Irigoyen Primer Presidente Argentino Elegido Por Votos

Hipólito Yrigoyen: El primer Presidente de los argentinos:

La política fue la pasión de Hipólito Yrigoyen. A ella dedicó todos sus esfuerzos y por eso su biografía es, al mismo tiempo, la historia de su actuación pública y la de una importante etapa en la vida nacional.En dos ocasiones se desenvolvió como Presidente de la Nación Argentina, pero lo que más se destaca de este aspecto es que Hipólito Yrigoyen fue el primer mandatario argentino elegido a través del sufragio popular.

Desde siempre ha sido considerado un prócer de nuestro país, y algunas de sus más célebres frases continúan en la conciencia colectiva del pueblo, como cuando aseguró: “Los hombres deben ser sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos”, o bien cuando señaló: “Un carácter templado para la adversidad; sereno en la lucha y magnánimo en la victoria (…) Un alma recia para no embotarse en los dardos de las perfidias, un gran espíritu de sacrificio y una alta conciencia del deber”, tratando de definirse a sí mismo. Yrigoyen llegó a este mundo el 12 de julio de 1852 en la Ciudad de Buenos Aires, su infancia fue la de un chico solitario; es posible que por entonces comenzara a formarse su carácter reconcentrado.

Ayudado por su tío Leandro Alem —su guía y modelo— cursa la escuela secundaria, que solo abandona transitoriamente para trabajar con su padre y en una tienda cuando su protector combate en la guerra del Paraguay. A los 20 años, y quizás por influencia de Alem, nombran a Hipólito comisario de policía.

A pesar de tener desde pequeño una fuerte inclinación por los estudios, que durante su adolescencia lo llevaron a cursar la carrera de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, lo cierto es que la magra economía familiar lo obligó a trabajar desde muy pequeño, desarrollándose en empleos modestos, hasta que en 1870 logró ingresar dentro de la contaduría general de la Nación y trabajar como abogado de aquella área.

Ya desde hacía años sentía una fuerte pasión por la política, lo que lo condujo a participar activamente dentro de la Unión Cívica Radical, y ser uno de los tantos que participó en los turbulentos acontecimientos relacionados a la revolución encabezada por el general Bartolomé Mitre en 1874. Algunos años después, precisamente en 1878 fue elegido como diputado provincial hasta en 1988 los sucesos de por la federalización de Buenos Aires pusieron un fin abrupto a su mandato.

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La ilustración superior —fotografía tomada durante los años de la Presidencia de Yrigoyen, nos muestran la modesta casa en la calle Brasil al 1039, donde vivió Hipólito Yrigoyen la llamaban el “escondrijo del Peludo”, pues tal fue el mote que los diarios oposiii daban al caudillo radical a causa de su vida retirada.

HIPÓLITO YRIGOYEN: Hipólito Yrigoyen encarnó la lucha de la causa por el voto democrático contra el régimen conservador. Su actitud intransigente lo transformó en líder del radicalismo. La Ley Sáenz Peña, producto de su prolongada lucha, abrió las puertas a la participación electoral masiva. El yrigoyenismo fue el primer movimiento moderno de masas en la Argentina.

18901903191219161928193019331935
Revolución del ParqueReorganización
de la UCR,
con Hipólito
como líder
Se aprueba la ley Sáenz PeñaPrimera presidenciaSegunda presidenciaGolpe deL 6 de septiembreMuerte del caudilloFormación de FORJA

Su participación en la llamada “Revolución del 90” no sólo daría el puntapié para que Yrigoyen ya no abandonara jamás su labor pública y política, sino que además lo convirtió en una de las figuras más importantes de la política argentina de la época. Por aquellos tiempos, el sistema electoral que se encontraba vigente en el país era confuso y manejado por una fracción del poder, lo que daba lugar a que se generaran abusos y manejos fraudulentos.



Por ende, el 4 de febrero de 1905 la UCR encabezada por Yrigoyen llevó a cabo una revolución radical, que si bien le valió la cárcel a Yrigoyen, lo cierto es que fueron los primeros pasos para que se lograra sancionar la denominada Ley Sáenz Peña en 1912, a través de la cual se garantizaba el voto universal, obligatorio y secreto para los varones adultos nacidos en el país. Así fue que en los comicios realizados en 1916, Hipólito Yrigoyen resultó electo para ocupar el cargo de Presidente de la Nación.

En aquella oportunidad, cuando el mandatario emitió su primer mensaje a la Asamblea Legislativa, sostuvo: “No he venido a castigar ni a perseguir, sino a reparar”. su primer mandato se extendió hasta el año 1922, y en este contexto, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se mantuvo una neutralidad al respecto.

A pesar que durante su ejercicio como Presidente, en lo que fue su primer mandato, Yrigoyen logró dictar una gran cantidad de leyes que intentaban regular todo lo relacionado al ámbito laboral, lo cierto es que en 1919 se produjo un gran paro nacional, que violentamente quebró su gobierno.

Años después, en 1928, Hipólito Yrigoyen fue nuevamente electo en los comicios, logrando en aquella oportunidad ganar de forma aplastante en las elecciones a su máximo oponente, Marcelo T. de Alvear, ya que la UCR logó más del 57% de los votos. Pero en aquella oportunidad, los años transcurridos habían repercutido en Hipólito Yrigoyen, quien asumió su segundo mandato con 76 años.

