Biografia de Gaddafi Muamar Politico Dictador de Libia



Biografía de Gadafi Muamar Político Dictador de Libia

Libia es uno de los países árabes que mayor relieve ha alcanzado en los últimos años. Destacan en esta nación su privilegiada sifuación geográfica, sus enormes recursos petrolíferos y, sobre todo, la polémica figura de su dirigente, hoy fallecido el coronel Mu´ammar al-Gadafi. La moderna historia de Libia se inicia en 1912 bajo el signo de la dominación italiana.

Anteriormente era un conjunto de unidades territoriales autónomas del Imperio otomano, y después de la segunda guerra mundial, en 1950, se constituyó oficialmente el país, e Idris I, con el apoyo de Gran Bretaña, fue proclamado rey. La sociedad libia, mayoritariamente islámica, se regía por los principios del Corán y los castigos para los que osaran infringir la ley eran similares a los de la edad media occidental.

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Gadafi se proclamó continuador del panarabismo nasseristay, en 1977, instauró el régimen de la Jamahiriya, “gobierno de las masas” que conjugábalos preceptos del islam con los principios generales del socialismo, tal como lo desarrolló ideológicamente en su famoso Libro verde.

Durante la guerra italoturca los libios mantuvieron violentos combates con los invasores italianos, y en ella murió uno de los abuelos de Gadafi. Su propio padre, Abdul Abuminiar, permaneció prisionero de las tropas coloniales durante varios meses.

Mu’ammar al-Gadafi nació en 1941 en el seno de una familia beduina nómada perteneciente a la tribu Ghadaffa. Gadafi creció oyendo las historias que le contaban su padre y su tío sobre la liberación y posterior independencia del país. Su mente infantil quedó muy impresionada por la descripción de las atrocidades que cometieron los italianos contra los de su raza. Pero quien mayor influencia ejerció sobre aquel niño beduino fue, sin duda, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.

Cuando el joven Mu’ammar apenas contaba trece años de edad, se produjo el acceso al poder del líder egipcio, que proclamaba un socialismo nacionalista y la unión de todos los árabes. Nasser fue el primer ídolo de Gadafi, que buscó en el presidente de Egipto el espejo que habría de servirle de ejemplo en su orientación como líder de un pueblo y como musulmán.

El padre de Mu’ammar podía dar a su familia escasos lujos con lo que producía la venta de ganado; su esposa, Aisha Ben Niran, dio a luz al primogénito en una tienda hecha de pieles de cabra, en algún lugar del desierto entre el puerto mediterráneo de Syrte y la ciudad de Sebha.

A pesar de los escasos medios con que contaba su familia, Gadafi pudo acceder a un nivel de educación muy elevado en relación con la media libia de entonces.

Con quince años ingresó en la escuela elemental de Syrte y, tras superar varios cursos en un sólo año, pudo proseguir sus estudios secundarios en un instituto de Sebha.



Desde la adolescencia, Mu’ammar demostró una profunda conciencia islámica y, a finales de los años cincuenta, cuando sólo era un alumno de bachillerato, intervino activamente en varias manifestaciones políticas a favor de Nasser y en contra de Israel

En 1965 ingreso en las fuerzas armadas libias y se  contactó con grupos de militares jóvenes, de origen humilde como él, con los que compartió la misma pasión conspiradora.

En 1966 fundó con sus compañeros el Grupo de oficiales unionistas libres, la organización que desde entonces dirigió la influencia británica en el país.

En el comportamiento de Gadafi destacaban su pasión por la lectura del Corán y la escrupulosa observancia de sus preceptos religiosos, así como un austero modo de vida que excluía el alcohol, el tabaco, el juego y las diversiones de todo tipo.

La derrota árabe en la guerra de los seis días de 1967 convenció a los oficiales unionistas de la necesidad de pasar rápidamente a la acción. Según el propio Gadafi, el ataque israelí fue «una injuria para todos los árabes.»

Debido a la poca actuación del rey de Libia en la guerra de los Seis Dias en 1967, donde los árabes fueron derrotados por los ataques  israelitas, decidió pelear por su   derrocamiento y el 1 de setiembre de 1969 dió un golpe definitivo, que triunfó sin derramamiento de sangre.

