Historia de la Produccion en Serie La Cadena de Montaje


CADENA O LÍNEA DE MONTAJE
Cuando pudieron hacerse formas metálicas exactamente iguales, fue lógico pensar en ellas como piezas intercambiables.

Eli Whitney fue quien por primera vez montó piezas intercambiables como un nuevo método de fabricación. Se pudo hacer las piezas en un lugar y luego armarlas en otro. Whitney pensó que en esta forma los productos manufacturados podrían producirse en cantidad mayor con más rapidez y a menor costo.

Ely Whitney

En los primeros años de su juventud, Whitney se ganó la vida batiendo clavos en un yunque. Nunca podía dar a los clavos formas exactamente iguales. Años después, cuando ya había inventado la desmotadora de algodón, en una ocasión en que observaba cómo con un martillo pilón se hacían miles de clavos idénticos, se convenció de que las máquinas tendrían que sustituir a la mano del hombre.

Por esa época, en 1789, Francia estaba en plena revolución, y los Estados Unidos temían que su mejor amiga pudiera volverse contra ellos. Se necesitaban fusiles para la defensa de las costas de América. Para fabricarlos a mano se requerirían años. No es de extrañar que el Departamento de Guerra se alegrase cuando Whitney propuso entregar 10.000 mosquetes en el término de dos años al bajo precio de $ 13,40 cada uno. Se celebró contrato con Whitney, adelantándole una suma para que comenzara la fabricación.

El joven inventor, sin embargo, tropezó con gran dificultad para encontrar hombres que poseyeran la pericia mecánica necesaria para hacer las máquinas cortadoras que reemplazasen al viejo martillo, el escoplo y la lima. Al igual que antes Watt, Whitney tuvo que hacerse las herramientas requeridas y adiestrar en el manejo a los obreros que él tomaba en las fundiciones y talleres de maquinaria.

Su primera tarea fue construir un elemento mecánico que reemplazara a las, manos humanas en la aplicación y dirección del movimiento de un instrumento cortante. No había maquinistas cuyas manos fuesen suficientemente firmes o fuertes como para sostener un instrumento de raspado contra una pieza de hierro que gira más de unos pocos minutos cada vez.

Se necesitaba una presión constante y exacta. Resolvió el problema con una especie de plantilla mecánica, que viene a ser un molde de madera o metal, a lo largo del cual se mueve una herramienta que hace piezas iguales.

Cada pieza del mosquete se sujetaba en una posición prefijada antes que las fresas la cortaran. De esta manera se repetía cada una con precisión absoluta. No sólo se empleaban piezas uniformes, sino que los bancos de trabajo se ubicaban de manera que las piezas pudieran pasarse de un obrero al otro.

La fábrica se dividía en departamentos, cada uno con su máquina especial unida por correa a un eje que impulsaba y hacía todas las herramientas cortantes.

Con esto la fábrica ya estaba preparada para ponerse en marcha, y todas las máquinas comenzaron a trabajar al mismo tiempo. Una máquina daba forma a la caja de madera del fusil, con sus superficies planas y curvadas. En hojas metálicas se hacían agujeros en lugares precisos, a fin de que sirviesen de guías para la producción en masa de trabajo de perforación.

Con grapas se sujetaban hojas metálicas contra los bancos, mientras las fresas las cortaban. Interruptores automáticos-detenían la acción de la herramienta. El mecánico sólo necesitaba agrapar las barras metálicas, las cuales eran cortadas, cepilladas, conformadas, taladradas, lustradas y esmeriladas automáticamente.

Los obreros solamente tenían que reunir las diversas piezas y llevarlas a la sala de montaje, donde se armaban los fusiles en tiempo record.

Finalmente, se dispuso de una forma de producir grandes cantidades de materiales con la rapidez, la uniformidad y la precisión que ningún artesano podía lograr individualmente.

Comienza la producción en masa
En este tiempo las avanzadas de pobladores y colonizadores de zonas lejanas estaban en plena marcha hacia el oeste de los Estados Unidos. Había que preparar las fronteras (que es como se llamaba a los límites entre civilización y regiones incultas) y construir viviendas.



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El hacha era la herramienta predilecta del pionero. Pero éste a menudo tenía que esperar meses a que el herrero le forjara un hacha. Cada mango exigía un tallado cuidadoso. Cada hoja de hacha requería un largo y lento proceso de templado y pulimento.

