Historia de las Enfermedades en la Edad Moderna Epidemias e Infantiles



ENFERMEDADES EPIDÉMICAS EN LA EDAD MODERNA

Los acontecimientos que jalonan estos 250 (1453-1789) años hacen difícil el recorrido del pensamiento humano a través de tantos males de los cuales Vauban, en su proyecto de un diezmo real, nos ha dejado el lamentable cuadro. En efecto, las guerras son incesantes y destruyen ciudades y pueblos. Católicos o protestantes, reitres o soldados de fortuna, pillan, incendian, violan, reducen a masacre y miseria a los desdichados habitantes. Además de los muertos y mutilados, las pérdidas de los ejércitos se ven aumentadas por las epidemias, que venidas de Oriente van a extenderse a las poblaciones civiles hambrientas y en estado de mínima resistencia.

Sanatorios modernos

Debido al hecho del dominio del mar por los ingleses, los productos coloniales no alcanzan ya en determinados períodos. De ello resulta la ruina del comercio y crisis económicas graves. Por añadidura las tripulaciones de los barcos de guerra o de comercio llegan a sus puertos respectivos con su contingente de enfermedades diversas que contagian a los que viven en las costas.

En fin, con los años, los ejércitos cambian de carácter y se convierten, en el momento de la Revolución, en ejércitos nacionales, compuestos de los elementos más jóvenes y activos del país. La muerte que les azota, disminuye aún más la población. A causa de estas sangrías, los campos están mal cultivados y, por falta de mano de obra, quedan baldíos.

En el siglo XVIII, el regente se lamenta de la cantidad de tierras que están en barbecho. Los inviernos rigurosos agravan la situación, las hambres suceden a las hambres; citemos las de 1630, 1649, 1652, 1661 a 1664 y la de 1709, y bastantes más.

También los motines debidos a falta de pan son frecuentes y los volvemos a encontrar durante la Revolución. Finalmente hay que añadir la falta de higiene corporal, la polución de las aguas, debido a la falta de alcantarillas6. Los señores, feudales abandonan sus castillos para vivir en la corte. Convertidos en cortesanos derrochan sumas considerables para proveer el tesoro real y de este modo aumentan las cargas en las clases más pobres.

Si el clero rural permanece vinculado a su rey, el alto clero parte hacia la corte y agrava aún el malestar social.
La evolución de las ideas de la clase media, la miseria de la clase baja llevarán a la Revolución y a sus excesos para desembocar por reacción en el Imperio y sus guerras.

Las enfermedades y la historia
Numerosas epidemias, más o menos mortíferas, enfermedades diversas, durante estos dos siglos, cuestan a la humanidad millares de muertos. Causan estragos en Europa y veremos, de paso, sus consecuencias familiares, sociales, morales, económicas, demográficas y políticas. Y, a este propósito, ¿es posible preguntarse si estas hecatombes evitaron una superpoblación y un acrecentamiento de las hambres y las desgracias comparable al que vemos actualmente en algunos países del tercer mundo?

Por otra parte, las enfermedades individuales, mucho menos espectaculares que las afecciones epidémicas, rio son menos importantes cuando atacan a los grandes personajes. Ciertos estados patológicos, ciertas muertes (era la norma acusar entonces al veneno), no tuvieron acaso influencia en la evolución de los acontecimientos políticos. He aquí ciertos ejemplos que conciernen a Francia.

La muerte brutal de Madame, la cuñada de Luis XIV, a la que se lleva una perforación de úlcera aguda, contribuye a aflojar los lazos que unen Francia e Inglaterra. La fístula de Luis XIV, que le hizo sufrir cruelmente, para Cartweight, tiene un papel importante en la decisión de la renovación del Edicto de Nantes y este último tuvo en el terreno de la salud consecuencias imprevistas. El acceso que se  llevó al regente intervino en la política interior y exterior de Francia. El defecto que impidió a Luis XVI consumar su matrimonio durante ocho años explica las inconsecuencias de María Antonieta, decepcionada en sus deseos más legítimos.

