Biografia de John Kennedy Gobierno y Magnicidio



Biografía de John Kennedy 
Política de su Gobierno y Magnicidio

Kennedy, John Fitzgerald 35.º presidente de los Estados Unidos de América (Brookline, Massachusetts, 1917 – Dallas, Texas, 1963).

Presindente de EE.UU. Kenendy JohnPolítico norteamericano, trigésimo quinto presidente de su país. Estudia en la Universidad de Harward, trasladándose luego al Viejo Continente, terminando sus estudios económicos en Inglaterra, en la Universidad de Londres.

Perteneciente al «clan» de los Kennedy, John estudió en la Universidad de Harvard y sirvió en la marina durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45).

Enseguida entró en la política, en las filas del Partido Demócrata: fue elegido por Massachusetts para la Cámara de Representantes (1946) y para el Senado (1953); y completó su rápida ascensión con la nominación demócrata para las elecciones presidenciales de 1960.

Candidato demócrata a la presidencia de la República frente al republicano Nixon en 1960, resultó elegido, convirtiéndose en el primer presidente católico de su país.

Desarrolló una política exterior dirigida a contrarrestar el comunismo.

Respaldó la invasión de Cuba por un grupo de exiliados en EE. UU. (Bahía de Cochinos, 1961) que fracasó. Poco después (1962) se enfrentó a la URSS cuando este país instaló misiles nucleares en Cuba.

Creó la Alianza para el Progreso (1961) para potenciar las relaciones con los países americanos e inició la intervención armada en Vietnam.

Elevó al Congreso la la ley de derechos civiles a favor de los negros, aunque no fue aprobada hasta 1964. Murió asesinado en la ciudad de Dallas, en circunstancia aún no aclaradas.

John Fitzgerald Kennedy era el segundo hijo de una números y rica familia de origen irlandés. La pasión de la política animaba a los Kennedy desde los tiempos de su abuelo, que era quien había amasado la fortuna de la familia.



John estuvo en los mejores colegios, en los que mostró ser un estudiante simpático, deportista y algo mediocre en los resultados, aunque se licenció brillantemente en Harvard.

Después de la guerra, en 1945, decidió repentinamente dedicarse a la política. La familia apoyó su decisión y cósico su campaña electoral. Fue nombrado diputado del partido demócrata con veintiocho anos y (ras varias reelecciones, se convirtió en senador en 1953 y en 1960 se presentó como candidato a la presidencia de los listados Unidos, con un programa muy preciso, muchas ayudas financieras y una personalidad carismática.

Hacia la Casa Blanca: Cuando, en 1945, John Fitzgerald Kennedy fue licenciado por la Armada, era un joven de 27 años con muchísimas prendas y manifiestas dotes para las lides políticas.

Su salud no era de las mejores. Muy deportista como estudiante, había sufrido cierto quebranto en su columna vertebral como consecuencia de Biografia de John F Kennedy Crisis de los Misiles Gobierno y Políticauna caída en un campo de juego. También padecía cierta insuficiencia de las glándulas suprarrenales —mal de Addison—, origen de muchas molestias. Todo se le agravó con lo ocurrido frente a las islas Salomón y el paludismo que contrajo durante la guerra.

Durante su relativamente corta vida, tuvo que someterse a varias intervenciones quirúrgicas y usar aparatos ortopédicos. Pero nada de esto afectó de modo aparente a su prestancia personal, a su espigada figura de más de 1,80 metros de estatura.

Había sido testigo y beneficiario de la rápida ascensión económica de su familia. Siempre en mejores casas. Numeroso servicio doméstico, algo que en Estados Unidos significa muchísima holgura. Buenos colegios.

Luego, Harvard, con mucho hincapié en historia y política y animados debates en las clases.

Frecuentes viajes. Se graduó en Harvard con una tesis que llamó la atención. Se titulaba Why Enghnd Slept —»Por qué Inglaterra se durmió»— y atribuía el difícil predicamento en que se vio Gran Bretaña ante Hitler al egoísmo de patronos y obreros, la influencia del pacifismo y la excesiva economía presupuestaria.

Luego, estudió algo de economía y negocios en la universidad californiana de Stanford e hizo más viajes. Orientado por su padre, estaba adquiriendo una sólida preparación para ser «hombre público». Era el segundón, pero la desaparición del primogénito lo convirtió en el abanderado de la familia.

