La Educacion en Grecia Antigua Características y Sus Períodos






La Educación en Grecia Antigua
Características y Períodos de la Educación

A MODO DE SÍNTESIS: Vida escolar griega. — Los niños atenienses recibían la enseñanza que pudiéramos llamar primaria, desde los siete a los dieciséis años; iban a la escuela acompañados por un pedagogo, nombre con que se designaba a un esclavo de confianza que vigilaba y cuidaba al niño fuera de su casa y era ajeno a su enseñanza.

El maestro se llamaba grammatistés, o profesor de grammatiké, esto es, de gramática. La enseñanza primaria consistía en gramática (la griega, porque las demás lenguas no merecían su estudio, según estimaban los griegos), la aritmética y la escritura; después se estudiaban de memoria pasajes de los poetas griegos, seleccionados con arreglo a las lecciones morales que conviniera deducir de ellos.

Educación superior. — La educación superior se llamaba mousiké (es decir, instrucción general de las disciplinas presididas por las Musas), y comprendía los estudios literarios así como la música. La lira era el instrumento preferido, y como todas las poesías líricas tenían su música, era variado el repertorio para practicar.

A estos estudios teóricos acompañaban los ejercicios físicos que constituían el tercer grupo de la educación juvenil. Desde los dieciséis a los dieciocho años, los jóvenes atenienses practicaban ejercicios gimnásticos o atléticos, consistentes en carreras pedestres, luchas, pugilatos y ejercicios militares.

De este modo la juventud ateniense quedaba bien preparada para desempeñar en debida forma durante la edad viril sus obligaciones de ciudadanos y de soldados.

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DESARROLLO COMPLETO SOBRE LA EDUCACIÓN EN GRECIA ANTIGUA

El humanismo. — En la historia de la educación, los griegos fueron los primeros en procurar que el hombre por sus propios medios alcanzase su completo desarrollo, la plenitud de su personalidad.

Por este motivo, Grecia señaló en la historia el pasaje del tradicionalismo educativo al humanismo clásico. Para las grandes civilizaciones del antiguo Oriente, la cultura es algo aue se ha de mantener y trasmitir sin ninguna modificación ni adaptación. Para el humanismo griego, la cultura es un medio, es un instrumento que, al decir de Platón, permite al hombre dar al cuerpo y al espíritu toda la belleza y la fuerza de que son susceptibles.

Los griegos situaron el problema de la educación no en doctrinas enseñadas por dioses, como lo habían hecho hasta entonces los demás pueblos, sino en el conocimiento racional y perfeccionamiento moral del hombre. Ellos fueron los creadores de una visión de la vida, del arte, del pensamiento, inigualable, buscando tener presente siempre en ella la esencia de lo humano (humanismo) ; este ideal que persiguieron tanto en la filosofía como en la educación se ha perpetuado a través de todas las alternativas históricas de nuestra cultura occidental.

Pero hay algo en el pensamiento griego que supera todas sus creaciones. Es el empeño por determinar racionalmente qué le es indispensable al hombre para vivir con dignidad, qué normas de conducta le permitirán alcanzar aquellos ideales que harían de la suya una vida digna de ser vivida. Aristóteles expresaba así este pensamiento: “El objeto de la vida es vivir feliz y bellamente“. La filosofía, la moral y el arte son los medios para ese fin.

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La paideia. — La formación humanística del niño y del ¡oven se denominó entre los griegos “paideia”. Correspondería al ciclo completo de nuestros estudios, pero difiere profundamente en dos aspectos:

1) La paideia no es sólo instrucción, sino es incorporación a los ideales de la cultura griega. Es el cultivo de los sentimientos religiosos y patrióticos, unido al de los sentimientos éticos. Jbos griegos reconocen el valor absoluto de la personalidad humana y de la perfección ética. Al dominio de sí mismo, a la auto-conquista lograda por el saber, a la armonía y la autodisciplina la denominaron “sofrosyne”.

2) El propósito de la paideia no es sólo llenar las necesidades del desarrollo del niño, sino formar al hombre maduro. La palabra “paideia” puede también ser traducida por: “tratamiento que conviene aplicar al niño para hacer de él un hombre”. El latín, para decir lo mismo, emplea la palabra “humanitas”, humanidades. En ambos casos el niño no constituye un fin en sí mismo, sino un fin en vista al hombre futuro.

