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Economías Planificadas del Socialismo

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Economias Planificadas del Socialismo Karl Marx (1818-1883)

Economias Planificadas del Socialismo Mao Tse Tung (1893-1976)

Economias Planificadas del Socialismo Herbert Marcuse (1898-1979)

LAS ECONOMÍAS PLANIFICADAS DEL SISTEMA SOCIALISTA: Los países que tenían sistemas económicos «socialistas» dirigidos —Bulgaria, Checoslovaquia, la República Democrática de Alemania, Rumania, la Unión Soviética y Yugoslavia— mostraron tasas de crecimiento económico parecidas a las de las economías de mercado de Occidente y Extremo Oriente. Según la norma del «Producto Material Neto» (PMN) que se aplicó en Europa Oriental, las tasas de crecimiento para los años entre 1960 y 1974 variaban entre el 4,6 por ciento para el país técnicamente más avanzado (la República Democrática de Alemania, RDA) y el 9,4 por ciento para el más atrasado (Rumania).

La medida del PMN tiende a exagerar la tasa de crecimiento comparada con el PNB, medida corriente en los cálculos occidentales, pero no existe modo de compararlas con exactitud. La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa tradujo los datos de 1965 en cifras absolutas del PNB per capita y llegó a la conclusión plausible de que ocho países de Europa Oriental alcanzaban niveles de producción comprendidos entre el 48 y el 98 por ciento de la media de las economías de mercado del Sur de Europa. Sin embargo, las cifras comparables para el consumo eran muy inferiores.

Además, la calidad de los productos de las economías centralmente dirigidas era baja, la elección era limitada, el suministro era poco fiable, el servicio (incluido el de los comercios- era de mala calidad, el transporte estaba abarrotado y la vivienda era inferior. Estas cuestiones, que no entraban en las comparaciones oficiales, hacen probable que la renta real y el nivel de vida que se podía permitir con ella en el Este fuese considerablemente más bajo en relación a Occidente de lo que sugieren las estadísticas oficiales.

En comparación con Occidente, las economías planificadas siguieron dedicando más recursos a las industrias pesadas y de bienes de inversión. Por consiguiente, se hacía caso omiso de los intereses inmediatos de los consumidores en favor de un crecimiento futuro más rápido, y los salarios reales subieron con mayor lentitud que la producción. El crecimiento se vio estimulado por un amplio éxodo del campo. Más de una cuarta parte del total de la mano de obra abandonó el campo en busca de otras ocupaciones entre los años 1950 y 1973, y en Bulgaria esta cifra fue de casi el 50 por ciento.

Este movimiento fue provocado por varios factores: por un proceso de puesta al día tecnológico, por la mejora de la calidad de la mano de obra por medio de la educación, y por un notable aumento en el número de mujeres en activo.

Los artículos de consumo ocuparon un segundo lugar en las economías dirigidas, haciéndose hincapié en la industria pesada y los bienes de capital. Por consiguiente, la calidad de los productos en las tiendas era mala, el servicio mínimo, la elección muy limitada y las colas eran algo corriente, como un helado o un calzado.

Experimentos y reformas

En la década de los 60, se redujo el suministro de recursos libres y se hizo necesario cambiar de un progreso extensivo a uno intensivo, es decir, se pasó de invertir en un continuo crecimiento a utilizar las inversiones de un mejor modo. Ello queda claramente demostrado en la agricultura.

La arada de tierra «virgen», iniciada en la Unión Soviética en 1954, fue la última de las campañas extensivas. Hacia 1960, unos sesenta millones de hectáreas habían sido sembradas y la tierra recientemente ganada producía más del 40 por ciento del grano del país. Pero las consecuencias fueron la erosión del suelo y la rápida desertización, y el experimento se detuvo con la caída de Nikita Kruschev en 1964. En lugar de ello, debía aplicarse una mayor cantidad de capital al suelo disponible, tanto para reemplazar la mano de obra como para conseguir los incrementos necesarios. El número de tractores, aumentó hasta más del doble entre los años 1960 y 1973. Sin embargo, a pesar de la creciente producción, la Unión Soviética se vio obligada a importar grano en grandes cantidades a finales de la década de los 60.

Al enfrentarse con una economía cada vez más compleja, el rígido sistema de planificación soviético, que había sido adoptado también por otras economías «socialistas», empezó a mostrar debilidad. Si bien era capaz de seguir un camino trazado, como por ejemplo alcanzar determinados objetivos de producción con una determinada tecnología, la dirección industrial realizada por los burócratas reaccionó mal ante el cambio y la innovación.



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Una serie de reformas iniciadas por Kruschev en 1957, que pasaron los centros de control de los ministerios especializados a las autoridades regionales, fue revocada por Alexei Kosygin en 1965, pero se estimuló una cierta descentralización. Se permitió a las empresas formar «asociaciones» con otras, como una capa intermedia de autoridad entre el centro y la fábrica.
Pero en 1973, había más de mil cien de estas asociaciones. Además, el número de objetivos de planificación para los directores industriales se redujo de 20 o 30 a sólo ocho.

En lugar de ello se introdujeron incentivos monetarios en forma de bonos a los empleados, de gasto social (especialmente en la vivienda) y de fondos de desarrollo para las fábricas. Las reducciones de costes también fueron estimuladas y se cargó un tipo de interés generalmente del 6 por ciento. Hacia 1970, más de 41.000 empresas habían pasado al «nuevo sistema», representando cerca del 92 por ciento de la producción y de la mano de obra.