No tenía nada de rebelde. Aceptaba todos los valores del American loay of life, esos valores que habían hecho de los Kennedy en muy pocas generaciones una potencia.



No dudaba de que el sistema norteamericano era el mejor del mundo y de que Estados Unidos estaba llamado por su propia grandeza a una misión rectora y dominante, mal que pesara al perturbador comunismo.

Aceptaba el Establishment. Aceptaba las «reglas del juego» de la política norteamericana, aunque tuvieran tanto parecido con las del cachascán. Sabía de sobra que tenía que procurarse una piel de elefante y ser un maestro en el arte de la sonrisa, del apretón de manos, de la campechanía sin condescendencia aparente.

Aunque, como es natural, era un demócrata, tuvo en un principio más de «conservador» que de «liberal».

Se inició en la política, también de modo muy natural, en el undécimo distrito ele East Boston, donde eran muy numerosas las familias descendientes de inmigrantes, especialmente irlandeses. Quería ingresar en la Cámara de Representantes.

Tenía el apoyo de mucho amigos de Harvard y de la Armada. Tenía también su aureola de héroe de la guerra. Y tenía igualmente cincuenta mil dólares de su padre para la campaña.

Venció fácilmente en las «primarias», esas elecciones internas que celebran los dos grandes partidos en algunos estados del país para la designación de candidatos. Venció luego al candidato republicano.

Kennedy se había convertido en una personalidad de primera línea y contaba con numerosos partidarios.

En su programa electoral se afrontaban varios temas candentes: el desarme, la coexistencia pacífica con la URSS, el relanzamiento económico del país y la defensa de minorías como los negros.

Invitaba al país a recoger el desafío del momento, como en tiempos de los pioneros: reencontrar el amor por la libertad y el sentido de la responsabilidad.

Llamó a su programa «Nueva Frontera», parangonándolo con el objetivo de los pioneros fundadores de la nación. Kennedy fue elegido en 1961 el 35° presidente de los Estados Unidos, el primero de religión católica y el más joven de todos los inquilinos de la Casa Blanca. Todo el país estaba a la expectativa de que cumpliera su compromiso: la renovación del espíritu de la nación.



Y de este modo, con 29 años de edad, se vio convertido en legislador de su país. Washington lo llamaba. Ingresó en una cámara que, por primera vez en dieciséis años, tenía mayoría republicana.

Corría el año 1947. Eran los tiempos de Truman, presidente sucesos de Roosevelt. Reelegido en 1948 y 1950, bien asentado políticamente, el joven representante no se distinguió por sus iniciativas.

Biografia de Jacqueline Lee Bouvier Mujer de John KennedyFue un legislador demócrata disciplinado, cauteloso y prudente, atento sobre todo a los intereses de su distrito, aunque durante su período de senador de John Fitzgerald Kennedy fue muy movido en otros aspectos.

En 1953, el joven y apuesto político, codiciado por tantas, se casó con Jacqueline Bouvier, hija de un acaudalado agente de bolsa de Nueva York. Formaban una pareja de rara distinción.

elogios importantes para la mujer

La boda, fastuosa, se celebró en la iglesia de St. Mary de Newport, Rhode Island. Allí estuvo el siempre fiel cardenal Cushing para bendecir la unión, un auténtico «acontecimiento social». Jacqueline, que tanto ha dado que hablar, supuso mucho en la vida de John F. Kennedy y los suyos.

En cierto modo, todavía supone.

Para competir en las próximas elecciones frente al poderoso Nixon, se avanzó a paso de carga, en forma arrolladora.

El joven senador se impuso en todas las «primarias». Luego, en la convención nacional del partido, se impuso en la primera votación, dejando burlado al veterano Lyndon B. Johnson, el hábil político texano para el que el Senado no tenía secretos. Se mitigó el despecho del vencido ofreciéndole generosamente el segundo término del binomio, la candidatura a la vice-presidencia.

En enero de 1961, tras ocho años de gobierno de un general retirado aficionado al golf, John F. Kennedy, joven, atractivo y vehemente, asumió la presidencia en Washington.

Era evidente que llegaba una nueva época. En su discurso, Kennedy planteó en modo elocuente una serie de objetivos a los ciudadanos y al mundo.

«La antorcha ha pasado a otra generación de estadounidenses, nacidos en este siglo, templados por la guerra, disciplinados por una paz dura y amarga», dijo Kennedy.