Cuando en Grecia se habla de la formación del niño, se alude a la instrucción moral, donde está centrado el humanismo. El educador no es el maestro, sino el pedagogo (de pais, paidós, niño, y ago, conduzco), el que acompaña y vigila al niño. Es el pedagogo el que transmite los ideales familiares y el que favorece la incorporación del niño al medio social.


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Lo que quiere la educación griega es la formación del hombre completo: cuerpo y alma, sensibilidad y razón, carácter y espíritu. De aquí que por la instrucción no se pretendía formar al sabio, al artista, al literato, sino que se procuraba dar una norma de vida que estaba de acuerdo con un ideal de perfección.

El hombre que posee una sólida cultura humanística se encuentra preparado para afrontar todo género de empresas: hacer progresar las ciencias, llegar a conductor político, dirigir arriesgadas exploraciones, etc. Por las humanidades el hombre adquiere, junto con el conocimiento moral humano, el dominio completo de la razón, de la palabra, instrumento privilegiado de su cultura y vehículo de la vida social.

La educación liberal. — Al humanismo griego se lo ha denominado también “educación liberal”, o sea, educación del hombre para que éste pueda usar con pleno conocimiento de la propia libertad; o si no, actividad intelectual del hombre que le permite desentenderse de las tareas manuales para poder gozar de las altas expresiones del espíritu.

Es por eso que la educación griega no impone a los educadores normas fijas que los obliguen a seguir determinados métodos. De ahí que todos los educadores tenían respeto a cuanto se relacionaba con la libertad del individuo. Por eso también la cultura griega no tiene un carácter tradicional, no se limita a la monótona repetición del pasado, sino que es progresiva, se renueva continuamente, fija la mirada en el porvenir. La formación del individuo en todas sus direcciones se alcanza con un perfecto equilibrio de sus distintas actividades.

El equilibrio se logra con el ideal de la armonía, con la aspiración a la kalokagathya, es decir, con la bondad indisolublemente unida a la belleza, como bondad resultante de un firme dominio de sí, como belleza que representa exteriormente el severo orden interior del ánimo. Por esto la educación es perfecta euritmia, equilibrio que se alcanza únicamente con una lucha interior en el individuo contra’el desorden de las fuerzas instintivas, hasta alcanzar un iluminado y coherente concepto de la vida.

Períodos de la educación griega
La educación tuvo en Grecia distintos momentos, determinados por las circunstancias históricas. En su evolución podemos distinguir cuatro períodos:

1) el período arcaico, heroico o legendario, que corresponde a los siglos X al VI a. C. y cuyo contenido conocemos a través de los poemas de Homero;

2) los comienzos de la “paideia”, o sea el inicio de los grandes ideales educativos caracterizados en dos pueblos griegos: Esparta y Atenas;

3) el período de las grandes innovaciones pedagógicas, provocadas en el siglo V por los sofistas y Sócrates; y

4) el período helenístico o de expansión de la educación y de los ideales formativos griegos por todo el mundo helenístico.

1) Período Arcaico
La educación heroica: — Con los poemas de Homero se abre la historia de la educación en Grecia. En La Ilíada y la Odisea, donde se celebran las hazañas de los héroes de las ciudades griegas que lucharon en el asedio de la ciudad de Troya, encontraremos los mejores testimonios de lo que era la educación arcaica.

El ideal concreto de la educación arcaica es el héroe. El héroe es el hombre que sabe dominar a los demás y dominarse a sí mismo, que es poseedor de una capacidad espiritual y corporal dispuesta siempre a emplearla en lo bueno y para lo bello. La formación del héroe es siempre una lucha para conquistar virtudes, para alcanzar el premio, para dominar la naturaleza, para mantenerse en una situación de preeminencia con respecto a la masa del pueblo.

Mas los poemas de Homero tienen otro valor. En sus ejemplos se inspira toda la cultura griega. De Homero salen las artes, la historia y la gramática. Esta circunstancia, conocida por Platón, le permitió afirmar que Homero es el educador de toda la Grecia.

La Ilíada nos habla de un mundo dominado por una aristocracia de guerreros. En la cumbre encontraremos al rey, rodeado de una verdadera corte integrada, parte por hombres de consejo y experiencia, parte por jóvenes y fieles guerreros que forman la clase noble. Todos viven en la corte y comen en la mesa real, mientras la cortesía acompaña al caballero en todas partes, hasta en la guerra. Por su semejanza con la organización prefeudal de la corte de Carlomagno, se puede hablar de una caballería homérica.