Estas reformas encontraron eco en otros países del bloque oriental. Se tomaron decisiones formales para dirigir un nuevo curso en Alemania Oriental y en Checoslovaquia en el año 1963, en Polonia en 1964, en Bulgaria en 1965, en Albania en 1966, en Rumania en 1967 y en Hungría (el «Nuevo Mecanismo Económico») en 1968.

Sin embargo, de resultas de ello poco parecía haber cambiado, excepto en Hungría y temporalmente en Checoslovaquia, pues la racionalidad puramente económica no podía reconciliarse fácilmente con una economía dirigida en la cual los objetivos económicos y los métodos eran fundamentalmente el objeto de las decisiones políticas.

El desarrollo tecnológico

La incapacidad de adquirir la última tecnología, que se reflejó en las olas reformistas y en su fracaso, es más notable si se tiene en cuenta que la filosofía dominante fomentaba mucho el progreso científico y técnico. No cabe la menor duda de que los países de Europa del Este realizaron grandes esfuerzos en el campo educativo, incluidas las universidades, y en la investigación y el desarrollo.

Las proporciones de la mano de obra total con educación superior en la Unión Soviética se doblaron entre 1960 y 1973; se triplicaron en Alemania del Este y aumentaron sustancialmente en el resto de las economías planificadas. Sin embargo, la tecnología seguía por detrás de la de Occidente, y de hecho gran parte del aumento de la factura de importación con la que se encontraron los países del bloque oriental a principios de la década de los 70 surgió de su necesidad de maquinaria avanzada, mecanismos de control sofisticados y otros artículos «de alta tecnología» procedentes de los Estados «capitalistas» industrializados.

Parte de las causas de esta situación puede haber sido que una gran cantidad de su esfuerzo de investigación estaba dedicada a los armamentos y a objetivos de prestigio como los viajes espaciales: cerca del 12 por ciento de la renta nacional de la Unión Soviética se invertía en defensa, en comparación con el 9 por ciento en Estados Unidos y el 6 por ciento o menos en Europa Occidental.

La proporción de inversión en los países del Este seguía siendo alta, muy por encima de la de Occidente, y las inversiones continuaron creciendo más deprisa que la renta nacional. Lo que era poco usual en estas economías era la alta cantidad de capital adicional que se necesitaba para generar una producción adicional.

El COMECON y la cooperación económica

El Consejo para la Mutua Ayuda Económica (COMECON), que había tenido unos inicios más bien desfavorables en 1949, empezó a revitalizarse a finales de la década de los 50 y principios de la década de los 60. En parte, ello reflejaba la necesidad de alcanzar técnicamente a Occidente, para pasar a producir más bienes de consumo, y alejarse del objetivo estalinista de autarquía: la independencia de la necesidad de artículos occidentales. El primer acuerdo internacional realizado por el COMECON como entidad fue con Finlandia en 1973.

En 1963 se fundó el Banco Internacional para la Cooperación Económica para facilitar la mutua compensación, utilizando el «rublo convertible» acordado conjuntamente, aunque su efecto era limitado dado que el comercio entre los Estados miembros siguió realizándose a través de acuerdos bilaterales y en función de bienes efectivos. Gradualmente se fueron creando otras instituciones comunes. En 1964 se formó un consorcio de vagones de ferrocarril, seguido por la coordinación, o de hecho unión, de empresas en un número de industrias, entre las que se encontraba la construcción de talleres de laminación, hierro y acero, productos químicos, instrumentos de medición e investigación espacial.

A partir de 1973, había una creciente colaboración en los servicios marítimos en el Danubio y en el Báltico. Se construyeron oleoductos y gasoductos para unir las fuentes soviéticas con los mercados de los vecinos occidentales de Rusia. En 1971 se fundó el Banco de Inversión Internacional con un capital nominal de 1.000 millones de rublos convertibles: a finales de 1973, había proporcionado un crédito para 33 empresas de riesgo compartido, con un coste de 588 millones de rublos convertibles. Quizás de mayor importancia haya sido su capacidad para absorber créditos en Occidente.

No obstante, el principal objetivo aparente del COMECON, la coordinación de los planes económicos y la expansión de una división internacional del trabajo, no se realizó, sin mencionar el objetivo de lograr un mercado más libre entre los países miembros. Por el contrario, en su búsqueda de importaciones de maquinaria a crédito desde los países occidentales a principios de la década de los 70, se manifestó una clara tendencia en cada uno de los países del bloque oriental a intentar adquirir cierta ventaja yendo por su cuenta. El resultado fue una debilitación de los vínculos del COMECON y una cierta cantidad de reintegración de la economía europea a través de la línea divisoria entre Oriente y Occidente.

A Los desfiles anuales en la Plaza Roja de Moscú han incluido siempre una poderosa serie de material militar. El equipo técnico del Ejército Rojo es sin duda impresionante, pero redujo la producción y la productividad disponible para uso civil, mucho más que los gastos comparables en los países occidentales. Aparte del uso de escasos recursos técnicos, el lastre general del amplio ejército también ha sido alto, aunque no existen cifras exactas, puesto que el gasto militar está oculto en muchas partidas diferentes del presupuesto.

Fuente Consultada: Los Cambios Económicos Tomo 2 Sidney Pollard.




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