Biografia de Goering Muerte de Lideres Mundiales de la Historia



Muerte de Goering: Cadáveres de Líderes Mundiales de la Historia

BREVE BIOGRAFIA: Goering, Hermann Wilhelm. Militar y político alemán, nacido en Rosenheim (Baviera) en 1893. Tras su preparación en la academia militar y durante la I Guerra Mundial, sirvió como piloto, dirigió la famosa escuadrilla «Circo Volante» y le fue impuesta la más alta condecoración militar de su país.

Conoció a Hitler en 1922 y al año siguiente marchó al mando de las S.A. (Tropas de Asalto) al fallido Putsch de Munich, junto con Ludendorff y Hitler.

Vivió un tiempo refugiado en Suecia. Ya en Alemania, fue en 1928, diputado del Reichstag y, dos años después, presidente del mismo, y reelegido en 1932.

Como ministro de Hitler sustituyó a la policía por las S.A. y, encargado del ministerio del Aire, formó una adiestrada fuerza aérea con miles de jóvenes. Fue uno de los máximos artífices de la llamada «Purga Sangrienta» de 1934.

Gracias a su nombramiento en 1936 de comisario del Plan Cuatrienal, consiguió hacer de la economía alemana una de las más importantes de la época, reservándose una inmensa fortuna al apoderarse de muchas industrias del país.

En 1838 fue nombrado mariscal de campo, más tarde miembro del Consejo del Gabinete y presidente del «Consejo para la defensa del Reich». Recibió de Hitler el nombramiento de sucesor a su muerte, y finalmente, tras la rendición de Francia, fue nombrado mariscal del Reich.

Los éxitos que primeramente obtuvo con su fuerza aérea se fueron olvidando a causa de los fracasos en las batallas de Inglaterra y Europa. Se mantuvo siempre al lado de Hitler, pero éste, en su «testamento político» de 1945, lo expulsó del Partido acusándole de «intentar ilegalmente adueñarse del poder».

Después de rendirse al ejército americano el 9 de mayo de 1945, fue condenado a la horca por el tribunal de Nuremberg, suicidándose en 1946, dos días antes de cumplirse la sentencia.

Hermann Goering: Morir por la Alemania nazi: El 20 de abril de 1945 se celebró el Berlín el último cumpleaños de Adolf Hitler, que lo festejó entre la felicidad de encontrarse junto a sus aliados, pero también con la desesperación provocada por la inminente caída de su régimen nazi. Durante la celebración, Hermann Goering, mariscal del Reich y sucesor oficial de Hitler, estaba presente y por supuesto le presentó sus respetos al Führer pero sin jamás apartar de su mente la decisión que previamente había tomado.

 



Hermann Goering: Morir por la Alemania nazi

Convencido de seguir el camino de sus colegas y de su líder, que ya había decidido morir en el Fuhrerbunker ubicado en Berlín ante la llegada de los soviéticos, Goering se retiró de la fiesta sin anunciarlo, y huyó a Obersalzberg.

Una vez que Berlín cayó ante la avalancha soviética, Goering envió un telegrama en el que señalaba que desea asumir la jefatura del Reich, por lo que inmediatamente fue arrestado por las fuerzas vencedoras en su propio domicilio junto a toda su familia.

A partir de aquel momento, el militar alemán fue sometido a juicio ante el Tribunal Especial de Núremberg, encontrado culpable y condenado por un sinfín de delitos de gravedad, entre los que se sindicaron las causas de crímenes contra la humanidad y conspiración de una guerra ofensiva.

Durante el juicio, Giering había decidido representarse a sí mismo en la defensa de su persona, y si bien la fiscalía en determinado momento estuvo a punto de declararse incompetente, lo cierto es que las pruebas, documentos y el testimonio de los testigos pusieron fin a la defensa del militar.

Cuando el juicio estaba llegando a su etapa final, todos los presente pudieron vislumbrar el decaimiento de Goering, que se mantenía ausente, sin prestar atención al jurado, y respondiendo sólo con monosílabos.

La sentencia fue condenarlo a pena de muerte en la horca, ejecución que se produciría en el 15 de octubre de 1946, pero que jamás pudo ser llevada a cabo.

La muerte de Goering se produjo ese mismo día, cuando el militar nazi decidió quitarse la vida, ingiriendo el contenido de una capsula de cianuro, a tan sólo horas de la ejecución planificada.

Junto al cuerpo sin vida de Goering tendido en la cama de su prisión, se halló una carta dirigida a su esposa Emmy, en la que el militar declaraba que había sido el dueño de su propio destino.



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