Biografia de Leopardi Giacomo Vida y Obra del Poeta Italiano



Biografia de Leopardi Giacomo-Vida y Obra del Poeta Italiano

Giacomo Leopardi (1798-1837): Para la cultura italiana, el gran poeta de los Cantos significa la plena recuperación de la personalidad nacional, además de su valor propio como lírico de fama ecuménica.

Con Leopardi, en efecto, el resurgimiento que alentaba en las entrañas del ser italiano define su primera gran expresión.

Dominador de la rima, del estilo y de la expresión, sublime intérprete de los sentimientos más elevados, Leopardi, dentro del marco general del movimiento romántico, es una figura aparte, inimitable y señera.

Impregnado del mundo antiguo, y en particular del alto ideal estético del helenismo, supo hallar un difícil equilibrio entre la severa arquitectura de las formas clásicas y el fogoso despertar del romanticismo.

Su vida no fue muy agradable.

Biografia de Leopardi Giacomo
Nació en el seno de una familia aristocrática y conservadora. De niño, estudió con preceptores privados y después solo, con la ayuda de la riquísima biblioteca paterna. Aprendió latín, griego y hebreo y algunas lenguas modernas.

Su cuerpo débil, nervioso y diforme le proporcionó dolores sin cuento. Perosu alma y su cerebro tenían una potencia que se salía de los marcos de lo ordinario e iluminaba con vivísimos fulgores su triste prisión mortal.

Nacido en Recanati, en la marca de Ancona, el 29 de junio de 1798, pasó en esta localidad gran parte de su vida, pues siempre fue un refugio en las azarosas circunstancias de su existencia.

Su padre, el conde Monaldo Leopardi, poseía en Recanati una nutrida biblioteca, y en ella se formó su hijo, cuya precocidad se reveló desde sus más tiernos años.

Sus preceptores fueron don José Torres y el abad Sebastián Sanchini; pero de estos varones recibió una educación muy elemental.

Aprendió el latín con escasa ayuda, y el griego y el hebreo sin ninguna (1813).

A los once años había traducido el primer libro de las Odas de Horacio y a los dieciséis escribía en latín un tratado sobre los retóricos romanos del siglo II, un comentario sobre la vida de Porfirio de Plotino y una historia de la astronomía.

Simultáneamente, componía las primeras obras poéticas. Su fama, que era mucha entre su familia, empezó a divulgarse fuera de los marcos de su pequeña ciudad, en particular en Milán, donde Leopardi fue celebrado como un astro naciente por Giordano.

En 1816 daba a luz el Apressamento a la morte, en la que buscaba su expresión a su amor a la gloria y al propio amor.

Tres años más tarde publicaba sus dos primeras canciones, A Italia y Sobre el monumento del Dante, con las que se inicia el Risorgimento.

Su vida, infeliz desde que había salido de la pubertad, derivó hacia un fuerte pesimismo.

A los veintiún años intentó fugarse de su casa, pero no lo logró. Por último, su padre le permitió trasladarse a Roma (1822).

Pero durante su breve estancia en la Ciudad Eterna pudo comprobar que la infelicidad la llevaba consigo.

Desencantado de sus proyectos editoriales y burocráticos, regresó a Recanati, donde permaneció tres años en profunda melancolía (a este período pertenecen sus Versos).

En 1826 partió de nuevo de su hogar, esta vez para Milán, Bolonia, Florencia y Pisa, en cuyas ciudades residió entre 1826 y 1828.

En 1827 publicaba sus Operette Morali, conjunto de diálogos y una biografía imaginaria, en las cuales la prosa de Leopardi alcanza una seguridad y una pureza inigualadas desde los grandes clásicos.



Sin embargo, la crítica fue en general poco benévola para esta producción leopardina.

En 1830 sólo obtuvo dos votos en el concurso organizado por la Academia de la Crusca.

Leopardi aun no había dicho su última palabra.

En sus poemas de 1827, El Resurgimiento y A Silvia, reafirmó sus posibilidades creadoras. Luego se refugió otra vez en Recanati, enfermo, casi ciego y torturado por el dolor.

En 1830 empezó una nueva etapa de su vida en Florencia, donde dio a las prensas el original de sus Cantos, que fueron publicados en 1831.

En esta época trabó amistad con Antonio Ranieri, quien fue su íntimo amigo durante los últimos años de su existencia.

Con él visitó Nápoles en 1833, donde compuso el último y más perfecto de sus cantos, la Ginestra. Se hallaba en esta ciudad en 1837 cuando estalló el cólera. Temeroso del contagio, sus sufrimientos se exacerbaron.

Murió de un ataque de hidropesía el 14 de junio de 1837, cuando se proponía marchar a Torre del Greco. Con él la lírica italiana perdió al más puro de sus cultivadores.

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