Características Principales de los Oceanos Superficie,Profundidades



Océanos: Características Generales

En nuestro planeta, la mayor parte del agua existente en él, se encuentra contenida en los denominados océanos, es decir, en las grandes subdivisiones de masa de agua que separan unos continentes de otros. Estos representan el 64% de la superficie terrestre, ocupando una extensión aproximada de 361 millones de Km².

La altura media de la tierra es de 675 metros; la profundidad media del mar alcanza a 4.000, y el área de la superficie del mar es más de dos veces y media el área de la tierra: unos 372.950.000 kilómetros cuadrados de mar contra 142.500.000 Km² de tierra. Esto significa que el volumen total de agua salada es más de 13 veces el volumen de toda la tierra que hay sobre el nivel del mar.

De estas dimensiones se puede deducir que si la Tierra fuera una verdadera esfera oblonga de densidad uniforme, su superficie total estaría cubierta de una capa de agua de un espesor de tres kilómetros. Sólo una elevación o descenso relativamente pequeños del nivel del mar tendría consecuencias geográficas alarmantes.

Un descenso de 180 metros en el nivel del mar uniría a Inglaterra y Francia, y también a Asia con América, por el estrecho de Behring. En total quedarían 26.000.000 de Km² de nueva tierra en seco. Por otra parte, una elevación en el nivel del mar de 600 metros sumergiría la mayor parte de la tierra seca.

vista del oceano

Es decir, que la masa oceánica es muy superior a la masa continental, por lo que cabría preguntarnos, ¿son relevantes son los océanos parar nuestro planeta? Rotundamente la respuesta es sí y sin lugar a dudas. Esto no sólo tomando en cuenta las cuestiones que atañen a sus dimensiones, sino también el papel que desempeñan como  fuente de alimento, regulador del clima y del ciclo del agua, y además como elementos notables en el mecanismo de la tectónica de placas.

Desde la antigüedad, el hombre descubrió que estas masas de agua podían llegar a ser fuente de alimentos. Esta práctica se continúo con el correr de los años hasta nuestros días, a tal punto que se extraen anualmente 10 millones de toneladas aproximadamente de pescado. Sin embargo, otros productos también son obtenidos de aquí; como ser aceites, pieles, algas y esponjas, entre otros.

Los océanos intervienen en el clima de una manera considerable. Esto se debe a que de ellos proviene la mayor parte del agua que se trasmite a la atmósfera por evaporación y de la que proceden las lluvias, elemento vital para el funcionamiento del planeta. Sumado a ello, las grandes masas de agua actúan como reguladores térmicos, logrando que en las regiones costeras las temperaturas no sean tan extremas como en el interior  de los continentes.

Sin embargo, la presencia de corrientes marinas Frías o cálidas intervienen en la aparición de zonas desérticas, la suavización del clima en regiones particulares, y en la creación de zonas favorables para la vida de animales marinos.

También, no debemos dejar de lado que los océanos participan en el mecanismo de tectónica de placas. Esto se debe a que en el centro de estas masas oceánicas encontramos cordilleras submarinas, con crestas dislocadas por grandes fracturas por la que sale a la superficie material procedente de la astenósfera, que contribuye a la renovación de los fondos oceánicos y por ende, al movimientos de placas de la corteza terrestre.



Nuestros Océanos

La distribución de las masas oceánicas se encuentra en tres grandes unidades, con la particularidad de poseer una extensión muy desigual una con otra. El más grande de ellos se encuentra entre América, Asia y Oceanía; nos estamos refiriendo al océano Pacífico, cuya superficie es de 165.200.000 Km2. Este además, abarca casi la mitad de la extensión de las aguas marinas. En segundo lugar, pero a mucha distancia de este, nos encontramos con el océano Atlántico (82.400.000 Km2), el cual separa el continente americano de Europa y África.

En tercer lugar, se sitúa el océano Índico (73.400.000 Km2 ) que se extiende entre África, Asia y Oceanía. Sin embargo, nos encontramos con dos océanos de menor tamaño localizados en torno a los polos: estos son el océano Glacial Ártico (con 14.100.000 Km2) y el océano Glacial Antártico.

Además de los océanos, existen otras subdivisiones de la masa oceánica de tamaño menor que se denominan:mares. Por lo general, estas pequeñas unidades están situadas junto a las costas de los continentes, pero pueden aparecer también en su interior, o bien en el espacio comprendido entre uno o varios continentes. Los primeros se suelen llamar mares exteriores, los segundos mares interiores y los últimos mares intracontinentales o intercontinentales.

