Tipos de Grasas en el Cuerpo Humano y Alimentos Riegos y Función



Tipos de Grasas en el Cuerpo Humano
Alimentos , Riegos y Función

INTRODUCCIÓN: CUANDO Julio César exclamó: «Deseo a mi alrededor hombres gordos», expresó una opinión generalizada. La gente suele creer que una persona gruesa es siempre alegre y extrovertida, simpática, buena e incapaz de pensamientos retorcidos. Sin embargo, como escribió Chesterton, que también era gordo, en el interior de cada hombre gordo hay otro delgado deseando salir a la superficie. La simpatía de la persona gruesa es a veces una protección contra el complejo causado por su figura irregular. El gran número de cursos de adelgazamiento, dietas, pastas sin azúcar y otros medios para reducir la grasa demuestran que la gente no desea estar excesivamente gruesa.

La distribución de la grasa difiere enormemente en los seres humanos. Al igual que determinadas características físicas de éstos, esas diferencias parecen ser hereditarias y, del mismo modo que la apariencia facial, se hallan relacionadas con la personalidad. Esta teoría la sostuvo en el siglo XIX el psiquiatra Ernst Kretschmer, quien estaba particularmente interesado en las personas de disposición ciclotímica, es decir, aquellas que cambian frecuentemente de humor, desde la exaltación a la depresión. Generalmente, son gruesas y bajas de estatura y tienen mucha grasa subcutánea.

Hoy en día, los psiquiatras suelen sostener estas observaciones de Kretschmer sobre la constitución corporal de las personas deprimidas, mas no que la grasa influya en la personalidad ni viceversa. Es más probable que estas características se relacionen genéticamente, es decir, que exista una tendencia prenatal a la depresión y a dicha constitución corporal. Ciertas formas de grasa se hallan presentes en todas las células del cuerpo —del 15 al 17% del peso de un adolescente está formado por grasa — , pero la distribución de las diferentes clases es irregular.

Los depósitos más patentes se hallan situados bajo la piel y son responsables de las principales diferencias físicas entre los distintos individuos, razas y sexos; así, su distribución en torno a los pechos, la pelvis y las nalgas presta al sexo femenino su estructura formal característica. Cantidades menores de grasa se hallan presentes en las palmas de las manos y en las plantas de los pies, donde ejerce una función protectora contra los golpes.

En el interior del cuerpo, la grasa proporciona protección a diversos órganos. Se halla en torno a los riñones, en las cuencas de los ojos, en el vértice del corazón, y en un gran pliegue de tejido, el epiplón, que está situado delante del intestino. Normalmente, existe en pequeñas cantidades en torno a los vasos sanguíneos y a medida que transcurren los años aparece en la capa interior de las arterias, en las que forma el ateroma. Esta puede ser la causa de ciertos ataques cardíacos y de alteraciones en la normalidad de la circulación sanguínea.

Las membranas celulares y las estructuras, llamadas mitocondrias, que se hallan dentro de las células están formadas por grasa combinada con proteínas. Ambas son asiento de gran actividad: la grasa se ocupa del traslado de las sustancias dentro y fuera de la célula y las proteínas de la integración de los procesos productores de energía en el interior de las células.

En sentido general y siguiendo procesos específicos, las hormonas dirigen la forma en que se distribuye la grasa. Las hormonas sexuales ejercen gran influencia en el aspecto físico: las masculinas favorecen el desarrollo de los músculos a expensas de la grasa subcutánea, en tanto que las hormonas femeninas contribuyen a que la figura femenina adquiera su peculiar distribución de grasa; así, en los seres humanos, la grasa es responsable en cierto modo de la diferencia entre los individuos de distinto sexo que entre los demás miembros del mundo animal realiza el color del plumaje.

Además de las sexuales, hay otras hormonas importantes en relación con la grasa. Por ejemplo, las hormonas tiroideas aumentan el desdoblamiento de la grasa, mientras que la insulina que segrega el páncreas hace que la grasa sea almacenada en el tejido adiposo.

AUNQUE la disposición de la grasa en el cuerpo y la forma que, en consecuencia, adopta éste es una cuestión fisiológica que las hormonas deben resolver, la presencia física corporal está sometida a la moda, especialmente entre el sexo femenino. En este sentido, las jóvenes intentan desesperadamente adaptarse a cada cambio, aunque éstos se hallen en abierto conflicto con su composición genética y hormonal.

Naturalmente, la delgadez es relativa, ya que una mujer jamás logrará eliminar por completo sus característicos depósitos de grasa. Adelgazar hasta extremos patológicos puede ser síntoma de anorexia nerviosa, una afección misteriosa que sólo se presenta en las jóvenes en su pubertad.



