Historia e Inventor de la Lejia o Polvo Banqueador de Telas



Historia e Inventor de la Lejia o Polvo Banqueador de Telas

La Revolución industrial prosperó en gran medida no sólo gracias a una serie de inventos, sino como consecuencia indirecta de la solución de los distintos problemas que afectaban a la industria textil.

Muchos de ellos eran de tipo mecánico; pero hubo uno, de índole totalmente química, que tuvo tanta o más influencia en la industrialización de Gran Bretaña.

El primer escollo para la manufactura del tejido lo resolvió John Kay, en 1773, gracias a la invención de la lanzadera.

Las máquinas de hilar ideadas en el transcurso de los cincuenta años posteriores por Arkwright, Hargreaves, Crompton y otros, solucionaron la subseguiente escasez de hilo, pero desvelaron la lentitud del proceso de elaboración del tejido.

Finalmente, el ciclo se completó con el empleo de telares movidos por un motor, y la producción textil pudo convertirse rápidamente en la base del poderío industrial británico.

No obstante, otro problema hizo entonces su aparición: antes de vender la tela había que blanquearla, quitarle el tono natural amarillento, semejante al de la arpillera, hasta dejarla completamente blanca para que pudiera ser teñida.

El blanqueo de un producto textil es un proceso de eliminación del color natural de fibras textiles, hilos y tejidos mediante tratamiento químico o exposición al sol, el calor o el agua.

Tradicionalmente, la industria de tipo doméstico blanqueaba el tejido hirviéndolo en una solución ligeramente alcalina o, a veces, en agua sola, para luego sumergirlo en leche agria y, finalmente secarlo al sol.

Las operaciones se repetían varias veces hasta que el tejido quedaba completamente blanco, lo que representaba de seis a dieciocho meses de trabajo.

Sin embargo, en 1756 la duración del proceso se redujo a la mitad gracias a la sustitución de la leche agria por vitriolo o ácido sulfúrico (el descubrimiento de su obtenciór mediante el procedimiento de las cámaras de plomo redujo considerablemente su precio).

De todos modos, el blanqueo no dejó de constituir un serio inconveniente y la causa de numerosos problemas durante el proceso de producción.

De hecho, el secado al sol en un lugar que, come Gran Bretaña, registra un clima excesivamente húmedo, producía una progresiva acumulación de piezas.

Y eso no era todo: en 1786 el Manchester Mercury publicó las quejas de un cazador cuya jauría había atravesado un campo donde se encontraban piezas de tela expuestas al sol, sin que él pudiera evitarlo, y había sido muerta por los propietarios.

La solución al problema del blanqueo corrió a cargo de Charles Tennant, experto tejedor escocés.

Tennant se dio cuenta de que la progresiva Industrialización del sector textil obligaba a resolver la cuestión del blanqueado, y se dispuso a estudiar todos los procesos conocidos hasta descubrir un nuevo sistema.

En 1774 el químico autodidacta sueco Scheele descubrió el cloro, gas muy activo y asfixiante.

Poco después, en 1786, el conde francés Claude Louis Berthollet comprobó que el cloro desteñía los colores de origen vegetal, y puso su hallazgo en conocimiento del famoso ingeniero James Watt con ocasión de un breve encuentro entre los dos aquel mismo año.

Claude Louis Berthollet inventor de la lejia

El polvo de blanqueo era una mezcla de cal apagada y cloro, obtenido por calentamiento de sal, ácido sulfúrico y dióxido de manganeso.

Dado que el suegro de Watt, James MacGregor, era blanqueador, ambos construyeron rápidamente una máquina que blanqueaba de modo simultáneo cerca de 1.400 m de tejido.

La peligrosidad del manejo del cloro (su inhalación directa puede provocar inconsciencia y hemorragias buconasales) indujo a Charles Tennant a estudiar un procedimiento carente de riesgos.

Berthollet había descubierto que mezclando el cloro con un álcali el primero no producía asfixia, pero el líquido resultante de la mezcla, llamado Eau de Javel, apenas tuvo aceptación a causa del elevado precio y de los riesgos que implicaba su transporte.

Tennant, por su parte, hizo unas pruebas mediante el empleo de cal (por aquel entonces estaba prohibida como sustancia nociva), y en 1798 logró una mezcla de cloro y cal apagada de resultados muy aceptables, cuya patente vendió por 200 libras esterlinas.

De todos modos, el líquido ocupaba mucho volumen y era aún difícil de transportar, por lo que Tennant prosiguió sus experimentos.

En colaboración con un químico llamado Charles Macintosh, futuro inventor del tejido impermeable, impregnando cal apagada, todavía húmeda, con cloro, consiguió un prooducto sólido de gran poder de blanqueo y que tuvo un éxito inmediato.

Tennant patentó en 1799 este descubrimiento, auténtico hito en la historia de la industria química.

Durante los treinta años siguientes su fábrica, situada en las proximidades de Glasgow, fue la mayor industria química del mundo.

El empleo de esta sustancia hizo desaparecer el último impedimento para la expansión de la industria textil, e imprimió a la Revolución industrial un nuevo impulso.

Fuente Consultada: Historia de los Inventos Editorial SALVAT S.A. Entrada: Lejía

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