Él “prudente centauro Quirón” es la figura típica del educador, maestro de Aquiles y de otros .veinte héroes. Le había enseñado a Aquiles los deportes, los ejercicios caballerescos, la caza, la equitación, la cirugía, la farmacopea y las artes cortesanas, como el tañer la lira. El héroe debe saber de todo, pero su verdadero guía, el anciano Fénix, le infunde en su conciencia un alto ideal de conducta humana. En la hora decisiva recuerda el fin para el cual lo ha educado: “Me han ordenado que te instruya como a mi hijo. Debes decir cuanto debe ser dicho y hacer cuanto necesita ser hecho”. “Para ambas cosas te he educado, para pronunciar palabras y para realizar acciones”, fórmula que condensa el doble ideal del perfecto caballero: ser buen orador y excelente guerrero.

La Odisea pinta las costumbres domésticas y muestra los conocimientos geográficos. Nos habla de Ulises, describe sus viajes, sus aventuras, su vida familiar y hogareña. Aquí aparece la diosa de la sabiduría bajo la figura de Mentor, instruyendo a su hijo Telémaco. El nombre de Mentor ha servido, desde el Telémaco de Fe-nelón, para designar al viejo amigo, protector, maestro y guía.

Al principio, Telémaco es un joven abandonado, sin energía, sensible, doliente; pero la influencia de su maestro lo convierte en un luchador valeroso. Así sorprendemos, desde los orígenes de la civilización griega, un tipo de educación netamente definido: el joven noble recibe los consejos y los ejemplos de una persona mayor, a la que’ se le confía para su formación.

2) PERÍODO DE LOS COMIENZOS DE LA PAIDEIA
Después de la caída de Troya, dos ciudades comienzan a destacarse: Esparta y Atenas. Durante más de tres siglos la vida política de Grecia giró alrededor de estos dos pueblos, considerados como los polos del genio griego. Atenas, de origen jónico, de carácter emprendedor, inquieto, revolucionario; Esparta, en cambio, de origen dorio, apegada a sus tradiciones, aristocrática y conservadora, que cultivó más las virtudes militares que las artes y las letras, en las cuales llegó a ser maestra su rival Atenas.

La educación en Esparta
Carácter. — La educación espartana se caracteriza por su sentido exclusivamente estatal y, sobre todo, militarista. Esto se explica si recordamos que Esparta tuvo que defenderse permanentemente de los pueblos vecinos y de los enemigos interiores o clases sometidas.

Etapas. — El Estado era quien determinaba si el niño recién nacido tenía las condiciones que podían hacerlo en el futuro apto para su servicio. No bien había visto la luz debía ser presentado ante una comisión de ancianos que examinaban su constitución física. Si era débil o deforme, era arrojado desde lo alto del monte Taigeto. Hasta los siete años dejaban al niño con su familia, pero después de esa edad hasta su muerte el espartano pertenecía totalmente al Estado.

A partir de los siete años comenzaba la educación pública, de carácter obligatorio, impartida en organizaciones de tipo militar. La escuela era única, sólo para la clase dominante. Los niños recibían sus lecciones de monitores escogidos en grupos de 64 alumnos; debían aceptar sin murmurar las órdenes y los castigos. La dirección general de los grupos estaba a cargo de un superintendente (paidónomo) auxiliado por inspectores de disciplina (mastigóforos) que abusaban del látigo.

A los 12 años, el niño vestía el manto de la virilidad. De los 18 a los 20, los jóvenes formaban los kruptoi o grupos encargados de vigilar las fronteras, vivían fuera de las ciudades y hacían ejecutar por los esclavos (ilotas) los trabajos de utilidad pública. Hasta los 30 años permanecían en la categoría de irenos; dirigidos por un instructor, aleccionaban a los más jóvenes. Al terminar ese período, adquirían los derechos de ciudadanos y podían constituir una familia, pero permanecían siempre en los cuarteles, comiendo en mesas comunes y sirviendo de maestros a la juventud.

La mujer era ejercitada en los deportes y en la danza. La disciplina fomentaba en ellas los sentimientos de honor e impavidez, llegando a no inmutarse al oír que sus hijos habían sucumbido en la batalla, a condición de que hubiesen caído de cara al enemigo.