Consiste en que una muchacha se niega a ingerir alimentos, tarda largos períodos de tiempo en digerirlos cuando se le obliga a comer y a veces llega a morir de hambre. Probablemente, se trata de una forma extrema de neurosis, quizá provocada por un intento subconsciente de rechazar su papel femenino. Esta situación es muy distinta del adelgazamiento intencionado, en el que el principal objetivo es atraer al sexo contrario y adquirir con ello una cierta confianza personal en la propia femineidad.

Tres Gracias Pintura de Rubens

Las Tres Gracias, obra de Rubens, muestran unas formas exhuberantes, modeladas por la grasa, que respondían al ideal estético de su tiempo.

CONCEPTO DE GRASA: Las grasas son compuestos cuyas moléculas están formadas por átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno, pero la proporción de oxígeno es menor que en los carbohidratos. De este modo, en comparación con los hidratos de carbono, puede quemarse una mayor proporción de cada molécula grasa (la parte del carbono e hidrógeno). A partir de un mismo peso de grasa e hidrato de carbono, se obtendrá más energía cuando se queme la grasa. Por lo tanto, la grasa es mayor fuente de energía que los hidratos de carbono, y constituye —tanto en los animales como en las plantas— un importante material de reserva.

Para sobrevivir durante el invierno, cuando las condiciones son pobres, las semillas de los vegetales son especialmente ricas en grasa (aceite) y muchos animales forman un depósito de grasa durante los meses de verano. Las aves almacenan grasa durante la época de crianza (empolle). En sus largos vuelos migratorios, la grasa se quema para proveer la cantidad de energía necesaria para el vuelo. La distancia que recorren está supeditada a la cantidad de grasa que pueden acumular previamente a la migración, porque la mayoría de las aves come muy poco durante sus vuelos migratorios.

Cuando se quema la grasa no sólo se forma más energía (en comparación con el mismo peso de carbohidratos o proteínas) sino que se forma también más agua. Esto es de gran importancia para los animales terrestres, muchos de los cuales viven en ambientes donde el agua no abunda. El agua resultante de la combustión de las grasas en los animales, acrecienta el aprovisionamiento del líquido que ellos obtienen, principalmente de los alimentos y bebidas.

camello , tiene grasa en la jorobaLa giba del camello no es un tanque de agua, como pretenden hacernos creer las historias populares. Es, en realidad, un depósito de grasa, y la gran capacidad del camello de andar durante largos períodos sin tomar agua se debe a que quema esa grasa para obtenerla.

Por lo tanto, las grasas son importantes como depósito de sustancias de reserva, y su combustión abastece a los tejidos animales o vegetales con una cierta cantidad de agua.

Son importantes también, en la estructura de los tejidos vivientes, ya que —aun cuando los animales permanezcan largo tiempo hambrientos— quedan cantidades apreciables de grasa en sus tejidos. En los vertebrados, las fibras nerviosas están rodeadas por una vaina grasa que las aísla (mielina), de la misma manera que una vaina de goma o plástico tiene un cable eléctrico.

Las grasas químicas son esteres (sales orgánicas) del glicerol (glicerina), un alcohol que tiene tres grupos —OH (oxhidrilo), y un ácido graso. Los ácidos grasos se forman en los vegetales por oxidación de los azúcares, y es probable también que la glicerina es forme a partir de los azúcares. Un animal obtiene alguna grasa en su cernida.

Esta grasa es descompuesta, por la acción de enzimas, en ácidos grasos y glicerol, cuyas moléculas pueden pasar a través de la pared intestinal, reconstruyéndose luego la molécula grasa. Pero, los tejidos animales, también pueden convertir azúcares en grasa. (Todos sabemos que los alimentos «feculentos», como el pan y la papa, pueden hacernos engordar.) Aún así, por lo menos dos ácidos grasos, el ácido linoleico y el linolénico, pueden considerarse partes esenciales de una dieta sana.

Acerca de las grasas

En términos dietéticos, la grasa ha sido el ogro de la última parte del siglo XX. Cada vez que tomamos algo graso, nos sentimos culpables. Sin embargo, seguimos comiendo demasiada cantidad de los tipos perjudiciales de grasa, y probablemente muy poca de la sana.



La grasa se compone principalmente de ácidos grasos y glicerol, junto con otros compuestos. Los ácidos grasos constituyen el componente más abundante, y el glicerol comprende aproximadamente un 3 % de la energía total ingerida en forma de grasa (el glicerol se encuentra presente de forma natural como parte constituyente de las grasas, por lo que no es necesario preocuparse por su consumo). Los ácidos grasos pueden dividirse en tres grupos principales: saturados, poliinsaturados y monoinsaturados.

