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Biografía de Bronislaw Malinowski
Vida y Teoría del Antropólogo Británico

Bronislaw Malinowski (1884-1942), antropólogo británico de origen polaco, considerado el fundador de la escuela funcional de antropología, defendió que las instituciones humanas deben analizarse en el contexto general de su cultura. Elaborón interesantes teorías, que en su momento ayudaron a entender la humanidad.

La antropología es una ciencia cada vez más importante, gracias a ella, Malinowski elaboró sus interesantes teorías, que ayudan a comprender a la humanidad. Bronislaw Kasper Malinowski, fundador y pionero de la antropología social, nació en Cracovia (Polonia) el 7 de abril de 1884.

Su vocación por la ciencia se despertó muy temprano. En 1908 se doctoró en física en la universidad de su ciudad natal.

Pero esa vocación sufrió un giro radical cuando leyó La rama dorada, del antropólogo escocés Sir James Frazer. Este libro analiza profundamente las diferentes prácticas y creencias religiosas que se dan en todo el mundo.

Malinowski se apasionó por el tema en 1910, y se fue a estudiar a Londres. Allí tuvo como maestro a C. G. Seligman, uno de los pocos antropólogos que creían que el mejor método para conocer realmente la vida y costumbres de los pueblos era la investigación de campo.

Por investigación de campo se entiende los estudios hechos directamente en el lugar que interesa y con la gente a la que se desea conocer, es decir sin limitarse a informaciones de biblioteca.

Gracias a la influencia de Seligman, Malinowski obtuvo el cargo de secretario en una expedición a Australia, con lo que inició sus investigaciones de campo. Realizó tres viajes. El primero a Mailu, en 1915. Los dos siguientes a las islas Tobriand, situadas en el extremo oriental de Nueva Guinea.

Allí vivió con los aativos, aprendio su idioma, los trató directamente. Pudo comprender sus actitudes, sus sentimientos, sus temores y sus esperanzas. Y concibió sus importantísimas teorías antropológicas.

Malinowski convivió con los nativos de las islas Tobriand durante dos años, aprendió su idioma y participó de la vida tribal. El tercer personaje, contando desde la derecha, un famoso hechicero, explicó al antropólogo algunos ritos mágicos.

UN NUEVO MODO DE ESTUDIAR ANTROPOLOGÍA
En 1918 Malinowski regresó temporalmente a Australia. En ese año contrajo matrimonio y se fue a vivir a las islas Canarias. En 1921, cuando nació su primera hija, se trasladó a Cassise, en Italia.

Durante ese período comenzó a ordenar las investigaciones realizadas en las islas Tobriand. De estos estudios provienen sus tres libros más importantes: Los argonautas del Pacífico oeste (1922), Sexo y represión en la sociedad salvaje (1927) y Vida sexual de los salvajes (1929).

En 1924 empezó a dictar un curso de conferencias sobre antropología en Londres. Dos años después hizo lo mismo en la Universidad de California. Regresó a Londres en 1927, designado para la cátedra de antropología en la Escuela de Economía de dicha ciudad.

Sus clases y seminarios adquirieron renombre internacional. Aunque algunos profesores y estudiosos no estaban de acuerdo con sus ideas, todos asistían a sus conferencias, porque Malinowski inflamaba a los oyentes con su propio entusiasmo.

Ese entusiasmo provenía de sus experiencias reales, e intentaba probar que el único método válido para un antropólogo radica en la observación directa y la participación.

En 1933, famoso universalmente, retornó a Estados Unidos como profesor en la Universidad de Corneil, y al empezar la Segunda Guerra Mundial permaneció en ese país, pero ahora en la Universidad de Yale.


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Falleció de un ataque cardíaco el 16 de mayo de 1942. Mas su obra ha quedado como un legado invalorable. Porque hasta fines del siglo XIX los pueblos primitivos eran estudiados desde el punto de vista histórico, y a nadie se le ocurría que la “civilización” occidental pudiera aprender algo de esas sociedades consideradas inferiores. Malinowski rompió con las viejas teorías, pues para él cada costumbre tenía funciones justificadas.

Es decir que esas tribus primitivas no eran meros casos de “supervivencia”, sino que en cada sociedad las costumbres, creencias e instituciones cumplían una función vital para el  sosteni miento general del sistema, interrelacionándose en todos los aspectos.

niños de una tribu africana

Niños jugando a la Pesca de Kuboya, practicada solo en la infancia.

COSTUMBRES, CREENCIAS Y SOCIEDAD
Sus investigaciones en las islas Tobriand llevaron a Malinowski a plantearse los siguientes interrogantes:

1— ¿Cómo funciona ahora una institución?.
2— ¿Cómo satisface esa institución los intereses individuales y culturales de esa sociedad considerada específicamente?.
3— ¿Cuál es la relación entre esa institución y las demás instituciones de la sociedad estudiada?.

Para responder ampliamente a esas preguntas enunció una teoría denominada “teoría de las necesidades”, que puede explicarse así:

Del mismo modo como el hombre necesita satisfacer ciertas necesidades básicas para sobrevivir —alimentación, abrigo, protección y reproducción—, la sociedad también debe satisfacer necesidades propias.

Para ello, algunas costumbres o instituciones de la mencionada sociedad se desarrollan como respuesta a las necesidades biológicas y psicológicas del hombre. De esta manera, costumbres, creencias y sociedad forman una intrincada red de relaciones ¡nterdependientes unas de otras, que facilitan la existencia y desarrollo de una comunidad determinada.

El “manto de la maternidad” se hacía con fibras de plátano y se usaba solamente durante la primera gestación.

