Gobierno de Lanusse Antecedentes El Acuerdo Nacional



Gobierno de Alejandro A. Lanusse

Como consecuencia del Viborazo (*), el 22 de marzo de 1971, la Junta destituyó a Levingston. El presidente había intentado pasar a retiro a Lanusse, quien integraba la Junta, pero gracias al respaldo político y militar que éste poseía logró imponerse frente a la decisión presidencial. Ante el complejo escenario nacional, el 26 de marzo de 1971, la Junta decidió investir como primer mandatario a Lanusse, quien conservó la jefatura del Ejército.

Alejandro A. Lanusse asumió la presidencia de la República, con retención del cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Con el nuevo mandatario comenzó la «tercera etapa» de la Revolución Argentina y el gobierno manifestó su voluntad de llevar a término el proceso destinado a normalizar la vida institucional del país. Se estableció un calendario electoral y el partido Justicialista obtuvo su personería política.

Desde el inicio de su gobierno, Lanusse buscó una salida para la Revolución Argentina. En 1971, el Ejército tenía los mismos problemas que en 1966, agravados por la crisis económica y política que había llevado al país a la violencia generalizada. Las Fuerzas Armadas no estaban dispuestas a proscribir nuevamente al peronismo en una elección, dado que, frente el accionar de las organizaciones armadas y las bases obreras peronistas, las consecuencias de tal medida eran imprevisibles.

(*)Viborazo: Ante la violencia política y la convulsión social, í.evíngston promovió políticas de seguridad destinadas a contener el accionar guerrillero. Sin embargo, los movimientos de insatisfacción volverían a recrudecer mediante un segundo CORDOBAZO que recibiría el nombre de VlBORAZO.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Año 1971: los hechos de violencia suman 473. El más resonante, sin duda, es el secuestro y asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu, a quien un grupo de Montoneros saca de su hogar el 29 de mayo. Los guerrilleros usan uniformes militares y llevan a Aramburu hasta una casa de la localidad bonaerense de Timote, donde es asesinado. Su cadáver fue encontrado un mes más tarde.

El episodio desgasta totalmente a Onganía, que el 8 de julio es destituido por las propias Fuerzas Armadas y reemplazado por una figura militar casi desconocida: el general Roberto M. Levingston. El peronismo, el radicalismo y otros partidos se reúnen para integrar «La hora del pueblo», que reclama al gobierno de Levingston el pronto retorno a la normalidad constitucional sin proscripciones. Por su parte, en Santa Fe, se reúnen los llamados «sacerdotes del Tercer Mundo», que se constituyen como una organización militante dentro de la Iglesia.

Una halagadora noticia es para los argentinos el otorgamiento del Premio Nobel de química al doctor Luis Federico Leloir, cuyos trabajos recién serán conocidos por el gran público con motivo de esta distinción. La academia sueca rechaza el premio Nobel en literatura para Jorge Borges.

Lanusse asumió la la presidencia en una situación muy diferente a la que había soñado al promover a Levingston como una especie de puente entre la fallida gestión de Onganía y su propio gobierno, que debía encargarse de restaurar la paz social e impulsar en forma sostenida el crecimiento económico.

Hombre de carácter, querido u odiado entre sus camaradas, revolucionario antiperonista en su juventud y negociador realista en la madurez, Lanusse quiso reconstruir el tejido social mediante acuerdos con políticos y gremialistas a través de un ministro del Interior inteligente y honesto, el radical Arturo Mor Roig.

Consecuente con sus ideas liberales, el presidente no vaciló en admitir una libertad de expresión amplia. Pero todos los factores le jugaban en contra y la violencia siguió cobrándose víctimas. Terminaría desafiando a Perón a volver a la Argentina «si le daba el cuero», y esto ocurriría poco después. El general que se había sentido capaz de garantizar la concordia debió cerrar apresuradamente el ciclo de la Revolución Argentina.