Exhortó a sus compatriotas a «pagar cualquier precio, soportar cualquier carga, enfrentarse a cualquier apuro, apoyar a cualquier amigo y oponerse a cualquier enemigo para asegurar la supervivencia y el éxito de la libertad». Luego, los instó a «no preguntarse qué podía hacer su país por ellos sino qué podían hacer ellos por su país».

John Kennedy Lega a la Casa Blanca: Si bien todas las elecciones, y más aún la elección presidencial, son arriesgadas, la que le permitió a Kennedy llegar a la Casa Blanca en 1960 fue la coronación de la trayectoria ejemplar de un hijo de buena familia.

La historia misma del clan Kennedy se asemeja a una leyenda: empezó en 1849 en el puerto de East Boston, cuando Patrick Kennedy, un pobre inmigrante católico proveniente de Irlanda, desembarcó en Estados Unidos para hacer fortuna.

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Su hijo, encargado de uno de los bares de la ciudad, se convirtió en uno de los pilares del Partido demócrata. Era el abuelo de John y el padre de Joseph Patrick, alias Joe Kennedy, político mediocre, pero avezado hombre de negocios, y finalmente un diplomático.

Un embajador embarazoso por lo demás, ya que, destinado a Londres, Joseph sugería a quien quisiera escucharlo que había que pactar con Hitler. Desde 1938 hasta 1940, John aprovechó sus años londinenses para perseguir a las jóvenes, descubrir Europa e iniciarse en las relaciones internacionales en el marco de la London School of Economics.

Asignado a la marina, se destacó en 1943 al mando de una lancha torpedera durante la guerra del Pacífico.

Poco importa que la posteridad no haya valorado sus hechos de armas: héroe de la Segunda Guerra mundial, se presentó como candidato a la Cámara de representantes en el distrito irlandés de Boston.

Gracias a su talento como orador y, según se dice, al dinero de su padre, fue elegido a los veintinueve años de edad, y luego reelegido en 1948 y 1950, antes de postular a un cargo de senador.

Discreto durante el macarthismo, mientras su padre y su hermano Robert Kennedy hacían alarde de su amistad con el sulfuroso senador de Wisconsin, John no estuvo realmente ni a la izquierda ni a la derecha, hasta su fracaso en 1956 como candidato a la investidura demócrata por la vicepresidencia. Fue el inicio de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos.

John evolucionó entonces hacia el liberalismo, escogió como compañero de lista a Lyndon Johnson, senador por Texas, y predicó el cambio de sociedad en un país adormecido por Eisenhower: «Hoy, nos encontramos al borde de una nueva frontera», declaró en Los Ángeles, «la frontera de la década de 1960, una frontera de posibilidades desconocidas…».

Después de una serie de debates televisivos hasta hoy famosos en que se enfrentó a Richard Nixon, el candidato republicano, Kennedy obtuvo el 49,71% de los votos. Fue el primer presidente estadounidense nacido en el siglo XX.

Ncmara RobertLOS HOMBRES DEL PRESIDENTE: Al igual que Franklin D. Roosevelt, en quien se inspiró, Kennedy supo escoger a sus colaboradores.

Mientras Jacqueline convertía la Casa Blanca en el centro de la vida intelectual y mundana, el nuevo presidente formó un gabinete de donde emergió la brillante personalidad de Robert McNamara, secretario de defensa, antiguo estudiante de Harvard que él mismo fue a buscar hasta la gerencia de la Ford.

Asimismo, Kennedy contaba con el respaldo de su secretario de Estado Dean Rusk, experto en temas de Extremo Oriente, y su hermano menor Robert Kennedy, que se convirtió en ministro de justicia.

Sin embargo, los colaboradores no ministeriales también desempeñaron un papel importante: entre ellos, se destacaron Mac-George Bundy, el antiguo decano de Harvard, que pasó a ser asistente especial para la seguridad nacional, y el historiador Arthur M. Schlesinger, asistente para la investigación y los proyectos especiales.

En Washington, este gobierno de expertos irritaba a veces a la plana del Partido demócrata, puesto que mostraba un nuevo estilo de gobierno, que se contraponía al Estados Unidos tranquilo del presidente Eisenhower.

La era de Kennedy. Esta etapa muestra la tendencia a un cambio significativo en la política estadounidense.