Prácticas. — Para el espartano, la educación física era fundamental y con ella se buscaba la resistencia corporal. Vestían la misma túnica en verano y en invierno, llevaban los cabellos rasurados y se acostaban sobre un lecho de juncos recogidos en las riberas del Eurotas.

Los ejercicios al aire libre eran variados: lucha, carreras, saltos, jabalinas, etcétera. La caza, rama importante de su plan de enseñanza, fue preferida sobre todo. Practicaban, entre otros deportes, uno muy semejante a nuestro fútbol (el episkiros).

Niños y jóvenes aprendían a tocar la cítara y a cantar. Preferían los ritmos viriles y los himnos marciales del poeta Tirteo. Esta educación culminaba con la danza guerrera. El uso del látigo era corriente. Anualmente, en las fiestas de Diana, los maestros administraban castigos públicos para desarrollar el espíritu de sumisión. El pundonor exigía que soportaran los golpes sin quejarse.

La educación moral constituía la base de la educación patrocinada por Licurgo. Se aprovechaban todas las ocasiones para inspirar al niño el respeto a las leyes y a la religión, la obediencia absoluta al Estado y a los superiores jerárquicos. Las fiestas religiosas y los banquetes públicos favorecían este intento, pues el joven escuchaba a los ancianos discutir los negocios del Estado.

En tal ambiente los jóvenes adquirían hábitos de urbanidad y de sociabilidad. La mesa era frugal y el niño debía buscar el complemento necesario para satisfacer su apetito aunque recurriera al hurto y a la simulación (astucia). Esta práctica no era inmoral, pues consideraban la propiedad individual como una especie de usufructo y nada impedía a los servidores del Estado-propietario el robar.

La educación intelectual ocupaba un lugar reducido y secundario en la formación de los jóvenes espartanos. Generalmente ignoraban el alfabeto, despreciaban la elocuencia y cultivaban el laconismo o parquedad en las palabras. La enseñanza de la escritura y de la lectura parece que no formaba parte de la educación pública; en cierta época fueron objeto de enseñanza privada. Las ciencias y las artes no eran apreciadas. Sin embargo, se cantaban partes de los poemas homéricos.

La educación en Atenas
Carácter. — La educación ateniense difiere profundamente de la espartana, por su organización y por su espíritu. Constituye el tipo más representativo de la educación griega. En ella vamos a encontrar, en toda su plenitud, el humanismo pedagógico con su culto por la libertad y su preocupación por el desarrollo armónico de la personalidad.

Con extraordinaria perspicacia caracterizó el historiador ateniense Tucídides las excelencias de la formación ateniense sobre la espartana: “No educamos a nuestros niños mediante procedimientos de violencia, sino dejando que libremente se desarrollen hasta hacerse hombres. Amamos y cultivamos lo bello, sin vana ostentación. Amamos la verdad, tendemos hacia el conocimiento sin dejarnos ganar por la molicie ni la holganza. Somos atrevidos y hasta temerarios, pero nuestra exaltación no nos impide darnos cuenta del alcance de nuestra empresa.”

Educación familiar. — Tanto en Atenas como en Esparta los niños recibían de sus padres la primera educación. Se les enseñaba poesías y cánticos apropiados para infundirles buenos sentimientos y se aprovechaba su afición a los cuentos y fábulas para inculcarles principios morales. El culto doméstico y la asistencia a las ceremonias públicas fomentaba en ellos la reverencia a las divinidades.

El amor patrio se cultivaba en la vida hogareña y en las manifestaciones sociales. , La tradición nacional se trasmitía al vincular el joven con el adulto, el niño con el pedagogo, el maestro con el discípulo; estableciéndose una mutua simpatía que proporcionaba un ejemplo directo para la formación del carácter.

La educación no era realizada por el maestro, sino por el pedagogo, esclavo encargado por los padres de acompañar al niño en todas sus actividades, de llevar sus útiles, de iluminar con su farol el camino, etc. El pedagogo, delegado por la familia, es el formador del carácter moral. De ahí la superioridad de sus tareas.

III.-LAS INSTITUCIONES ESCOLARES GRIEGAS

Las instituciones escolares griegas fueron de cuatro clases:

1) la escuela de primeras letras;

2) el gimnasio o las instituciones destinadas a impartir una educación secundaria incipiente;

3) una enseñanza superior impartida en clases de filosofía y retórica, y

4) una formación militar y ciudadana obtenida con las prácticas propias de la efebía.