El 2 de marzo de 1971, Lanusse asume la presidencia de la Junta de Comandantes en Jefe y da a conocer los trazos generales de un plan político, conocido después como el Gran Acuerdo Nacional (GAN). Mientras Levingston promueve a una nueva camada de políticos —llamada la «Generación Intermedia»-, que descartaba a los dirigentes históricos como Perón y Balbín, Lanusse intenta acordar con todo el arco ideológico —incluidos sectores de la izquierda—, la Iglesia, la poderosa CGT y los grupos empresarios. Finalmente, Levingston entrega su renuncia el 23 de marzo y Lanusse lo reemplaza en la Presidencia de la Nación el 26.

Al asumir, enfatizó que el diálogo sería, en adelante, «sin exclusiones». Sus veintiséis meses en el gobierno, llenos de tensiones e intrigas, tendrán un tópico dominante: la posibilidad de que Perón regrese y se postule para un tercer mandato en la Casa de Gobierno.

La Ilusión de un Gran Acuerdo Nacional

Concretar «un acuerdo amplio y generoso que supere las antinomias del pasado e inicie una nueva etapa promisoria en la historia de la República» fue el deseo expresado en el primer mensaje al país del nuevo presidente.

En esos días, Lanusse recibió la visita de José Ignacio Rucci, Adelino Romero y Rogelio Coria, dirigentes de la CGT, y se comprometió a restituir los restos de Evita a su esposo. Además, coloco un busto de Perón —sin uniforme militar— en el salón respectivo de k Casa Rosada, agilizó los trámites para terminar todas las causas judiciales que Perón tenía pendientes y facilitó así su retorno.

Se iniciaron conversaciones con las principales figuras políticas: Ricardo Balbín, el delegado de Perón, Jorge Daniel Paladino, y el almirante Isaac Rojas, entre otros. En total secreto, el 21 de abril de 1971 el coronel Francisco Cornicelli viajó a Madrid y entrevistó al líder justicialista en Puerta de Hierro, su residencia.

El coronel Héctor Cabanillas, entretanto, fue el encargado de recuperar el cuerpo de Eva Perón, enterrado con el nombre María Maggi en un cementerio de Milán, y hacer los arreglos oficiales para trasladar sus restos hasta Madrid, donde le fueron entregados al líder exiliado. El 23 y 24 de julio —en otro gesto aperturista— Lanusse recibió en la provincia de Salta al presidente socialista de Chile, Salvador Allende. Reafirmando que su gobierno había roto con el concepto de «fronteras ideológicas».

Desde 1960 y hasta los años ochenta, los gobiernos militares de toda América latina fueron influidos por la Doctrina de la Seguridad Nacional. Esta doctrina era difundida en los institutos castrenses coordinados por Estados Unidos durante la Guerra Fría. En ella se sostenía que las fuerzas armadas debían hacerse cargo del poder como forma de defensa frente a lo que llamaban «la amenaza marxista». También prescribía que, en esta lucha, las fuerzas armadas podían utilizar todo tipo de recursos, incluyendo la tortura y e asesinato.

Lanusse persiguió dos objetivos:

1) una salida institucional honrosa y negociada que descomprimiera el conflicto social y político argentino, enmarcado en la violencia revolucionaria armada;

2) negociar con los sectores moderados de la política (Sindicatos tradicionales, partidos, etc.) para lograr aislar a los grupos más extremistas, las organizaciones armadas y el sindicalismo clasista.



Políticamente Lanusse inició negociaciones secretas para lograr que Perón se declarara en contra de la violencia política y resignara su participación electoral para contribuir a un proceso de pacificación (y a la candidatura de Lanusse). Sin embargo, Perón rechazó ambas propuestas. Frente a la negativa del viejo líder, Lanusse organizó el sistema electoral de manera que, aunque el peronismo participara, Perón no fuera el candidato. Para eso incorporó una cláusula de residencia que restringía la participación como candidatos a los ciudadanos ausentes del país antes del 25 de agosto de 1972, por lo que el líder tuvo que regresar luego de 17 años de exilio, en 1972.

Juan Perón, en su corta visita, delegó su candidatura a presidente en Héctor J. Cámpora. Su designación fue apoyada por la Juventud Peronista (JP) y Montoneros, que ubicaron a sus integrantes en los primeros lugares de las listas de autoridades nacionales y provinciales. En la campaña electoral quedó demostrada la división que laceraba al peronismo.