En esta primera declaración oficial del nuevo gobierno, el Consejo de la revolución convocaba al pueblo libio a construir el socialismo, a cooperar con las naciones no alineadas, a combatir el racismo, el colonialismo y la opresión social, pero, sobre todo, a seguir los preceptos de la ley islámica. También se aseguraba que las personas y los bienes extranjeros serían respetados. El 6 de setiembre el gobierno estadounidense reconocía como legítimo al régimen surgido del golpe de estado militar.

Otro decreto, también fechado en julio, nacionalizó las compañías distribuidoras de petróleo e incrementó la carga fiscal de las empresas multinacionales que explotaban los yacimientos petrolíferos libios. Gracias a este conjunto de medidas nacionalistas radicales, la figura del coronel Gadafi alcanzó un notable prestigio dentro del mundo islámico.

Con la muerte del lider egipcio Nasser en 1970, Gadafi empezó, desde entonces, a jugar un papel clave en los delicados equilibrios del mundo árabe.

Las fuerzas libias contribuyeron, a lo largo de 1971, a detener un golpe de estado contra Hassan II de Marruecos, apoyó también a las guerrillas musulmanas que combatían en el vecino Chad contra los franceses, amenazó con intervenir a favor de la guerrilla musulmana filipina y del gobierno pakistaní en su conflicto contra la India. También se suponía que organizaciones palestinas como Setiembre negro dependían enteramente de la ayuda financiera de Gadafi, a quien también se acusó de ofrecer ayuda económica a varios países africanos si rompían sus relaciones con Israel.



En cuanto a su vida privada, el coronel Gadafi había contraído matrimonio con su primera esposa, Fathia Nouri Kaled, el 25 de octubre de 1968. Poco después nació su primer hijo, Muhammad. En julio de 1970 contrajo nuevas nupcias con Safiya, una enfermera egipcia a la que conoció en El Cairo a fines de los años sesenta, al parecer mientras se sometía a un tratamiento siquiátrico.

Políticamente Mu’ammar al-Gadafi se enfrascaba en la modernización del país, canalizando los ingresos que producía el petróleo hacia la construcción de hospitales, viviendas y autopistas, el desarrollo de la industria, y la mejora y extensión de los cultivos mediante el mayor programa nunca planeado para la fertilización y riego de suelos áridos y desérticos.

En 1972 Gadafi dio un giro brusco en su política para buscar el apoyo de la Unión Soviética, y así compensar el giro hacia Occidente impuesto por Sadát Usucesor de Nasser en Egipto) a las posiciones egipcias; abrió sus pozos de petróleo al coloso comunista a cambio de armamento, al tiempo que nacionalizaba el 50 % de las concesiones oficiales italianas.

Implantación de la pena de muerte y el establecimiento de largas condenas de cárcel para los huelguistas, los trabajadores que faltasen con frecuencia al trabajo y los periodistas que escribieran sobre temas no autorizados.

Se dedico plenamente a la elaboración de una teoría política que sirviera de guía a todos los países islámicos. Sus reflexiones dieron lugar a la «tercera teoría universal», recogida en los tres volúmenes del Libro verde. Su doctrina pretendía definir un nuevo sistema político alejado del capitalismo, pero también distante del marxismo pese a sostener objetivos socializantes.

Por otro lado inició una campaña o “revolución cultural” que incluía  la lucha contra la corrupción, la fidelidad a las enseñanzas del Corán y la destrucción de los «libros engañosos que llevan a la juventud a la locura y la enfermedad». Todo esto supervisado por más de 400 «comités populares», compuestos mayoritariarnente por jóvenes estudiantes y obreros, que se encargaron de dirigir la campaña en fábricas, centros de enseñanza, granjas y periódicos: en poco tiempo se produjeron cientos de detenciones y se quemaron miles de libros.

