Gilgamesh Rey Sumerio Inscripciones de Behistun Leyenda de Gilgamesh



GILGAMESH REY SUMERIO – LA LEYENDA

GILGAMESH: Desde el año 5000 a.C. las tierras bañadas por el Tigris y el Eúfrates se hallaban pobladas por centenares de aldeas agrícolas que, con el paso de los años, se transformaron en importantes ciudades-estados independientes, dedicadas a una intensa  actividad comercial que daría origen a la que habría de ser la primera civilización humana., y por aquella época un rey llamado Gilgamesh gobernó la ciudad mesopotámica de Uruk.

Pronto se convirtió en héroe y dios, y sus gestas lo hicieron protagonista de la primera epopeya de la historia, centrada en su desesperada búsqueda de la inmortalidad. En ella aparece, por primera vez, el tema del diluvio universal.

En la década de 1840 por un joven arqueólogo británico aficionado llamado Austen Layard, dió con uno de los más notables descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos,  la ciudad de Nínive. No se trataba sólo de un vistoso palacio real con unos cuantos grafitos antiguos que Layard y su equipo habían encontrado por casualidad.

Tras una serie de excavaciones, aparecieron en el yacimiento dos palacios y una enorme biblioteca real, que resultaron ser los restos de la antigua ciudad bíblica de Nínive.

La biblioteca había sido construida por Asurbanipal, el último gran rey de Asiria, que murió en 627 a. C. Fue un monarca erudito y ávido coleccionista. Estas tablillas talladas se conocieron como  las «inscripciones de Behistun»,

Layard y su equipo descubrieron la asombrosa cantidad de 20.000 tablillas de barro en la biblioteca de Asurbanipal, entre ellas listas de reyes, textos históricos y religiosos, tratados matemáticos y astronómicos, contratos, documentos legales, decretos y cartas reales.

Probablemente, las tablillas más famosas de este tesoro procedente de Nínive son las que narran las aventuras de un rey primitivo de Sumeria llamado Gilgamesh, que gobernó en una de las primeras ciudades sumerias, Uruk, situada en la orilla oriental del Éufrates, hoy en el sur de Iraq.

En su momento álgido, vivían 80.000 personas en Uruk, lo que la convertía en la ciudad más grande del mundo. Gilgamesh construyó una serie de murallas altas y gruesas para defender la ciudad contra posibles ataques. Recientes excavaciones llevadas a cabo por un equipo de arqueólogos alemanes muestran que sus pobladores construyeron una intrincada red de canales en el interior de las murallas de la ciudad. Era como una antigua Venecia, con una serie de elaborados templos y torres dedicados a los dioses.

Gilgamesh fue el quinto rey de la ciudad, y gobernó aproximadamente en 2650 a. C. Se convirtió en una figura profundamente venerada por el pueblo mesopotámico, y una serie de famosos mitos y leyendas relata sus peligrosas y osadas gestas. Al principio Gilgamesh no fue un buen rey, por lo que los dioses hicieron que un hombre salvaje y peludo, llamado Enkidu, se enfrentase a él.

Pero del mismo modo que los hombres habían aprendido a domesticar a los animales salvajes, Gilgamesh fue capaz de domesticar a Enkidu, y ambos terminaron siendo buenos amigos y vivieron juntos muchas aventuras. La muerte de Enkidu partió el corazón a Gilgamesh, y aunque él deseaba vivir para siempre, quiso morir también ese mismo día.



Al final del relato, Gilgamesh decidía que ser recordado por haber creado una hermosa ciudad con impresionantes murallas y preciosos templos para los dioses era su mejor oportunidad de lograr la inmortalidad.

LA LEYENDA DE GILGAMESH: En el siglo xix, los arqueólogos desenterraron la biblioteca de Asurbanipal (el Sardanápalo de los griegos), el último gran monarca del imperio asirio. Entre las decenas de miles de documentos en arcilla que atesoraba, se descubrió un poema escrito en lengua semita acadia: la Epopeya de Gilgamés, traducción, según se comprobó, del original sumerio.

Gilgamés, rey legendario de la ciudad-estado de Uruk, se encuentra entre los héroes humanos más antiguos que conocemos. La epopeya relata cómo Gilgamés, consternado por la muerte de su amigo Enkidu, creado por los dioses, se lanzó a la búsqueda del secreto de la inmortalidad. Después de numerosas aventuras llegó al Océano de la Muerte, donde construyó un barco y convenció a un barquero para que le pasase a la otra orilla.

Allí encontró a Ut-napistim, un ser semidivino e inmortal, quien le contó un secreto de los dioses sobre una gran inundación que éstos iban a enviar para destruir a la humanidad. Querían acabar con ella para detener el ruido y escándalo perpetuo de la raza humana, que interrumpía el sueño de sus divinos creadores. Pero Ea, uno de los dioses, traicionó el plan de destrucción, revelándoselo a Utnapistim, para que construyese una embarcación en la que debería llevar «la simiente de todos los seres vivientes».

La nave estuvo preparada a tiempo y cuando comenzaron las lluvias subieron a bordo Ut-napistim y toda su familia, junto con otras personas y animales domésticos y salvajes. Al principio, Enlil, el dios guerrero, se encolerizó sabiendo que algún humano había escapado al diluvio, pero Ea le apaciguó y le convenció para que concediese la inmortalidad a Ut-napistim.
Entonces Ut-napistim reveló a Gilgamés el secreto de la inmortalidad, que residía en una planta del fondo de las aguas. Gilgamés

la consiguió y pensó en llevarla a Uruk para que los ancianos comiesen de ella y recobrasen su juventud y vigor. Continuó su camino en compañía del barquero y se detuvo en un pozo para bañarse. Una serpiente robó la planta de la juventud, mudó la piel y se sumergió en las aguas. Aquí se interrumpe el relato, mientras Gilgamés solloza de frustración; es deseo de los dioses que el hombre envejezca y muera.

 

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