Lo que Whitney había hecho para el fusil, otros entusiastas de la mecánica lo aplicaron al hacha. Las fábricas las hicieron a millares. Se colocaban en tambores giratorios y pasaban por las llamas de un horno en un proceso de calentamiento uniforme. Luego un martinete de fragua les daba rápidos golpes sucesivos, que hacían perforaciones de una medida exacta, por donde entrase a la perfección el mango.

De la noche a la mañana dejaron de faltar hachas. Corrió si se tratase de celebrar la intensificación de la producción fabril, empezaron a salir en cantidad los relojes de las fábricas. Con máquinas se perforaban miles de piezas por día y se montaban tan rápidamente que todo el mundo pudo tener reloj por muy bajo precio.

El hecho de que las máquinas pudieran hacer cosas mejores y con mayor rapidez produjo una conmoción creciente que todo lo inyadió. Elias Howe descubrió la parte esencial de la idea de una máquina de coser un día en que puso el ojo de una aguja en la punía en lugar de la cabeza.

De esta manera fue posible hacer que el hilo atravesase la lela sin necesidad de que la aguja la pasase de lado a lado. Otro hilo que salía de una lanzadera pasaba por dentro del lazo. Cuando la primera aguja retrocedía nuevamente, con un punto de cadeneta se apretaban los dos hilos. Esto resultó cien veces más rápido que coser a mano.

Singer introdujo mejoras. Mediante un pedal consiguió que las manos de la costurera quedasen libres y pudiesen guiar la tela. Se dio a la aguja movimiento vertical, subiendo y bajando, en vez de moverse Imrizontalmente como la aguja de Howe.

Al poco tiempo la máquina de coser pasó del hogar a la fábrica. La producción en masa hizo bajar los precios. Todos pudieron adquirir desde entonces mi traje nuevo, un vestido nuevo. Las máquinas construyeron nuevas máquinas despúes de cada nuevo invento. La lenta salida de los productos manufacturados, parecida a un goteo se transformó en un diluvio.

PARA SABER MAS…
Cadena de Montaje en Ford

La producción dependió de la rapidez con que el hombre pudiese servir a la máquina. En la línea de montaje, cada hombre agregaba una pieza al armazón desnudo que iba avanzando por esa línea. A medida que el magneto, por ejemplo, se desplazaba sobre un medio transportador, los hombres le añadían algo cada uno, hasta que finalmente salía terminado al cabo de trece minutos. Levantando el transportador del magneto veinte centímetros, para que los hombres no tuvieran que agacharse, el tiempo disminuyó a siete minutos. Imprimiendo al transportador un poco más de velocidad, ese tiempo se redujo a cinco minutos.

Con métodos similares, en la línea del ehassis se redujo el número de estaciones, hasta que fue sólo de cuarenta y cinco, y de la última operación salía el auto armado. Fue éste un ejemplo sensacional del método nuevo de producción. En 1915, un coche se terminaba en noventa y tres minutos. Una década después, luego de haberse vendido 16 millones de automóviles del modelo T, cada quince minutos salía un coche nuevo. Lo más sorprendente de todo es que el precio se pudo reducir de 850 a 295 dolores.

Frederick Taylor fue el primero que concibió la idea de que el propio hombre pudiera convertirse en un mecanismo. Taylor es el ingeniero que descubrió un acero de aleación nueva capaz de cuadruplicar la velocidad de las herramientas cortantes. Imaginó que el propio hombre podía llegar a ser igual de eficiente que una máquina si se eliminaban movimientos superfluos. Utilizando un cronógrafo, determinó el tiempo que tardaban distintos obreros y el que se requería en distintos movimientos para concluir una operación.

Otros ingenieros siguieron estudiando los movimientos de los obreros con el propósito de llegar al máximo de producción posible por minuto. Todos estos estudios sobre la forma de lograr que las piezas y los materiales saliesen en forma uniforme y fija; con la velocidad mayor con que las máquinas pudieran producirlas, desembocaron en una sorprendente conclusión: nunca se conseguiría que el hombre fuese una máquina eficiente.

Ver: Henry Ford y su Producción

Fuente Consultada:
Grandes Inventos de la Humanidad Beril Becker




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