La «revolución cultural» puesta en marcha por Gadafi le reportó graves tensiones con Egipto y Siria que, pese a los acuerdos anteriormente firmados, se resistían a emprender un proceso efectivo de unificación. La forma en que debía conducirse el enfrentamiento árabe con Israel fue también motivo de profundas divergencias. Egipto y Siria contemplaban la posibilidad de una guerra controlada y las negociaciones paralelas como la única forma de contener la potencia israelí; para Libia, por el contrario, sólo era aceptable la destrucción total del enemigo.

Tras la guerra de 1973, Gadafi se sintió traicionado por sus aliados y, el 1º de diciembre de ese mismo año, tras la negativa egipcia a seguir la guerra hasta el fin, los dos países rompieron sus relaciones diplomáticas, y de este modo la unidad panarábica se volvió hacia otro pais vecino, Túnez, proyecto que quedó abortado en el medio de las negociaciones de unificación.

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Las formas políticas de Gadafi eran, sin duda, originales y le valieron todo tipo de apelativos. Desde su acceso al poder, el jefe libio visitaba los lugares más remotos del país, dormía en las tiendas de los beduinos y, como un moderno califa de Bagdad, recorría de incógnito las calles de la capital.

La plena efervescencia de la «revolución cultural» se mantuvo hasta 1977. Durante este período aparecieron los primeros intentos de revueltas militares contra el régimen (julio de 1975, abril de 1977) que se saldaron con la ejecución de varias docenas de oficiales. En el aspecto económico se conoció una etapa de creciente prosperidad gracias al sostenido incremento de las rentas del petróleo. La política exterior de esta etapa estuvo marcada por los constantes enfrentamientos con Egipto, que casi desembocaron en guerra abierta en varias ocasiones.

Esta fase de la «revolución cultural» libia se cerró en febrero de 1977, la política interna no sufrió tampoco cambios sustanciales hasta 1979,  el resurgimiento islámico iraní, y pese a las diferencias religiosas que mantenía con el imán Jomeini, el 2 de setiembre de 1979 se dirigió a los «comités populares» para convocar a la ocupación de las embajadas de Libia, que debían ser convertidas en «oficinas del pueblo».

Numerosas embajadas libias de Europa fueron ocupadas por grupos de esta nacionalidad, que unieron sus esfuerzos para combatir a los disidentes exiliados. Muchos de éstos sufrieron atentados, principalmente en Atenas, Roma y Londres. El gobierno de EE.UU. decidió cerrar la embajada libia en Washington y Gadafi respondió con la expulsión de todos los ciudadanos estadounidenses instalados en Libia.

Se inicia una serie de acontecimientos de maxima tensión bélica, mientas Ronald Reagan amenazaba con hacer de la lucha contra Gadafi un principio rector de su política exterior.

En otros frentes, las pretensiones panarábicas de Gadafi volvían a transformarse en iniciativas concretas: primero fue un nuevo intento de fusión con Siria, cuyo presidente Hafiz al-Asad acababa de romper las negociaciones de unidad con Iraq. El intento se diluyó con el paso de los meses.

El 8 de mayo de 1984, un grupo de unos treinta hombres atacó con armas pesadas y ametralladoras el recinto fortificado de Bab el Aziziya, residencia habitual del coronel Gadafi. El ataque, que duró varias horas y se saldó con decenas de muertos, no terminó hasta «la completa aniquilación de los agresores», que tomaron varios rehenes en un intento desesperado por anular la resistencia de las milicias populares.

Con el paso del tiempo, la imagen del líder indestructible, forjador de la unidad árabe, sucesor de Nasser, estaba dejando paso a la imagen de un hombre cansado, con actitudes sumamente polémicas, y cuyo país ya no era tan respetado ni tan rico a causa de la caída de sus ingresos petrolíferos, que trabajaban a un ritmo de producción que no permitía garantizar los recursos necesarios para mantener la renta per cápita más elevada del continente africano.

A pesar de todo, Gadafi aún tenía ímpetu suficiente para hallar aliados dentro del mundo árabe: el 13 de agosto de 1984 se hacía público un comunicado conjunto de Marruecos y Libia, según el cual los jefes de estado de ambos países proclamaban la Unión Árabe-Africana, surgida de la fusión entre ambos países.

La continuación del régimen de Gadafi se encontraba amenazada pero, en cualquier caso, su obra era ya conocida en todo el mundo y su pensamiento quedaba recogido para la posteridad en los tres volúmenes de su Libro Verde.