La enseñanza elemental. — A la edad de siete años, el niño era conducido a la escuela acompañado por el pedagogo. El maestro (gramatista) era un simple particular que enseñaba a leer y a escribir. Su oficio era mal retribuido y poco estimado. La enseñanza era el último refugio de las personas de buena familia que habían venido a menos.

Los maestros ignoraban todo método. Eran indiferentes a las dificultades psicológicas o a los métodos progresivos. Como en las antiguas escuelas de Oriente, la didáctica era rudimentaria. Se aprendía a reconocer y a nombras las letras (apelación), luego a pronunciar las sílabas, finalmente las palabras. Inmediatamente seguía el aprendizaje de la lectura a través de algunos textos poéticos. La tarea era trabajosa. Era necesario reconocer las palabras porque en los textos estaban escritas una a continuación de otra sin separación ni puntuación. Se debía captar primero el sentido de las palabras para que la lectura fuera inteligible.

El procedimiento era mecánico ; el maestro recitaba y el alumno repetía en voz alta. Como los textos eran costosos, cuando el alumno sabía escribir los copiaba, o si no el maestro dictaba fragmentos que luego hacía comparar con sus textos, cotejando los errores. Debemos recordar que Platón consideraba que cuatro años no era mucho tiempo para aprender a leer.

La escritura se realizaba por medio de un punzón sobre tabletas o cuadros de madera cubiertos de cera. Uno de los extremos del punzón era aplanado y servía para borrar. Frecuentemente se empleaban cañitas talladas de tal modo que se podía escribir con tinta. Lo escrito se borraba con una esponja. En la escuela se aprendía también a contar con ayuda de los dedos. Nunca se enseñaron las cuatro operaciones.

La disciplina era severa: a menudo, el maestro recurría a los castigos corporales. La imagen característica que se guardaba como recuerdo de la escuela era la del terrible maestro y del temor que inspiraba. “No se prospera si no se realiza un esfuerzo costoso” era el lema.

Las escuelas elementales (didaskaleion) en los tiempos más antiguos se hallaban establecidas en tiendas; era frecuente también encontrarlas en las plazas públicas y en los recodos de las calles. En la escuela, el maestro se instalaba en un asiento, y los niños se agrupaban a su alrededor; no había bancos ni mesas.

El gimnasio o la incipiente educación secundaria. — Cuando ya sabía leer y escribir, el adolescente proseguía su formación en la escuela del gramático, profundizando el estudio de los poetas y de los escritores clásicos.

El primer autor que se estudiaba era Homero, luego Hesíodo, cuyas sentencias ya se aprendían en la escuela elemental, seguía el teatro de Eurípides o los discursos de Demóstenes.

En la escuela del gramático, el niño aprendía a conocer bien los autores clásicos. En primer lugar, se confrontaba el texto que habían copiado los alumnos con el que servía de original, ya que podían existir errores en las copias. Esto se llamaba crítica de texto. Seguía la lectura, la explicación y el juicio o crítica literaria. Cuando la teoría gramatical adquirió desarrollo, su estudio ocupó gran parte de esta enseñanza. Adquirida la cultura literaria, se completaba la formación con nociones de matemáticas, geometría, música y astronomía.

Después de concurrir a la escuela del gramático (educación literaria), el joven se dirigía al gimnasio, para adquirir la educación atlética (gimnasia) y artística (música).

La gimnasia consistía en un entrenamiento para las pruebas de destreza, en particular del pentatlón o cinco combates: lucha, carrera, salto, lanzamiento del disco y de la jabalina. Los más hábiles practicaban el boxeo y el pancratio (lucha libre). Las pruebas de destreza no eran abandonadas a la casualidad ni cultivadas por unos pocos para entretenimiento de los demás. El éxito no consistía tanto en el triunfo, cuanto en la demostración de haber adquirido el porte gracioso y digno, el dominio del temperamento, la elegancia en el ejercicio.

En el gimnasio se impartía también la enseñanza música, llamada así porque comprendía todas las disciplinas puestas bajo la advocación de las Musas: la poesía, la música, etc. El joven aprendía de memoria los poemas homéricos, los fragmentos de los poetas líricos y didácticos. Si contenían partes que podían perjudicar la educación moral, sus textos eran seleccionados y expurgados. Simultáneamente, algunos muchachos aprendían a cantar poemas acompañados de la lira o de la flauta. (Ver: Las Olimpíadas Griegas )

No se puede sostener que la educación música formó parte de la enseñanza fundamental del joven. Jugaba el papel que hoy tienen los teatros de aficionados en nuestros establecimientos educacionales.

