El Plan Prebisch Objetivos del Proyecto Económico



PREBISCH ECONOMISTA DE LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA – OBJETIVOS DEL PLAN

Tal como ocurriera con los golpes militar; de 1930 y 1943, el alzamiento armado del 16 de septiembre de 1955 -autodenominado Revolución Libertadora– fue llevado a cabo por una alianza integrada por civiles y militares nacionalistas y liberales. El golpe fue apoyado por la mayoría de los partidos políticos que se habían opuesto al peronismo, la Iglesia, la Sociedad Rural, las cámaras empresarias, la banca y la embajada de los Estados Unidos.

El general Lonardi, que ocupó la presidencia de la Nación, representaba al sector nacionalista, mientras que el sector liberal era liderado por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas.

El General Lonardi, que asumió la presidencia de la Nación el 23 de septiembre de 1955, pertenecía a la fracción nacionalista. El plan de Lonardi y el de su sector era rescatar la estructura política peronista y su base social fundando un «peronismo sin Perón». Esta actitud quedó evidenciada en hechos como la no intervención de la CGT -principal baluarte peronista-, la promesa de elecciones gremiales libres y la no proscripción del partido peronista.

ANTECEDENTES: Explica María Seoane en su libro Argentina –El Siglo del Progreso y la Oscuridad-: La conspiración contra Perón y su Estado de Bienestar había sido dirigida por los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, y el contralmirante Isaac Rojas.

La autodenominada «Revolución Libertadora», conocida como el gobierno de «los gorilas» —calificativo que se le daba a los antiperonistas— se inició con la promesa del elegido presidente de facto Lonardi: «No habrá ni vencedores ni vencidos». Pero meses después, el general Aramburu destituyó a Lonardi y asumió la presidencia para «desperonizar» la Argentina.

Comenzaba así la proscripción política más larga de la historia argentina moderna, y con ella a definirse un modo de la política: la conspiración y la clandestinidad, el descreimiento en la legalidad jurídica y el lento proceso de maceración de una idea trágica: el recurso a la violencia como método de la acción política, no sólo desde el Estado sino también desde la sociedad civil, despojada de sus derechos políticos y sociales.

Paralelamente a la represión política que encarceló a miles de peronistas, especialmente a los dirigentes obreros, Aramburu anunció su plan económico elaborado por Raúl Prebisch. En su libro El plan Prebisch, retorno al coloniaje (1956), Arturo Jauretche realizó un análisis contundente sobre el plan económico de la dictadura antiperonista y anticomunista. «Los argentinos apenas si tendremos para pagarnos la comida de todos los días.

Y cuando las industrias se liquiden y comience la desocupación, entonces habrá muchos que no tendrán ni para pagarse esa comida. Será el momento de la crisis deliberada y conscientemente provocada… No habrá entonces más remedio que contraer nuevas deudas e hipotecar definitivamente nuestro porvenir», dijo, profético.

Las medidas del Plan Prebisch apuntaron, como siempre ocurría en loda restauración conservadora, a estimular la producción agropecuaria con el objetivo de equilibrar el déficit de la balanza de pagos. Esto significaba una regresión a los modelos del pasado y hacer tabla rasa con los cambios económicos y sociales de las décadas peronistas. Devaluación, reducción del salario real, despidos masivos, retracción del Estado en su rol social y apertura irrestricta al capital extranjero, uno de los pilares del nuevo régimen.

Las consecuencias fueron un deterioro notable de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. En política exterior, la Argentina comenzó a acercarse a los lincamientos que los Estados Unidos habían diseñado para América latina en el marco de la Guerra Fría. La Argentina ratificó la carta de la OEA y el Tratado de Bretton Woods: adhirió al FMI y al BID, organismos de los que el gobierno peronista se había mantenido apartado. Aramburu, además, aceptó el funcionamiento permanente en la Argentina de una misión militar norteamericana y una oficina de la CÍA.



Raúl Prebisch

Raúl Prebisch (1901-1986)

Contador público, fue uno de los fundadores del Banco Central y un respetado ténico de la CEPAL. Defensor de las aspiraciones de los países del Tercer Mundo frente a los países más industrializados. Defensor de la teoría del crecimiento económico que afirma que existe un centro (países más industrializados) y una periferia (países menos desarrollados) y que subraya la importancia de la brecha del desarrollo y la desfavorable relación real de intercambio de los países menos industrializados.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

Desde el derrocamiento de Juan Domingo Perón, la política económica del país cambió totalmente.El asesor económico del presidente Lonardi y de la Revolución Libertadora es Raúl Prebisch, quien llegó al país a principios de octubre. Antes habia trabajado en la función pública junto con el ministro de Hacienda de Agustín Pedro Justo, famoso por su enfrentamiento con el senador Lisandro de la Torre. Es contador público y hasta 1948 fue profesor  de economía política en la facultad de Ciencias ronómicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Trabajó en el Banco Nación y fue uno de los fundadores del Banco Central de la República Argentina y primer gerente general, cargo que ocupó hasta 1943. En su experiencia se estaca su rol como técnico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

El gobierno de Lonardi le encargó, en primer término, que realizara un diagnóstico sobre la situación económica del país. No hay duda de que sería muy negativo, tanto como para justificar el drástico giro que se dio a las políticas del área, y que sirva para desmontar muchas de las medidas establecidas durante el gobierno peronista.

