La Masacre de Trelew Grupo de Guerrilleros se Fugan de la Carcel


LOS ASESINATOS EN TRELEW
Grupos Guerrilleros se Fugan y Son Asesinados

Durante el gobierno de Lanusse continuaran los atentados políticos. Entre los principales hechos se destacaron los secuestros y asesinatos en Rosario del general Juan Carlos Sánchez (1919-1972) por parte del ERP y las FAR y en Buenos Aires del empresario déla FIAT Oberdan Sallustro (1915-1972) ideado por el ERP. Varios de los principales líderes guerrilleros de ERP, Montoneros y FAR fueron arrestados progresivamente y destinados al penal de máxima seguridad de Rawson (Chubut). El 15 de agosto de 1972 un número considerable de ellos se organizó para concretar la huida y conformaron un Comité de Fuga que planificó la toma de la prisión y el retiro en vehículos hacia el aeropuerto de Trelew.

Estaban divididos en dos grupos. El primero abordó un avión comercial secuestrado y partió hacia Chile. Entre sus integrantes se destacaban Santucho, Gomarán Merloy Domingo Menna (1947-1976) del ERP, Quieto y Osatinsky de FAR y Vaca Narvaja de Montoneros. Una vez arribados a destino, muchos de ellos lograron viajar a Cuba. Por otra parte, el segundo grupo esperó infructuosamente el otro avión que había sido desviado. Los diecinueve guerrilleras que no lograron huir mantuvieron tomado el aeropuerto hasta que debieron rendirse.

Fueron trasladados a la base aeronaval Almirante Zar, donde luego de una semana fueron sacados de sus celdas y fusilados. Tres de ellos lograron sobrevivir al ser considerados muertos. Entre los guerrilleros fusilados se encontraba Ana María Víllarreal (1935-1972), la esposa de Santucho, quien se encontraba embarazada.

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El 15 de agosto, un grupo de guerrilleros detenidos en Rawson tomó el control del penal y logró huir. Seis de los principales dirigentes de Montoneros, FAR y ERP escaparon a Chile. Otros diecinueve se rindieron en el aeropuerto, al no poder abordar el avión que los trasladaría.Fueron llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar y, en un supuesto intento de fuga, el 22 de agosto, dieciséis de ellos murieron fusilados a quemarropa. La “Masacre de Trelew” aumentó el descrédito del gobierno y provocó nuevos atentados.

Mientras Lanusse negociaba con Perón una salida electoral que permitiera la participación del peronismo, a través del delegado de Perón en la Argentina, Héctor Cámpora, los cientos de guerrilleros presos en el Sur organizaron la fuga más célebre de la que se tuviera memoria en la Argentina, sólo superada por la que había protagonizado el 6 de septiembre de 1971 la famosa guerrilla uruguaya Tupamaros, liderada por Raúl Sendic, del penal de Punta Carretas, en la ciudad de Montevideo.

El 15 de agosto de 1972, los guerrilleros iniciaron la fuga de la cárcel de máxima seguridad de Rawson, provincia de Chubut. Para esta operación se habían unido las principales organizaciones guerrilleras —ERP, Montoneros y FAR— que tenían a sus líderes presos. De los cien guerrilleros dispuestos a fugarse, sólo lograron hacerlo los principales jefes, que, a duras penas, atravesando una zona casi desierta, llegaron al aeropuerto donde otro grupo comando había secuestrado un avión.

Los evadidos viajaron a Chile, donde ya gobernaba el presidente socialista Salvador Allende y donde las organizaciones guerrilleras argentinas tenían vínculos sólidos, no sólo con el Partido Socialista de Allende sino con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que dirigían el sobrino del presidente chileno, Andrés Pascal Allende, y Miguel Enríquez. De los veinticinco combatientes que habían logrado alejarse del penal en todo tipo de vehículos, sólo seis pudieron llegar a Chile y luego a Cuba.

Los diecinueve restantes quedaron varados en el aeropuerto de la ciudad de Trelew, en la misma provincia de Chubut. Se rindieron ante la Marina, el juez y la prensa bajo la promesa de que se respetarían sus vidas; sin embargo, fueron trasladados a una base aeronaval y no a un penal, como se les había prometido. En la madrugada del 22 de agosto de 1972 fueron acribillados en sus celdas. Sólo sobrevivieron tres, que contarían más tarde lo sucedido. Y años después también serían asesinados.

La conmoción política y social fue inmensa. La opinión pública descreyó de la versión oficial de que se había tratado de un nuevo intento de fuga. En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales ciudades de la Argentina. Y más de sesenta bombas fueron colocadas en protesta por la matanza. Peronistas, radicales, intransigentes, socialistas, comunistas, trotskistas y demo-cristianos condenaron al gobierno.

Perón, por su parte, calificó las muertes de «asesinatos» y la CGT declaró un paro activo de catorce horas. El gobierno prohibió velar en público a los guerrilleros y Lanusse envió emisarios a Chile para solicitar la extradición de los prófugos con la intención de juzgarlos como delincuentes comunes. Allende no cedió a la presión y les otorgó el salvoconducto para La Habana. Los entretelones de su decisión trascendieron muchos años después.

