Origen del SIDA Historia de Primeros Casos Descubrimiento del Virus



Origen del SIDA – Historia de los Primeros Casos- El Descubrimiento del HIV

SAN FRANCISCO (CALIFORNIA) OCTUBRE 1987. -Randolph Shilts, un investigador gay de los Estados Unidos, ha informado sobre el primer caso europeo de SIDA, la más mortífera e incontrolable enfermedad de transmisión sexual, indicando que fue exportada de África por una doctora danesa que contrajo el contagio en 1976 en Zaire y pereció al año siguiente, de neumonía por inmunodeficiencia.

Uno de sus amantes, que era bisexual, esparció el contagio entre los homosexuales. Shilts, al cabo de varios años de investigaciones, logró determinar cuál fue también el principal (y acaso el primero) propagador del SIDA en los Estados Unidos: un sobrecargo homosexual de la empresa Air Canadá.

Pasaron cinco años desde el contagio letal de la doctora Margrethe Rask, voluntaria de un pequeño hospital selvático de Zaire, antes de que los médicos tuvieran que admitir que una nueva enfermedad, más irremediable que el cáncer y más incontrolable que la sífilis de antaño, se había abatido sobre la especie humana.

Una ola de pánico y sospecha se extendió entre los médicos cuando, en 1980, el doctor Dan Williams, de Manhattan (Nueva York), alertó a sus colegas que había un recrudecimiento inexplicable de toda clase de enfermedades gastrointestinales y venéreas, con misteriosas complicaciones bronco-pulmonares. Algo estaba pasando, y ese algo hacía que cualquier enfermedad generalmente inofensiva o fácilmente curable se transformase en mortal. Además, ese algo estaba relacionado con los baños públicos, saunas, yacussis, casas de «relax» y otros lugares de «gratificación múltiple» que se abrían diariamente y por centenares en todo el mundo.

Sin embargo, un año entero debía transcurrir antes de que la medicina descubriese que aquel recrudecimiento de múltiples enfermedades era sólo el síntoma de una enfermedad nueva: un virus desconocido que tenía por efecto anular la capacidad del organismo humano de oponer defensas a las enfermedades. Así, la nueva enfermedad no era mortal por sí misma, pero dejaba a la víctima a merced de la primera enfermedad «oportunista» que quisiera llevársela al otro mundo.

Aquel lúgubre mérito ha sido reclamado por el Institute Pasteur, de Francia, cuyo investigador Luc Montagnier amenazó al investigador norteamericano Robert Gallo (se pronuncia «Galo») con una querella por plagio de experimentos.

cientificos del sida

En los Estados Unidos, se considera que Gallo y Montagnier son «co-descubridores» del virus, y nadie parece dispuesto a prestarle mucha atención a esa querella por tan lamentable estréllate. Montagnier, Gallo o Perico de los Palotes, cualquiera habría tenido que descubrir ese virus endemoniado, pues habían pasado ya seis años en que la mortífera peste, tan avergonzante como fatal, se esparció por el mundo, de vena en vena y de lecho en lecho. ¡Era tiempo de que alguien se diera cuenta!

Entre los descubrimientos que siguieron al examen del minúsculo asesino, estuvo el de su linaje aparente: el nuevo virus parecía una mutación de otro que afecta a ciertos simios africanos -los Rhesus o Macacos Verdes- y que, tras un largo período de latencia (durante el cual el mono es contagioso), comienza a expresarse en síntomas como tumores y una decadencia generalizada de la capacidad de vivir.

Algo había sucedido; el virus simiesco se había transformado y ahora estaba listo para vivir y prosperar en el organismo de los seres humanos. Pero, a diferencia de su pariente original, el virus humano presentaba un cuadro mortífero: virtualmente, transforma todos los linfocitos T (los centinelas de nuestras defensas orgánicas) en miríadas de nuevos virus, dejando al enfermo tan inerme como un bife fuera del refrigerador.



Capaz de Exterminar la Especie Humana
Muchas cosas estaban en favor de aquel monstruito. Por un lado, todo un momento sociológico y cultural permisivo e hipersexualizado, que facilitaba el veloz contagio, junto a un remanente del «machismo político» de los soviéticos y los africanos que, considerando que «el SIDA es cosa de maricas» y que «únicamente hay maricas en el decadente mundo capitalista occidental», tomaron la decisión suicida de ocultar sus propias cifras de incidencia de la nueva enfermedad, hasta el extremo de negarse a difundir las indispensables advertencias a la propia población para frenar al menos su propagación.

Hasta marzo de 1987, según las cifras oficiales, sólo había 6.000 casos de SIDA en Uganda, y 32 en la URSS. Mientras tanto, los Estados Unidos admitían una cifra de 56.000 casos clínicamente determinados y sus sospechas de que el número de portadores pudiera llegar a ser cien veces mayor.

Pero, por el otro lado, el virus tenía a su favor su propia capacidad de mutación y adaptación a nuevas condiciones del entorno, que parece ser hasta… ¡diez millones de veces superior a la del ser humano!

Al menos así lo informó el Laboratorio Nacional de Los Álamos, al cabo de dos años de desesperados estudios en combinación con el laboratorio de Nuevo México, cuyo equipo encabeza el doctor Gerald
Myers.

