Alberdi Juan Bautista Pensamiento Politico Bases y Puntos de Partida



Alberdi Juan Bautista: Su Pensamiento Político – Bases y Puntos de Partida – La Asociación de Mayo en Uruguyay

Cuando Urquiza reunió en Santa Fe al Congreso que sancionaría la Constitución de 1853, sus integrantes comenzaron a buscar modelos para redactarla. Si bien había una idea bastante concreta de lo que se quería, faltaba el aspecto operativo, práctico.

Entonces llegó a sus manos un librito que había preparado Alberdi, abogado argentino radicado en Valparaíso que, alejado de Buenos Aires unos veinte años antes por disidencias con Rosas (aunque nunca fue perseguido), había cumplido en Chile una labor profesional muy destacada.

En su libro, Alberdi proponía un proyecto de Constitución y el fundamento teórico de este nuevo país que iba a emprender su marcha, dejando atrás la larga dictadura de Rosas y la larga época de las guerras civiles, y preparándose para tener otro papel y otras funciones, incluso en el resto del mundo.

juan bautista alberdi

¿Qué decía Alberdi, en síntesis?, el gran historiador argentino Félix Luna lo expresa así: «Para resumirlo con palabras mías: hagamos una Constitución donde se dé toda clase de garantías a las personas que quieran venir aquí a trabajar, a ejercer sus industrias, a educar y a educarse, a transmitir sus ideas.

Es decir, una Constitución que garantice la creación de una sociedad próspera. Pero en cambio no seamos tan liberales cuando se trata de política.

No existe un electorado o una ciudadanía. La Argentina no tiene, todavía, ciudadanos.

Los argentinos nativos no tienen aún hábitos de trabajo, respeto por la autoridad. No tienen nada de aquello que hace posible un gobierno regular.

¿Qué tenemos que hacer entonces? Fomentar la inmigración. Que vengan muchos extranjeros, si es posible anglosajones, y se vayan mezclando con la población nativa.

Entonces, cuando con los hijos o los nietos de esos inmigrantes fragüe un nuevo tipo de hombre, un nuevo tipo de argentino, será el momento de darle no solamente las libertades civiles, sino también las políticas.



Mientras tanto, que gobiernen los más aptos, los mejores —nosotros—, llevando las cosas de modo tal que con inversión extranjera, con tendido de ferrocarriles, con la explotación racional de la pampa, poco a poco se vayan creando condiciones que hagan posibles formas republicanas con un contenido también republicano. Mientras tanto, mantengamos sólo la forma de la república.

En última instancia, este era un pensamiento bastante realista, comparable, si se quiere, al que Rosas expuso en la Carta de la Hacienda de Figueroa.

Y, sin que nadie lo dijese de manera directa, fue el pensamiento que se puso en marcha en la época de Mitre y, más aun, en la de Roca, a partir de 1880.

Es decir: hagamos un país próspero, tratemos de que tenga inserción dentro del mundo contemporáneo, abramos la frontera a los inmigrantes, a los capitales, a las ideas, y por ahora posterguemos un poco lo político, porque todavía no están dadas las condiciones para una república perfecta.»

Documento: El pensamiento de Alberdi

El pensamiento de Alberdi —que, entre otras cosas, sentó las bases de la Constitución Nacional una gran preocupación por el aspecto sociológico de un proyecto de construcción de “El problema del gobierno posible en la América antes española no tiene más que una solución sensata, ella consiste en elevar nuestros pueblos a la altura de la forma de gobierno que nos ha impuesto la necesidad; en darles la aptitud que les falta para ser republicanos; en hacerlos dignos de la república, que hemos proclamado, que no podemos practicar hoy ni tampoco abandonar; en mejorar el gobierno por la mejora de los gobernados; en mejorar la sociedad para obtener la mejora del poder, que es su expresión y resultado directo. […]

¿Cómo hacer, pues, de nuestras democracias en el nombre, democracias en la realidad?.

¿Cómo cambiar en hechos nuestras libertades escritas y nominales?.

¿Por qué medios conseguiremos elevar la capacidad real de nuestros pueblos a la altura de constituciones escritas y de los principios proclamados?.

Por los medios que dejo indicados y que todos conocen; por la educación del pueblo, operada mediante la acción civilizante de Europa, es decir por la inmigración, por una legislación civil, comercial y marítima adecuadas; por constituciones en armonía con nuestros tiempos y nuestras necesidades; por un sistema de gobierno que secunde la acción de esos medios.

