El Efecto Mozart en el Aprendizaje Principios Para Educar Los Hijos



EFECTO MOZART: LA MÚSICA PARA LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS

BASADO EN EL LIBRO DEL DR. AUGUSTO CURY:

El efecto Mozart: La Música en los Niños
Los educadores han observado que los niños que escuchan música de Mozart desde que comienzan a caminar hasta el umbral de la pubertad, parecen obtener mejores resultados académicos que los demás. En estudios realizados sobre estudiantes universitarios, los doctores Francis Raucher y Cordón Shaw, así como otros neurólogos de la Universidad de Wisconsin, demostraron que los estudiantes mejoraban sus capacidades cognitivas al escuchar una sonata de Mozart. Lo interesante de este hallazgo es el hecho de que las capacidades cognitivas que mejoraban no eran verbales o de lenguaje, sino espaciales, como las tareas de papiroflexia y seguimiento de patrones.

Los investigadores especularon con la posibilidad de que el escuchar música ayudara temporalmente a organizar el pensamiento. Y que los procesos mentales implicados en la escucha de la música activaran una red neuronal que comparten con los procesos lógico-espaciales. Otros hallazgos nos informan que algunos estudiantes universitarios obtienen mejores resultados en sus tests cognitivos si trabajan con un fondo de música clásica en lugar del habitual silencio.

Dado que no todos los estudios sobre el tema concuerdan, el efecto Mozart está sujeto a controversias. No obstante, sabemos que a los distintos tipos de música les corresponden efectos mentales también distintos. Hay música que nos serena, que disminuye el ritmo cardíaco y la tensión arterial. Otros tipos de música tienden a inquietarnos. Existe la evidencia de que escuchar música puede potenciar las funciones inmunológicas y paliar el dolor físico. Son varios los expertos que piensan que la organización lógica, simétrica y estética de las composiciones clásicas de Mozart, Beethoven y otros, son realmente benéficas para el estado mental de personas de todas las edades.

Los doctores Gottfried Schlang y Gaser Christian, del Centro Médico Deaconess Beth Israel, en Boston, utilizaron recientemente escáners IRM para estudiar estos efectos. Querían comprobar si un medio ambiente con una exigencia intensa como el estudio de la música a una temprana edad, influía realmente en el desarrollo y crecimiento del cerebro.

Realizaron un estudio comparativo entre un grupo de quince músicos profesionales y otro de personas sin formación musical. Comprobaron que los primeros tenían volúmenes de materia gris —la zona externa del cerebro que contiene los cuerpos celulares de las neuronas— sensiblemente mayores que los segundos. Las áreas de materia gris que mostraban mayor tamaño eran las relacionadas con las sensaciones, las funciones motrices y con una de las áreas implicadas en la función de la memoria. Justamente, se trata de una de las primeras áreas que resulta afectada por el Alzheimer.

Aunque se trata de una evidencia circunstancial, coincide con la posibilidad de que el aprendizaje musical en la niñez pueda proteger de la enfermedad de Alzheimer en épocas posteriores.

Sabemos que la música mejora el ánimo de una persona. También sabemos que un buen estado de ánimo puede agudizar la capacidad mental, dado que una persona deprimida suele distraerse y ser incapaz de concentrarse en tareas intelectuales. Estoy convencido, aun sin tener pruebas definitivas, de que, en vista del beneficio potencial y el mínimo riesgo que supone, escuchar música clásica es un hábito que merece la pena adquirir.



AMPLIACIÓN DEL TEMA:
MÚSICA PARA LA MENTE:
Si se provoca la sordera de un canario macho en su edad adulta, la calidad de su canto se deteriora, hasta el punto de que llega a ser semejante al de un pájaro al que se le ha provocado sordera en su juventud, antes que comenzara a cantar. Los investigadores deducen de ello que las conexiones cerebrales que controlan el canto conservan su plasticidad en la edad adulta y requieren una permanente retroalimentación auditiva para mantener la capacidad motriz de cantar.

Cantar, escuchar y hacer música no es privativo de los cerebros de las aves. En la actualidad se realizan estudios exhaustivos sobré la música como medio de mejorar y mantener las funciones corporales y cerebrales. Se ha demostrado que beneficia el desarrollo muscular, la coordinación física, el sentido del tiempo, la concentración mental, la memoria y el desarrollo visual y auditivo, y que ayuda a combatir el estrés.

Por ende, la música es un recurso fácil de obtener y altamente efectivo, al que usted puede apelar hoy para mejorar su capacidad física y cognitiva.

Los antiguos griegos siempre lo supieron. Adoraban a Apolo, dios de la Medicina y de las Bellas Artes, y creían que todos los aspectos de la música, el ritmo y la ejecución instrumental provocaban sus propias respuestas. Los médicos modernos están descubriendo que los griegos estaban en lo cierto. En efecto, existen en la actualidad terapeutas musicales que emplean sus habilidades para ayudar a los discapacitados.

Y cada vez más terapeutas están ayudando a las personas sanas a mejorar sus funciones orgánicas por medio de la música, ya que existen pruebas cada día más numerosas de que esto no sólo es posible, sino verdadera mente deseable: si usted aprende a ejecutar un instrumento musical siendo adulto, practica canto o aprende a concentrarse realmente en lo que la orquesta ejecuta (existe una diferencia entre oír y escuchar), fortalecerá su cuerpo, organizará sus pensamientos y mejorará su coordinación.