ALGO SOBRE LOS MARES… El mayor mar es, sin duda, el océano Pacífico , el cual tiene un área de 165.337.000 kilómetros cuadrados, mayor, por tanto, que la de toda la tierra seca del globo. Contiene muchas islas, pero hay partes de él que están a más de 4.000 kilómetros de distancia del más próximo continente. Es más profundo que el Atlántico; en su mayor parte tiene más de 3.200 metros de profundidad, pero en algunos sitios es mucho más profundo. A la vista de la costa del Perú hay un estrecho cauce que tiene más de 8.400 metros de proftindidad.

Frente a la costa del Japón hay un área más grande que Nueva Zelanda, conocida por la Fosa del Tuscarora, que tiene una profundidad de más de 8.400 metros, y en un lugar cerca de las islas Kuriles no se ha encontrado fondo hasta los 8.379 metros.

La mayor profundidad sondeada fué medida por el barco alemán Planet frente a la costa oriental de las Filipinas: el plomo descendió hasta una profundidad de 9.626 metros. Por otra parte, el estrecho de Behring sólo tiene una profundidad de 90 metros, y el mar entre Asia y las Filipinas y entre las Filipinas y las islas de Australia tiene raramente más de 180 metros de fondo.

El océano Atlántico, con sus brazos océano Ártico y mar Mediterráneo, tiene un área de 89.873.000 kilómetros cuadrados. Es esencialmente el océano de los ríos, pues a él afluyen, directa o indirectamente, casi todos los grandes ríos del mundo: el Amazonas, el Misisipí, el Orinoco, el de La Plata, el Uruguay, el Paraná, el Congo, el Nilo, el San Lorenzo, el Danubio, el Rhin, el Ródano, etcétera.

Aunque no tan profundo como el Pacífico, es, en general, bastante hondo. En muchos sitios tiene una profundidad de más de 5.400 metros. Está dividido en dos cuencas oriental y occidental, por una meseta submarina denominada cordillera del Delfín, que va de norte a sur, y sobre la cual hay raramente más de 3.600 metros de agua. Sobre él se alzan Islandia, las Faroes, las islas de Shetland, las Azores y las de la Ascensión y Tristán d’Acunha. El mayor sondeo realizado en el Atlántico fué de unos 8.400 metros, a unos 113 kilómetros al norte de Puerto Rico.

El océano Indico es un poco mayor que la mitad del Atlántico y tiene una profundidad media de 4.500 metros. Su parte más profunda está entre Java y la parte noroeste de Australia, en donde alcanza a 5.400 metros. El Mediterráneo es, realmente, un brazo del Atlántico, con el cual se comunica por el estrecho de Gibraltar.

Comparado con los otros es un mar poco profundo. Si descendiera solamente 180 metros produciría grandes consecuencias internacionales y geográficas, pues los Dardanelos y el Bosforo se convertirían en tierra seca; el mar Adriático desaparecería casi totalmente; Mallorca se uniría con Menorca, Cerdeña con Córcega y Malta con Sicilia. Si descendiera 362 metros el estrecho de Gibraltar se convertiría en un istmo, y si el descenso fuera de 444 metros quedaría dividido en dos mares interiores, oriental y occidental, por una lengua de tierra que se extendería desde Malta a África. El Mediterráneo alcanza su mayor profundidad hacia su extremo este, 4.140 metros.



Además de estos grandes mares abiertos hay otros varios circundados de tierra, como, por ejemplo, el Caspio, el Aral y los grandes lagos africanos.

El mar Caspio tiene una profundidad de 5.400 metros, suficiente para cubrir el monte de San Elias, y llena un espacio que es casi tres veces el área de Nueva Inglaterra. Este mar y el de Aral son residuos del antiguo Mediterráneo, o mar de Tethys.

Su salinidad

Un verdadero complejo químico, es el que constituye el agua de mar ya que en el se representan todas las sustancias minerales conocidas, tan necesarias para el mantenimiento de los fenómenos vitales. Esta variedad se hace palpable en su riqueza en oxígeno y en iones, y también en su contenido en cloro y sodio, que al combinarse, forman el clorurote sodio (sal común). Esto último, es la causante de que el agua de mar sea salada.

Entonces, podríamos decir que las sales disueltas en agua de mar es lo que se conoce como “salinidad”, la cual se expresa en partes por mil de masa. Por lo que 35 gramos de sales por kilo de agua, es el promedio de salinidad presente en las aguas marinas.

Sin embargo, la salinidad de un lado a otro no es uniforme, sino que varía de manera extraordinaria. Esto se debe fundamentalmente a diversos factores, el primero de ellos es la evaporación, por que es la causante de que las masas marinas y oceánicas pierdan agua, volviéndose en consecuencia más saladas. Otro factor relevante son las lluvias, ya que aportan grandes cantidades de agua dulce, lo que disminuye la salinidad en el mar.