En el gimnasio, los jóvenes atenienses recibían también lecciones de ciencias y artes mediante conversaciones con hombres ilustrados, audiciones de obras musicales, declamación de poesías, discursos y conferencias. El aprendizaje se realizaba así de una manera viva y ocasional. Fue en estos gimnasios donde se inició la enseñanza de la filosofía y de la sofística. Más tarde, las escuelas de filosofía fueron, por eso, denominadas gimnasios.

El Estado intervenía en este grado de la instrucción más directamente. Se ocupaba del número de alumnos que debían ser admitidos, de las horas de enseñanza, etcétera. Los directores o gimnasiarcas eran elegidos por la asamblea popular y tenían a sus órdenes oficiales subalternos.

Estos establecimientos de educación popular fueron creciendo en importancia y Atenas llegó a contar con tres gimnasios famosos: la Academia, el Liceo y el Cinosarco. Los dos primeros tuvieron como maestros, respectivamente, a Platón y Aristóteles. Estas instituciones poseyeron jardines, teatro, bibliotecas, estadios para ejercicios físicos, etc.

Gimnástica y música, dos caracteres arcaicos de la educación griega, perdieron su influencia en el período helenístico, para dar paso a la educación literaria.

La enseñanza superior. — Los estudios literarios no constituyeron en principio todo el programa de la enseñanza media. Otros estudios como los de matemática, geometría, astronomía y retórica, servían para completar la formación del joven; hablaremos de ellos al tratar el período helenístico, donde ocupan un lugar prominente.

La efebía. A los veinte años el joven entraba ya a participar plenamente de los derechos y de las responsabilidades de los ciudadanos. Para ello la admisión a la ciudadanía estaba precedida de un período de preparación, de los 18 a los 20 años. Era una especie de servicio militar, de noviciado cívico, de preparación moral y religiosa para el ejercicio pleno de los deberes del ciudadano. La religión desempeñaba un papel principal, ya que los efebos comenzaban con peregrinaciones a los distintos templos de la ciudad.

Mantenidos por el Estado, llevaban como uniforme una clámide o capa negra y un gran sombrero sobre su cabeza rapada. Terminados los ejercicios, prestaban un juramento famoso que terminaba más o menos así: “Me someteré a las leyes y obedeceré a los magistrados; si alguien quiere destruir las leyes, no lo toleraré, sino que combatiré para defenderlas solo o con todos.”

3) Período de las grandes innovaciones educacionales
Las grandes innovaciones en la educación griega tienen lugar durante el llamado siglo de Péricles. En este período actúan los grandes teóricos de la educación, como ser los sofistas, Sócrates, Platón, Aristóteles, Isócrates.

En cuanto a las instituciones educativas, sólo recordaremos que en este período adquieren un renovado vigor, al organizarse, definitivamente, los planes de estudio del gimnasio y al constituirse de una manera orgánica las escuelas de filosofía y de retórica.

4) Período de expansión de la cultura griega
La cultura helenística. — Con Alejandro, la cultura griega fue llevada hasta las puertas de la India, pero si adquirió una gran expansión, perdió su pureza original. La polis, ciudad-Estado donde esa cultura se había desarrollado, fue malogrando su característica independencia mientras que la paideia iba simultáneamente perdiendo su espontaneidad, su gracia y originalidad que la caracterizaban.

El imperio recién formado determinó nuevas formas de cultura. Nuevas grandes ciudades como Alejandría en Egipto, Pérgamo en Asia Menor, y Antioquía en Siria, eclipsaron a Atenas por sus riquezas y se convirtieron en el centro de atracción de artistas y sabios. Los habitantes del imperio aprendieron el griego vulgar (koiné) hablado por los soldados y mercaderes, y las ciudades se edificaron con perspectivas grandiosas con teatros, bibliotecas y fastuosos templos, mientras que la literatura señaló las cumbres de un mundo en decadencia.

La cultura que se inició tres siglos a. C. y se extendió durante los tres siguientes es denominada por los historiadores helenística, en contraposición a helénica, propia de la Grecia clásica. En este período histórico la educación griega, la paideia, sufre una transformación. Sin abandonar las letras, se orienta hacia el estudio y enseñanza de las ciencias.