[…] ¿Qué nombre daréis, qué nombre merece un país compuesto de doscientas mil leguas de territorio y de una población de ochocientos mil habitantes? Un desierto. ¿Qué nombre daréis a la constitución de ese país?.



La constitución de un desierto. Pues bien, ese país es la República Argentina; y cualquiera que sea su constitución, no será otra cosa que la constitución de un desierto.

Pero, ¿cuál es la constitución que mejor conviene al desierto? La que sirve para hacerlo desaparecer , que sirve para hacer que el desierto deje de desierto en el menor tiempo posible, y se convierta en un país poblado.

Luego éste debe ser el fin político, y no puede ser otro, de la constitución argentina y en general de las demas constituciones de Sudamérica.

Las constituciones de países despoblados no pueden tener otro fin serio y racional, por ahora y por muchos años, que el dar al solitario y abandonado territorio la población de que necesita como instrumento fundamental de su desarrollo y progreso. […]

Es, pues, esencialmente económico el fin de la política constitucional y del gobierno en América. Así, en América, gobernar es poblar.

Definir de otro modo el gobierno es desconocer su misión sudamericana. […]

La cuestión argentina de hoy es la cuestión de América del Sur, a saber: buscar un sistema de organización conveniente para obtener la población de sus desiertos, con pobladores capaces de industria y libertad, para educar sus pueblos, no en las ciencias, no en la astronomía […] sino en la industria y en la libertad práctica. […]

Para poblar el desierto, son necesarias dos cosas capitales: abrir las puertas de él para que todos entren, y asegurar el bienestar de los que en él penetren: la libertad a la puerta y la libertad dentro.”

Las ideas de Alberdi, (también de Sarmiento) como de otros intelectuales contemporáneos sobre las perspectivas de desarrollo futuro de la Argentina, vinculadas a las condiciones favorables que abría el avance del capitalismo industrial en Europa, influyeron sobre las élites dirigentes argentinas.

Expresaban, a la vez, las aspiraciones de esos sectores para superar las limitaciones de su expansión. La mayoría de esas ideas o proyectos fueron llevados a la práctica en las décadas que siguieron a la caída de Rosas. Fueron motivo, también, de intensas polémicas entre sus mentores.



Los siguientes fragmentos pertenecen a Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, escrito por Alberdi luego de la caída de Rosas y publicado en Chile en 1852.

Un punto de partida

[América] «Ella no está bien; está desierta, solitaria, pobre. Pide población, prosperidad.

¿De dónde le vendrá esto en lo futuro? Del mismo origen de que vino antes de ahora: de Europa.»

Lo salvaje y lo civilizado

«Todo en la civilización de nuestro suelo es europeo; la América misma es un descubrimiento europeo.

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[…] Nosotros, los que nos llamamos americanos, no somos otra cosa que europeos nacidos en América.

[…] En América todo lo que no es europeo es bárbaro: no hay más división que ésta: 1: el indígena, es decir el salvaje; 2:, el europeo, es decir, nosotros los que hemos nacido en América y hablamos español […].»

Lo que vendrá

¿Cómo, en qué forma vendrá en el futuro el espíritu vivificante de la civilización europea a nuestro suelo? Como vino en todas las épocas: Europa nos traerá su espíritu nuevo, sus hábitos de industria, sus prácticas de civilización, en las inmigraciones que nos envíe.

Cada europeo que viene a nuestras playas nos trae más civilización en sus hábitos que luego comunica a nuestros habitantes, que muchos libros de filosofía.

[…] ¿Queremos plantar y aclimatar en América la libertad inglesa, la cultura francesa, la laboriosidad del hombre de Europa y de Estados Unidos? Traigamos pedazos vivos de ellas en las costumbres y radiquémoslas aquí.

[…] Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción: en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, […].

Se hace este argumento: educando nuestras masas, tendremos orden; teniendo orden vendrá la población de fuera. Os diré que invertís el verdadero método de progreso.»

Medios, fines y modelos

«No pretendo que deba negarse al pueblo la instrucción primaria, sino que es un medio impotente de mejoramiento comparado con otros, que se han desatendido.