De acuerdo a estos factores, se puede establecer que la salinidad es menor en los polos, ya que ahí existe menos evaporación, situación contraria a lo que pasa en las regiones tropicales. Y además será mayor esta salinidad en los mares que no reciben la desembocadura de ríos importantes, ya que estos reciben gran cantidad de aportes fluviales.

SALINIDAD Y GEOGRAFÍA: La evaporación concentra el agua de los mares; el ingreso de agua dulce por los ríos la diluye. En los mares cálidos y encerrados, donde la evaporación es superior al aporte fluvial, la salinidad es elevada: en el mar Rojo alcanza de 37 a 41 por mil. El Mediterráneo compensa el exceso de evaporación de agua pura con el ingreso de agua salada por Gibraltar y de tal manera su concentración salina se eleva (oscila entre el 37 y el 40 por mil).

En el extremo opuesto se sitúan el mar Báltico (de 2 a 15 por mil), el mar Negro (17 a 20 por mil) y el océano Ártico (20 por mil); en éstos, la evaporación superficial es escasa y el ingreso de agua dulce resulta proporcionalmente elevado. Las áreas de mayor salinidad oceánica no son las ecuatoriales debido a que la humedad reinante limita la evaporación; el aire encierra tanto vapor que no absorbe mucho más. Por el contrario, en las regiones de los trópicos (entre 20° y 30° de latitud norte o sur), donde soplan los vientos alisios secos durante todo el año, la evaporación es mucho más considerable y la salinidad aumenta. Si las tierras contiguas son desérticas la falta de dilución por las aguas fluviales refuerza su efecto.

SALINIDAD Y VIDA MARINA: La concentración de sales en el protoplasma es una característica que los seres vivientes alteran sólo con enorme dificultad. En efecto, el agua tiende a atravesar las membranas desde la solución menos concentrada hacia la más concentrada, como si tratara de equilibrar sus respectivas proporciones de sal. Un ser unicelular de agua salada se hincha hasta estallar si se lo coloca en agua pura; el fenómeno inverso se observa cuando se sumerge en agua salada un pequeño organismo de agua dulce.

Cuando se coloca una rana en agua de mar el animal adelgaza rápidamente por la pérdida de agua a través de su piel. En cambio, una semilla, que contiene una determinada cantidad de sales, se hincha y eventualmente germina en agua pura. Salvo contadas excepciones, como el salmón y la anguila, cada tipo se circunscribe estrictamente a su ambiente. La gran división entre organismos de agua dulce y de agua salada (vegetales o animales) es muy estable.



Temperatura y densidad

Dos valores que están en íntima relación son la temperatura y densidad, las cuales en los océanos son muy variables al igual que la salinidad.Los océanos presentan grandes diferencias de temperaturas entre las aguas superficiales y las aguas profundas. Las primeras se encuentran afectadas por el calentamiento procedente de los rayos solares, evidenciando unos cambios térmicos similares a los continentes.

Es decir, que en los océanos las temperaturas decrecen desde el Ecuador, donde se desarrolla un máximo calentamiento, hasta los polos. Por ejemplo se pasa de unos 29 °C. en los mares tropicales a – 1,9° C. en los mares polares, donde sus aguas permanecen heladas durante la mayor parte del año. Pero además, a mayor profundidad (más de 1.500 metros) la temperatura permanece estable entre los 4° C. y 1° C. ya que los rayos solares tienen la imposibilidad de llegar ahí.

Las variaciones térmicas tanto diurnas como estacionales de las aguas superficiales, son más moderadas que las del aire y de la superficie terrestre.

En cuanto a la densidad, este segundo valor es muy cambiante, el mismo es de 1,027 g/cm. cúbicos, esta varía en función de la temperatura y la salinidad, por lo que cuanto más frías y más saldas sean las aguas, mayor será su densidad. Es decir, que la densidad aumenta desde el ecuador, hacia los polos.

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Ondulaciones de la superficie oceánica

La manifestación en el exterior en forma de crestas caracterizadas por su altura y por su longitud, de las oscilaciones rítmicas que afectan a la superficie oceánica, reciben el nombre de olas. Principalmente se originan por la acción del viento, pero además pueden deberse a la presión atmosférica en la costa o en sus alrededores.

De igual manera vamos a ser la distinción entre las olas de vientos, formadas en regiones oceánicas donde sopla el viento, y el oleaje, constituido por las olas que van consumiendo la energía generada por el viento. Por tanto, el oleaje aparece cuando el viento cesa o cuando la ola abandona su área de generación y se traslada a otras regiones.