En su discurso de toma de posesión, el demócrata John F. Kennedy hizo un llamado a su pueblo para «vencer a los enemigos naturales del hombre: la tiranía, la pobreza, la enfermedad y la guerra», al tiempo que anunciaba un programa de reformas tendentes a lograr la recuperación económica del país y a mejorar el nivel de vida de la población. Respecto al primer punto, Kennedy puso en marcha una serie de medidas keynesianas que tuvieron un éxito relativo al aumentar ligeramente el ritmo de crecimiento económico.

Sin embargo, esas medidas fueron obstaculizadas por una parte del sector industrial, específicamente la rama del acero, cuyos empresarios rechazaron el control de precios impuesto por el gobierno, aunque finalmente hubieron de ceder ante la enérgica reacción del presidente.

Con referencia a las reformas sociales, el gobierno de Kennedy aumentó las prestaciones de seguridad social y el salario mínimo, y también se preocupó por desarrollar las zonas regionales más atrasadas, mediante una ley de vivienda destinada a la renovación urbana, reducción de los tipos de interés de las hipotecas, y otras medidas orientadas a ayudar a los pobres. No obstante, muchos de los proyectos en este sentido fueron bloqueados por el Congreso y Kennedy no pareció dispuesto a presionar para lograr su aprobación.

Primera estudiante negra

Primera estudiante negra en ir a la Universidad

La nueva administración se empeñó desde el primer momento en luchar contra la inflación y, en los años posteriores, los Estados Unidos iniciaron una etapa del expansión económica sin precedentes.

Propuso una serie de nuevas y eficaces medidas para mejorar las condiciones de los negros, promulgando leyes antirraciales, que siguieron en vigor bajo la presidencia de sus sucesores.

Su política exterior se caracterizó por la búsqueda de la distensión: por vez primera, un presidente ruso, Kruschov, y uno estadounidense, Kennedy, se reunían para tratar temas bilaterales.

Parecía verdaderamente que unos aires nuevos soplaban en la política mundial, cuando una mano, no se sabe por qué oscuros intereses guiada, truncó la vida del presidente. Su hermano Robert recogió el testigo de su política, pero también fue asesinado en mayo de 1968.

Ante el problema racial, Kennedy —que desde su campaña electoral se había comprometido a tomar una serie de medidas a favor de los negros al punto que algunos de ellos llegaron a ocupar puestos importantes en su gobierno— se propuso decididamente a poner fin a la discriminación racial.

Ante la actitud intransigente del gobernador del estado de Alabama que insistía en prohibir la entrada de estudiantes negros a un centro universitario, Kennedy apareció en televisión haciendo un llamado a la población blanca segregacionista para que entrara en razón, al tiempo que, en su calidad de presidente, se pronunciaba como defensor de los derechos civiles de los negros. Más adelante, envió al Congreso un proyecto de ley que contemplaba una serie de medidas tendentes a terminar con la discriminación.

Pero ni la población blanca ni el Congreso atendieron al llamado del presidente; la ola de violencia continuaba creciendo mientras el proyecto de ley sobre derechos civiles quedaba estancado.

Permanecía aún sin resolverse en noviembre de 1963 cuando el asesinato de Kennedy en Dallas, Texas, parecía poner trágico fin a una era de grandes expectativas y promesas de cambio para la sociedad estadounidense.

Keneddy en un discurso
John F. Kennedy puso en marcha un programa de reformas tendentes a lograr la recuperación económica del país y a mejorar el nivel de vida de la población y se propuso decididamente a poner fin a la discriminación racial. A pesar del tono belicoso marcado por la Guerra Fría, Kennedy prometió negociar con los soviéticos y lanzó un llamamiento conmovedor al altruismo, un voto de ayuda a «aquellas personas que luchan por pasar los límites de la miseria». Uno de los primeros actos de Kennedy fue establecer el Cuerpo de Paz, una organización que envió decenas de miles de jóvenes idealistas a las naciones en desarrollo, la mayoría como profesores, para enseñar a su población a ayudarse a sí misma.

MAGNICIDIO

LA TRAGEDIA DE DALLAS: Sobre este fatal acontecimiento muchos de sus impresionantes detalles entraron en todos los hogares por las pantallas de la televisión. Las bien estudiadas y organizadas etapas del viaje eran San Antonio, Houston, Forth Worth, Dallas.

Luego iría a Austin, el famoso «rancho» L. B. J. del vicepresidente. No se pasó de Dallas.