Todos los alimentos que contienen grasas incluyen los tres tipos de ácidos grasos, pero en proporciones variables. Por ejemplo, la afirmación de que «la mantequilla es una grasa saturada» no es del todo cierta. Si bien es verdad que la mayor parte de la grasa de la manteca es saturada (67 %), también contiene un 25 % de grasa monoinsaturada, e incluso una pequeña cantidad de poliinsaturada. La ternera, otro alimento del que se cree que contiene grasa saturada, tiene tanta grasa monoinsaturada como saturada (43 %).

Actualmente, alrededor del 39 % de la ingesta total de calorías diarias es en forma de grasas. El cuerpo utiliza la grasa principalmente como energía (proporciona más del doble de calorías por gramo que los hidratos de carbono o las proteínas). Si se consumen más grasas de las necesarias, sin embargo, se almacenan en el cuerpo en forma de tejido adiposo. Más tarde, éste puede convertirse en energía en caso necesario (por ejemplo, si el consumo de alimentos no cubre el gasto energético, la base de las dietas de adelgazamiento). Una pequeña cantidad de grasa también es necesaria, ya que transporta las vitaminas A, D y E, liposolubles. Las grasas poliinsaturadas, por su parte, son necesarias como fuente de ácidos grasos esenciales.

Dado que una dieta rica en grasas está estrechamente relacionada con las enfermedades cardíacas y con algunas formas de cáncer, con la obesidad y otras dolencias, las autoridades sanitarias aconsejan reducir el consumo de grasas hasta un 33 % o incluso una reducción todavía mayor (por ejemplo, Estados Unidos y la OMS recomiendan un 30 %). Pero no basta con decir únicamente «reduzca el consumo de grasas», ya que en términos de salud no todas las grasas son iguales.

Las Grasas: Placeres peligrosos: A pesar de su mala fama, las grasas tienen una enorme virtud: están deliciosas. Una ensalada insípida puede convertirse en un primer plato excelente con un chorro de aceite de oliva y un puñado de frutos secos. Un muslo de pollo suele ser más tierno y más gustoso que una pechuga, que lleva menos grasa. Una media luna de manteca es para muchos paladares más sabroso que una rebanada de pan…

Los humanos estamos diseñados para que nos gusten las grasas. La afición por las grasas es uno de los regalos que nos ha hecho la naturaleza para protegernos de la desnutrición. Pero hoy día tenemos a nuestro alcance más alimentos de los que necesitamos.

Está muy bien poder comer lo que a uno le gusta y que ya nadie muera de hambre en los países occidentales. Pero el péndulo ha pasado de un extremo al otro. Ahora ya no morimos porque nos falte comida, morimos porque nos sobra. El problema es que el cuerpo humano necesita su justa cantidad de cada alimento para funcionar en ese estado de equilibrio. Y cuando uno da rienda suelta a sus instintos y coge todo lo que encuentra a su alcance, se pierde el equilibrio y se origina la enfermedad.

Las grasas se dividen en cinco grandes grupos, y cada uno actúa de un modo distinto en el cuerpo humano. Las definiremos por cinco alimentos típicos en los que predominan: aceite de oliva (grasas monoinsaturadas); aceite de girasol (poliinsaturadas omega-6); pescado (poliinsaturadas omega-3); carne de ternera (saturadas); y bollería industrial (grasas trans). Aunque todas ellas caben en una dieta equilibrada, las tres primeras (las insaturadas) se consideran grasas saludables, mientras que las dos últimas (las saturadas y las trans) son poco saludables y deben tomarse con moderación.

En realidad, las grasas son imprescindibles para que la máquina humana funcione correctamente. Son tan importantes que hasta un 30 % de las calorías que ingerimos con la dieta deberían proceder de las grasas. De este 30 % se aconseja que aproximadamente la mitad sean grasas monoinsaturadas, las que predominan en el aceite de oliva. Su principal virtud es que reducen el colesterol LDL (el malo) y elevan ligeramente el HDL (el bueno). El aceite de oliva aporta además vitamina E y otros antioxidantes.

Entre los alimentos que aportan cantidades importantes de grasas monoinsaturadas destacan también algunos frutos secos, como las avellanas, las almendras o las nueces de Macadamia; algunos pescados, como el bacalao, la caballa o el arenque; algunas aves, como el pollo y el pato; y los aguacates.



En otros aceites vegetales como el de girasol predominan unas grasas llamadas poliinsaturadas omega-6. Abunda también en el aceite de maíz o el de soja y en algunos frutos secos como nueces, piñones o pipas de girasol.

Las grasas características del pescado azul, las omega-3, son un auténtico regalo para la salud, y especialmente para la salud cardiovascular. Estas grasas han resultado ser una especie de alimento milagroso. Nos dimos cuenta cuando se descubrió que los consumidores habituales de pescado tienen un riesgo de morir por una enfermedad cardíaca un 60 % más bajo que las personas que casi nunca toman pescado. Desde entonces, más de quince grandes estudios han confirmado los beneficios de las grasas omega-3.