  Tobulubakiki, gran amigo de Malinowski, con su mujer y su hija, frente a un depósito de alimentos vegetales.

Malinowski con uno de sus asistentes. Los nativos se sorprendieron de la barba del antropólogo. De acuerdo con las costumbres de las islas Tobriand, sólo los hombres mayores se dejaban crecer la barba, pues ya no necesitaban atraer a las mujeres.

EL PARENTESCO MATRI LINEAL
Un día, durante su permanencia en las islas Tobriand, Malinowski observó un grupo de personas que se lamentaban alrededor de un cadáver.

Conocía muy bien a esas personas, y notó que sólo lloraban los parientes por la línea paterna, mientras que los por la línea materna (herederos en la sociedad matriarcal) permanecían alejados.

Advirtió que eso se debía a que en las Tobriand el sistema social impuesto era el de parentesco matrili-neal, es decir la herencia y parentesco a través de la línea femenina.

En un sistema asi, el hombre trasmite sus recursos por línea materna, o sea a los hijos de sus hermanas. Con respecto a sus sobrinos, el nativo de las Tobriand actuaba como lo hace un padre entre nosotros. Era, con sus propios hijos, una especie de compañero de juegos. Por eso los misioneros cristianos tuvieron grandes dificultades para imponer en esas comunidades la idea de un Dios Padre.

Malinowski, que estudió bien el sistema, descubrió que existen conflictos entre el natural amor hacia un hijo y la obligación social para con una sobrina heredera. Pero, además de eso, sus investigaciones revelaron que los habitantes de las islas Tobriand ignoraban por completo el papel y la función masculina en la concepción.

Para ellos la concepción tenía lugar cuando el espíritu de una persona fallecida se cansaba de permanecer en lo que llamaban “Isla de los Muertos”. Para volver a la tierra utilizaba como camino el útero de una mujer del clan al que había pertenecido en vida.

Según esta teoría una mujer podía quedar embarazada sin mantener relaciones sexuales. Y la mayor prueba que daban los nativos era la de mujeres muy feas que habían sido madres. Sostenían que debía ser por la encarnación de un muerto, ya que ningún hombre vivo hubiera querido tener contactos sexuales con ellas.

TOBRIAND, EL PARAÍSO DEL SEXO
De acuerdo con las observaciones y descripciones de Malinowski, muchos creyeron que las islas Tobriand eran el paraíso de la libertad sexual.

Los juegos sexuales entre niños eran aceptados, y desde su más temprana juventud los nativos consideraban al sexo como uno de los mayores placeres de la vida. La satisfacción, para ellos, dependía únicamente de dos factores: disponibilidad y elección personal.

La vergüenza sólo existía para la relación incestuosa entre hermanos, porque ambos se consideraban de la misma sangre y tenían totalmente prohibido el contacto.

En realidad, los habitantes de Tobriand no conocían las barreras culturales que Occidente opone al sexo. Seguían pautas adecuadas a su propia organización social.

EL”KATUYASI”
Una de las costumbres más difundidas entre los jóvenes de las islas Tobriand era el Katuyasi.

Las jóvenes de un lugar, adornadas con flores y otros elementos de la naturaleza, se dirigían a otra aldea vecina.
Allí se encontraban con los muchachos, y todos se dirigían a un bosque aislado y tranquilo, donde cantaban y tocaban instrumentos musicales. Así se formaban las parejas. Cada muchacho ofrecía un regalo a su compañera. Si éste era aceptado, pasaban la noche juntos.

Si este juego sexual daba origen a una relación más profunda y surgía el deseo de casarse, la pareja debía tener en cuenta otros detalles:

•  Obtener el permiso de los padres de la chica.
•  Investigar si existia algún lazo de parentesco por parte de madre.

En caso afirmativo, el matrimonio era imposible.
• Ver si ambos ocupaban una posición equivalente en la sociedad local, porque el casamiento se regía de tal modo según esa posición, que los padres podían elegir por sus hijos.

Pero una vez cumplidos todos esos requisitos el matrimonio era algo sólido, permanente y exclusivo. Y si se descubría adulterio, éste podía castigarse hasta con la muerte.

¿SOCIEDADES INFERIORES?
Pero por sobre todo lo anecdótico, hay algo mucho más importante: el descubrimiento de Malinowski de que una sociedad primitiva no es necesariamente una sociedad inferior.

Demostró que son grupos humanos con principios morales y éticos diferentes de los de la civilización occidental.
Pero se trataba de principios perfectamente coherentes dentro de esa funcionalidad necesaria para que la sociedad se mantenga y desarrolle.

Es decir que no se puede considerar que haya inferioridad porque las pautas culturales sean distintas.

De todas las investigaciones realizadas por el célebre antropólogo polaco queda claro que los valores son relativos: los que sirven a una comunidad pueden no servir a otras. O sea que no son arbitrarios, no pueden imponerse porque si, desde afuera.

Y, por sobre todo, Malinowski dejó perfectamente establecido que no se pueden estudiar las costumbres de ningún pueblo basándose sólo en libros. Los investigadores, observadores y científicos deben preguntarse: “¿Por qué este grupo humano actúa de tal modo? ¿Por qué cree en tal o cual cosa? ¿Por qué sus valores son diferentes a los nuestros?”.

Es ésta la única manera de comprender a una comunidad humana. Si nos contentamos con lo anecdótico, con los detalles pintorescos y los comportamientos que nos parecen raros, no seremos verdaderos antropólogos sino turistas de la antropología.

Fuente Consultada:
HOMBRE Y MUJER Para Vivir en Pareja Tomo N°3 Editorial SALMO S.R.L.





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