A esta educación que permite alcanzar un saber universal o enciclopédico se le ha denominado enkyclos paideia. Noción de contornos imprecisos, será para unos un conocimiento general que caracteriza al hombre culto, para otros será la cultura básica e indispensable a todo nombre para edificar sobre ella una cultura superior.

En las escuelas helenísticas no se dio ya tanta importancia a las letras o a la filosofía sino a las ciencias particulares. Podemos afirmar que toda nuestra cultura se halla cimentada en el plan de estudio de este período, organizado del siguiente modo:

a) conocimientos literarios: gramática, retórica y dialéctica ;
b) conocimientos científicos: aritmética, geometría, música y astronomía;
c) conocimientos filosóficos y teológicos: metafísica, ética, política.

Al grupo de los conocimientos literarios se denominó trivium, a los conocimientos científicos cuatrivium y a la reunión de ambos grupos de conocimientos en la Edad Media se la ha denominado artes liberales. Era la formación básica imprescindible para todo intelectual.

Históricamente, este programa tiene su explicación. A fines del período anterior la cultura intelectual fue adquiriendo predominio sobre la educación musical y la gimnástica. Hasta la efebía había dejado de ser una forma de servicio militar obligatorio. Muchos jóvenes desocupados se interesaron por adquirir una iniciación filosófica y literaria que superase la instrucción impartida por el gramático.

Esta aspiración fue favorecida por la atmósfera de frivolidad elegante que reinaba en Atenas y por la abundancia de retóricos y filósofos que exponían sus doctrinas, tantas veces contradictorias, en el auditórium de los gimnasios.

Como se brindaba un inmenso programa de conocimientos, dos caminos quedaban a seguir: o la filosofía o la literatura. La primera fue definida y sistematizada por las grandes escuelas filosóficas, en particular por Platón y sus discípulos. La segunda, las letras, fue preconizada por Isócrates, constituido en el gran teorizador de esta enseñanza. Su predominio sobre la educación filosófica señaló una huella profunda en todas las manifestaciones de la vida helénica y más adelante en toda la educación occidental.

La retórica. — La retórica, arte del bien decir, se transformó en el ideal de toda educación. Su posesión convertía al hombre en un ser culto. Aprender a hablar bien era aprender a pensar bien y a vivir bien. Así lo entendieron los griegos y todo Occidente hasta el Renacimiento.

El fruto más preciado de la retórica era la elocuencia, que se adquiría con los ejercicios literarios realizados en la escuela de un maestro llamado rethor o retórico. Unido espiritualmente al modelo, cada escuela, cada maestro, se identificaba con un clásico que le parecía encarnar mejor su ideal retórico; así, unos preferían a Demóstenes, otros a Lysias, etcétera. Al estudiarlos, se debía adquirir su vocabulario y expresar el alcance de sus ideas.

El ejercicio comprendía cinco partes: la invención o argumento, la disposición de las partes, la elocución o manera de expresar las ideas, la memorización y la acción o recitado. La perfección del método hizo que las escuelas de los retóricos ofrecieran la más elevada disciplina, durante algunos siglos, y que Atenas fuera, en ese lapso, el centro de la cultura intelectual del mundo antiguo.

La filosofía. — El aprendizaje de la filosofía suponía otro tipo de formación intelectual y hasta otro ideal de vida. Volverse filósofo era adoptar una forma de vida distinta a la de los demás, era seguir una vocación austera, era ser más exigente desde el punto de vista moral. Esto implicaba un cierto esfuerzo ascético (ejercitación espiritual) que se traducía, de una manera visible, en el comportamiento, la alimentación y hasta en el vestir: muchos filósofos griegos y sus discípulos eran reconocidos por su capa corta, ordinaria y oscura, expresión de su austeridad.

Las escuelas de filosofía. — Cada filósofo había organizado la enseñanza en su escuela, especie de cofradía. La enseñanza se perpetuaba de generación en generación, en las manos de un jefe de escuela regularmente investido por su predecesor.

Las principales escuelas filosóficas de Atenas fueron cuatro: la peripatética, la platónica, la estoica y la epicúrea. La primera había sido fundada por Aristóteles, junto al templo de Apolo Licio, de ahí su nombre Liceo. Sus jardines formaban un paseo público, y de este paseo, o de la costumbre de enseñar paseando, su escuela tomó el nombre de peripatética.

