Revolución Comercial en Europa del Siglo XVI Consecuencias Económicas



Revolución Comercial en Europa del Siglo XVI
Causas y Consecuencias Económicas

Las grandes doctrinas político económicas bajo cuyas banderas —la humanidad se ha encolumnado— muchas veces contraponiéndose en los últimos siglos, tienen su origen en movimien1 tos y fenómenos surgidos, a menudo, muy atrás en el tiempo. Por lo tanto resulta imprescindible referirse a los mismos para, a partir de allí, intentar un bosquejo de las diferentes ideologías que, hasta nuestros días, han orientado y orientan a los hombres.

En el siglo XVI, la fiebre de los descubrimientos enloquecía a Europa, la navegación progresa paralelamente con la apertura de nuevas rutas y la construcción de gigantescos puertos. Los diarios de los navegantes que empiezan a publicarse son importante testimonio y un rico caudal de experiencias para considerarse en viajes futuros. El progreso no es obra sólo de los navegantess, sino también en el progreso de las ciencias, apoyada por astrónomos, técnicos, inventores y científicos trabajan aisladamente, pero por una causa común.

La Revolución Comercial Europea

Alrededor del 1500 puede situarse la eclosión de una verdadera revolución comercial, que conmovió los cimientos del mundo conocido hasta el momento. El dominio que del Mediterráneo ejercían las ciudades italianas, la introducción de monedas de circulación general, la acumulación del capital sobrante de la navegación y de la minería, el deseo de obtener especias del Lejano Oriente, todo ello estimuló ese ímpetu.

Los viajes marítimos del descubrimiento, liderados por España y Portugal, ampliaron el universo y nuevos productos ingresaron a la ronda del comercio. Ingleses y franceses no tardaron en seguir los pasos de aquellos primeros exploradores, con los que compitieron. Los grandes imperios coloniales fueron tomando forma a partir de ese momento y la actividad comercial adquirió visos de verdadera empresa mundial: el monopolio comercial de las ciudades italianas estaba destruido.

Y otro fenómeno complementaba al anterior: el fabuloso drenaje de metales preciosos que se embarcaban rumbo a las metrópolis, lo que permitió que en el año 1600 circulara por Europa la cantidad de mil millones de dólares en oro y plata.

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Puerto en Barcelona: Desde el siglo XV se convirtió en el principal puerto del Mediterráneo, concentrando la actividad comercial de Europa. El grabado de la época lo muestra en

Considerados meras prendas de mercancías y no mercaderías en sí mismas, los metales preciosos destruyeron el ideal medieval el comercio como trueque y se impuso de esta manera el concepto moderno del negocio con fines lucrativos. De ahíal capitalismo sólo había un paso, que pronto fue dado. Una de las definiciones posibles del capitalismo es la de un sistema de producción, distribución e intercambio en el cual la riqueza acumulada es invertida por sus propietarios con el fin de obtener beneficios.

Basado en la iniciativa privada y en la competencia por los mercados, incluyó el sistema de los salarios como forma de remuneración a los obreros —no por la riqueza que éstos crean sino por el tiempo de trabajo que venden— y fue la antitesis de la economía estática de las corporaciones medievales, la cual suponía que la producción y el comercio se realizaban en provecho de la sociedad, con sólo una ganancia razonable y no ilimitada.

Paralelamente a la aparición de este incipiente sistema de producción capitalista, otros acontecimientos importantes se producen, como complemento, en parte, del anterior. La banca mostró un gran vigor. Se originó en algunas grandes casas comerciales de las ciudades italianas, como por ejemplo la de los Mediéis, cuyo emblema de tres bolas de oro arracimadas es todavía hoy el símbolo de los prestamistas del mundo occidental. La minería, la fundición de metales, las industrias de la lana, apoyadas por esos dineros y por los constantes progresos técnicos, van produciendo la decadencia de los antiguos gremios y artesanos.

El trabajo doméstico, a su vez, que comenzó a implantarse en la industria textil y que se realizaba en la casa de los obreros, anuló los talleres: bajos salarios, carencia de horario fijo y gran dispersión de los traacciones. La adopción, por parte de todos los estados importantes, de un sistema monetario fijo para todas las transacciones realizadas dentro de sus fronteras, fue la medida organizativa final.