Algunos sectores del país, que buscaban separar para siempre a Yrigoyen de la vida política del país, lo acusaron de estar senil, lo que provocó su derrocamiento, que en realidad se inició con la crisis de 1929 y dio su punto culminante con un golpe militar, ocurrido en 1930.

Allí no sólo finalizó su mandato, sino también su carrera política. Luego de su derrocamiento, Yrigoyen fue detenido y confinado en varias oportunidades en la Isla Martín García, hasta que finalmente el 3 de julio de 1933 lo alcanzó la muerte, en su casa de la calle Sarmiento 948, donde actualmente vive su memoria a través de una placa de bronce que recuerda su existencia.yen y lanzan gritos hostiles contra el gobierno. El pueblo de Buenos Aires, a pesar del silencio de los diarios, se entera de que “el viejo” ha vuelto.
Durante los meses siguientes ejerce la jefatura del radicalismo. Su salud ha mejorado y se lo ve —como siempre— sereno, amable, sentencioso. A! descubrirse una conspiración de algunos militares radicales, Yrigoyen es recluido otra vez en Martín García aunque no haya intervenido en ella. Tiene 80 años. A mediados de enero de 1933 regresa a Buenos Aires por consejo médico. Se lo ve muy enfermo y se habla de una vieja afección bronquial. Se teme un cáncer.

A pesar de una breve mejoría, su mal se agrava a principios de julio. Los diarios dan la noticia y una multitud comienza a reunirse frente a su casa. El 3 de julio a las 7 y 20 de la tarde, se abren los balcones y un hombre pide a los presentes que se descubran. Luego dice: “En este momento acaba de morir el defensor más grandes que haya tenido la democracia en América. Pero no ha muerto. ¡Vive ciudadanos! ¡Vivirá siempre! ¡Viva el doctor Hipólito Yrigoyen!” La muchedumbre contesta con un ¡Viva! y espontáneamente canta el Himno Nacional.

A las dos de la mañana se permite la entrada del público en la capilla mortuoria, Comienza entonces uno de los sucesos más emocionantes de nuestra historia. Durante 52 horas una multitud, constantemente renovada, trata de llegar hasta los restos de Hipólito Yrigoyen. Desfilan obreros, criadas, padres con sus hijos, señoritas con boinas blancas, escolares…Por la tarde y la noche se hacen manifestaciones que la policía disuelve; los más exaltados protestan porque el gobierno no permite velar los restos en una plaza pública y hasta intentan llevar el féretro a Plaza de Mayo.

La última noche varias manifestaciones marchan con antorchas hacia la casa de Yrigoyen cantando el Himno. El 6 de julio, a mediodía, comienza el cortejo fúnebre. Numerosas delegaciones del interior se unen a la muchedumbre, que permaneció en la calle durante toda la noche. Desde Córdoba un tren ha traído 10.000 personas y otras 100.000 no encontraron alojamiento. Cerca de 200.000 personas llegan a la Recoleta luego de cuatro horas de marcha, llevando el féretro a pulso mientras desde los balcones y azoteas hombres y mujeres seguían arrojando flores pora despedir al viejo caudillo.

Gabinete Presidencial:
Hipólito Yrigoyen
Vicepresidente: Pelagio B. Luna



MINISTROS
Agricultura: Honorio A. Pueyrredón, Alfredo Demarchi, Eudoro Vargas
Gómez y Carlos J. Rodríguez.
Guerra: Elpidio González y Julio Moreno.
Hacienda: Domingo Salaberry.
Interior
: Ramón Gómez y Francisco Beiró.
Justicia e Instrucción Pública:
José E. Salinas.
Marina: Federico Álvarez de Toledo, Julio Moreno y Tomás Zurueta.
Obras Públicas:
Pablo Torello.
Relaciones Exteriores y Culto:
Carlos A. Becú y Honorio A. Pueyrredón.

EL ÚLTIMO ADIÓS AL LÍDER RADICAL:

exequias de IrigoyenEl 6 de julio se realizaron las exequias. En la capilla ardiente se rezan los responsos y a las 10 se hace necesario clausurar la entrada para que Fray Álvaro y Álvarez pudiera oficiar una misa de cuerpo presente.

El féretro era llevado a pulso. Inmediatamente detrás, seguían 15.000 mujeres entre flores y banderas. Al enfilar la avenida Callao, el ataúd parecía navegar en un mar de cabezas. Casi cuatro horas después de iniciada la marcha, a las 16:00, llegaba a la Recoleta.

Y por unos momentos, se aquietó la marejada humana para escuchar la palabra de los que iban a expresar el sentir de la ciudadanía.

El primero en hablar fue Alvear. “No puedo callar mi emoción al ver partir para siempre al amigo que en 40 años aprendí a querer y a admirar.

Como la cordillera Andina que destaca su cumbre en la vasta extensión del continente, Hipólito Yrigoyen es una cumbre inaccesible a las mezquindades que pretendan empañar su memoria, incorporada al panteón de nuestros próceres…”  Algunos grupos marcharon hacia el centro, al frente las banderas enlutadas entonando a media voz las estrofas del Himno Nacional.

Las gentes en las aceras se descubrían respetuosas. Las luces del alumbrado anunciaron el fin del día, cuyo último resplandor iluminó a todo un pueblo reverente, en su saludo final al viejo caudillo.

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