Platón fundó su escuela en los jardines de Academo, de donde la palabra Academia que definió más tarde su escuela. Las dos escuelas restantes tendieron a señalar soluciones prácticas: ya de valor, ya de resignación ante las dificultades de la vida. La epicúrea funcionaba en el jardín de la casa de Epicuro, y la escuela estoica, dirigida por Zenón, se hallaba en el Pórtico (stoa) de Atenas. Estas escuelas alcanzaron gran éxito y funcionaron hasta la época de Justiniano (529 d. C), en que fueron clausuradas por haberse transformado en sociedades secretas.

Existieron también maestros aislados, que enseñaban en las grandes ciudades como Alejandría, Constantinopla, Roma, etcétera, y filósofos ambulantes, verdaderos conferenciantes populares que improvisaban diálogos con el auditorio.

El plan de estudios. — El estudio propiamente dicho de la filosofía comenzaba por la iniciación elemental en la historia de la filosofía, seguía un curso sobre la doctrina de la escuela y el conocimiento de sus clásicos. El maestro comunicaba al discípulo sus enseñanzas a través de conversaciones familiares, subrayándose con esto el carácter personal de la educación antigua.

Se exigía que el filósofo fuera sobre todo un guía espiritual, un verdadero director de conciencias. Lo esencial de su enseñanza no eran los conocimientos sino su ejemplo, el espectáculo edificante de su sabiduría práctica y de sus virtudes. Con la filosofía se aspiraba a definir, a conquistar, a poseer y transmitir una sabiduría personal que permitiera alcanzar la felicidad de cada uno.

Las soluciones eran diversas y se entablaron serias polémicas entre escuelas rivales que dañaron el prestigio de la filosofía. Debiendo escoger la juventud entre la filosofía y la retórica, en la práctica triunfó esta última, incorporándose la filosofía como materia de los planes de estudio de la Edad Media.

Las ciencias. — Los últimos tres siglos antes de Cristo son los siglos de grandeza de la ciencia griega helenística. Arquímedes de Siracusa fue un notable físico. Euclides escribió un libro utilizado durante más de dos mil años para la enseñanza de la geometría. Eratóstenes midió la circunferencia terrestre; algunos de los alejandrinos posteriores llevaron a cabo verdaderos experimentos de mecánica.

La ciencia tuvo su centro en Alejandría, donde funcionaba el Museo o instituto de las Musas. Fundado por Ptolomeo (322 a. C), era un lugar donde se exhibían los ejemplares interesantes y donde se realizaba una cierta investigación científica. Sostenidos por el tesoro real, los “pensionistas” del Museo vivían en comunidad, suntuosamente alojados.

Gran parte del trabajo científico era teórico, pero esto no quiere decir que desdeñasen la observación. Estudiaron el comportamiento de los líquidos y los gases, así como palancas, sifones, bombas, etc., construyeron juguetes de vapor, payasos que silbaban, puertas que se abrían automáticamente al encenderse el fuego de un altar colocado en el templo.

Al parecer, los sacerdotes emplearon algunos de estos inventos para hacer más espectaculares sus ceremonias. Por eso la enseñanzas en muchos momentos fue secreta, siendo la escuela de medicina la que alcanzó mayor fama y técnica docente.

Junto al Museo estaba la Biblioteca, con unos 500.000 rollos o libros manuscritos en largas tiras de papiro. Esta biblioteca no estaba abierta al público; era para uso exclusivo de los sabios.

De improviso se frenó este progreso de la ciencia. Muchas son las causas que lo determinaron. La principal quizá sea la inutilidad de la ciencia pura en las actividades de la vida práctica. Los esclavos eliminaban la escasez de mano de obra y no había ningún estímulo para inventar máquinas que ahorraran el trabajo humano.

Aunque la cultura helenística sea una forma decadente del helenismo, influyó en todos los pueblos de la época. Todos reconocían la superioridad de la cultura griega, imitaban sus formas políticas, y era de buen gusto, en todas partes, hablar y escribir el griego. Cuando Roma conquistó el mundo antiguo, fue vencida espiritualmente por una cultura que, aun en decadencia, era superior a la suya. Roma llevará después, con las armas y la colonización, la cultura griega a toda Europa mientras que Bizancio (Constantinopla) la mantendrá hasta su caída.

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –





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