El cerebelo se encarga de regular los movimientos que realizamos al ejecutar un instrumento musical. Las investigaciones recientes sostienen que una de sus funciones básicas es tal vez la de ayudarnos a aprender y recordar movimientos nuevos, como los que efectuamos al tocar el piano. Además, opinan que la capacidad del sistema motrix para aprender determinados movimientos puede ser importante en aquellos casos en que las lesiones producidas en otras zonas del cerebro requieren una reorganización. Por lo tanto, resulta lógico que la ejercitación del cerebelo por medio de la música pueda modificar las funciones nerviosas de las personas sanas y compensar el deterioro ocasionado por el desgaste que produce el paso del tiempo.

El efecto de la música representa, evidentemente, un fenómeno instintivo. Numerosos experimentos han demostrado que estimula los movimientos del recién nacido e incluso de los bebés en gestación.

Elaine Nichols, coordinadora del centro médico Monmouth de Long Branch, Nueva Jersey, informó que en la sala de recién nacidos del hospital se pasa música de Bach, Beethoven y Brahms para estimularlos. También se emplea la música de Vivaldi, porque los violines y los sonidos agudos y muy graves son los que mejor perciben los bebés. Nichols aconseja a los padres que canten para sus niños en gestación, porque la voz más grave del padre es mejor captada a través del líquido amniótico que la voz aguda de la madre.

En varios centros de Estados Unidos e Israel se estimula a los fetos aplicando al abdomen de las madres auriculares conectados a equipos de audio portátiles. Los movimientos respiratorios y corporales del feto se consideran en la actualidad como un buen punto de referencia para conocer el estado físico del niño que aún no ha nacido. Se estudió la influencia que podía tener sobre el bienestar del feto el hecho de que sus madres (fueron veinte las sometidas al experimento) escucharan música «pop» o clásica a través de auriculares.

Un dispositivo de ultrasonido permitió observar en forma directa los movimientos corporales y respiratorios del feto. Los investigadores comprobaron que se producía una disminución del ritmo respiratorio en los fetos cuando sus madres escuchaban su música predilecta, ya fuera clásica o de rock. Cuando la música que la madre prefería se transmitía por los auriculares, el bebé se calmaba.



Un calificado terapeuta musical, dedicado a la terapia musical para personas sanas, Sheliy Katsch, de la ciudad de Nueva York, vicepresidente de la Asociación Nacional de Terapia Musical, señala que la música está vinculada con el hemisferio derecho del cerebro, donde se encuentran localizadas las emociones y los sentimientos:

«La música transmite emociones; ese nivel profundo de sentimientos que no siempre puede traducirse en palabras. Además, la ejecución de un instrumento o el trabajo vinculado con la música influye sobre el sentido de la creatividad y la realización. Uno puede desarrollar una mayor conciencia de sí mismo y de su propia estimación. Puede reexperimentar la alegría de crear sonidos. Muchos adultos han perdido el amor natural por la creación de sonidos que poseen los niños, porque, cuando eran pequeños, se les ordenaba ‘estar quietos y callados’ si emitían sonidos en forma repetitiva. De ese modo, se tornaron inhibidos.»

Katsch y otros musicólogos afirman que cuando uno escucha los sonidos que produce con la voz o con un instrumento musical, ocurre lo mismo que con el canario mencionado al comenzar este capítulo: vuelve a aprender a crear sonidos placenteros.

El hecho de interpretar música no sólo nos tonifica emocionalmente, sino que mejora nuestra capacidad de pensar.

Música para el alma
Originariamente, la música era creada como un instrumento para alabar o invocar a los dioses, cualesquiera que estos fueran. Luego se fue desarrollando ampliamente, y se formaron los miles de géneros que hoy conocemos. Pero el origen del sonido tiene que ver con la espiritualidad, y la música devocional es una herramienta excelente para conectarnos con nuestro propio poder superior, nuestros sentimientos y, por qué no, nuestras limitaciones. Ya sea que cantemos, oigamos o bailemos con el ritmo de los cantos devocionales, nos conectamos con algo superior a nosotros y nos apartamos del centro de atención.

La vibración de la música nos permite vincularnos con nuestros problemas y buscarles una solución factible. Las palabras tienen fuerza y energía. Cuando cantamos la palabra ‘Krishna’ o ‘Jesús’, por ejemplo, invocamos la fuerza de millones de personas que la utilizaron, y la vibración del sonido alcanza a otras vibraciones que cada uno lleva dentro, en un proceso que nos hace bien», explica Juan Puig, integrante de Adentro de Adentro, la primera banda argentina de canciones propias de música devocional en español.

Ya sea cantándole a Dios, al cosmos, a la naturaleza, o a lo que cada uno crea o sienta, nos renovamos y logramos incentivar una vibración profunda: «Cantar es muy beneficioso porque nos refresca la energía y nos proporciona la fórmula de sumar vibración e intención, lo que da el resultado único de la sanación interna», amplía Puig, quien junto con otros cinco músicos combina instrumentos antiquísimos con contemporáneos, mixturando etnias, ritmos y viajes ancestrales, «uniendo universos desde el corazón».

Lo importante es que la música llegue al cuerpo y vibre, no importa cómo. Esta técnica va más allá de tener una buena voz o no: lo importante es que sirva para conectarnos profundamente con nuestro ser. La propuesta es descubrir y reconectarnos con nuestro sonido esencial, para alcanzar con alegría el canto que todos llevamos dentro. La música, el desarrollo vocal, corporal y artístico funcionan como instrumentos de autoconocimiento y crecimiento personal.

Fuente Consultada:
El Poder de la Mente Arthur Winter – Ruth Winter
Revista Psicología (+) Positiva Arteterapia – El Arte Puede Sanar



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