En la reunión con sus ministros en la que debía tomar la decisión, el presidente chileno, que sería derrocado por Augusto Pinochet en 1973, dijo: «Chile no es un portaviones para que se lo use como base de operaciones. Chile es un país capitalista con un gobierno socialista y nuestra situación es realmente difícil. La disyuntiva es entre devolverlos o dejarlos presos… Pero éste es un gobierno socialista, mierda, así que esta noche se van para La Habana».
El asesinato de los prisioneros que se habían rendido, conocido inmediatamente como «La masacre de Trelew», marcó el comienzo del fin del gobierno de Lanusse. Tres meses después, Lanusse permitió que Perón regresara a la Argentina luego de dieciséis años de exilio.

masacre trelew

El 22 de agosto la Armada Informó que, en un nuevo Intento de fuga, habían muerto 16 de ellos, pero los tres sobrevivientes dieron testimonio de una masacre premeditada. La solidaridad que el hecho despertó en el peronismo (el PJ decidió velar a tres de los caídos en su sede central) y en la sociedad en general convenció a la guerrilla de su tesis sobre la «escalada». Y llevó a los militares a sacar conclusiones que serían aún más perjudiciales para el futuro del país: dado que no se podía quebrar la voluntad de lucha de esa militancia en las cárceles, y que su muerte a plena luz del día producía mártires aún más peligrosos, la solución sería combatirla con el método del secuestro y la desaparición.

 

Relato de los sucesos de Trelew
Fuente Consultada: María Soane «Todo o Nada»

Eran, exactamente, las 18:00 hs. del martes 15 de agosto de 1972. Cuando comenzó la fuga, Osatinsky disparó sobre el guardia cárcel Juan Gregorio Valenzuela, que intentó impedir el escape, matándolo. Los guerrilleros lograron copar el penal. Los sindicalistas presos habían decidido no participar en la fuga. Los primeros en alcanzar la puerta fueron Santucho, Menna, Osatinsky, Vaca Narvaja, Gorriarán Merlo y Quieto.

Los guerrilleros estaban numerados para el orden de fuga del 1 al 110. Cuando ya estaban afuera de la cárcel, Santucho y los demás no encontraron los camiones que debían estar esperándolos para llevarlos al aeropuerto de Trelew; los tiros adentro de la cárcel los habían dispersado. El primer contingente de los seis máximos jefes guerrilleros tomó el único coche que había permanecido (…) Los 19 guerrilleros restantes, que habían logrado salir, llamaron desde la guardia penal a taxis y remises. Llegarían al aeropuerto de Trelew con un retardo fatal.

Santucho y el primer grupo entraron al aeropuerto cuando el avión de Austral —un BAC con 96 personas a bordo— estaba carreteando. Santucho cruzó la pista corriendo junto a Vaca Narvaja que, disfrazado de mayor del Ejército, hizo señas al avión para que parara. De la torre de control no entendían lo que estaba sucediendo. El avión se detuvo en ese momento porque los guerrilleros que habían subido antes en Trelew (…) ocuparon la cabina y amenazaron al comandante de a bordo.

Los primeros seis guerrilleros subieron, y ordenaron esperar unos minutos. (…) El piloto del BAC 111 intentó resistirse. Dijo: “No hay combustible para llegar a Puerto Montt.Encañonándolo, Santucho respondió: “Pues habrá que llegar igual»

Los 19 guerrilleros arribaron al convulsionado aeropuerto cuando el BAC 111 ya estaba en el aire. Tomaron la torre de control, pero a la media hora, rodeados por la Infantería de Marina y el Ejército, negociaron su rendición. No pensaban tomar rehenes civiles. Exigían ser regresados al penal de Rawson, revisación médica para prever torturas posteriores, la presencia de jueces, abogados y periodistas.

En el momento en que el avión de Austral aterrizaba en Puerto Montt, los guerrilleros detenidos eran llevados a la base aeronaval Almirante Zar, y no al penal como se les había prometido en las negociaciones. Fueron torturados durante días.

El Ejército y la Infantería de Marina formaron el control del penal de Rawson y ocuparon la ciudad de Trelew. El presidente Lanusse siguió desde Olivos las alternativas de la fuga. Puso bajo su control personal a los efectivos militares. (…)

El 22 de agosto a las 3.30 de la madrugada los 19 prisioneros de la base Almirante Zar fueron acribillados, supuestamente por una patrulla a cargo del capitán de corbeta Luis Emilio Sosa, y el teniente Roberto Bravo. (…) El gobierno explicó que se habla tratado de un intento de fuga. Los tres sobrevivientes de la masacre lo desmintieron.

El presidente Lanusse asumió, como comandante en jefe, la responsabilidad de lo actuado por la Marina. La versión oficial la difundió el jefe del Estado Mayor Conjunto, contraalmirante Hermes Quijada.

La noche del 22, el gobierno sancionó la ley 19.797 que prohibía la difusión de informaciones sobre o de organizaciones guerrilleras. En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales ciudades de la Argentina. Y más de 60 bombas fueron colocadas en protesta por la matanza.

(1) Libro Negro de la Segunda Tiranía. Autores varios. (Editado por orden del decreto ley 479/56). 1958.
(2) Archivo particular de Roberto Baschetti.

Fuente Consultada:
Argentina El Siglo del Proceso y la Oscuridad (1900-2003) María Seoane

masacres humanas