Estas manifestaciones no superan más de 30 o 40 centímetros de altura, salvo en tormentas donde puede llegar a causar inundaciones y destrozos. La importancia de las olas radica en la navegación desde tiempos muy remotos. Esto se debe a que las partículas de agua que la forman no avanzan ni retroceden, sino que describen un movimiento circular o elíptico, con un diámetro que va disminuyendo conforme aumenta la profundidad.

Corrientes marinas

Las corrientes marinas son otros de los movimientos que experimentan las aguas de los océanos. Estas son grandes corrientes superficiales, que se desplazan a modo de grandes ríos, poniendo en movimiento grandes masas de agua a velocidades moderadas.

Estas dependen en gran medida de los vientos, y particularmente de los vientos constantes que soplan en latitudes tropicales, llamados alisios; y en las templadas, vientos del oeste. Pero además estas corrientes pueden explicarse según las variaciones de la presión atmosférica y por otros factores internos, como las diferencias de densidad entre las masas de agua.

Las mismas pueden dividirse en corrientes cálidas o frías, dependiendo por supuesto de la región planetaria en la que se origina.

Su importancia esta dada por el papel que desarrollan en los climas de algu8nas regiones de la tierra. Por ejemplo, algunas corrientes frías convierten en desiertos a las zonas litorales, ya que el aire húmedo y fresco que trasportan se recalienta y seca en contacto con las levadas temperaturas en el continente.

Así, es como tenemos dos corrientes cálidas en latitudes ecuatoriales, ellas son la norecuatorial y la surecuatorial, que se desplazan desde las costas occidentales de África a las orientales de América, y de las costas occidentales de América a las orientales de Asia. Estas al encontrarse con los continentes se desplazan llevando las aguas cálidas hasta regiones alejadas del Ecuador.

Dentro de las mismas latitudes tenemos unas corrientes de agua fría, como ser la de Benguela y del Perú (ambas en el Hemisferio sur) y sus réplicas en el hemisferio norte, llamadas Corrientes de California, y de las Canarias.

En cambio, en latitudes templadas ocurre lo contrario, porque las corrientes cálidas afectan a las costas noroccidentales de África y las suroccidentales de América del norte. Por ejemplo, en América del Norte y Europa tenemos las corrientes cálidas de Kuro Sivo y del Golfo, mientras que las frías son la del Labrador y de Oya Sivo.

Las Mareas

Las mareas, al igual que el oleaje constituyen un movimiento ondulatorio que afecta a la superficie terrestre. Su efecto es visible sobre las costas, donde se visualiza un ascenso y descenso de las aguas. Este nivel mínimo se denomina Bajamar o marea baja, hasta el nivel máximo llamado pleamar o marea alta.

Estas se producen por la acción perturbadora que ejercen sobre la gravedad terrestre el sol y la luna, ambos movimientos de origen astronómicos. La atracción que la luna y el sol ejercen sobre la tierra queda contrarestada en gran medida por la fuerza de la gravedad, que se dirige hacia el interior de la esfera terrestre.  Pero en ocasiones se produce un sobrante de la fuerza de atracción lunar, que es la que ocasiona las mareas.

El fondo de los océanos:

Hasta comienzos del presente siglo se conocía muy poco del relieve de los fondos marinos, pero después de la adopción de los me» dios automáticos de sondeo, empleando el sonido y aparatos registradores electrónicos, ha sido posible descubrir numerosos accidentes en el relieve submarino.

Partiendo del límite inferior del zócalo de los continentes hay extensas llanuras pelágicas, situadas entre los 3 y los 6 Km. de profundidad, las cuales abarcan el 80 % de los fondos oceánicos. Estas llanuras se encuentran divididas en cuencas extensas por cordilleras, que se elevan sobre el fondo del mar.

A más de 6 Km. de profundidad se encuentran en el fondo de los océanos trincheras y fosas abisales. Estos abismos, que alcanzan hasta 10 Km de profundidad, no están hacia el centro de los océanos, sino cerca de los continentes y de los arcos de islas, próximos a los zócalos. Sólo el 1 % de los fondos marinos está ocupado por estas profundidades extremas.

La mayor profundidad oceánica conocida se encuentra en el océano Pacífico, en las islas Marianas (figura 209). La mayor profundidad del Atlántico está cerca de Puerto Rico y mide 8 340 m. Una de las grandes fosas oceánicas es la Bartlett, en el Caribe. Mide 1.600 Km. de largo y alcanza una profundidad de 6 300 m.

