Niños Superdotados o Prodigios Comportamiento y Problemas



CARACTERÍSTICAS Y CONDUCTA DE LOS NIÑOS SUPERDOTADOS

Los niños prodigios han llegado a ser grandes artistas, escritores y pensadores. Desde que nacen son una fuente de interrogantes para el presente y de esperanzas para el futuro.

El niño prodigio, es decir, aquel que demuestra tener una capacidad intelectual o unas dotes muy superiores a las normales, suele ser notable en algunas aptitudes específicas, como la música, o en su innprensión de las cosas en general. Es imposible decir en qué proporción esta precocidad es de origen genético o hereditario, o el resultado de estímulos ambientales.

Estos son la oportunidad para la adquisición precoz  lo conocimientos, la ayuda y aliento por parte de los padres para sobresalir en una capacidad determinada,  etc.

Nadie sabe,  por ejemplo, cuánto debe un niño prodigio, en el campo de la música a las características heredadas y cuánto a la música oída en su casa o al hecho de haber tenido un instrumento musical con el que jugar.

Probablemente, algunos niños prodigio son ejemplos de madurez precoz, en lo que respecta a su capacidad para sentarse, andar, hablar o leer.

Sin embargo, en la mayor parte de casos existe una combinación de factores: la madurez precoz combinada con un alto nivel de inteligencia en los padres y un ambiente hogareño que estimula el desarrollo personal de un pequeño óptimamente dotado.

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No obstante, el hecho de que el niño sobresalga espectacularmente en la música, la pintura o en cualquier otro arte o habilidad, no siempre va unido a un alto nivel de inteligencia.

Puede muy bien haber progresado en una rama del arte o del saber y tener aptitudes normales, e incluso por debajo del nivel normal, en todo lo demás. No se advierte ninguna particularidad cerebral en los niños prodigios que los distinga de los restantes de su edad.

Otro tanto hay que decir, por lo regular, de su capacidad para Se han efectuado experimentos para descubrir la superioridad mental en los pequeños. Pero las dificultades son grandes. Quizá porque los tests a que han de ser sometidos son imperfectos, o porque los signos de la precocidad no se han desarrollado suficientemente para ser observados.



De hecho, muchos adultos de inteligencia brillante tenían todas las apariencias de ser retrasados en su niñez; en unos a causa de un tardío desarrollo; en otros, porque su superioridad mental era latente.

Se sabe que los niños en quienes más tarde se descubre una inteligencia fuera de lo común, con frecuencia son difíciles, o sea, no son «niños buenos», en el sentido familiar de esta definición. Sienten un interés poco corriente por lo que sucede y reaccionan ante ello de forma poco común también. Comienzan a sonreír a su madre antes que otros niños y tienden a imitarla más pronto.

En palabras de un pediatra, la «exteriorización total de su comportamiento es más abundante, más compleja y sutil que la de los niños de inteligencia media». Son más activos, más rápidos en sus reacciones, aprenden a hablar antes que los demás, aunque muchas personas de brillante inteligencia —como Albert Einstein y Alessandro Volta — tardaron en hablar.

Por regla general, la precocidad en el lenguaje es signo de superioridad mental, mientras que la de sentarse no lo es.

Es a los dos años de edad cuando el habla del niño precoz puede desarrollarse con mayor rapidez que en el normal. Ciertamente, la comprensión de las palabras, que siempre precede al lenguaje, es fácil que esté en un período avanzado.

El niño de corta edad e inteligencia superior tendrá por ello todas las apariencias de una mayor madurez que los demás de su misma edad.

Suelen también aprender a leer con inusitada precocidad.

Muchos músicos, como Beethoven, Mendelssohn, Rossini, Schubert, Tchaikovsky, etc., dieron muestras de poseer gran precocidad musical.

Quizá el niño prodigio más notable en este aspecto fuese Mozart. A los tres años de edad ejecutaba acordes en el clavicordio; al año siguiente, ya se aprendía de memoria minuetos enteros y los tocaba después. A los seis años compuso un concierto y fue llevado a una gira por distintas cortes europeas durante la cual dio recitales de canto, piano, violín y clavicordio.