[…] La instrucción, para ser fecunda, ha de contraerse a ciencias y artes de aplicación, a cosas prácticas, a lenguas vivas, a conocimientos de utilidad material e inmediata.

El idioma inglés, como idioma de la libertad, de la industria y del orden, debe ser aun más obligatorio que el latín […].Nuestra juventud debe ser educada en la vida Industrial […].

El tipo de nuestro hombre sudamericano debe ser el hombre formado para vencer al grande y agobiante enemigo de nuestro progreso: el desierto, el atraso material, la naturaleza bruta y primitiva de nuestro continente.

A este fin debe propenderse a sacar a nuestra juventud de las ciudades mediterráneas, donde subsiste el antiguo régimen con sus hábitos de ociosidad, presunción y disipación, y atraerla a los pueblos litorales para que se inspire de la Europa, que viene a nuestro suelo, y de los instintos de la vida moderna.

[…] La industria es el calmante por excelencia. Ella conduce por el bienestar y por la riqueza al orden, por el orden a la libertad: ejemplos de ello Inglaterra y los Estados Unidos.

[…] «Al nuevo régimen le toca invertir el sistema colonial, y sacar al interior de su antigua clausura, […] mediante un sistema de vías de transporte grande y liberal, que los ponga al alcance de la acción civilizadora de Europa.

Los grandes medios de introducir Europa en los países interiores […] para obrar un cambio portentoso en pocos años, son el ferrocarril, la libre navegación interior y la libertad comercial.»

[…] «Es preciso traer las capitales a las costas, o bien llevar el litoral al interior del continente. El ferrocarril y el telégrafo eléctrico, que con la supresión del espacio, obran este portento»[…].

Él hará a la unidad de la República Argentina mejor que todos los congresos. […] Sin el ferrocarril, no tendréis unidad política en países donde la distancia hace imposible la acción del poder central.»

La opinión de Alberdi

Con la brutal franqueza que le era propia, Alberdi señalaba cuáles eran los obstáculos que veía para el progrese económico argentino. Se transcribe aquí algunos párrafos de las Bases: «Conviene aumentar el número de nuestra población, y lo que es más, cambiar su condición en sentido ventajoso a la causa del progreso. Con tres millones de indígenas, cristianos y católicos, no realizaríais la república ciertamente… Es necesario fomentar en nuestro pueblo la población anglosajona.

Ella está identificada en el vapor, el comercio y la libertad, y nos será imposible radicar esas cosas entre nosotros sin la cooperación activa de esa raza de progreso y civilización… Crucemos con ella nuestro pueblo oriental y poético de origen y le daremos la aptitud del progreso y de la libertad práctica…

La nueva política debe tender a glorificar los triunfos industriales, a ennoblecer el trabajo, a rodear de honor las empresas de colonización, de navegación y de industria, a reemplazar en las costumbres del pueblo, como estímulo moral, la vanagloria militar por el honor del trabajo, el entusiasmo guerrero por el entusiasmo industrial que distingue a los países libres de la raza inglesa… ¿Podrá el clero dar a nuestra juventud los instintos mercantiles e industriales que deben distinguir al hombre de Sud América? ¿Sacará de sus manos esa fiebre de actividad y empresa que lo haga ser el yankee hispanoamericano?».

La inquietud de Alberdi era fundada. Sin aptitud tecuca, sin preocupación por la riqueza, sin la obsesión por el trabajo, la población argentina de su época tenía muy pocas perspectivas de incorporarse al progreso económico del modelo europeo.

En la práctica los deseos de Alberdi no se materializaron. No hubo inmigración de ingleses: según el censo de 1914 apenas llegaban al uno por ciento de los extranjeros residentes en el país. Tampoco hubo desarrollo industrial, como requería el modelo. Sin embargo, ya a fines del siglo XIX la Argentina estaba encaminada en un proceso de extraordinaria expansión económica, que habría de durar cerca de cincuenta años.

Lo que pasó es que también los países, como las personas, a veces tienen muy buena suerte. La explotación de un recurso natural de excepción, como era la* tierra de la pampa, la condujo a una prosperidad parecida a la que tenían los países petroleros hasta hace poco. La similitud de ambos casos merece ser analizada con algún detenimiento.

Juan Bautista Alberdi. Bases y puntos de partida
para la organización política de la República Argentina. Valparaíso, 1852. Citado en: Tulio Halperin Donghi.
Proyecto y construcción de una nación (Argentina, 1846-1880). Caracas, Ayacucho. 1980.

