Los caminos en la antigua roma Los caminos incas en Peru


LAS RUTAS DE PIEDRA DEL IMPERIO ROMANO
Todavía se usan los caminos que sirvieron para forjar el imperio

LA MANÍA de los romanos por los caminos comenzó en el año 312 a.C. con la construcción de la Vía Apia entre Roma y la población de Capua, situada unos 210 Km. al sur. Al extenderse el Imperio por toda Europa, el norte de África y el Cercano Oriente, también lo hizo el sistema caminero. Hacia el año 200 de nuestra era, se habían construido casi 85000 Km. de carreteras. Los constructores eran profesionales capaces: el architectus (ingeniero civil), el agrimensor (tipógrafo) y el librator (nivelador), y los soldados se encargaban del trabajo manual. Los emperadores pensaban que la construcción de caminos mantendría a las legiones ocupadas entre una y otra campaña, pero los soldados no siempre realizaban este trabajo de buena gana; hubo varios motines.

Cimientos de un imperio: Los cimientos variaban según el suelo y las características del terreno, así como la intensidad del tráfico calculado. Para una vía importante la técnica usual consistía en excavar hasta topar con roca firme y luego rellenar la zanja con cascajo, apisonado con arena o grava. Después se ponía piedras mas pequeñas, más grava y una última capa de grandes piedras poligonales.

Lejos de las grandes ciudades, los caminos sólo se empedraban al aproximarse a un pueblo o en las encrucijadas; por lo demás, la superficie era de grava, troncos o simple terracería. También variaban en anchura, de 1.5 a 7.5 m. Aunque los romanos se distinguieron por lo noto de sus caminos (hay varios tramos de hasta 40 Km. en línea recta), solían adaptarlos al contorno de una colina o desviarlos para cruzar un río en el lugar más adecuado.

Llevaban la cuenta: Con herramientas sencillas, entre éstas zapapicos, manilos y palas, los romanos lograron singulares proezas de ingeniería. Cortaron macizas peñas, drenaron pantanos y excavaron túneles. En la localidad de Terracina, al sur de Roma, se quitó una peña de 38 m (120 pies romanos) de altura de un promontorio, para que la Vía Apia continuara su trayecto recto a lo largo de la costa.

Los obreros grababan cifras en la pared del risco cada 10 pies romanos, para registrar su avance desde la cima hacia abajo. El camino pasa frente a la marca del nivel CXX (120).

Una red de servicios, separados entre sí cada seis o diez millas romanas, estaban al servicio exclusivo de los funcionarios del gobierno, lo que les permitía viajar con absoluta seguridad y máxima rapidez. Cada seis millas se encontraban estaciones de postas donde se podían hallar caballos de refresco.

Cada veinte o treinta millas había hosterías (mansiones), donde los viajeros disponían de comida y de aposentos para descansar; también había estaciones de posta de este tipo en los más remotos confines del imperio, pero rodeadas por una empalizada y fosos, lo que las convertía en verdaderas fortalezas.

En las localidades inhóspitas y desérticas se excavaban en los bordes de las carreteras pozos y fuentes destinados a abrevaderos de los caballos utilizados por los funcionarios consulares. Tales pozos y fuentes se hallaban también a disposición de todos los viajeros, quienes, sin embargo, no podían beneficiarse de las hosterías, y mucho menos aún de las estaciones de postas.

El fin del camino: Los caminos romanos se construyeron para perdurar, y duraron más que el propio Imperio. Pero no resistieron a una sencilla innovación: la collera de caballo. Este invento de la Edad Media hizo que los caballos pudieran tirar de cargamentos mucho más pesados que antes e impuso a los caminos cargas para las que no estaban diseñados. El pesado tráfico con ruedas despedazó poco a poco la superficie de las vías romanas. Pese a todo, muchas autopistas de la Europa actual siguen todavía las viejas rutas romanas. Por ejemplo, en la moderna carretera entre Roma y Rímini, en el centro de Italia, se usa un túnel excavado en el año 77, hace más de 19 siglos.

En Britania, donde las carreteras romanas han sido objeto de profundos estudios, el trazado rectilíneo de las carreteras no deja de sorprender. Algunas de ellas, tales como la Dover-Canterbury, la Londres-Chichester, la Londres-Chelmsford-Colchester, la Castor-Lincoln, unen las ciudades siguiendo una línea casi perfectamente recta, a pesar de que en gran parte de su recorrido atraviesan elevaciones del terreno, zonas accidentadas y bosques, por lo cual todavía hoy se hace difícil establecer el medio técnico que permitió a los ingenieros la materialización de los trazados careciendo como carecían de mapas topográficos detallados.

Sección transversal del tipo más común de pavimento utilizado en las carreteras romanas. Sobre el fondo arenoso se colocaba una delgada capa de mortero; encima, una segunda capa de bloques de cemento, sobre la cual se apoyaba la tercera capa, formada por fragmentos de piedra y cal; la capa superior estaba constituida por bloques ele piedra o por un conglomerado de grava.

Fuente Consultada: Sabía Ud. Que..? Selecciones Reader Digest – Wikipedia.

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