Las elecciones se celebraron el 11 de marzo de 1973. Héctor Cámpora obtuvo casi el 50 por ciento de los votos y su contrincante radical, Ricardo Balbín, renunció a la segunda vuelta. Después de once años de semidemocracia y siete de dictadura, el peronismo volvía a gobernar. Los militares pagaron un alto costo político; su desprestigio fue tan grande como su temor a un desborde revolucionario.

Después de entregar la banda presidencial a Héctor J. Campera, en 1973, Lanusse se retiró de la vida pública y se dedicó a la administración de las propiedades de la familia. Para entonces su hija menor Ileancita —bendecida por el Papa en el vientre de su madre— había fallecido aún niña, en 1967, y otro hijo, Marcos, padecía limitaciones físicas por un accidente automovilístico. Nuevos golpes significaron las muertes de sus hijos Eduardo, en 1987, y el primogénito Alejandro, en 1990, y produjeron en Lanusse un creciente retraimiento. Murió el 26 de agosto de 1996.

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«Revolución socialista»: Desde España, Perón pronunciaba discursos que buscaban integrar a las diferentes posiciones políticas a su movimiento. Fueron especiales aquellas destinadas a la juventud alineada en la izquierda nacional. A raíz de la muerte de Ernesto Che Guevara, expresó en un documento el 24 de octubre de 1967: «Las revoluciones socialistas se tienen que realizar; que cada uno haga la suya, no importa el sello que tenga. Por eso y para eso, deben conectarse entre sí todos los movimientos nacionales, en la misma forma en que son solidarios entre sí los usufructuarios del privilegio. La mayoría de los gobiernos de América Latina no van a resolver los problemas nacionales sencillamente porque no responden a los intereses nacionales. Ante esto no creo que las expresiones revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar en la acción revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. (…) El peronismo consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto Che Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica».

LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN DE LANUSSE: Alejandro Agustín Lanusse decretó una reforma temporaria de la Constitución que implementael sistema de ballottage: los candidatos que no alcancen el 50 por ciento de los votos tendrán que ir a una segunda vuelta electoral, También se dispone un plazo para quienes quieran ser candidatos, quienes deben renunciar a la función pública en caso de que ocupen algún cargo.

Y una última condición: deben encontrarse en el país. Como no piensa renunciar, Lanusse abandona su propia candidatura y abre una incógnita con respecto a Perón, quien también quedará afuera si no regresa en el plazo correspondiente. Las elecciones han sido convocadas para el 11 de marzo de 1973.

Como se recordará, los partidos políticos, tras consensuar el documentotltulado La hora del pueblo, ya habían exigido el llamado a elecciones sin ninguna proscripción durante la gestión del general Roberto Marcelo Levingston. Ante las tensiones emergidas en los últimos años, Lanusse no tuvo más remedio que elegir la vía electoral y desafió a Perón a que regresara al país.

Gabinete de Gobierno de Agustín Lanusse.
Bienestar Social: Francisco Guillermo Manrique y Osear Ricardo Puiggrós.
Comercio: Alfredo José Girelli y Daniel García.
Cultura y Educación: José Luis Cantini y Gustavo Malek.
Defensa: José Rafael Cáceres Monié y Eduardo Enrique Aguirre Obarrio.
Hacienda y Finanzas: Juan A. Quillici, Cayetano Licciardo y Jorge Wehbe.
Industria y Minería: Carlos Cásale y Ernesto Parellada.
Industria, Comercio y Minería: Osear Chescotta.
Interior: Arturo Mor Roig.
Justicia: Jaime Luis Enrique Perriaux, Ismael Bruno Quijano y Gervasio R. C. Colombres.
Obras y Servicios Públicos: Oscar Juan Colombo y Pedro A. Coidlllo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis María de Pablo Pardo y Eduardo Mac Louglilin.
Trabajo: Rubens San Sebastián.



Fuente Consultada:
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –

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