Conceptos de Alberdi

Gobernar es poblar en el sentido de que poblar es educar, mejorar, civilizar, enriquecer y engrandecer espontánea y rápidamente, como ha sucedido en Estados Unidos.

Mas para civilizar por medio de la población, es preciso hacerlo con poblaciones civilizadas; para educar a nuestra América en la libertad y en la industria, es preciso poblarla con poblaciones de la Europa más adelantada en libertad y en industria, como sucede en Estados Unidos.

Cada europeo que viene a nuestras playas nos trae más civilizaciones en sus hábitos que luego comunica a nuestros habitantes, que muchos libros de filosofía. Un hombre laborioso es el catecismo más edificante.

¿Queremos plantar y aclimatar en América la libertad inglesa, la cultura francesa, la laboriosidad del hombre de Europa y de Estados Unidos? Traigamos pedazos vivos de ellas en las costumbres de sus habitantes y radíquémoslas aquí.

Al lado del industrial europeo, pronto se forma el industrial americano. La planta de la civilización no se propaga de semilla. Es como la viña: prende de gajo.

Sin grandes poblaciones no hay desarrollo de cultura, no hay progresos considerables; todo es mezquino y pequeño.

Naciones de medio millón de habitantes, pueden serlo por su territorio; por su población serán provincias, aldeas y todas sus cosas llevarán siempre el sello mezquino de provincia.

El tipo de nuestro hombre sudamericano debe ser el hombre formado para vencer al grande y agobiante enemigo de nuestro progreso: el desierto, el atraso material, la naturaleza bruta y primitiva de nuestro continente.

He aquí el arsenal en que debe buscar Sudamérica las armas para vencer a su enemigo capital.

Hacer en vez de eso, de un hombre, una destructora máquina de guerra, es el triunfo de la barbarie; pero hacer de una máquina un hombre que trabaja, que teje, que transporta, que navega, que defiende, que ataca, que ilumina, que riega los campos, que habla de un polo al otro, es el triunfo de la civilización sobre la materia, triunfo sin víctimas ni lágrimas.

Por su índole y espíritu, la nueva Constitución Argentina debe ser una constitución absorbente, atractiva, dotada de tal fuerza de asimilación, que haga suyo cuanto elemento extraño se acerque al país; una constitución calculada especial y directamente para dar cuatro o seis millones de habitantes a la República en poquísimos años.

Una constitución destinada a trasladar la ciudad de Buenos Aires a un paso de San Juan, de La Rioja y de Salta y a llevar estos pueblos hasta las márgenes fecundas del Plata, por el ferrocarril y el telégrafo, que suprimen las distancias.

Una constitución que en pocos años haga de Santa Fe, del Rosario, de Gualeguaychú, de Paraná y de Corrientes, otras tantas Buenos Aires en población y cultura; una constitución que, arrebatando a Europa sus habitantes y asimilándolos a nuestra población, haga en corto tiempo tan populoso a nuestro país, que no pueda temer a la Europa oficial en ningún tiempo.

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA
LA CONSTITUCIÓN DE JUAN BATISTA ALBERDI
Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869

En el duro comienzo de su vida -su madre murió en el parto al darlo a luz- nadie habría soñado con el gran futuro que le esperaba.

A los once años perdió también a su padre, y sus hermanos mayores lo enviaron a estudiar a Buenos Aires.

En el Colegio de Ciencias Morales fue compañero de Vicente Fidel López, Antonio Wilde y Miguel Cañé (padre), pero al no soportar el régimen disciplinario dejó los estudios formales hasta que ingresó a la carrera de leyes de la Universidad de Buenos Aires.

Fue un músico apasionado y escribió el libro El espíritu de la música.

Desde 1832 formó parte del grupo de jóvenes intelectuales que solía reunirse en la librería de Marcos Sastre, apasionados por el romanticismo europeo y sus nuevas ideas políticas.

Su publicación de Fragmento preliminar al estudio del Derecho fue de enorme importancia porque, de algún modo, explicó la situación nacional y presentó posibles soluciones.

Los antirrosistas exiliados en Montevideo lejos de apoyarlo lo criticaron porque, si bien atacaba las acciones tiránicas, no hacía ninguna referencia a Rosas.