El Mercantilismo

A la Revolución Comercial acompañó, en sus últimas etapas, la adopción del Mercantilismo. Este puede definirse como un sistema de intervención gubernamental para promover la prosperidad nacional y aumentar el poderío del Estado.

Por este motivo ha sido bautizado, a veces, de estatismo. Sustenta el Mercantilismo la tesis de que la prosperidad de una nación dependía de la cantidad de metales preciosos que tuviera en su territorio, no es raro entonces que España haya saqueado sus colonias, ni que los primeros colonizadores de nuestro territorio persiguieran quimeras de sierras y montañas de plata u oro.

Quienes no tenían posesiones ricas en tales elementos, por su parte, debían conseguir las riquezas y el poder a través del comercio, limitando las importaciones, favoreciendo las exportaciones y respaldando las industrias nacionales. Estas doctrinas se convierten así en los lejanos antecedentes del nacionalismo económico y el imperialismo.

El francés Jean Bodín y los británicos Tomás Mun y Tomás Hobbes figuraron entre los principales propiciadores del Mercantilismo. Más adelante, Oliverio Cromwell —bajo cuyo gobierno fue aprobada, en 1651, la Ley de Navegación que establecía que todas las exportaciones de las colonias debían realizarse a bordo de barcos ingleses— en Inglaterra, y Juan Bautista Colbert en la Francia de la segunda mitad del 1600, marcaron los momentos culminantes de la defensa y aplicación de los conceptos mercantilistas. España, mientras tanto, que disponía de inmensas cantidades de oro y plata en su dominio colonial, fue la primera potencia de la época, al menos en un primer momento ya que, posteriormente, su escaso desarrollo de las actividades productivas le haría perder ese destacado lugar inicial.

En el Río de la Plata, mientras tanto, se asistía a la aparición de diversas producciones artesanales, sobre todo en el interior, estimuladas por la restricción de importaciones impuestas por el proteccionista gobierno central.

Los resultados de la Revolución Comercial

En líneas generales, puede afirmarse que la Revolución Comercial aumentó el poder del dinero, inició los negocios con fines lucrativos, santificó la acumulación de riqueza y estableció la competencia como base de la producción y del comercio. En una palabra, originó casi todos los elementos que han constituido el régimen capitalista. Las primeras orgias especulativas hicieron su aparición. Las grandes compañías empezaron a intentar dividirse el orbe.

La burguesía ascendió en el dominio económico. El mundo comenzó a europeizarse a pasos agigantados. Se revitalizó la esclavitud. Comerciantes, banqueros, navieros, capitalistas principales y empresarios industriales poseían el poder económico y, tiempo después, las revoluciones que se gestaban en el convulsionado seno de ese mundo les permitirían alcanzar también el poder político.

La Revolución Industrial, por su parte, tenía ahora el camino preparado: los capitalistas deseaban invertir, las industrias eran protegidas, las técnicas se perfeccionaban, desde las colonias afluían multitud de nuevas materias primas. Como trasfondo de todos esos acontecimientos novedosos, la sociedad toda cambiaba en poco tiempo, la población crecía rápidamente y las clases sociales pudientes se nivelaban con más facilidad: «Raspa al caballero y descubrirás al comerciante», vaticinaba un refrán.

La situación de las clases menos pudientes, en cambio, no mejoró en la misma proporción que la de la burguesía. Los salarios siguieron siendo muy bajos y hasta se trató de prohibir, por ley, todo tipo de incremento de los mismos. Las huelgas y las insurrecciones comenzaron a aparecer: en 1381 en Inglaterra, en 1379 y 1382, en Florencia,» en 1524 la Revolución de los Campesinos en Alemania. Todas ellas fueron sangrientamente reprimidas. Una escala de valores que entronizaba en su vértice al más desenfrenado individualismo, no podía permitir esas explosiones. Se anunciaban así algunos de los rasgos distintivos de la sociedad moderna.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – Glosario Político-


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