En el mundo de las artes plásticas no existen tantos ejemplos de precocidad infantil. Picasso dibujaba ya antes de hablar. Toulouse-Lautrec y Epstein mostraban cierta capacidad artística desde muy tierna edad. Es difícil conocer al auténtico niño prodigio en cualquier rama de las bellas artes. Puede valorarse fácilmente la habilidad técnica de un niño, pero no es posible juzgar con la misma facilidad esa cualidad intangible: la creatividad.



Hallar el coeficiente de la creatividad, o lo que los expertos llaman la idea divergente, es uno de los problemas primordiales en la identificación del niño prodigio.

Es menos verosímil que los niños prodigio en el campo de las matemáticas posean un alto nivel de inteligencia general, como es el caso de los niños prodigio en las bellas artes.

A menudo no son matemáticos plenamente capacitados, sino simples manipuladores de cifras. Así, por ejemplo, Vito Mangiamele, un muchacho pastor, a los diez años de edad, ante la Academia Francesa dió la raíz cúbica de 3796416 en 30 segundos. Pero, al igual que muchos otros niños prodigio del cálculo, perdió su capacidad al superar la niñez. Otros culminaron carreras eminentes.

A George Bidder, hijo de un marmolista de Moretown Hampstead, en Inglaterra, a los diez años de edad le preguntaron cuál era el interés compuesto de 4.444 libras esterlinas, en 4.444 días, al 4,5 por ciento anual. En menos de dos minutos respondió: 2.434 libras, 16 chelines y 5 peniques y medio.

Siendo adulto, proyectó el sistema telegráfico de Londres y la construcción de los muelles portuarios que llevan el nombre de Victoria Docks.

En general, los científicos no parece que hayan sido notablemente precoces en su infancia. Quizá la naturaleza del tema de sus preocupaciones haga difícil mostrar su capacidad y aptitudes. Probablemente, el ejemplo más notable de niño prodigio que haya llegado a ser un afamado científico es el de sir William Hamilton, de Dublín.

A los cinco años dominaba el latín, el griego y el hebreo; a los siete, el italiano y el francés; a los nueve años, sánscrito, árabe, persa, caldeo, sirio, indostaní, malayo, mahratta y bengalí y comenzaba sus estudios de chino. Finalmente, a los veintiún años obtuvo la cátedra de Astronomía en la Universidad de Dublín.

Los niños de extraordinaria inteligencia deben recibir todo el auxilio posible para que aprendan los materiales y las técnicas necesarias para hallar sus propias respuestas a los problemas.

El niño precoz con frecuencia percibirá ciertos aspectos oscuros en la materia que estudia antes de que el profesor se lo indique. Hay que enseñarle entonces a debatir, a poner en tela de juicio todo aquello que se le dice, a buscar pruebas de ello, a construir y a emplear su imaginación. Nunca se debe temer que la lectura o cualquier otra disciplina en edad temprana pueda perjudicar al niño si éste se siente feliz haciéndolo.

Estos niños son normales y, por lo general, más estables y maduros que otros. En la escuela se les debe permitir estudiar al ritmo que ellos exijan y no supeditarlos al de los demás niños, con el retraso consiguiente.



Es posible que tengan que pasar a otra clase con niños de edad superior. Si muestran especial interés por la rama de las ciencias, por el arte, etc., sólo una razón muy poderosa debería apartarles de esa afición.

Cuando hay que ajustarse a las exigencias de un programa y de un examen, al niño de talento no se le permite estudiar y desarrollar el tema por el que siente interés especial. Los padres y los profesores deberían mostrar interés constante y plena atención a la aparición de preferencias determinadas y hacer, en atención a ellas, algunas concesiones dentro de las posibilidades.

Es de capital importancia estimular lo más posible la sociabilidad del niño precoz y reprimir su inclinación a alardear de sus dotes ante los demás. Llegará mucho más lejos, a la larga, si además de inteligente es una persona agradable.

La elección del sistema más adecuado de educación para los niños prodigio depende de sus diferentes necesidades emocionales e intelectuales. Algunos requieren una preparación con profesores particulares, otros, en cambio, estudian mejor en grupos de su misma edad, etc. El creciente interés de los educadores por los niños superdotados está creando nuevas oportunidades para el desarrollo de su inteligencia excepcional.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia de la Vida Tomo 4 La Mente Humana -Niños Prodigios-Edit. Bruguera

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