Biografia de Marat Jean Resumen Que Hizo en la Revolucion Francesa



Biografía de Marat Jean – Resumen
Que Hizo en la Revolución Francesa

BIOGRAFÍA DE JEAN PAUL MARAT, «El Amigo del Pueblo»: El 24 de mayo de 1745 , en Neuchatel, entonces posesión de los Hohenzollen -familia real de Prusia – , nacía Jean-Paul Mará, el futuro Marat. Su padre, ex monje sardo, se casó con una suiza de esa zona, Louise Cabrol, de la que tuvo siete hijos. Personas de baja clase media, pero con algunos recursos, lograron dar alguna instrucción a su vasta prole; Jean-Paul, el mayor, pudo estudiar en el colegio de Neuchatel, y uno de sus hermanos fue preceptor en la corte de Catalina II de Rusia.

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Casi nada se sabe de la juventud de Marat. Lo poco que se conoce fue extraído de los relatos de su hermana Albertine, quien, tras pasar treinta años alejada, se convirtió en su fiel amiga durante la Revolución y defendió su memoria después de su muerte.

A los dieciséis años, Jean-Paul abandonó la casa paterna y fue a vivir a Francia. En 1762, a los diecinueve años, el joven se encontraba en París. Era bajo, de hombros cargados y brazos fuertes, grandes ojos negros, nariz aguileña, frente amplia, tez morena y voz vibrante. Poseía el aire mediterráneo y hasta semítico que su nombre parece indicar. Tenía aspiraciones intelectuales.

En la brillante capital debe haber llevado la vida típica del estudiante pobre, comiendo poco y leyendo mucho. Sus intereses eran variados: filosofía, historia, ciencias, literatura. Pero sólo había bibliotecas en las grandes mansiones; comprar libros era privilegio de los ricos. Un joven con pocos recursos debía pedirlos prestados o frecuentar las casas de los poseedores.

Por esa época parece haber conocido a los enciclopedistas, que frecuentaban el mismo tipo de gente. Pero estos señores entraban por la puerta principal y eran amigos de los dueños de casa, que los recibían en sus salones. Encarnaban el espíritu de la nobleza esclarecida, mientras Marat —profundamente plebeyo, típico representante del Tercer Estado— reverenciaba a Rousseau y a Montesquieu al tiempo que repudiaba el ateísmo tan en boga entre los iluministas.

A los 22 años, Jean-Paul reside en Londres, frecuenta el Saint Martin’s Lane —café de los artistas— y pasa hambre. Ya en ese período, aún sin ser médico, se arriesga a hacer las primeras consultas a fin de ganarse algunos almuerzos.

Biografia de Marat JueanTiene varios amigos médicos y, llevado por la curiosidad de conocer el alma humana», pasa sus días en hospitales y prisiones. Las experiencias políticas vividas en Londres , cuando el pueblo salía a la calle defendiendo sus derechos civiles, despertaron en él , los fervientes deseos de comprometerse con esos ideales que ya habían calado hondo con los enciclopedistas franceses. Para él, el origen de todos los males estaba en el voto calificado, es decir, que solo podían votar aquellos que poseían cierto rango social, avalado por una propiedad o un título nobiliario.

Estudió mucho la historia, investigando las injusticias de los gobernantes y tratando de encontrar las leyes generales de la política, explicando luego en su  un  libro  como deben actuar «los amantes de la libertad», con la curiosidad que en aquel momento nunca apoyó la violencia, y si el poder del respeto y de la palabra.

En junio de 1775, Jean-Paul Marat se diploma finalmente en medicina, en la Universidad de Saint Andrew, en Edimburgo. Comienza también a firmar Marat, afrancesando su apellido. Su vida sufre una radical transformación. Vive en el Soho de Londres, barrio entonces elegante, y ya puede pagarse la publicación de sus ensayos y artículos médicos.



El 10 de abril del año siguiente deja Londres, cuando una remesa de ejemplares de la edición de su libro Ensayo sobre el Hombre es requisada en la aduana francesa. Resuelto el problema, decide quedarse en París, donde también consigue una rica clientela y, en poco tiempo, se convierte en médico de moda. Entra al servicio del Conde de Artois, hermano del rey y futuro Carlos X, con buen pago y alojamiento.

Su Ensayo sobre el Hombre no le trajo menos disgustos. Marat profesaba un ingenuo dualismo sobre las relaciones cuerpo-alma, llegando a afirmar a cierta altura del libro que la sede más probable del alma eran la meninges, idea, por lo demás, nada sorprendente para la época. Voltaire dedicó al libro una extensa y maliciosa reseña. Diderot, más imparcial, declaró que, aunque el autor nada en tendiese del problema, había hecho «claras, firmes y precisas» observaciones sobre la influencia de los estado! psicológicos sobre el cuerpo (actual mente conocida como dolencias psicosomáticas).