También se ha observado que, además de proteger frente a enfermedades cardiovasculares, las omega-3 son beneficiosas frente a algunas enfermedades inflamatorias y autoinmunes. Sabemos que reducen la tendencia de la sangre a formar coágulos y, por lo tanto, el riesgo de infarto, ya que no hay infarto sin coágulo. Y, por algún mecanismo que no comprendemos, reducen el riesgo de arritmia, lo que explica que eviten muertes súbitas en enfermos cardíacos. Los beneficios son tan grandes que hoy día la Asociación Americana del Corazón recomienda comer pescado un mínimo de dos veces por semana a toda la población.

Los pescados más ricos en omega-3, y por lo tanto los que tienen más grasas saludables, son los pescados grasos como el salmón, el atún, la anchoa, la sardina o cualquier otra especie de pescado azul. También contienen cantidades apreciables de omega-3 algunos productos de origen vegetal como las nueces, el aceite de soja o el de colza. Todos éstos se pueden considerar alimentos cardiosaludables.

Respecto a las grasas saturadas, las que predominan en las carnes rojas, la recomendación básica es consumir menos. Y hay buenas razones: el exceso de grasas saturadas es la causa número uno de los altos niveles de colesterol LDL (el malo) que se registran en los países occidentales; cuanto mayor es el consumo de grasas saturadas, mayor es el riesgo de infarto; el abuso de carnes rojas y grasas saturadas aumenta el riesgo de cáncer colorrectal; y también es probable que aumente el riesgo de cánceres gástricos y de esófago.

Colesterol LDL Es el colesterol que circula por la sangre unido a las lipoproteínas de baja densidad, LDL en abreviatura (Low Density Lipoprotein, en inglés). Representa aproximadamente el 75% del colesterol sanguíneo total. El colesterol LDL favorece la formación de la arteriosclerosis. Es el llamado colesterol malo” o nocivo.

Colesterol HDL Circula unido a las lipoproteínas de alta densidad, HDL en abreviatura (High Density Lipoprotein en inglés) Recientemente se ha puesto de manifiesto que este tipo de colesterol, al que se le llama coloquial-mente “colesterol bueno”, tiene una acción preventiva de la arteriosclerosis. Cuanto más alto sea su nivel en sangre, tanto mejor.

El aceite de oliva, aunque disminuye poco el colesterol total, ejerce un efecto protector sobre la formación de la arteriosclerosis al aumentar el “colesterol bueno” transportado por las lipoproteínas de alta densidad (colesterol MDL). Los aceites de semillas, ricos en ácidos grasos poliinsaturados, disminuyen el colesterol total, pero también el colesterol MDL de efecto protector, por lo que su efecto global sobre la disminución del riesgo

PARA SABER MAS….

Cuando usted va al supermercado y lee las etiquetas de los alimentos seguramente no sabe qué implican las leyendas de «contiene omega 3» o «fuente natural de omega 3» que aparecen en los empaques. ¿Por qué desde la industria alimentaria destacan esta característica? A continuación tratamos de descubrirlo.

En la década de los ochenta, los científicos depositaron su atención en la comunidad esquimal del Polo Norte llamada Inuit, atraídos por un dato revelador: la baja incidencia de enfermedades cardiovasculares que presentaba entre sus habitantes. Luego de estudiar el caso, se dieron cuenta de que una de las razones era el alto consumo de Omega 3, presente en el pescado azul, principal plato de su dieta.

Las Omega 3 son grasas poliinsaturadas que se hallan en ciertos pescados, aceites vegetales y frutas secas. Varios estudios determinaron que, debido a su condición de insaturados, este tipo de ácidos grasos es beneficioso para prevenir enfermedades del corazón, ya que disminuye los triglicéridos y el colesterol LDL (conocido como colesterol malo) y aumenta notablemente el colesterol HDL (o bueno).

Además tiene la condición de ser anticoagulante, lo que previene la formación de coágulos sanguíneos y, en consecuencia, los accidentes cerebrovasculares, y posee la capacidad de devolverle la elasticidad a las paredes arteriales, ideal para aquellas personas que sufren de hipertensión arterial. Otro de los beneficios comprobados es su alto poder antiinflamatorio, sobre todo para quienes padecen artritis, artrosis o reuma. (Fuente: Revista Selecciones Abril 2011)

Fuente Consultada:
Las Claves de la Ciencias de la Salud
Nuevo Estilo de Vida-Disfrútalo Tomo I
Los Alimentos Que Consumimos Judtih Wills
Enciclopedia de la Vida Tomo 4 Las Grasas del Cuerpo Editorial Bruguera

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