El 26 de octubre estuvo listo, y el presidente Lonardi habló por radio y dijo que, de acuerdo a lo analizado por el asesor económico, «la Argentina atraviesa por la crisis más aguda de su historia». Los diarios publicaron el informe, y para otros analistas se falsificaron las cifras para inventar una crisis no existente.

Por ejemplo, después de dos años de superávit comercial, se adjudica a 1955 un déficit de 186 millones de dólares, aun cuando el año no terminó. Se dice que también se falsearon datos del endeudamiento externo, poniendo como compromisos de vencimiento inmediato los que son saldos de comercio bilateral compensables con mercaderías.

Sin embargo, el informe y el plan económico de Prebisch han sido adoptados por el nuevo gobierno. Apunta a terminar con el dirigismo, limitar los aumentos salariales y los excesos sindicales, en pos de la rentabilidad empresarial y la productividad. Prebisch anunció que hay que recuperar la moneda sana, acabar con la inflación y restablecer la libertad económica.

Se especula con que se devaluaría el peso para generar una transferencia de ingresos hacia los productores agropecuarios que, de acuerdo a este gobierno, han quedado despojados por las políticas del peronismo. Se buscará incrementar las exportaciones, controlar el consumo excesivo y traspasar a la mayoría de las empresas administradas por el Estado al sector privado.

CRÍTICA: El ex presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Arturo Jauretche, acaba de publicar el libro II Plan Prebisch, retorno al coloniaje, en el que critica duramente el proyecto económico que ha puesto en marcha la Revolución Libertadora por medio de Raúl Prebisch. Para Jauretche, «el Plan Prebisch significará la transferencia de una parte sustancial de nuestra riqueza y de nuestra renta hacia ias tierras de ultramar. Los argentinos reduciremos el consumo, en virtud de la elevación del costo de vida y del auge de la desocupación. De esta manera, no solamente aumentarán nuestros saldos exportables, sino que serán más baratos, lo que será aprovechado por el consumidor extranjero que ensanchará su cinturón a medida que nosotros lo vayamos achicando. La mayor parte de nuestra industria, quese sustentaba en el fuerte poder de compra de las masas populares, no tardará , en entrar en liquidación».



El 25 de octubre del año pasado, Raúl Prebisch presentó un informe preliminar acerca de la situación económica del país, precedente ineludible del reciente Plan Moneda Sana o Inflación incontenible.

El documento, del cual Prebisch toma cierta distancia al manifestar que lo elabora sin que sus «sentimientos puedan empañar el juramento de imparcialidad y prescindencia política» que prestaron los funcionarios de las Naciones Unidas, lleva también la firma de un grupo de expertos: Julio E. Alizon García, Alvaro C. Alsogaray, Eugenio A. Blanco, Juan Llamazares, Alberto Mercier y Raúl C. Migone.

El plan sugiere la implantación de una enérgica política anti-inflacionaria; una apertura, con incentivos fiscales, a la inversión extranjera, y un énfasis particular en el apoyo del desarrollo de la producción agropecuaria, en especial, la ganadería, para incrementar las exportaciones del sector.

Respecto a la industria, propone una serie de medidas de apoyo limitadas en el tiempo, de modo que los sectores que no sean competitivos en el breve plazo deberían ser reemplazados por importaciones.

En materia fiscal, aconseja la implantación de un recargo de emergencia sobre el impuesto a los réditos y beneficios extraordinarios de 1955; que el Estado absorba las utilidades circunstanciales derivadas del desplazamiento de los tipos de cambio, y apropiarse, por un impuesto especial, de la plusvalía que los propietarios de la tierra obtengan de los arrendamientos en especie por el alza de los precios agrícolas.

Habiendo   determinado, para este año, necesidades de financiación por 22.700 millones de pesos, estima que deberán obtenerse 7.100 millones vía colocación de títulos, de los cuales 6 mil millones provendrían de las cajas de jubilaciones. La diferencia resultante (11 mil millones) sería cubierta con una expansión crediticia por igual monto.

El plan indica que los sueldos y salarios deberán ser sostenidos a expensas del beneficio de los empresarios y por el aumento de la productividad. Todo el proceso de cambio debe estar dirigido a fortalecer la actividad privada, reduciendo la presencia estatal a estrictas funciones de sostenimiento de la misma y la correcta administración de los bienes públicos. Simultáneamente, señala que los incrementos salariales futuros deben tener como única fuente el aumento de la productividad.

El documento finaliza remarcando que se trata de un plan de emergencia y sugiriendo que el Gobierno deberá elaborar su propio programa de desarrollo. Quedará en manos de los lectores establecer cuántohay en este plan  de ideas afines al pensamiento del  secretario general de la Cepal.

El Bicentenario Fascículo N°8 Período 1950-1969
Por ABRAHAM LEONARDO GAK
Contador público

Fuentes Consultadas:
Argentina El Siglo del Progreso y la Oscuridad María Seoane
El Bicentenario Fascículo N°8 Período 1950-1969
Historia La Argentina Contemporánea Polimodal AZ



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