Historia de la conquista de Perú Genocidio Indígena en América



Historia de la Conquista de Perú – Genocidio Indígena en América

ANTECEDENTES:

Primeras noticias: Las primeras informaciones recogidas, por los españoles sobre la existencia del Perú, datan de las. expediciones acaudilladas por Balboa como gobernador del Darién (1511-12).

A raíz de una disputa entre los conquistadores, el hijo del cacique Comagre les reveló la existencia de un gran mar, el Océano Pacífico, cuyas aguas bañaban las costas de una nación rica y poderosa, el Imperio de los Incas.

En 1522, Pascual de Andagoya, caballero residente en Panamá, inició una expedición al Sur del golfo de San Miguel y llegó hasta la desembocadura del río Birú. Este nombre, dado también a una pequeña región situada al Oeste de Colombia, se extendió luego a los territorios del Sur y originó las denominaciones Birú y Perú aplicadas por los españoles al Imperio de los Incas.

La expedición de Andagoya provocó los preliminares de otra, organizada por Juan de Bazurto, pero la muerte de éste abrió un nuevo paréntesis en los viajes al Birú.

Nadie se animaba, en efecto, a tentar la empresa, a pesar de las riquezas que se anunciaban. Las dificultades desalentaban a todos: la navegación del Pacífico se tornaba peligrosa en ciertas épocas del año; el territorio inmediato a Panamá era bajo y pantanoso; las tribus hostiles.

A pesar de todos estos ostáculos fue a tres colonos a quienes correspondió la gloria de emprender en nuestro continente una empresa gemela de la realizada recientemente por Cortés en la América del Norte (1519-22). Se llamaban Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque.

El primero era hijo natural del coronel español Gonzalo Pizarro. Nacido en la ciudad de Trujillo, cuna del conquistador de Méjico, y abandonado o desatendido por sus padres, debió cuidar cerdos durante la niñez. Desde muy joven se dedicó a las armas y se cree que actuó en las guerras de Italia. Su actuación en América fue lucida.

Era analfabeto, pero tenía condiciones de caudillo, en tan alto grado que la conquista del Perú fué su obra personal.

La Historia lo presenta como un temperamento frío, astuto, calculador e incapaz de grandes y nobles emociones. Tenía 54 años al emprender la primera expedición. Almagro, de más edad que Pizarro y ligado a él por una vieja y estrecha amistad, era un soldado modesto e ignorante, hijo de labradores, de carácter franco y enemigo de la intriga. Luque, un simple sacerdote de la iglesia parroquial de Panamá.



Alentados por las noticias difundidas, decidieron asociarse para acometer la empresa. Luque debía facilitar los fondos que manejaba como agente de Gaspar de Espinosa; Pizarro y Almagro serían los jefes de la expedición.

Pizarro, sin embargo, asumió desde el primer momento- la dirección suprema de la empresa.

La expedición. Cien hombres y un bergantín fueron el efectivo de la primera expedición. Pizarro iba a su frente y salió de Panamá en noviembre de 1524. Almagro logró equipar algo después otra embarcación para llevarle refuerzos.

La empresa se realizó en medio de grandes dificultades y la exploración alcanzó hasta el río San Juan (Colombia). Los expedicionarios experimentaron grandes penurias pero encontraron objetos de oro en poder de los naturales y éstos les ratificaron la existencia de un rico imperio.

Volvieron, pues, a Panamá (1526) con la esperanza de alcanzar en una nueva expedición la realización de sus ensueños.

Descubrimiento del Perú. — Pedrarias recibió fríamente las noticias de los expedicionarios. Preocupado por la colonización de Nicaragua lamentaba las vidas perdidas en la expedición y dificultó las pretensiones de los asociados, pero Luque consiguió vencer con dinero la obstinación del gobernador.

Un nuevo contrato social fue convenido, sobre la base de que cada uno de los componentes tendría una participación igual en las ganancias: ahora Pizarro y Almagro tomaban a su cargo la parte material; Luque suministraba los fondos (1526).

Dos embarcaciones y 160 hombres formaron la segunda expedición. En ella participaron Pizarro y Almagro, llevando consigo a Bartolomé Ruiz, piloto muy experto en la navegación del Pacífico.

Al llegar al río San Juan, límite de la última exploración, los conquistadores se apoderaron de un poblado indígena donde hallaron abundantes adornos de oro.

Almagro los llevó a Panamá, como incentivo para obtener refuerzos, mientras Ruiz exploraba la costa Sur y Pizarro aguardaba el retorno de sus compañeros. Éstos regresaron casi al mismo tiempo: Almagro al frente de ochenta hombres; Ruiz con la certeza de que sobre las tierras del Sur vivía un pueblo rico, culto y poderoso.



Reanudada la expedición, los españoles llegaron a la ciudad de Tacamez, sobre la costa de Quito (Ecuador), y ante la actitud amenazadora de los indios se retiraron porque comprendieron que sus recursos eran insuficientes.