Fueron muchas las medidas de seguridad, pues buena parte de la prensa texana se mostraba furibunda con la visita, pero nada hizo presentir la tragedia hasta el momento en que se produjo. Cordiales recibimientos de fieles y curiosos. Apretones de manos. Sonrisas. Inauguraciones. Discursos de circunstancias.

Kennedy en Dallas dia de su asesinato

Kennedy en Dallas momentos antes de su asesinato

Finalmente, en el aeropuerto de Dallas, el de Love Fielcl, se organiza una caravana de coches. En el primero, un Lincoln convertible, van el presidente Kennedy y la «primera dama», acompañados, en los asientos delanteros, por el gobernador demócrata John Connally y su esposa Nellie. En el segundo, poderoso vehículo blindado, van agentes del servicio secreto, armas en mano.

En el tercero, el vicepresidente Johnson y su esposa Lady Bird están acompañados por el senador demócrata «liberal» Ralph Yarborough y otro agente. Siguen otros muchos. Más saludos. Se iba a un banquete, tras el que habría más discursos.

Se está en una curva del itinerario, cerca de la intersección de tres calles. Se deja atrás un sólido y feo edificio destinado a depósito de textos escolares.

«No podrá decir ahora que Dallas no le es propicia», comenta sonriente la señora Connally, volviéndose hacia el presidente Kennedy, quien asiente, también con expresión risueña.

En esto, suenan unos tiros. Varios. Mortalmente certeros. El presidente, bañado en sangre, se desploma hacia su izquierda, sobre el hombro y luego sobre el regazo de su Jacqueline. «¡Oh, no! Oh, no!», es lo único que acierta a decir la angustiada mujer. Pero esta es otra historia, que si lo desea puede ampliar desde aquí

Ver: Dudosa Muerte de Marilyn Monroe

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PARA SABER MAS….
EL MAGNICIO DE JOHN KENNEDY

El presidente Kennedy fue asesinado durante una visita a Dallas en circunstancias nunca aclaradas del todo. Le sucedió su vicepresidente Johnson, el cual impulsó una investigación oficial que culpó del atentado a un único francotirador, Lee H. Oswald.

Este joven oscuro murió a su vez asesinado por un enfermo terminal, borrándose todas las pistas de lo que muchos han señalado como un complot en gran escala, detrás del cual estarían los grandes magnates de la industria, los servicios secretos u otros poderes contrarios a la política del presidente.

El 22 de noviembre de 1963 Kennedy se encontraba en Dallas con motivo de una gira electoral que le había llevado por varios estados.

Saludando a la multitud desde un coche descubierto, recibió varios disparos en cabeza y cuello que le causaron la muerte.

El autor único, según la investigación del suceso a cargo del juez Warren, fue Lee Harvey Oswald (foto izq.) , un enajenado ex-marine pro-comunista.

Arrestado poco después de los sucesos en el interior de un cine, dos días más tarde fue asesinado por Jack Ruby, quien murió también poco más tarde en circunstancias poco claras.

A partir de entonces, las dudas, lagunas y conjeturas acerca del asesinato de Kennedy no han hecho sino aumentar, apuntando la posibilidad, nunca desvelada, de que fueran varios los autores del crimen y respondieran a una conjura contra el Presidente. Su asesinato conmocionó a la opinión pública, contribuyendo, aun más que su carrera política, a la creación de un mito.

Por que Lo Asesinaron?

Las razones del asesinato de Kennedy siguen siendo un enigma. Sin embargo, a través de esta breve reflexión, se puede elucidar alguna idea del móvil que inició este magnicidio.

Kennedy, como anteriormente se manifestó, estaba en contra de la actitud de “secretismo” que mantenían las altas esferas militares, sustentados en esta política de “Seguridad Nacional” como fundamento de algunas de sus principales acciones.

Recordando textualmente a Kennedy en un fragmento de su más importante discurso: La propia palabra “secreto” es repugnante en una sociedad libre y abierta, y nosotros, como pueblo, estamos inherente e históricamente opuestos a las sociedades secretas, los juramentos secretos y los procedimientos secretos.

Mediante estas declaraciones criticaba durísimamente al sistema de prensa norteamericano, no obstante, este discurso era pronunciado ante la American Newspaper Publisher Association.