En una dramática conferencia de prensa, el doctor Myers lanzó una advertencia a sus colegas: «Por el amor de Dios, no se apresuren en echar a correr nuevos medicamentos, ni, en especial, vacunas.

virus hivLo que ya se sabe acerca de este virus es que, contra todas las esperanzas, cada vacuna o médicamente puede que sólo tenga por efecto hacer que el virus se transforme genéticamente en dos o más variantes nuevas. A lo largo de diez años, ya existen dos variantes, llamadas HIV-1 y HIV-2, y se sospecha que pueden existir ya variantes HIV-3, HIV-4 y HIV-5.

Cada una de estas variantes está aprendiendo a hacerse resistente a las drogas con que se les ha estado tratando de atacar, y también ha modificado sus preferencias sobre qué clase de células utiliza como blanco. Así, mientras unas variantes siguen atacando a los linfocitos T, otras prefieren la médula ósea o el tejido cerebral.

En otras palabras, todo intento de aplicar fármacos que no hayan sido suficientemente probados en su efectividad total, sería sólo una imprudencia cuyo efecto puede generar tantas variedades de SIDA que atacarían a la humanidad de tantas maneras distintas que probablemente ya no tendríamos tiempo de llegar a enfrentarlas.

El proceso de mutación del HIV se produce por miles de sutiles variaciones en sus genes, que se materializan cuando el medio se les vuelve adverso. Así, los investigadores han llegado a afirmar que ya no es posible encarar al del SIDA como a un sólo virus sino como a toda una familia viral que muestra una parentela imprevisible, capaz de producir transformaciones en su propio código genético a una velocidad cinco veces superior a la del virus de la influenza… ¡que ya era considerado un récord! Recordemos que las vacunas contra la gripe deben ser reemplazadas aproximadamente cada cinco o seis años para que sigan haciendo efecto. Sin embargo, los estudios realizados en la sangre de un mismo individuo enfermo de SIDA, muestran que el virus inicial ha producido durante los intentos de cura numerosas variaciones, cada una de las cuales sigue reproduciéndose enérgicamente.

Esto se traduce también en nueva desconfianza respecto de los síntomas que permiten al médico hacer un diagnóstico. Y los médicos se preguntan con espanto: ¿Qué ocurriría si surgen nuevas mutaciones que burlen los tests actuales para detectar la presencia del virus en la sangre?



Se sabe que, sin poder detectar su presencia, no sería posible ya separar la sangre contaminada de la portadora del virus, y cualquier transfusión de sangre o de plasma podría resultar fatal para un enfermo.

De acuerdo con los investigadores, la primera mutación del virus puede haberse producido hasta cuarenta años atrás, poco después de las primeras grandes explosiones atómicas de fines de la década del cuarenta y comienzos de los años cincuenta. Entonces podrían haber surgido las dos primeras variantes del virus, que afectaron al ser humano: HIV-1 y HIV-2.

Aunque no se conocen virus de aquellos años, el doctor Myers ha señalado que, de acuerdo a los estudios de la velocidad de evolución y de acumulación de transformaciones «útiles» para el virus, ese es el lapso de tiempo necesario para llegar a diferenciarlo en dos ramas tan independientes.

Uno de los investigadores agregó al respecto:
-De acuerdo a lo que hemos observado de ese virus, si alguna vez hubo una posibilidad de que la especie humana pueda ser destruida por completo, esa posibilidad está en el HIV.

Y, como respondiendo a la inquietud de los científicos occidentales, un grupo de médicos del Partido Comunista Soviético deja a la opinión pública con la boca abierta luego de una declaración publicitada por el diario Pravda, a principios de 1987.

En un tono muy digno y escandalizado, esos médicos exigían que la URSS no destine ni fondos ni esfuerzos en combatir el SIDA, ya que «es una enfermedad que puede librar al mundo de prostitutas, homosexuales y drogadictos.»

También en otros rincones del mundo, sobre todo en el Irán del ayatolá Khomeini, algunos grupos religiosos parecieron felices de que «Dios se haya enojado» y lance su «castigo y su rencor» sobre esta gran Sodoma y Gomorra que es el Planeta Tierra.

Lo que no toman en cuenta es que, por cada «pecador castigado»,las estadísticas muestran que hay alrededor de cinco inocentes que contraen la enfermedad. ¡Incluyendo a niños que reciben el contagio en el vientre de sus madres!

En cambio, el teólogo Waldo Romo, profesor de Moral de la Universidad Católica de Chile, afirma con énfasis:
– El SIDA no es un castigo de Dios, sino un desafío a la inteligencia humana.

Y agrega que los cambios en la conducta sexual del hombre, que se han producido por el pavor ante la posibilidad del contagio, no tienen ninguna validez moral. «Es pan para hoy y hambre para mañana», comenta, añadiendo que es en la quietud y silencio de nuestras conciencias donde la moral humana debe retoñar y florecer para determinar nuestra conducta y nuestras decisiones respecto del amor, de la sexualidad y de nuestra responsabilidad social.



Fuente Consultada: HECHOS, Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°33 HIV, el Proteo letal

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