En busca de refuerzos partió Almagro para Panamá. Sin saberlo, llevaba dentro de un ovillo de algodón un mensaje dirigido al gobernador, en el cual los descontentos de la expedición le referían las penurias de la empresa. Estas noticias disgustaron a Pedro de los Ríos, sucesor de Pedrarias, y lo decidieron a negar los auxilios solicitados. Mandó, además, un agente para intimar a Pizarro el retorno a Panamá.

Un gesto de viril energía que nos revela el extraordinario temple de espíritu del jefe de la expedición, decidió el éxito de la empresa iniciada.

Con el puñal en la mano, Pizarro trazó una línea sobre la playa y dijo a sus soldados señalando al Norte: «Por aquí se va a Panamá a ser pobres; por allá — agregó señalando, el Sur — al Perú a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere».

Trece compañeros suyos, cuyos nombres conserva la Historia, cruzaron con él la línea. Fueron los verdaderos conquistadores del Perú, porque su resolución decidió la prosecución de la empresa.

Uno de ellos, el piloto Ruiz, retornó a Panamá para buscar auxilios y con la esperanza de vencer la obstinación del gobernador. Los restantes quedaron en una isla  situada veinticinco leguas al Norte, y al cabo de varios meses de privaciones y ansiedades fueron recogidos por Ruiz, quien traía orden terminante de regresar a Panamá dentro del plazo de seis meses.

Los expedicionarios avanzaron a lo largo de la costa ecuatoriana y llegaron hasta la ciudad peruana de Tumbez, donde pudieron admirar los edificios de piedra, el esmerado cultivo de los campos y otros detalles reveladores de la cultura alcanzada por los habitantes (1527).

Allí fueron recibidos como seres extraordinarios y agasajados por los indígenas, maravillados de la extraña apariencia de los visitantes. Por ellos supieron la grandeza del imperio incásico, su riqueza y capacidad militar.

Habían llegado, en efecto, a la tierra de los Incas, al poderoso Tahuantinsuyu, vasto imperio sudamericano que  comprendía territorios pertenecientes a las actuales repúblicas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y región N. O. de la República Argentina.

Capitulación de la conquista. El descubrimiento de Tahuantinsuyu produjo sensación en Panamá, pero el gobernador negó su apoyo a la expedición conquistadora, tal vez por incredulidad, acaso por la magnitud de la empresa.



Como Panamá no ofrecía los elementos necesarios, Pizarro fue comisionado por sus compañeros para buscarlos en España. Partió en la primavera de 1528, llevando consigo dos o tres llamas, varios indígenas y diversas muestras de las riquezas e industrias peruanas.

En España se entrevistó con el Emperador y expuso sus pretensiones al Consejo de Indias, de reciente creación. Después de varios meses de negociaciones obtuvo una capitulación.

Por ella se le encomendaba el descubrimiento y conquista de Nueva Castilla, nombre oficialmente adjudicado al Tahuantinsuyu, con los títulos y dignidades de gobernador y capitán general, adelantado y alguacil mayor; Almagro era nombrado comandante de la fortaleza de Tumbez y beneficiado con el rango de hidalgo y una renta anual; Luque recibía el obispado de Tumbez y el protectorado de los indios peruanos; Ruiz, el título de gran piloto del Océano del Sur y los demás compañeros de la Isla del Gallo, las dignidades de hidalgos y caballeros (26 de julio de 1529).

En cambio de estos beneficios y de algunos pequeños recursos ofrecidos por la Corona para la compra de artillería y pertrechos militares, Pizarro se comprometió a equipar dentro de seis meses una expedición de 250 hombres, cien de los cuales podría reclutar en las colonias, y a emprender la campaña dentro de igual término del regreso a Panamá.

elogios importantes para la mujer

La capitulación del 26 de julio revela la habilidad con que la Metrópoli movía y encauzaba la iniciativa particular, sin comprometer capitales en la realización de la empresa.

Para iniciar su cumplimiento, Pizarro se dirigió a Trujillo, su pueblo natal, donde se le reunieron cuatro hermanos suyos: Francisco Martín de Alcántara, que lo era por parte de madre, Gonzalo, Juan y Hernando Pizarro, por línea paterna.

Los tres primeros eran bastardos; en cambio, Hernando Pizarro era hijo legítimo.

INCIO DE CONQUISTA DEL PERÚ: Como dijimos antes, para Pizarro aAquella estancia en España constituyó un gran triunfo, pudo lograr una capitulación donde obtuvo plenos poderes para llevar a buen término la conquista del Perú; Almagro gobernaría en Tumbes, y Luque sería obispo de esta ciudad, y de esta manera Pizarro podría alejar de la empresa a sus dos amigos.

pizzarroEn 1530, Pizarro abandonaba la madre patria y llegaba a Panamá acompañado por cuatro de sus hermanos, uno de los cuales, Hernando, desempeñaría importante papel en lo sucesivo.

Almagro se enfureció al enterarse del modo cómo se había beneficiado Pizarro en detrimento de sus dos amigos.

Pizarro abandonó Panamá a principios de 1531, con 180 hombres y 37 caballos, reducida hueste con la que se proponía conquistar un imperio de varios miles de habitantes: de sistema político sólidamente organizado y cultura floreciente.