Sus estrechos vínculos con Moscú hicieron que las potencias occidentales lo acusaran de patrocinar el terrorismo internacional.

Decían que Gadafi daba cobijo en su país y entrenaba desde organizaciones radicales palestinas a movimientos separatistas europeos, como el IRA y ETA. Tanto en su etapa pro soviética como en la de acercamiento a Estados Unidos tras el colapso de la URSS, Gadafi se las ingenió para articular la matriz religiosa del Estado, mantener unidas las tres regiones básicas del territorio y amalgamar la frágil multiplicidad tribal.

Una gran rebelión estalló en 2011, tras la caída de los regímenes de Túnez y Egipto.  Luego de meses de lucha armada, Gadafi fue capturado y ejecutado en octubre de ese año.

El caso más famoso de la conexión Libia con el terrorismo, fue al estar implicada en el atentado de Lockerbie en 1988. Un avión que transportaba a 259 personas explotó cerca de Lockerbie, Escocia, matando a todos a bordo, y la caída de escombros mató a 11 civiles en tierra. También se creía que los terroristas libios, incluido un suegro de los Gadafi, estaban detrás de la destrucción de un avión de pasajeros francés en 1989, matando a los 170 a bordo.

En la década de 1990, la relación entre Gadafi y Occidente comenzó a mejorar. Cuando Gadafi se enfrentó a una creciente amenaza de los islamistas que se oponían a su gobierno, lo obligaron a compartir información con los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses. En 1994, Nelson Mandela persuadió al líder libio para que entregara a los sospechosos del atentado de Lockerbie.

Gadafi fue bien recibido en las capitales occidentales, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, lo contó entre sus amigos más cercanos. El hijo y heredero de Gadafi, Seif al-Islam Gadafi, se mezcló con la alta sociedad de Londres durante varios años. Muchos críticos de la amistad recién descubierta de Gadafi y Occidente creyeron que se basaba en negocios y acceso al petróleo.

En 2001, las Naciones Unidas suavizaron las sanciones a Libia, y las compañías petroleras extranjeras establecieron nuevos contratos lucrativos para operar en el país. La entrada de dinero a Libia hizo que Gadafi, su familia y sus asociados se volvieran aún más ricos. La disparidad entre la familia gobernante y las masas se hizo cada vez más evidente.

Después de más de cuatro décadas en el poder, su definitiva caída de  ocurrió en menos de un año. En enero de 2011, la revolución tunecina expulsó al dictador Zine al-Abidine Ben Ali y puso en marcha la Primavera árabe. El mes siguiente, el gobernante egipcio Hosni Mubarak fue expulsado, lo que dio un impulso moral a los manifestantes en varias capitales árabes.

A pesar del ambiente de severa represión, las manifestaciones estallaron en la ciudad de Benghazi y se extendieron por toda Libia. Gadafi utilizó la fuerza militar para tratar de reprimir las protestas, y la violencia se intensificó rápidamente.

La policía y los mercenarios extranjeros fueron llevados para disparar a los manifestantes, y se enviaron helicópteros para bombardear a los ciudadanos desde el aire. A medida que aumentaban las bajas, los libios se volvieron más decididos a ver el derrocamiento de Gadafi.

A medida que la violencia se extendió por todo el país, Gadafi pronunció varios discursos en la televisión estatal, alegando que los manifestantes eran traidores, extranjeros, al-Qaeda y drogadictos. Instó a sus partidarios a continuar la lucha, y pequeños grupos de leales fuertemente armados lucharon contra los rebeldes.

El 20 de octubre intentó escapar de Sirte en un convoy fuertemente armado, pero la columna fue detectada y atacada por aviones de la OTAN en las afueras de la ciudad. Gravemente herido en el ataque, el dictador libio tuvo aún fuerzas para esconderse, pero fue capturado poco después por las soldados rebeldes y ejecutado.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo Tomo 4 Entrada: Muamar Gadafi  – Editorial Planeta
Revista TIME Historia del Siglo XX – El Mundo Islámico  – Clarín –

 

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