Este hecho, asociado a otros, tiene un papel importante en la impopularidad creciente de la reina de Francia, en los acontecimientos que se derivarán de ello. La muerte brutal de Mirabeau10, como consecuencia de una pericarditis purulenta, tuvo eco en el desarrollo de la Revolución en el momento en que intentaba refrenarla.

La de Hoche, acontecida en pocos días después de una tuberculosis traqueal perforada, dejó el campo libre a la ambición de Bonaparte suprimiendo el único hombre susceptible de oponerse a él. La úlcera de la que sufría Napoleón explica algunos de sus actos, el síndrome neuroendocrino que evolucionó en él desde 181112 interfirió en su comportamiento y se halla en el origen de errores y faltas que desembocaron en desastres para su país. En fin, el acceso hemorroidal que le acometió en Waterloo tuvo un papel en su derrota.

Enfermedades Infantiles:

Las enfermedades infantiles ejercen su dominio con crueldad. Mueren numerosos niños de pocos años y en 1700 se considera que sólo un niño de cada dos llega a la edad adulta. Los momentos de la crianza y de la dentición son los más críticos. El sarampión, confundido durante mucho tiempo con la escarlatina y la viruela, no se individualizó hasta principios del siglo XVII.

Evoluciona en forma de epidemias muy graves, en particular en Inglaterra. Sydenham describe con todos sus caracteres la de 1670-1674, distinguiéndola de otras afecciones eruptivas. Otras que tienen lugar en 1705, 1718, 1723 son particularmente serias. Esta enfermedad ataca también a los adultos: madame de Conti, la duquesa de Maine, la princesa de los Ursins (Dangeau).

En 1654, Sennert da la primera descripción válida de la escarlatina; recibe el nombre de Sydenhan, que hace de ella una entidad mórbida. Después es objeto de los estudios de Romazzini, Morton y Rosen.

Durante mucho tiempo a la difteria se le dio el nombre de angina diftérica, angina maligna o garrotillo. La estudió en España Luis Mercado, y después en Portugal Miguel de Heredia, y en Italia Severino (1610) y Nola (1620). En 1744-1748, Ghisi; después, en 1765, Home, describen el garrotillo, y Severino propone la traqueotomía. Citemos los nombres de Tomás Rodríguez de Vega (1668) y de Francesco de Fonseca Henriques.

La enfermedad evoluciona por medio de epidemias sucesivas. Bordeu relata la de 1746. Malouin, Chomel el Viejo, estudian las que tuvieron lugar en París entre 1745 y 1748. Éstas atacan Inglaterra (Pothergil, Home). En 1771, Bard demuestra que la angina diftérica y el garrotillo son dos localizaciones diferentes de la misma enfermedad. En 1807, el joven Napoleón, hijo de Luis Bonaparte y de Hortensia de Beauharnais, muere de garrotillo en Holanda47. Señalemos que después de esta muerte el emperador creó un premio para el estudio de la enfermedad.

Baillou describe la tos ferina con el nombre de Pertussis, y luego, en 1695, la describe también Scenk, que la llama la quinta. Desde este momento se produce en forma de epidemias, algunas de las cuales son ya clásicas. Es responsable de numerosos muertos, de este modo mueren en Suecia, durante un período de 15 años, 48.000 niños.

En 1764, Vogel describe la varicela.

Laghi y Mangor demuestran la contagiosidad de las paperas y, en el siglo XVIII se conoce la orquitis de la parótida.

Ver Enfermedades Epidémicas:   Peste Bubónica   –  Tifus  –  Paludismo  – Viruela

Fuente Consultada:
Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail
Grandes Pestes de la Historia – Wikipedia – Enciclopedia Encarta
Por Araceli Boumera

Historia de la Vacuna Contra Poliomielitis

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