Conjuntamente con ellas, declaraba: «Se nos opone alrededor de todo el mundo una monolítica y despiadada conspiración que se apoya, primariamente, en medios encubiertos para aumentar su esfera de influencia (…) Es un sistema que ha reclutado vastos recursos humanos y materiales para construir una muy bien atada y altamente eficiente maquinaria que combina operaciones militares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas.

Sus preparativos son secretos, no se publican. Sus errores se entierran, no se señalan. Quienes disienten son silenciados, y no reconocidos. Para ello no se repara en gastos. Los rumores no se publican. Ningún secreto se revela.

Es la máquina que conduce la Guerra Fría, en resumen, con una disciplina rigurosa que ninguna democracia puede esperar o desear alcanzar…

Kennedy no aludía al comunismo, sino a la estructura de la cual la CIA era sólo la punta del iceberg.

A su vez, con respecto a la prensa, se despachó en idéntico sentido, criticándola por partida doble: por desinformar sobre las cuestiones importantes y revelar secretos de Estado, cuya difusión iba contra los intereses de los Estados Unidos, pero a favor de la carrera armamentista, y por lo tanto, de la elite.

Decía Kennedy, ante la atónita mirada de los dueños de medios, editores y periodistas: «Sin debate, sin crítica, ninguna administración y ningún país puede sobrevivir.

Es por eso que el legislador ateniense  Solón decretó que un ciudadano que escapaba de las controversias cometía un crimen. Y es por eso que la prensa fue protegida aquí por la Primera Enmienda a la Constitución. Es el único negocio protegido constitucionalmente.

Y no lo está principalmente para divertir y entretener. No lo está para enfatizar lo trivial y lo sentimental.

No está protegida para “dar al público simplemente lo que éste quiere”, sino para informar, para enardecer, para hacer reflejar, para mostrar nuestros peligros y nuestras oportunidades, para indicar nuestras crisis y nuestras opciones, para liderar, moldear, educar e incluso a veces, para hacer enojar a la opinión pública…

 Kennedy dirigia su critica no solo contra las sociedades secretas sino también contra la prensa.

A las primeras, les criticaba su accionar secreto, antinacional y sectario, a las segundas, el uso de los medios para desinformar y producir programas de entretenimiento tendientes a forjar este escapismo barato, que se observa mayoritariamente en la actualidad de los medios de comunicación audiovisuales.

 A raíz de ello se puede comprender este accionar cómplice entre los medios de comunicación y el gobierno norteamericano, al encubrir las verdaderas razones del asesinato de Kennedy.

¿Cómo puede llamar la atención entonces que la prensa norteamericana haya aceptado sin críticas el dictamen de la Comisión Warren acerca del asesinato de Kennedy a manos de loco suelto” y por medio de “una bala milagrosa” que efectuó alrededor de 10 perforaciones y rebotes en su limusina descubierta? Vergonzoso, cínico, siniestro y humillante para nuestras inteligencias.

 Incluso formular una pregunta que ronda por la cabeza de miles de personas devotas de la historia contrafactual: ¿Qué mundo tendríamos hoy sí Kennedy no hubiera muerto y hubiera sido releecto en 1964, tal como era previsible?.Es difícil saberlo.

 Lo cierto es que, más allá de sus orígenes dentro de la elite norteamericana, tanto John como Robert Kennedy llevaban a cabo políticas que los enfrentaban a estos sectores dirigentes: Robert, era procurador de Justicia de su hermano John, y luchaba seriamente contra la Mafia.

A su vez, John atacaba los privilegios de la industria petrolera, atacaba la carrera armamentista y la posible guerra con la Unión Soviética, que algunos de sus propios cuadros internos estimulaban.

Además, deseaba retirar a los Estados Unidos de Vietnam. Ya comenzaba a atacar los privilegios de los principales y más conspicuos bancos norteamericanos con la emisión de dólares “por la ventanilla” del Departamento del Tesoro, y no mediante el FED, y atacó en su último y monumental discurso al centro de la prensa norteamericana cómplice de la elite.

John Fitzgerald Kennedy hizo todo sin dudarlo, frontal y, por sobre todo, muy generosamente.

Por eso lo mataron, y por eso su asesinato se ejecutó de esa manera, quizás “advirtiendo” mafiosamente a cualquier sucesor lo que le podía esperar si no se acogía ciegamente a la agenda de la elite.  Fuente Consultada: Nadie Vio Matriz de Walter Graziano

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