En el fondo de los mares abundan los depósitos de distintas clases. La plataforma de los continentes y de las islas está cubierta por depósitos transportados por los ríos desde las tierras. En estos depósitos terrígenos, los fragmentos mayores de rocas, por ser más pesados, aparecen a pocos kilómetros de la costa, pero la arena y las arcillas son transportadas a distancias mucho mayores.

Los componentes de los depósitos que cubren la plataforma van disminuyendo de tamaño según aumenta la distancia de las tierras.

Los fondos oceánicos están cubiertos por limos que no se han originado en las tierras, sino que están formados por los restos de la infinita cantidad de animales y plantas, que viven en el mar. Este es el origen de los enormes depósitos calizos que abundan en el fondo oceánico; por su origen marino son denominados depósitos pelágicos.
En las mayores profundidades, especialmente en el océano Pacífico, hay capas de arcillas rojas, que se cree tienen su origen en las explosiones volcánicas, y en los meteoros que durante la larga historia de la tierra se han estrellado contra nuestro planeta.

En los últimos años ha progresado notablemente el conocimiento de los fondos oceánicos, debido a la utilización de equipos electrónicos de sondeo. Las grandes potencias marítimas, especialmente Estados Unidos y la Gran Bretaña, han construido mapas hidrográficos que señalan las profundidades marinas y los principales accidentes de los fondos marinos, especialmente en las cercanías de las costas.

La utilización de las cartas marinas nos facilita la comprensión de la variedad de los accidentes del relieve submarino.

LA SALINIDAD DEL AGUA DE MAR: Mil kilogramos de agua de mar contienen en promedio 35 kilogramos de sales, de las que el 80 % es sal común, el 14 % sales de magnesio y el resto elementos muy diversos (se han encontrado 60).

El cobre, el plomo, el níquel, el hierro y el cobalto se encuentran en proporciones tan extremadamente pequeñas en las aguas marinas, que su presencia sólo se revela en forma indirecta cuando ciertos seres vivos la concentran: por ejemplo, la rádula o lengua roedora de los moluscos posee unos dientes con fuerte concentración de hierro.

El volumen de los océanos es tan grande (casi 1.400 millones de kilómetros cúbicos) que encierran cantidades enormes de elementos relativamente muy escasos: por ejemplo, se estima que hay más de 13.000.000 de toneladas de plata disueltas en el mar. La. proporción de las distintas sales en el agua de mar es diferente de la de los ríos. No puede suponerse, por lo tanto, que sus sales provengan simplemente de la lenta concentración del aporte fluvial, en el transcurso de las eras geológicas.

El fondo de los océanos ocupa un área casi tres veces mayor que las tierras emergidas: añade sales al agua contigua y por medio de las corrientes ascendentes influye en la concentración salina total.

Además, ciertos materiales en solución reaccionan con las rocas de las profundidades y se producen intercambios: algunos elementos se depositan en forma de sales insolubles, mientras otros se disuelven. Por ejemplo la relación entre el cloro y el bromo es de 300 contra 1 en el agua y de sólo 50 contra 1 en los sedimentos, porque los cloruros suelen ser más solubles que los bromuros.

La influencia biológica es importante. Los foraminíferos, que formaron inmensos depósitos de tiza, acumulan el carbonato de calcio en sus caparazones protectores. No es extraño, por lo tanto, que la proporción de carbonatos en las sales del mar sea muchísimo menor que en las de los ríos. La regulación biológica interviene también en el ciclo del nitrógeno y sus sales.

Curiosidad: No deja de ser interesante el hecho de que se pueda averiguar la edad de la Tierra, calculando la cantidad de sal contenida en el mar Habiéndose formado el mar por condensación éste era al principio agua destilada pura; ahora contiene el mar 144 billones de toneladas de sal—sal suficiente para cubrir toda la tierra seca hasta la considerable altura de 122 metros—. Sólo falta saber el tiempo que invirtió la sal en reunirse.

Cada año, los ríos vierten ai mar, casi invariablemente, unos 26.748 kilómetros cúbicos de agua; y el análisis hecho por el profesor Joly del agua de 19 grandes ríos, que vierten, en el tiempo dicho, 2.000 kilómetros cúbicos de agua, dio una media de 5,73 por millón de sal. Esto significa que los ríos vierten unos 160 millones de toneladas de sal al año. y a esa velocidad se necesitarían 90 millones de años para acumular toda la sal que hoy día tienen los mares, y podríamos decir que era esta la edad de la Tierra.

Fuente Consultada:
Atlas Mundial Clarín. Tomo 15. Oceanía y la Antártica.
http://www.astromia.com/tierraluna/mares

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

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