El hecho sólo aumentó la animosidad del Dr. Marat para con los enciclopedistas, a quienes comenzó a llamar «secta perniciosa».

En los años que siguieron, Marat se dedicó cinco años de entero a la ciencia. Montó un laboratorio de física y medicina y trabajó con la electricidad, tradujo a Newton, produjo una decena de libros especializados y una gran serie de artículos. Llegó a trabajar hasta 20 horas seguidas, hasta que cayó enfermo.

Durante 4 años entre 1784 y 1788 en lugar de mejorar, empeoraba, a tal punto que creyó que se estaba muriendo. Hizo el testamento, legando sus aparatos científicos a la Academia de Ciencias y guardó cama. Su carrera parecía terminada, pero mas tarde como él mismo afirmó, «la noticia de la convocatoria me  causó tal fuerte sensación que mi espíritu se reanimó. Se refería a la convocatoria de los tres estados de la Nación (clero, nobleza y comunes) se reuniesen para decidir el futuro del país, era un verdadero triunfo sobre el absolutismo.

En el verano boreal de 1789 estalló en Francia una sublevación contra el gobierno de Luis XVI. Diferentes factores provocaron esta revolución, pero si un acontecimiento simbolizó el colapso del poder real frente al descontento popular generalizado fue el asalto de la prisión de la Bastilla, el 14 de julio de ese año, Marat participó de la jornada como miembro de la junta electoral de su barrio, y en el asalto a la fortaleza exhortó a los soldados para que no tirasen contra el pueblo, pero fue solo uno entre tantos oradores, pero a partir de ese instante vendrán días intensos, de negociaciones, de lucha, de desencuentros y de violencia que as tarde llevaran a Francia hacia el control político napoleónico.

Su defensa de los derechos del pueblo lo convirtieron en un personaje muy apreciado y popular. En 1792 tomó parte en las matanzas de septiembre y fue elegido miembro de la Convención y de la Comuna de París, pero tropezó con la animadversión de los girondinos al incitar al pueblo a usar la fuerza y reclamar la dictadura.

Con el apoyo de Danton y Robespierre, propone a los girondinos la unidad nacional, la cesación de las disputas mientras dure la guerra. Pero se debe proclamar la República, ejecutar al rey, votar inmediatamente las leyes que protejan a las familias de los combatientes (producto de una leva en masa) de la miseria, y aplicar la pena de muerte a los contrabandistas y especuladores. Robespierre vacila en ir tan lejos. Marat se encuentra solo en la Convención, pero Todos temen la vehemencia y la franqueza de Marat. El día en que enfrenta solo los insultos y amenazas de la Gironda sin que nadie intervenga, Camille Desmoulins le dice, entre admirado e irónico: «¡Pobre Marat, estás dos siglos por delante de tu tiempo!»

El 5 de abril es elegido presidente del Club de los Jacobinos. Un día después, Marat se cuenta entre los que fuerzan a la Convención a crear el Comité de Salut Public (Comisión de Salvación Pública), órgano que luego instaurará la dictadura.

El 11 de julio, en la casa en que habita con su hermana y su mujer, duerme con las puertas abiertas; el calor es insoportable. Por causa de una enfermedad de la piel, contraída en su época de fugitivo, cuando moraba en miserables chozas, Marat pasa los días inmerso en la bañera. Allí escribe, con la cabeza envuelta en un lienzo embebido en vinagre. Entran y salen jacobinos, pueblo, amigos. Traen comunicados e informaciones.



En una tienda del centro de París, Charlotte Corday, joven aristócrata llegada de Caen, compra un largo cuchillo. En la mañana del día 13, se dirige a la casa del «monstruo», el hombre que arruinó a toda su familia y sus amigos, el «masacrador» de setiembre.

Marat, constantemente interrumpido, escribe su manifiesto ¡Pongámonos de acuerdo, es hora! No puede recibirla. Charlotte vuelve por la tarde. La situación es la misma. «Dejen entrar a la ciudadana», dice Marat, distraído. Debe ser alguna otra gestión o pedido. Mientras sigue escribiendo, «el Amigo del Pueblo» le pide que aguarde apenas un instante. Segundos después el cuchillo se entierra en su pecho, llenando la bañera de sangre.

Marat no formó parte del gobierno revolucionario que había ayudado a crear: murió en el momento de su nacimiento.

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