Se inició en el periodismo con la publicación de La Moda, donde firmaba con el seudónimo de Figarillo para esquivar la censura del rosismo.

Cuando lo empezó a perseguir La Mazorca, tras la fundación de la asociación de la Joven Generación Argentina, se exilió en Uruguay. Desde 1838 se dedicó al periodismo político y escribió dos obras de teatro en Montevideo.

Ya en 1843 hizo un viaje a París, en el cual visitó al general San Martín. A su regreso se instaló en Chile, donde vivió durante 17 años. Trabajó como abogado y periodista.

Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina es el título del libro que publicó al conocer el triunfo de Justo, de Urquiza sobre Rosas, en la batalla de Caseros.

Se lo envió a Urquiza y se tomó en cuenta como una de las fuentes del proyecto de Constitución Nacional.

El gobierno de Urquiza lo nombró encargado de negocios de la Confederación Argentina ante Francia, Inglaterra, el Vaticano y España. Desde entonces tuvo fuertes enfrentamientos con Domingo Faustino Sarmiento. Murió en un suburbio de París.

Sobre la Constitución: La novísima Constitución de la Confederación, a cuyo texto hemos podido acceder, sigue de cerca el modelo de la Constitución de los Estados Unidos y como es por todos sabido, ha tenido mucho peso el libro Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina derivados de la ley que preside el desarrollo de la civilización en la América del Sur, publicado por el señor Alberdi y ampliamente difundido, puesto que el año pasado tuvo dos ediciones chilenas en Valparaíso y una en Buenos Aires.

Puede decirse que si bien el señor Alberdi permaneció en Chile por razones profesionales, fue el autor que más peso tuvo entre los diputados de Santa Fe.

La Constitución establece que el Poder Ejecutivo será ejercido por un presidente electo por seis años y que no puede reelegirse, el Legislativo por un Congreso con dos cámaras: la de Diputados, en proporción a la población, y la de Senadores, con dos por provincia y dos por la Capital, que durarán nueve años en sus mandatos.

El Poder Judicial lo encabeza una Corte Suprema de nueve miembros.

La Constitución de la Confederación Argentina contiene una declaración de derechos que perfecciona los textos en que se inspira.

Consagra la libre navegación de los ríos y la libertad de cultos.

Esto último fue materia de discusión entre los diputados, aunque establece que el presidente debe profesar el culto católico apostólico y romano y que se sostiene este culto.

El deseo de dar fin a la barbarie se pone de manifiesto al abolir expresamente las ejecuciones a lanza y cuchillo, mención específica que para algunos jurisconsultos preguntados por nosotros es sobreabundante.

Pese a la difícil situación que atraviesa el país en este momento, fundamentalmente por la actitud segregacionista de la provincia de Buenos Aires, es de esperar que prime la cordura y este texto sea el instrumento que posibilite un entendimiento entre los argentinos.

De mantenerse esta provincia en su actual posición irreductible, serán difíciles los primeros años de la Confederación, privada de su provincia más rica, de su Capital y de la casa de la moneda.

Sobre «Gobernar Es Poblar»: en el sentido de que poblar es educar, mejorar, civilizar, enriquecer y engrandecer espontánea y rápidamente, como ha sucedido en Estados Unidos. Mas para civilizar por medio de la población, es preciso hacerlo con poblaciones civilizadas; para educar a nuestra América en la libertad y en la industria, es preciso poblarla con poblaciones de la Europa más adelantada en libertad y en industria, como sucede en Estados Unidos. Cada europeo que viene a nuestras playas ños trae más civilizaciones en sus hábitos que luego comunica a nuestros habitantes, que muchos libros de filosofía. Un hombre laborioso es el catecismo más edificante.

¿Queremos plantar y aclimatar en América la libertad inglesa, la cultura francesa, la laboriosidad del hombre de Europa y de Estados Unidos? Traigamos pedazos vivos de ellas en las costumbres de sus habitantes y radiquémoslas aquí. Al lado del industrial europeo, pronto se forma el industrial americano. La planta de la civilización no se propaga de semilla. Es como la viña: prende de gajo.

Sin grandes poblaciones no hay desarrollo de cultura, no hay progresos considerables; todo es mezquino y pequeño. Naciones de medio millón de habitantes, pueden serlo por su territorio; por su población serán provincias, aldeas y todas sus cosas llevarán siempre el sello mezquino de provincia.

