Las Clases Sociales en Atenas Vida de Metecos y Clerucos



Las Clases Sociales en Atenas
Ciudadanos, Metecos y Clerucos

En Atenas estaban los habitantes LIBRES y NO LIBRES, estos ultimos eran  los esclavos.

Si eran LIBRES podían ser CIUDADANOS Y NO CIUDADANOS, estos ultimos podían ser: METECOS o extranjeros y CLERUCOS, osea ciudadanos humildes que recibían tierras para sus sustento.

Los CIUDADANOS gozaban de todos los derechos, podían ser militares u hoplitas, o ser funcionarios políticos o de justicia.

La mayoría de los habitantes del Ática no formaban parte del pueblo ateniense, es decir no eran ciudadanos.

Los esclavos no eran atenienses. Los criados, los que trabajaban en las minas de plata, la mayoría de los obreros, parte de los marineros de los barcos mercantes eran esclavos, sin ningún derecho en la sociedad, sometidos por entero a las órdenes de sus dueños.

Aun entre los hombres libres, muchos no eran ciudadanos. No lo eran todos los que descendían de familia extranjera, aun cuando contara varias generaciones de estar establecida en el Ática.

Para ser ciudadano de Atenas, no bastaba haber nacido en el Ática, había que ser hijo de ciudadano.

Los extranjeros establecidos en el país se llamaban metecos (que habitan con), eran libres y tenían derecho a comerciar, pero no podían comprar fincas en el Ática, ni casarse con mujer ateniense, ni presentarse en la Asamblea o los tribunales.

Habitaban con los ciudadanos sin mezclarse en su vida.

Sólo los ciudadanos constituían el pueblo, y lo eran los hijos de un ciudadano y de una ciudadana. La mayor parte de los ciudadanos de Atenas eran propietarios de un pequeño campo o de una casa en la ciudad.



Algunos poseían unos cuantos esclavos que trabajaban en un taller de cerámica, de armas o de cueros.

No obstante, había también en Atenas ciudadanos que ganaban el sustento con el trabajo de sus manos, carpinteros, albañiles, herreros, alfareros, curtidores, tintoreros, ebanistas, carreteros, armeros y pequeños industriales.

Iban como los otros a la Asamblea, votaban, elegían los magistrados, juzgaban.

Y ello parecía novedad absurda a los griegos, que nunca habían visto sino ciudades gobernadas por propietarios.

Los filósofos censuraban este régimen. «Un Estado bien organizado, decía Aristóteles, no hará ciudadanos a los trabajadores».

Y daba como razón de esta teoría que el trabajo sedentario debilita el cuerpo y la inteligencia.

En Atenas, como en casi todas las ciudades griegas, la mayor parte de la población se componía de esclavos.

Eran comunmente bárbaros, sobre todo asiáticos (frigios, lidios, sirios) o hijos nacidos de esclavos en la casa.

Había también helenos que habían sido libres: los habitantes de las ciudades tomadas en la guerra, porque ios helenos no siempre tenían escrúpulo de hacer esclavos a otros helenos.

La mayor parte de los de esta condición permanecían en casa del dueño, ocupados en la cocina, en el servicio, en los más rudos menesteres.



Comunmente los vestidos y el pan se hacían en la casa.

Esclavas hilaban la lana y tejían las teias destinadas a sus dueños, otras molían el grano, hacían la harina y amasaban el pan, trabajo penoso y que requería mucho tiempo, porque no se conocían aún los molinos de agua, y había que machacar el trigo en molinos de mano o con pilones.

No se conocía casa en que no hubiera al menos una esclava, y se consideraba poco acomodada a la familia que sólo tenía siete.

Los ricos poseían a veces más de cien, y sorprendía que la esposa de un ciudadano de consideración en Atenas saliera acompañada de una sola esclava.

Había también esclavos varones, empleados como obreros en los talleres de herrería, en las armerías, en las tintorerías, en las canteras de piedra, en las minas de plata. El dueño sólo estaba obligado a darles de comer y se embolsaba íntegro el producto de su trabajo.

Había también en Atenas esclavos marineros y comerciantes. Tenían una tienda y vivían independientes, vistiendo como hombres libres.

Del dinero que ganaban entregaban parte a su dueño y conservaban el resto. Pero lo corriente era que el esclavo usase traje especial, más burdo que el de los hombres libres.

Le estaba prohibido adornarse, ir a los baños públicos, aparecer en los gimnasios donde se ejercitaban los jóvenes.

Los esclavos no tenían ningún derecho en la sociedad, ni siquiera disponían de su propia persona, pertenecían por completo a sus dueños. Se les llamaba con frecuencia cuerpos.

Aristóteles dice: «El esclavo es un Instrumento animado».



Habían de obedecer ciegamente todo cuanto su dueño les mandase.

El dueño tenía derecho a hacer de ellos lo que quería, podía ordenarles trabajar como le agradara, encerrarlos, privarles de alimento, azotarlos, marcarlos con hierro candente.

En Atenas la ley prohibía solamente matarlos y los atenienses se alababan de ello como muestra de excepcional dulzura. Pero la ley no prohibía someterles a tormento.

Por el contrario, cuando había un proceso entre dos atenienses, cada parte tenía derecho a obligar

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