Transcurridos algunos meses muy penosos llegó a Tumbes, la ciudad inca que tan intensa impresión le causara con ocasión de su primera visita, y allí recibió una noticia favorable.

El imperio inca se hallaba desgarrado por la guerra civil y los dos hermanos,, Atahualpa y Huáscar, que se repartieron el imperio a la muerte de su padre, se habían enfrentado el uno contra el otro; Huáscar resultó vencido y hecho prisionero, y Atahualpa había tomado su capital, Cuzco.

Inmediatamente Pizarro vislumbró el modo de aprovecharse de aquella ocasión. Indiferente a los riesgos de la empresa, decidió penetrar en el imperio inca y entrevistarse con Atahualpa, que se hallaba entonces (1532) en Cajamarca.

Atahualpa en Cajamarca

A un sacerdote de la expedición, Vicente de Valverde, le ordenó Pizarro que explicase a Atahualpa lo que había ido a buscar a su imperio. Atahualpa escuchaba con creciente impaciencia aquel discurso que no acababa de comprender. Sólo entendió que los españoles tenían la insolencia de pedirle que se sometiera a un soberano extranjero.

¿Con qué derecho venían con tales exigencias aquellos intrusos? El sacerdote le mostró la Biblia que tenía en la mano, Atahualpa tomó el libro, lo hojeó un instante y luego lo rechazó con desprecio.

No toleró más el padre Vicente; se precipitó hacia Pizarro, le refirió la escena e inmediatamente el conquistador desenvainó su  espada, señal de iniciar el ataque; un instante después, los españoles disparaban un cañonazo y la caballería cargaba impetuosa produciendo espantosa matanza. Locos de pánico, los indios huyeron a la desbandada y su soberano fue apresado y conducido al campamento español.

En su prisión Atahualpa urdió nuevos planes; habiendo observado la avidez de oro de los españoles, decidió beneficiarse de aquella debilidad y a cambio de su libertad les prometió colmar de oro puro el aposento en que estaba encerrado hasta donde alcanzara su mano —la sala medía siete metros de largo por cinco de ancho— y Pizarro aceptó la proposición. Atahualpa envió inmediatamente correos a todos rincones del inmenso país con orden de traerle todo el oro que pudieran.

Cuando el oro se hubo reunido, Atahualpa requirió al español a que cumpliera su palabra devolviéndole la libertad, pero Pizarro no tenía la menor intención de hacerlo.

El inca fue llevado ante un tribunal acusado de haber depuesto y asesinado a su hermano, de conspirar contra los españoles y de haber adorado dioses falsos, y por tales delitos era condenado a morir en La hoguera. Sin embargo, si aceptaba la fe cristiana, el veredicto sería atenuado: en vez de quemarle, le estrangularían.

El inca protestó de la sentencia y de la conducta de sus enemigos y se negó a abrazar el cristianismo, pero una vez en la hoguera le faltó valor y pidió el bautismo.

Así se hizo; luego, le pasaron un hilo metálico en torno al cuello mientras los clérigos cristianos rezaban. Poco después, el inca dejaba de existir; se había perpetrado uno de los crímenes más odiosos que figuran en los anales de la cristiandad.

Asesinato de Pizarro

En 1535, Almagro partió para Chile, descontento de su situación, cansado de verse relegado siempre a segundo término y tratando de encontrar su “El dorado” particular. En cuanto a Pizarro, se dirigió al litoral y fundó allí la ciudad de Lima, luego capital del Perú. Pero en 1537 reapareció Almagro y se apoderaba de Cuzco. En lo sucesivo, serían las armas las que decidirían quién gobernaría el país, él o Pizarro.

Siguió una situación confusa, en que los conquistadores se destrozaron entre si. Almagro fue hecho prisionero en 1538 y Hernando Pizarro le hizo dar garrote. Entonces, sus familiares y partidarios continuaron la lucha y, en 1541, le llegó el turno a Francisco Pizarro, que residía a la sazón en Lima.

Consiguieron introducirse en su casa algunos conspiradores y, aunque el conquistador se defendió con denuedo y bravura, sucumbió ante el número y cayó con el cuello atravesado; aún pudo trazar con el dedo una cruz en el pavimento, con su propia sangre, y entregó su alma.

Las aventuras de Pizarro y de sus compañeros culminan la época de las conquistas en la historia de la colonización española en América.

Luego, fueron pacificados los territorios recientemente descubiertos y se organizó el gobierno y la administración.

Se excavaron minas y afluyeron a Europa metales preciosos en cantidad cada vez mayor; se establecieron plantaciones y se introdujeron en el Viejo Mundo nuevos productos agrícolas, como el maíz, la patata, el cacao y el tabaco. Los conquistadores habían proporcionado a España tan inmensos recursos que durante algún tiempo mantuvo su hegemonía como potencia europea; pero los tesoros de América no proporcionaron la felicidad a los españoles como ellos tanto creían.

Fuente Consultada: Historia Universal de Carl Grimberg

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

ocio total

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes

actitudes


puzzles


------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------