El tipo de nuestro hombre sudamericano debe ser el hombre formado para vencer al grande y agobiante enemigo de nuestro progreso: el desierto, el atraso material, la naturaleza bruta y primitiva de nuestro continente. He aquí el arsenal en qué debe buscar Sudamérica las armas para vencer a su enemigo capital. Hacer en vez de eso, de un hombre, unadestructora máquina de guerra, es el triunfo de la barbarie; pero hacer de una máquina un hombre que trabaja, que teje, que transporta, que navega, que defiende, que ataca, que ilumina, que riega los campos, que habla de un polo al otro, es el triunfo de la civilización sobre la materia, triunfo sin víctimas ni lágrimas.

Por su índole y espíritu, la nueva Constitución Argentina debe ser una constitución absorbente, atractiva, dotada de tal fuerza de asimilación, que haga suyo cuanto elemento extraño se acerque al país; una constitución calculada especial y directamente para dar cuatro o seis millones de habitantes a la República en poquísimos años; una constitución destinada a trasladar la ciudad de Buenos Aires a un paso de San Juan, de La Rioja y de Salta y a llevar estos pueblos hasta las márgenes fecundas del Plata, por el ferrocarril y el telégrafo, que suprimen las distancias; una constitución que en pocos años haga de Santa Fe, del Rosario, de Gualeguaychú, de Paraná y de Corrientes, otras tantas Buenos Aires en población y cultura; una constitución que, arrebatando a Europa sus habitantes y asimilándolos a nuestra población, haga en corto tiempo tan populoso a nuestro país, que no pueda temer a la Europa oficial en ningún tiempo.

JUAN BAUTISTA ALBERDI

La Asociación de Mayo de Alberdi en Uruguay

Así se llamó la sociedad fundada por Alberdi en Montevideo como continuación de La Joven Generación Argentina.

A ella pertenecieron muchos de los emigrados argentinos. Sus objetivos eran los mismos.

— En 1832 un grupo de jóvenes universitarios formaron una sociedad para discutir y estudiar los grandes problemas sociales y las corrientes ideológicas de su época.

Leían y comentaban los autores filosóficos y políticos en auge, sobre todo los franceses. Organizaban reuniones, conferencias y debates.

Era una asociación netamente de jóvenes universitarios con inquietudes intelectuales y sociales.

Por obra de la sociedad los autores, liberales franceses fueron conocidos y difundidos en Buenos Aires. La sociedad se llamó Asociación de Estudios Históricos y Sociales. Su primer presidente fue Miguel Cané.

— En 1834 Marcos Sastre instaló una librería a la vuelta de la Universidad. A ella concurrían numerosos estudiantes. Allí surgió la idea de formar una peña intelectual que llamaron Salón Literario.

En el acto inaugural hablaron Sastre, Gutiérrez y Alberdi. Trataban temas religiosos, políticos, literarios. Editaron un periódico, La Moda, dirigido por Alberdi y que se publicaba cada semana.

El gobierno rosista no vio con simpatía estas reuniones en que se difundían ideas liberales, sobre todo francesas. Al poco tiempo el semanario dejó de aparecer y el Salón Literario tuvo que disolverse.

— En vista de la persecución sufrida por el Salón Literario, a iniciativa de Esteban Echeverría, se fundó una sociedad secreta, a imitación de la Joven Italia que dirigía Mazzini y alentaba la obra de los carbonarios. Mazzini luchaba para lograr la unificación de Italia.

La nueva sociedad que se mantenía en secreto se llamó a sí misma La Joven Generación Argentina y se proponía difundir ideas liberales y preparar la caída de Rosas.

En la reunión inaugural Echeverría leyó las «Palabras Simbólicas» que resumían su programa.

Era un grupo de jóvenes entusiastas e idealistas que luchaban por dar al movimiento patrio un contenido acorde con las ideas liberales que conmovían a Europa, sobre todo a Francia.

Lamentablemente no tenían aún la madurez suficiente para hacer la adaptación de esas ideas a nuestra realidad.

No gozaban de la estima de los unitarios que los consideraban utópicos e idealistas.

Tampoco de los federales por ser antirosistas. Sin embargo los unitarios se valieron de ellos en su lucha contra Rosas.

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